Helena Sassone: Búsqueda del Yo trascendental y función poética

Búsqueda del Yo Trascendental y función poética en

“Enigmas Calcinados”

 Por LAURA GIMENO SASSONE

  Prólogo traducido al español, de la edición francesa de Enigmas calcinados, de la poeta, novelista y semióloga Helena Sassone

    “Una voz te nombra y no es tu nombre”, así empieza el primer poema del último libro de poesía publicado por Helena Sassone, “Enigmas Calcinados”, marcando el preludio de lo que va a ser una búsqueda exhaustiva de su Yo Trascendental, o según sus propias palabras: 

      “Busco la esencia de mi propio Ser.”

 

   Esta búsqueda nos planteará aparentemente una contradicción de fondo en el pensamiento de la autora, pues habiendo sido su poesía en “Diálogos de la Nada”  un reflejo de su afirmación de la Nada (Nietzche, y la muerte de Dios), de repente Helena Sassone apela a un “Todo” o a una especie de “suma” 

     

      “Dejar a los amigos en la cripta

     vivos o muertos puede que no importe

     todos hacen uno solo eterno…”

 

que existiría en el trasfondo de su búsqueda trascendental del “Yo” y del universo en el que vive. Este cambio casi drástico de pensamiento pierde su dramatismo y entra en el dominio de la lógica si nos atenemos a las palabras de Dubrosky.

 

      “Como en toda superación verdadera, la negación es también  conservación.

      (¿Por qué la nueva crítica?)”

 

      Pero, ¿cómo podríamos definir la Nada en la consciencia de Helena Sassone?

Ella misma nos dará la respuesta:

 

      Existe una soledad, semejante al silencio en música, en el espacio interior del juicio”.

 

Este silencio se verá rellenado por la “suma”:

 

 “Oh, eternidad callada

      belleza austera que nadie ha visto todavía

      sólo eres tal vez la suma

      de quienes aquí yacemos.”

 

y

 

      “entre todos labramos el tumulto que nos iguala

      y determina un ritmo en la conciencia austera.”

 

como hemos visto anteriormente, cuya idea implica una totalidad: así es como nos deslizamos suavemente desde el concepto de la Nada hacia el Todo.

 

      El silencio o en este caso la Nada va a ser colmado por las vivencias de la poetisa que en un acto de alquimia de dimensiones casi sobrenaturales llegará a invadirlo Todo. Este principio de invasión de naturaleza “oceánica” es la definición que nos prodiga Michel de Certeau en su artículo “La mystique”, (Enciclopedia Universalis): el místico se ve avasallado por un “sentimiento oceánico” en el transcurso de su experiencia.

 

      Esta búsqueda muchas veces implacable, de la esencia del Ser en el poeta va a estar compuesta por distintos elementos que serán los testigos de esta lucha interior y conformarán su realidad última: el otro (“Una voz te nombra”), en su pequeña medida de individuo aislado, o en su multiplicidad, reflejando así la totalidad de la humanidad

(no exenta por otra parte de una preocupación por la lucha social: “Mansos”), ya sean seres desconocidos o amigos allegados; la naturaleza, sobre todo los pájaros, que retratará muchas veces el sentir interior del poeta:

 

      “Llegas a sufrir

      de ese amigo de toda la vida

      el silencio de un día sin pájaros.”

 

los viajes y la materia: objetos sin aparente trascendencia (“Inventario”) y , por supuesto, la propia creación poética, el acto de escribir, la soledad inherente del poeta:

 

    2

      “Quisiste gritar tu voz no acudió

      nadie leyó el lenguaje de tu cuerpo”

 

      De esta manera, Helena Sassone va a tejer todo un mundo de dimensiones  ora inquietantes, ora apacibles, en el que el poeta, tras la inmensa lucha con y en contra de su destino, cae agotado y finalmente encuentra sosiego: 

 

       “Recordando las sombras sin ira

      perdonando

      tal vez así

      alma de amor nacida

      a ti regreses.”

 

      Si tuviésemos que trazar esa búsqueda trascendental del Yo en el contexto de un pensamiento filosófico podríamos acudir a la India, siglo VI antes de Cristo y, más concretamente, a las Upanishads, la parte final de los Vedas. En ellas, se describe al cuerpo del Universo como no diferente de su Creador, en un proceso de “Emancipación”

y no de “Creación” del mismo propio del Cristianismo. Los pequeños objetos trascienden su condición de objetos elevando la materia y convirtiéndola en pequeñas partículas del Supremo Ser, aunque sólo sea en una condición un tanto más degradada del mismo (“Inventario”). En este poema la autora siente haber extraviado parte de su Ser trasvasándolo a los objetos perdidos que se tornan, en una extraña y prodigiosa alquimia, en un tiempo:

 

      “Los instantes en que pude buscarme

      simple inventario son .”

 

      Este mismo pensamiento en el que la mera materia es elevada a un reflejo de lo trascendente ha sido ya explorada anteriormente en el Hinduismo, y en Occidente en el Uno de Plotino (siglo I).

 

      Pero, por supuesto, no se puede negar el pozo que ha creado el pensamiento cristiano en la poética de Helena Sassone que así mismo habla del descenso, de la culpa, del  perdón, de la redención, etc., aunando de una manera intuitiva y extraordinaria el pensamiento de Oriente con el pensamiento de Occidente, otorgando a su poemario una belleza extraña de contrastes que estilísticamente se va a ver sumida y reflejada en el uso frecuente de la antonimia  y de la antítesis, llevada éstas a su punto culminante cuando habla de alas sin aves,

 

3

      “Que signos hirientes de tu alma escapan

      preciosas alas volando sin aves”,

 

de “un saber mutilado” o, más conmovedoramente, del silencio del poeta que no tiene público:

 

      “Jamás emergería indemne

      del hermetismo silábico.”

 

      El silencio del poeta supone la muerte del poeta: es un pintor ciego, un bailarín mutilado. Eluard anteriormente había hablado del silencio del poeta. Tras la muerte de su amada Nusch, exclama en “Nuestra Vida”:

 

      “El pasado se disuelve, doy paso al silencio 

 

      Este silencio, acompañado de una soledad extrema, propicia un caldo de cultivo excelente en el que el ser desnudo frente a sí mismo no tiene más remedio que iniciar la búsqueda de sí mismo, es decir, su Yo trascendental, propósito primero y último de la existencia humana.

 

      Por otra parte, si nos atenemos a la función poética del escritor tan bien descrita por Victor Hugo en “Fonction d’un poète”, comprendemos que en éste último libro de poemas Helena Sassone ha cumplido ampliamente lo preescrito: por una parte, llega a su condición de Poeta-Visionario,

 

      “El ve cuando los otros vegetan”

(Victor Hugo: “Función del poeta”)

vehículo de transmisión celestial, entre la tierra y el mundo,

 

      “En el universo en que él es Dios,

      en el que él es el que ve en Dios.”

(Amrouche: “D’un poète”)

 

instándonos con su ejemplo a través de sus versos a que nosotros iniciemos también nuestra propia búsqueda

4

 

      Y sobre todo, podríamos hablar del poder curativo de la poesía y de su función terapéutica tan bien descrita por Alfred de Musset en “Les confessions d’un enfant du siècle”. Esta función terapéutica es doble en el sentido de que el poeta ofrece una vía de curación ante todo para sí mismo, pero también, y quizá sea éste el último propósito de la literatura, para con el otro:

 

            “Habiendo sido aquejado joven aún, por una enfermedad moral abominable,

      cuento  lo que me aconteció durante tres años.

            Si fuese el único enfermo no diría nada, pero como hay muchos otros además de

      mí que sufren del mismo mal escribo para ellos, sin prestar demasiada atención;

      porque aunque nadie me prestase atención habré aún retirado este fruto de mis

      palabras, de haberme curado mejor a mí mismo, y como el zorro cogido en la trampa,

      habré lamido mi pie cautivo.”

 

      La poesía sería susceptible de sanar a la humanidad, al corazón, y con el corazón al cuerpo.

 

      Así pues, el poeta cumple con su doble cometido en el mundo. Al desvelar su mundo propio a través de sus versos, nos ofrece su ejemplo como posibilidad a seguir y, caso de errar el tiro, según las palabras de Alfred de Musset, siempre habrá podido embalsamar su propia herida. La palabra se convertiría en algo así como una “logorrea liberadora”, dentro de un contexto del psicoanálisis ejercido a través de la escritura: por una parte el escritor se libera de su pesadilla interior, ofreciendo al mismo tiempo una posibilidad de catarsis al lector, “salvándolo de la desesperanza” (Simone de Beauvoir).

 

      Helena Sassone va más allá y, trascendiendo esta realidad, eleva la palabra a Verbo, volviendo al “Soñador sagrado” de Hugo:

 

      “La palabra es sagrada

      regresa a la vida eternamente.”        

Prólogo traducido al español, de la edición francesa de Enigmas calcinado de Helena Sassone

 

 

 

 

  

                                      

 

 

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Tres poemas de Ligia Colmenares

Las Nereidas. Gaston Brussiere

Ligia Colmenares, selección de la Antología El Ojo errante. Escritora venezolana, autora de: La mujer de la casa de adobe (El pez soluble, 2005); Desde el patio del limonero, Antología de Talleristas (Monteávila Editores y El Pez Soluble 2006); En el río de la palabra (Universidad Nacional Abierta, 2007). Es integrante del Círculo de Escritores de Venezuela. 

 LIMINAR 

 Blanco sobre blanco 

mórbida textura que incita 

la palabra 

  

Invisibles trazos 

la línea vertical 

el rojo equilibrio 

sostenido en el tiempo 

  

Blanco sobre blanco 

  

La vida 

 &   &   & 

 Boceto a Stravinsky 

 Viva llama en los arcanos 

blanco boceto 

flotando en el espacio 

  

Pájaro de fuego 

menguante luna 

  

En la gravitante noche 

se deshila el azul 

  

Alada mujer 

en tu mano 

la rosa carmesí 

ilumina 

  

 &   &   & 

 Ala en el vino 

El ala es el pájaro de la imaginación 

  

Vuelo de pájaro 

  

Ala 

que embriaga 

la gota de vino 

  

En los labios 

la bermeja lágrima 

  

En el aire 

suspendida gota 

  

que cae 

en el ala 

que cae 

gota 

que cae 

  

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ARMANDO ROJAS GUARDIA: PATRIA Y OTROS POEMAS

Por Alberto Hernández

La tierra, “la de otros muertos”, como confiesa Marguerite Duras en La mar escrita, consigue lugar en algunos de los versos que se agitan en Patria y otros poemas de Armando Rojas Guardia (Editorial Equinoccio, Universidad Simón Bolívar, Caracas 2008). Y lo afirmo con el rigor que podría conferirme una lectura donde el presente, éste que escuece y enferma, es el más desaforado compañero. Admito que la poeta francesa tiene en la muerte una tumba clausurada, con los datos de los enterrados, asunto que no toca la poesía de Rojas Guardia, quien recorre la carne viva de hombres vivos –ellos llevan la tumba a cuestas-, que morían a diario sin epitafio alguno o escondidos en los sótanos y catacumbas de nuestras dictaduras. O de otras ajenas, que se nos hicieron cercanas y propias.


Marguerite Duras pregunta: “Quiénes son ustedes, sin ese anonimato, esa patria reciente, moderna, la de otros muertos, la de esa infancia muerta en combate con su cuerpo”. Y deja el tema pendiente, para luego entrar de nuevo en la muerte hasta el punto final, “perfecto”, del poema. La narrativa de este texto configura la “catástrofe” que una vez anunció Lacan –citado por Jaqueline Goldberg- a propósito de la desaparición de quien escribe, para darle paso a quien lee: una muerte, un nacimiento. Así, en Rojas Guardia tanto escritor como lector se hacen una sola tragedia, un momento del lugar y del sentir por una tierra, por una gente, por una particularidad de los afectos: el padre, el loco, el insomne, el que estuvo preso, el que ya murió y ha quedado como una gota de ácido sobre la conciencia de un país.


Este libro de Rojas Guardia, con once presencias cuya fuerza y densidad forman parte de una conmoción que une a poeta y lector en una suerte de lucha por deshacerse del niño que una vez fue testigo o víctima de esa experiencia, la de haber vivido en un territorio donde la maldad política, la tortura y la prisión eran los platos fuertes de la existencia. Digo, este libro del autor caraqueño muda el tiempo: nos trae el pasado y lo coloca sobre la horma de este presente que agobia, que desfigura la palabra patria y la convierte en un ahogo.

2.-

El cuerpo que se desvanece para dar realidad a la mirada”, así lo dice Guillermo Sucre en el ensayo de su imprescindible La máscara, la transparencia, el titulado “La última lectura”, y con el que cierra con una pregunta de Lezama Lima que queda colgando en la línea final del voluminoso tomo: “¿Leer es poseer el libro de la vida, donde tiene que leerse nuestro nombre, y ya, no somos poseídos?”. Podría parecer exagerado, pero estas dos reflexiones animan la lectura, la hacen más renuente a ocultarse con el escritor, con el que escribe y se abandona al sonido lejano de las imágenes. Dos pronunciamientos, uno toca la llaga, la herida, los pies hinchados por los grillos. Otro define la fuerza de una “realidad”, para muchos desvaída, que aún late en la memoria, en la vida de quienes la regresan en versos y la hacen de nuevo vida. Poseído por la vitalidad de la memoria, Rojas Guardia rescribe el país, la patria que le ahonda, que lo subsume, que lo desfallece. “Patria” –entonces- es el poema de “había una vez” y el poema de “hoy te quedas, quizá mañana”. Son dos tiempos en dos cuerpos, en dos países que terminan en un uno. En un solo instante que hizo escribir a Gabriela Kízer: “Patria” es imagen y, como tal, revela y oculta, permite el destello de la oscura clave –el cuerpo ajeno, ávido, otro- que somos”. En efecto, esa “patria” hemos sido todos revelados o escondidos, libres o presos, pero más, un hombre, cualquiera, sometido al escarnio de cadenas alrededor de los tobillos, al ring, a la piqueta, a la electricidad en el escroto, a la burla, a la humillación en nombre de un nombre, en nombre de algún héroe, de una bandera, en nombre de la patria de quienes humillan.


El poema se lee y se duele: “Alguna vez amamos, o dijimos amar, / la terquedad sombría de su fuerza. / La voz del padre enronquecida/ al evocar calabozos, muchedumbres, / hombres desnudos vadeando el pantano,/ llanto de mujer, un hijo/ y más arriba (¿dónde arriba?)/ el trapo contumaz de una bandera./ Supimos, lenta y vagamente/, que lo imposible te buscaba/ extraviándote los pies…”
La “patria”, la del poema, la de aquel país del padre torturado, tiene el mismo miedo y el sudor de ésta en la que alguien arrastra el presente y lo hace pasado.

3.-

El libro viaja en su interior. Una apuesta, un naufragio de quien lee y luego escribe: el libro comienza con “Patria” y termina con “La desnudez del loco”. Son los extremos de un mismo tema, de un mismo golpe. Y afirmo apuesta y naufragio porque quien busca en el resto de las páginas la continuación de la ofrenda, queda suspendido, en equilibrio, en vilo, en las imágenes del “Retén judicial” (“La soldadesca ríe y las antorchas/ iluminan mi frente, señalándome. / Ustedes somos todos, somos el/ llevado a declarar, fotografiado/ en todos los archivos, los prontuarios/, las actas judiciales de Judea”). Otra instancia de la tortura. Se trata de aquel hijo en uno de los versos del texto que le da nombre al libro, que es testigo del “paseo” que hace el padre a los tribunales. Pero después Rojas Guardia nos saca del lugar y nos lleva, una vez oído el canto del gallo, seguramente el mismo que anunció las negaciones de Pedro, a la luz, a un poema conceptual, muy del adentro, y nos deja un momento en oración musical con “el acorde” de Nuestra Señora, en pregunta a Dios por ese sonido, por ese profundo sonido de la memoria. Busca una canción, la de la despedida, pero continúa en la esencia de los objetos, de “Las cosas”, en una indagación que anuncia “la utopía/ inscrita en esa santidad/ constantemente maculada/ de la amnesia fragante de las cosas”. ¿Querrá decirnos el autor de la cercanía entre el Dios de los hombres y los mismos hombres, victimas de los mismos hombres? Otros textos pasan por el alma del lector, que ansía llegar al último donde se mirará sin ropa, en ruinas, sucio de miedo, moribundo, aquejado por la perversión, por la maldad de otros hombres que también son una patria, un estadio, un lugar en la conciencia, en la muerte y en la carne aporreada.

4.-

No se desvanecen los presos de Guasina, los de Palenque, los que viajaron en el mismo avión o remolcados en un camión mientras el ojo de Otero Silva los asilaba en La muerte de Honorio. No se quedan rezagados los condenados que el lector acumula en la memoria de la que nos dotó José Vicente Abreu en Se llamaba SN. Nada se pierde: “La desnudez del loco” es nuestra desnudez, la de aquellos padres que pasaron la prueba y emergieron vivos o cadáveres. Es la misma cárcel, el mismo campo de concentración, la misma tortura, la misma muerte: la de Auschwitz o Dachau, la del Retén de Catia, la misma muerte siempre, con el mismo nombre, con todos los nombres.
“La desnudez del loco” es un poema hermosamente doloroso, musicalmente doloroso. Escrito con una tensión envidiable, el texto se pasea por la lengua, por los ojos, por las imágenes que van y vienen, con la piel agitada. Es un poema para dolerse en él. Hay que decirlo: somos ese poema, somos en ese poema. Rojas Guardia lo maneja con destreza, con magistral destreza. Desde la experiencia de la historia, desde los campos de la muerte de Hitler, desde la simulación del mundo, desde la desnudez de un grupo de hombres que se desvanece en “la solar ingrimitud de ser un cuerpo/ parado allí frente a los ojos/ del escrutinio ajeno”. Son seres disminuidos, castigados “en la pulpa del hombre”, en medio del “asco de tanto desamparo genital”. Son hombres en un poema, pero fueron hombres reales, mutilados, cegados, asfixiados, desnudados, ofendidos, medidos para la muerte y para el sufrimiento.


La anécdota bíblica, la parábola o la historia de quien sigue al Padre arropado por una sábana, auspiciado por el amor que siente por el Hijo del Hombre. Y así sigue, desnudo, polvoriento, alucinado, amado, pero también los otros, los que sucumben o sobreviven en las ergástulas de Hitler, Mussolini, Gómez, Pérez Jiménez, Pinochet, Castro u otros pervertidos que se solazan “en cada bocado masticando el pánico”.


Desnudo está el poema. Musicalmente desnudo, aterido por el clima en un muchacho que se niega a bañarse a las doce. Entonces aparece otro crimen: “Otra desnudez, distinta a la/ buscada para lavar el propio cuerpo en el agua lustral,/ bajo la ducha, le era ahora ofrecida dentro de aquel/ calabozo: la de estar sin abrigo en la gélida humedad,/ y la de estar excluido, siendo un réprobo”.
Los presos son uno solo. Un grupo de hombres con un nombre común. Muchos en uno solo. O uno solo en muchos. Así, “éramos y aún somos aquel hombre”…”Nosotros todos éramos y somos/ aquel evangélico muchacho”. La lectura nos deja desnudos, apocados frente al mismo texto y frente a quien nos mira leernos. Al leerlos. Rojas Guardia se desnuda en él y muere en él. Vuelve desde la desnudez de esos hombres y cierra el poemario: “la libertad desnuda de Adán en el jardín/ y esa misma desnudez ya avergonzada”. Dos patrias, la primera del Génesis; la segunda de un Apocalipsis que amenaza y se trajea frente a todos con la desnudez de quien se atreva a desafiarlo.

Alberto Hernández, escritor venezolano, poeta, ensayista y editor

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Carora es de Morón y Morón es de Carora

Por Enrique Viloria Vera

Además de Cuicas es la villa Nuestra Señora de la Madre de Dios de Carora la población que convoca los recuerdos más sentidos y emotivos de Guillermo Morón que hizo también de ella auténtica patria chica y orgulloso gentilicio estricto. Esa ciudad habitada por “godos grandes carajos, por cara – coloradas hijueputas”, fue la que albergó tanto las travesuras naturales como las lecturas decisivas de nuestro narrador, quien a muy temprana edad “estuvo en la tienda de Polo a buscar un libro de Historia, los libros están apilados en la trastienda, sopotocientos libros, impresos en España, impresos en una ciudad que es la más grande de todas las ciudades fundadas por los españoles cuando fundaron también a Carora, llamada Buenos Aires.”

Carora se jacta de conservar intactos los mismos linderos desde su fundación, el 15 de octubre de 1569, así como de exhibir el linaje de unos apellidos – Riera, Zubillaga, Perera, Oropeza, Álvarez, Herrera y los que faltan para completar los veinte recogidos por el genealogista de la villa – que se mezclan entre sí, se entrecruzan una y otra vez, para dar origen a ese caroreño blanco, godo, colorado y peculiar, muchas veces genuino pero no legítimo: “ de sangre azul conocida, cristianos viejos probados, ni turcos ni negros ni judíos ni indios ni protestantes, Jesús amén, sólo caroreños antiguos y principales ” y nunca a los otros, los ilegítimos, los pecaminosos, “los hijos naturales ni los pardos del siglo XVIII que aunque se hacían pasar por honorables y blancos eran todos negros, descendientes de esclavos, que las familias les permitían usar sus nombres y apellidos.”

En fin, ese caroreño genuino, blanco y legítimo también se caracteriza por proferir palabras gruesas y agresivas, no necesariamente malas palabras, aunque sí gritadas: “como si tiraran pedrugones con la lengua.” En efecto, recuerda el escritor: “cuando un Álvarez habla por el teléfono de manigueta desde la hacienda que tienen en El Blanco, en las cabeceras del río, se escucha el escándalo en Carora y en los pueblos vecinos, no necesitan usar el teléfono ni mandar recados para los peones, se ponen a gritar y todo el mundo se entera de que no llueve en la hacienda, que los pozos de agua están secos, de que esos carajos peones son unos perezosos, que si no aumenta el precio de la leche a esto se lo llevó el diablo, que cómo va a ser eso de dejar entrar al Club Torres a ese negraje de Barrio Nuevo, Carora se acabó, no puede ser, entonces nos tendremos que ir de aquí, los vozarrones de los Álvarez aumentan el calor de la ciudad, ah buena vaina, carajo.”

Carora es sinónimo de agobiante e inclemente calor – “continuo, día y noche, desde enero a diciembre, apenas bate el viento por la tarde, con cierto ruido de borrasca” – sólo comparable con el de los desiertos más inclementes del planeta: el conocido Sahara, el inquieto Sahel o el más lejano Gobi: “Porque lo que pasa lo sabe todo el mundo, aquí abajo en esta maldita tierra y allá arriba en ese maldito cielo, un cielo maldito, que no hace sino relumbrar, echar sol como si no tuviera otro oficio, como si en lugar de ser el cielo fuera el infierno.” Francisco ha sudado ese calor, a chorros lo ha sentido correr por su pequeño y enjuto cuerpo de niño precoz, dotado de “unas nalgas poco atractivas, más bien flacas, los huesos se adivinan debajo del pantalón sin calzoncillos, carne magra, como un firulí el cuerpo pequeño de Francisco, pero reluciente el rostro, ágiles los movimientos, oscuros y brillantes como estrellas los ojos, el pelo negro, el perfil de su abuela materna, respingada la nariz, te pareces a Simón Bolívar le dijo la maestra Teresa Molero y desde ese día sus compañeros le pusieron chapa de oro con el está bien, Bolivita, hola Bolivita, Francisco tuvo que agarrarse de nuevo cuatro horas en El Pajón con Amorfiel Martínez para quitarse la chapa de encima.”

Un calor permanente y un río agazapado caracterizan a esa villa de Carora que Francisco se conoce de memoria, al dedillo, de pe a pa, en cada uno de sus detalles, de tanto recorrerla, caminando, dando brincos, saltando de una acera a la otra, a pleno sol o en la cómplice oscuridad de las sombras, volando ligero: “tomé la decisión de mirar desde arriba todas las casas, en vuelo despacio, no como los pájaros, sino agachado, agarradas las piernas con las dos manos. Pero la mano derecha, suelta para pasar por encima de las maporas de la plaza y más alto que la torre de San Juan”, en fin, vagando a sus anchas por unas calles que conoce al pelo y que puede recitar, una a una, con los ojos cerrados, visitarlas de nuevo con la imaginación como si estuviera consultando un preciosista portulano o las vías mostradas en pantalla por el más eficiente buscador satelital. Rememora Francisco las calles de la ciudad de poniente a naciente: “la calle Bolívar, la Zamora, la Torres, la Carabobo (…) la calle de La Paz, la Miranda, la Democracia que le cambiaron el nombre, la Libertad que también le pusieron otro nombre por si acaso y no se alcen los caroreños son todos gobierneros, por eso hay que mudar los nombres federales de las calles transversales, la Calle Falcón, ¡quién ha visto! que es la primera cerca del río, paralela claro está a la calle del Comercio las dos capillas en sus puntas, luego la calle real y principal, que es la de San Juan, toda hecha con casas sagradas (…) la calle Bruzual quién será ése, la Sucre más arriba que no le han cambiado el nombre al Mariscal de Ayacucho, Monagas cuál de los dos será, debe ser el libertador de los esclavos, que nos echó ese tronco e vaina de dejarnos sin esclavos, la calle Federación ésa sí ya dejó de llamarse así (…), y la última que era la calle Independencia, porque de ahí para arriba ya es el trasandino y la carretera trasandina de tierra….”

Pero no hay calle verdadera, genuina, sin sus habitantes y sus moradas, esas edificaciones, esas viviendas de particular estilo que le otorgan especial identidad a Carora, verdaderas casas sagradas que el escritor visita con ánimo de urbanista del espíritu, de antropólogo de la historia caroreña. Siempre dispuesto a trasladarnos vivazmente a la villa de sus afectos a través de sus emotivas evocaciones, Morón explica minucioso, detallista, reparón, que una casa sagrada caroreña tiene: “portón y anteportón, con lo cual se da existencia de presente al zaguán. Las casas sagradas de la ciudad, donde viven los godos, tienen todas zaguán (…) todas las casas caroreñas tienen y deben tener esa entrada entre el portón que es la puerta principal de la morada y el contra – portón o segundo portón que es la puerta con acceso final hacia el interior sagrado de la casa (…) en Carora hay como mil casas, unas doscientas serán casi sagradas, donde viven los blancos de la plaza, las diversas clases de godos, que unos son llamados Chuios y otros son llamados Chuaos, eso no quiere decir gran cosa sino que unos son más godos que otros, no es que sean más blancos ni más caracolorás, sino que lo hacen para pelear los puestos públicos.”

El sol y el calor de la ciudad son objeto de variadas y sudorosas imágenes que dejan su indeleble mancha sobre las páginas que garrapatea el escritor. Morón advierte con estricta crudeza acerca de las consecuencias fatales que pueden producir los furibundos rayos solares del cielo de Carora sobre cualquier mortal negligente o irreflexivo. Para que estemos prevenidos aconseja: “a las diez aprieta el sol, hay que llevar sombrero aludo porque de lo contrario se achicharra la cabeza y se pueden quedar los huesos pelados entre los tejos de la playa, como huesos de chivo muerto, se mueren de sed, se los comen los zamuros y se quedan los cachos en la cabeza pelada en un sitio, más allacita las costillas y por los lados, todos regados, los huesos de las patas, todos ruyíos, desmigados por el calor, por eso hay que ponerse sombrero de cogollo bien alón, para que el sol no haga de las suyas y lo convierta a uno en chivo muerto.”

Las villas poseen para temor de niños y adultos sus propios espíritus, sus apariciones o aparecidos, sus fantasmas: El Silbón, La Llorona “que llora inconsolablemente la muerte de su hijo muerto sin haber nacido porque ella misma le dio un gran manotón y el hombrecito (porque era macho, veis) le gritó desde adentro, ¿por qué me matáis antes de tiempo?”, el hombre del carretón, El Salvaje, La Sayona, El Maniador, pero solamente Carora muestra con orgullo a su espanto fundamental y sin comparación: el mismo Mandinga, un demonio sin amarras, el propio Diablo que todavía anda suelto en Carora. A tenor de lo narrado por Morón, la presencia permanente y libertaria del diablo en la ciudad infernal se debe justamente al calor insoportable que la define y le es consustancial:´”El calor se aposentó en la ciudad, el calor soltó al diablo, el diablo estaba bien amarrado en el solar del convento de Santa Lucía, el convento franciscano; allí lo había dejado tuerto Santa Lucía de un bastonazo que le dio, cuando el diablo entró al oratorio donde estaba la santa dedicada a sus oraciones (…), en el convento estaba amarrado el diablo desde cuando se fundó el convento, tuerto y amarrado con fuertes cadenas en el tronco de un cují seco, con el rabo mocho, un franciscano se lo pisó, cuando Santa Lucía le saltó un ojo de un bastonazo, y entre los frailes lo dominaron a palos, lo amarraron con las cadenas de amarrar negros y lo dejaron en el solar, amarrado, sin darle de comer, más de doscientos años estuvo el diablo amarrado en el convento, hasta que se soltó y la culpa la tiene el calor, porque el día en que se soltó el diablo en Carora hacía más calor que en el propio infierno, cómo haría de calor que los caroreños, se acostaron, desnudos, empapados en sudor, a las diez de la mañana, como si fueran las dos de la tarde, que es cuando se duerme la siesta después de almorzar mondongo de chivo, cabeza de ovejo, caraotas caldúas, lomo prensado, longanizas, tajadas fritas, suero, queso raspado, arepas, y un chocolatico caliente, como hacía tánto calor, los caroreños decidieron desayunar como si fuera el almuerzo y todo el mundo se echó en sus chinchorros a dormir la siesta con ese inmenso calorón, todas las barrigas caroreñas repletas de mondongo ocuparon los chinchorros, sin una gota de aire, caliente el sol, despiadado encima de las tejas, implacable en la plaza y en las calles, los árboles se quedaron pasmados de calor, un gran silencio entró a las casas sagradas, el silencio del calor y de la siesta, todo el mundo con la barriga desnuda, la paloma apagada, los brazos colgando fuera del chinchorro, el calor se hizo dueño de la ciudad, para que el diablo soltara sus amarras, para que el diablo endemoniara el convento, nueve muertos con calor y sudor dejó el diablo en Carora el día que se soltó y ya no lo han vuelto a amarrar, porque el convento se cayó, los godos de Carora expulsaron al último fraile y Santa Lucía se quedó ciega…”

Sin embargo, otros entendidos en el asunto del Diablo de Carora como Don Pedro Nolasco de Álvarez dicen, en boca de Francisco y con los presuntos cachos del diablo bien sujetos en sus manos: “El diablo se soltó de sus cadenas. Y comenzó a realizar acciones heroicas, de muy diversa naturaleza. Para vengarse de Santa Lucía que lo había amarrado en el tronco del cují, en el patio de su convento, comenzó a poner ciegos a todos los curas de la ciudad, y principalmente al Padre Francisco Ramos, que era Doctor en cánones, para que no pudiera ver quién era quién y así mandara para el infierno a los inocentes y remitiera en sacos de lona a los culpables para el cielo; luego el diablo confundió a unas autoridades con otras, para que se mataran entre sí. A unas autoridades con otras, para que se mataran entre sí, como en efecto se mataron, los Alcaldes Ordinarios pasaron por las armas al Juez de Comisos y el teniente Justicia de la Compañía de Volante, que también era el Buenaventura, le dio de puñaladas a los presos, de tal manera que se armó la sampablera. Y también el diablo, sólo por fuñir, sin otra intención, comenzó a cogerse a todas las mujeres de la ciudad, de lo cual se aprovecharon algunos maricos viejos y sabios y otros maricos jóvenes e inexpertos para hacerse pasar por mujeres, sólo por aprovechar. De modo que el convento de la Consolación, fundado en el barrio de la Greda, donde la ciudad repetiría su propia historia, con casas y todo, tuvo muchas reclusas santas, hijas adulterinas del diablo. Nada de esto se puede decir en voz alta porque es absolutamente pecaminoso y forma parte del Capítulo Décimo titulado De las Prohibiciones y Fornicaciones en el Libro Secreto escrito con mucho cuidado, amor de Dios, santo celo y curiosa preocupación, por el Ilustrísimo Señor Obispo Don Mariano Martí, cuyo capítulo se refiere íntegramente a la ciudad de Carora visitada por el Obispo, inmediatamente después de la fecha en que el diablo se soltó en Carora.”

Sea como sea, cuéntese como se cuente, entiéndase como se entienda, nárrese como se narre, desde aquellos lejanos, confusos y aciagos días en el convento de Santa Lucía, ningún visitante de la villa pregunta por el Dios de la ciudad, sino por el distinguido, célebre, famoso y suelto, Diablo de Carora.

Culminados con excelencia sus estudios en la ciudad donde el diablo continúa suelto: “yo soy estudiante de puros veintes en todo, también en conducta, aunque tengo que pelear en el recreo”, más adulto, más persona, más seguro, con la indoblegable esperanza puesta, desde el instante mismo en que partió de Cuicas, en el logro de un porvenir diferente, el escritor, al momento de pasar por el Trasandino con destino a Caracas, en la parte alta de Carora, no quiso divisar la villa de su adolescencia: “no quería ver las casas sagradas, cuando sea rico y doctor volveré, dijo a los catorce años Francisco, camino de la flor amarilla del araguaney, la flor del araguaney es amarilla, florea el árbol todo entero, se caen las hojas y la flor amarilla llena frondosamente las ramas. La flor del araguaney se cae al suelo a los quince días. Sólo quince días dura la flor del araguaney. Francisco no tuvo tiempo de recordar su infancia.”

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ULTIMA PUERTA DEL SILENCIO, DE JUAN RUIZ DE TORRES

Este año hemos recibido un hermoso regalo. Se trata del último libro del escritor español Juan Ruiz De Torres, Última puerta del silencio. Editado por Huerga y Fierro Editores, Vizcaya, España 2010. El autor es Miembro Correspondiente y Emérito del Círculo de Escritores de Venezuela, Doctor en Filología Hispánica, Ingeniero Industrial y Licenciado en Informática. Es Director de la Revista Prometeo Digital. Desde 1980 dirige la Asociación Prometeo de Poesía y coordina la Academia Iberoamericana de Poesía, entre otras instituciones. Escribe narrativa, ensayo y poesía.

Sobre esta “última puerta del silencio”, escribe el dramaturgo y poeta español Alfredo Villaverde: “Quiere traspasar ahora Juan esta última puerta como ese peregrino jacobeo… seguro de que esta puerta que hoy traspasamos no conduce al silencio, sino que no es más que otro umbral que nos recibe sonoro, pletórico de palabras y afectos … otra cosa es que el maestro Ruiz de Torres haya despojado tanto el árbol del lenguaje de ramas, cortezas y hasta de parte de su tronco para dejarlo reducido a este último dístico del libro: “Derrama sangre mi palabra / ¡y no sé qué la hiere!, en la búsqueda del poema único y perfecto que él persigue como el Santo Grial de la literatura y que desconfía ya de alcanzar”.

El libro está dividido en los siguientes capítulos: “Mucho más allá”, catorce poemas de ciencia-ficción. “Paso grande de América”, veinte poemas dedicados a diez países americanos. “Poemas del mundo”, veintiocho poemas para una docena de países. “Minipoemas”, nueve miniaturas que el autor confiesa no haber sabido clasificar. “Peripoemas II”, seis breves poemas de “anarquía pura”. “A dúo”, un par de poemas escritos al alimón con dos admirados poetas tocayos, Enrique Valle y Enrique Gracia. “Los poemas perdidos”, cuarenta y ocho poemas encontrados en los archivos del autor sin publicar. Incluye un poema-fractal-visual. “La palabra poética”, veintisiete versículos en ediciones de la Carta de la Poesía de la Asociación Prometeo de Poesía. “Y basta ya”, con seis poemas finales.

De los Minipoemas, seleccionamos dos, para delicia del lector:

EL POEMA DEFINITIVO

“Un día,

alguno de nosotros escribirá el poema.

Y en él seremos uno.”

&   &   &

“A romper,

a romper.

Tanto verso fallido.

Fotos.

Y diccionarios.

Ombligos, crucigramas.

Sólo el instante único

se resuelve en poema.

El resto es vanidad,

tiempo al amor perdido.

A romper.

Incluso este manual..

Hay que salvar los bosques. ”

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Luis Pastori, cultor de la poesía y la amistad

Por Eduardo Casanova Sucre

Apenas a una hora de Caracas está hoy La Victoria, una pequeña y bella ciudad que por su falta de espacio no es capital del Estado Aragua, aunque tiene todos los merecimientos imaginables para serlo. Fue fundada el 18 de noviembre de 1620, cuando por mandato real el gobernador y capitán general de la Provincia de Venezuela, Francisco de la Hoz Berrío, y el obispo fray Gonzalo de Angulo, el teniente general Pedro Gutiérrez de Lugo y el cura Gabriel de Mendoza reunieron allí a los indios de las encomiendas de los valles de Aragua. El sitio fue llamado Nuestra señora de La Victoria, en recuerdo del triunfo español en Lepanto, en el que participó Miguel de Cervantes. Después se llamaría Nuestra Señora de Guadalupe de La Victoria, y se le daría el título de ciudad en 1814. Fue allí en donde el 12 de febrero de 1814 un ejército reforzado por estudiantes de la Universidad y el Seminario de Caracas, al mando de José Félix Ribas, derrotó a las fuerzas de Boves, comandadas por su segundo, Francisco Tomás Morales.

Y fue allí también en donde, el 25 de agosto de 1921, nació Luis Pastori, uno de los padres de la moderna poesía venezolana y un auténtico cultor de la amistad. Hijo –como Vicente Gerbasi, otro gran poeta– de un inmigrante italiano, su madre fue –a diferencia de Vicente Gerbasi, cuya madre era también italiana– una auténtica e ilustre victoriana de apellido Aponte.


Rodeado por los cerros y colinas de La Victoria, y con los bellísimos valles aragüeños a la vista, Luis Pastori desarrolló pronto sus inquietudes intelectuales. Hizo su primaria en la Escuela San Luis Gonzaga, en la Escuela Federal José Félix Rivas y en el Instituto Mariano Montilla (los tres en La Victoria), y el bachillerato en el Colegio Federal de Maracay. En los días de la muerte del general Juan Vicente Gómez –1935–, cuando apenas tenía 14 años, Pastori ya publicaba poesía en un pequeño periódico con el sugestivo nombre de
Brotes, y no mucho después, cuando estudiaba en Maracay, se convirtió en director de El Preparado, publicación humorística, precursora de El Morrocoy Azul, el semanario fundado por Miguel Otero Silva, en el que Pastori, con los seudónimos de “Concho Kolate” y “Jacinto Ven a Treinta”, colaboró entre 1945 y 1948, desarrollando así otra de sus vetas: el humorismo, o, mejor aún, el buen humor, el humor inteligente.

En Caracas se graduó de Economista y siguió desarrollando sus actividades intelectuales, que se plasmaron en una importante bibliografía formada por los siguientes títulos: Quince poemas para una mujer que tiene quince nombres (Caracas, 1942), Poemas del olvido (Caracas, 1945), Las canciones de Beatriz (Caracas, 1947), País del humo (Caracas, 1948), Tallo sin muerte(Caracas, 1950), Toros santos y flores, (Caracas, 1950), Herreros de mi sangre(Caracas, 1950), Poetas venezolanos (Buenos Aires, 1953), Caracas y la poesía(Caracas, 1966- Antología), Palabras de otros años (Caracas, 1954), Elegía sin fin (Caracas, 1962), Aire de soledad (Montevideo, 1959), Primera selección lírica (Caracas, 1962), Hasta la fecha (Caracas, 1964), Trompos y testimonios(Caracas, 1964), Definitivamente enamorado (Cumaná, 1965), Poemas(Traducción de Paul Verna, París, 1966), Caracas y la poesía (Caracas, 1966),Tiempo de glosa (Madrid, 1967), Trofeos de caza (Caracas, 1969), Poemas en italiano (Traducción de Marisa Vanini, Caracas, 1971), Renesansa samoce(Traducción de Dubravica Brili, Belgrado, 1973), Tempo di poesía (Traducción de Marisa Vanini, Siena, 1974), Poetas (Caracas, 1976), Hasta aquí me trajo el río(Caracas, 1977), Andrés Eloy Blanco: parlamentario (Compilación, Caracas, 1981). A esa bibliografía hay que agregar numerosas publicaciones en diarios y revistas de varios países y en varios idiomas, además de una vastísima bibliografía indirecta. Al alimón, con Tomás Alfaro Calatrava, Pastori escribió la letra del Himno de la Universidad Central de Venezuela, cuya música es de Evencio Castellanos y ha emocionado ya por décadas a los ucevistas.

Ese trabajo intenso, esa poesía vigorosa, armónica y valiente, lo hicieron recibir, entre otros premios, el Municipal de Poesía en 1950, el Nacional de Literatura en 1962 y el Hispanoamericano de Poesía León de Greiff en 1984.
Para completar su imagen, hay que recordar que se casó con la también poeta, además de educadora, Beatriz Mendoza Sagarzazu.

Quien revise algo parecido a su biografía oficial se enterará de que trabajó casi cuatro décadas en el Banco Central de Venezuela, estuvo en la Directiva del Conac, fue Ministro de Cultura, presidente de la Asociación de Escritores de Venezuela, Fundador del Círculo de Escritores de Venezuela y Presidente de la Fundación Celarg (Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos). Dirigió, también con especial brillo, la Academia Venezolana de la Lengua.

Pero ninguna biografía, ninguna enumeración de cargos y de méritos, podrá reflejar jamás dos de los aspectos más importantes de Luis Pastori, el ser humano: su pasión por la amistad y su inmensa capacidad de seducción a través de la palaba bien dicha, de la conversación. La combinación de esos dos caminos con el de la poesía lo convierte en uno de los venezolanos más gratos y talentosos de todos los tiempos.


Fuente: www.literanova.net

Eduardo Casanova Sucre: Nació en 1939, estudió Derecho y Letras en la Universidad Central de Venezuela y en la Universidad Nacional de Buenos Aires. En 1963 se estrenó su obra teatral Barrabasalia, escrita en colaboración con Arturo Uslar Braun, en 1975 se estrenó su comedia «El solo de saxofón». Luego, en 1968, recibió su título de abogado. Presidente de la Fundación para las Artes del Distrito Federal (Fundarte), 1984. Director del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), 1984-1987. Premio Guillermo Meneses por su obra narrativa (2000). Presidente del Círculo de Escritores de Venezuela, 1999 y 2001. Obra publicada:

  • Los caballos de la cólera. Novela. Monteávila Editores, Caracas, 1972.
  • La agonía del Macho Luna. Novela. Monteávila Editores, Caracas, 1974.
  • Hacia la noche. Novela. Editorial Planeta, Barcelona, España, 1974.
  • La región desapacible. Narraciones. Ediciones En la Raya, Caracas, 1974.
  • El Arca de Daniel. Novela. Editorial Panapo, Caracas, 1991.
  • Las Bejarano. Teatro. Cruz del Sur, Caracas, 1987.
  • Las alegres campanas de la muerte. Novela. Cruz del Sur, Caracas, 1988.
  • La noche de Abel. Novela. Monteávila Editores, Caracas, 1991.
  • Las trampas de la luz. Poesía. Editorial Signo Contemporáneo, Caracas, 1991.
  • Lento Laberinto de temor. Novela (Cuarteto en Sol). Editorial Actum, Caracas, 1993.
  • Corazón de dinosaurio. Novela (Cuarteto en Sol). Editorial Actum, Caracas, 1993.
  • Contra natura. Novela (Cuarteto en Sol). Editorial Actum, Caracas
  • La muerte del novelista. Novela (Cuarteto en Sol). Editorial Actum, Caracas, 1993.
  • El señor de la montaña. Novela. Editorial Actum, Caracas, 1994.
  • Los cantos del Libertador. Poesía. Editorial Giluz, Caracas, 1998.
  • El solo de saxofón. Novela. Círculo de Escritores de Venezuela, Caracas, 2000.
  • En los días de Bolívar. Ensayo Universidad Metropolitana, Caracas, 2002.
  • La última muerte de Simón el triste. Novela. Editorial Actum, Caracas, 2003.
  • El gigante doblado. Crónica. Editorial Actum, Caracas, 2008.


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WILLIAM NIÑO ARAQUE: ANGEL GUARDIÁN DE LA CARAQUEÑIDAD

WILLIAM NIÑO ARAQUE, DICIEMBRE 2010

CARACAS SIN TI. A William Niño, in memoriam

Imposible olvidar tu visión de Caracas, el amoroso cuidado que pusiste en el estudio de tu amada Caracas. Has sido y serás el amante más honesto, apasionado y fiel de las maravillas que encierra este valle bendecido por la protección de El Ávila. Comparaste las ciudades con los estilos literarios, señalando que algunas de ellas “se acercan a la ética caballeresca, otras a la abstracción lírica, a la par que muchas escritas en un estilo opaco y brutal”.

Nos acostumbramos a las mañanas del domingo en tu compañía, a través del Programa que compartías con Federico Vegas y Mariela Vegas en la Emisora Cultural de Caracas. Esperábamos con impaciencia que llegara la tarde semanal de tu diálogo con Maríanela Salazar, a quien se le notaba el inmenso afecto que te profesaba, y tú, inteligente y ponderado, tratando de sortear los asuntos amargos de la realidad, para hacer énfasis en lo hermoso, en la Caracas posible, en aquello que debía emprenderse para brindar a los caraqueños de todos los rincones, de todas las tendencias, una ciudad que nos dignificase a todos, que nos hiciera sentir la paz y el regocijo de pertenecer a un lugar amable, con sus plazas, bibliotecas, museos, avenidas, medios de transporte y servicios públicos al alcance de todos. Que nadie fuera excluido del hada madrina: La Ciudad.

Te vamos a extrañar, Amigo, angel guardián de la caraqueñidad que tan bien supiste entender.

Una despedida, un breve hasta luego, porque te nos adelantaste en el camino de retorno a nuestro Origen: el Ser. Que el Espíritu Santo te haya abierto sus Puertas de Luz, Amigo querido, William…

Carmen Cristina Wolf, Caracas, La Carlota. 20 de diciembre de 2010

Un ejercicio impostergable: Pensar la urbe del futuro.

Por William Niño Araque

Las ciudades corresponden a una narrativa inconclusa; una novela abierta a múltiples capítulos a través de los cuales se describen las más inesperadas odiseas. Las ciudades también pueden comparase con los estilos literarios; algunas se acercan a la épica caballeresca, otras a la abstracción lírica, a la par de muchas escritas en un estilo opaco y brutal. Desde esta perspectiva, Caracas podría definirse como una paradójica contraposición entre la tragedia y la escena virgiliana; su particularidad narra la insistencia de un espacio que no se reconoce a si mismo en su potencia descomunal. El hilo de su construcción y desventura reside en el olvido inmemorial.

Tal vez esta inconsistencia inexplicable se cifra en el desconocimiento del territorio, de cara a un nuevo tiempo por construir. Inesperadamente y sin conciencia Caracas descifra un nuevo texto en el que todo se hace ciudad; y es que desde Carayaca hasta Guarenas Guatire, desde Los Altos Mirandinos y la Panamericana, hasta el frente marítimo del litoral, todo es ¡Caracas!. Hoy la extensión de su superficie, inevitablemente trasladó los límites inscritos en el área Metropolitana, establecidos desde 1951, en la cual se refrendaba como urbano el eje contenido entre Catia y Petare. Ahora, todo es ciudad, y con más de medio siglo de retraso, vivimos a expensas de esa herencia chucuta, marcada con un complejo extremo de “enanización”. Una pequeñez dimensional que exhibe a su vez, los complejos que abaten la Capitalidad.

Tal vez, este complejo, ahora engorroso y vergonzante referido a la “capitalidad” ha impedido la visualización y el dominio de sus extensiones a la luz de una ciudad abierta, anhelante y competitiva desde su escala internacional: Bogotá, Cartagena de Indias, La Habana, San Juan de Puerto Rico, Lima, Miami, Buenos Aires, Sao Paulo o Río de Janeiro, establecen el patrón de un principio de autoridad; un paradigma de bienestar y competencia al que Caracas, tristemente, no logra ingresar. Y es que la novísima y esperanzada ciudad de los años cincuenta, colosal y heroica en su proyecto de modernidad, se ha desplazado desde uno de los principales lugares urbes del continente, a lo que hoy la define como casi la última en el ranking de las grandes ciudades de la región.

El desafío que orienta una reubicación en el sistema de ciudades continental, insistimos, está en el reconocimiento de su voluntad histórica, que la condujo desde el siglo XVIII a la narrativa de un capítulo fundacional y de alcance histórico libertario. Hoy, ¡todo es ciudad¡ hoy, hasta la montaña gigantesca y monumental, decretada Patrimonio Nacional desde 1958 ha pasado a instaurar la “pieza fundacional” de la dinámica caraqueña del siglo XXI.

Habría que definir las acciones y argumentos que contextualizan este nuevo capitulo, referido al señorío y la capitalidad: El sentido de su verdadera territorialidad; la dimensión de su extensión a la luz, no ya, de cuatro millones de habitantes, sino a partir de las exigencias de los seis millones de caraqueños inexorablemente la habitarán en el 2030. Habrá que cuestionar y plantear las expansión irreversible de Caracas hacia los ámbitos y paisajes de Barlovento; habrá que negociar su natural derecho sobre la arcadia marítima extendida a lo largo de una franja de 40 kilómetros, de caraqueñidad salitre; Catia La mar, La Guaira, Macuto, Naiquatá, Anare, Los Caracas, ¡todo es ciudad!, a lo largo de todo ello resuena una toponimia caraqueña.

A esta negociación entre gobernabilidad y territorios del paisaje de mar, se suman dos paisajes particularísimos y vitales: Los ámbitos de las autopistas y los cerros cubiertos de ranchos que cimientan una babelita descomunal.

La hipótesis que fundamenta el mapa de la Ciudad Ideal del 2030 define a Caracas como un aro perimetral de funcionamiento que envuelve la montaña; este paisaje se extiende desde Catia hasta Petare y desde allí, hasta Guarenas-Guatire: Hacia el norte el frente marítimo se despliega desde el Puerto de La Guaira y el aeropuerto de Maiquetía, hasta el extremo de Los Caracas; una “carretera del placer” vincularía a Guarenas con la Ciudad Vacacional Los Caracas; una Autopista del trabajo relaciona Catia con Maiquetía; en el centro vibra el jardín más gigantesco del mundo: el Ávila, la selva húmeda tropical.

Tal vez las acciones indispensables que transformarían esta bizarra novela que describe hoy a Caracas, como el territorio parcializado de los conflictos y que la trasladaría a una épica más allá de la modernidad, está en la definición de un guión urbano escrito a lo largo de 12 capítulos: la intervención del Puerto de La Guaira y el aeropuerto de Maiquetía, potencia la recuperación del frente marítimo; esta acción exige la prolongación de la Cota Mil desde la avenida Baralt hasta Catia y la Autopista Caracas La Guaira. A esta reconstrucción del tejido vial se suma la inmediata rehabilitación física de los barrios de Gramoven, Catia, Petare, La Vega, Valle-Coche, y Las Minas de Baruta. Este planteamiento se fortalece en la necesaria atención al Portal de Llegada Sur, desde la estación de trenes provenientes de Valencia-Charallave y el mercado Periférico de La Rinconada, marcando como punto central de llegada a la nueva ciudad conmemorativa la Plaza en ciernes de la Zona Rental.

Vista a El Avila desde Country Club
Vista a El Avila desde Country Club

Como un lineamiento indispensable de este capítulo, se visualiza la construcción de la Circunvalación del Sur, como la vía alterna entre Hoyo de la Puerta y Petare, despejando así la autopista central. Es necesario insistir en la culminación Metro de Caracas y el sistema de túneles Prados del Este- Valle-Coche, Santa Fe-Valle-Coche. Los ejes peatonales de espacio público entre Catia y Petare, en sentido este-oeste, y los ejes de La Rinconada-el Ávila, y la Trinidad, el Country, el Ávila en sentido Sur-Norte; es necesario incorporar como Parque urbano, los campos de Golf del Country, Valle Arriba, La Carlota y el Fuerte Tiuna. Se hace imprescindible concluir el Parque Vargas y La Plaza de La Hoyada, como centro de este sistema de peatonalidad, el cual fortalecería el funcionamiento del todo Casco Central. De todo este sistema el Ávila permanece como el recurso del mercadeo y recreación. Su hipótesis prevé que para el 2030 este parque Metropolitano abastecerá servicios y recursos de funcionamiento a una población flotante de 150.000 excursionistas durante las temporadas altas o durante los fines de semana, solo en la búsqueda del placer.

Fuente escrito de William Niño: Prodavinci

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El Nacional: ANIVERSARIO El Círculo de Escritores de Venezuela

El Nacional, Martes 14 de diciembre de 2010. Escenas p. 2

 ANIVERSARIO El Círculo de Escritores de Venezuela

Homenajeados Armando Rojas Guardia

y Francisco Suniaga

 El premio creado este año, la Medalla Tomás Polanco Alcántara,

fue para Carlos Alarico Gómez

 MICHELLE ROCHE RODRÏGUEZ

mroche@el-nacional.com

En un país en el que las iniciativas culturales naufragan en el olvido más pronto que tarde, es motivo de celebración que alguna cumpla dos décadas. Tal es el caso del Círculo de Escritores de Venezuela, organización creada hace 20 años cuando un puñado de autores quedó desamparado después de que murió el poeta Caupolicán Ovalles y desapareció la asociación que los agrupaba.

“El Círculo no es un gremio, es una agrupación de escritores que se constituyeron en una entidad sin fines de lucro. En todos estos años hemos editado alrededor de 50 libros, que se dice muy fácil y hasta puede parecer poco, paro ha representado un gran esfuerzo porque trabajamos con pocos fondos y patrocinio privado”, señaló Carmen Cristina Wolf, presidenta del grupo desde el año 2008, antes de agregar que la misión de la institución que representa es reunir a los escritores para conocer, estudiar, investigar, promover y divulgar sus obras, ideas y proyectos.

Desde hace un lustro, el Círculo aprovecha la ubicuidad y economía que le permite Internet y ha comenzado a publicar artículos en la página circulodescritoresvenezuela.org. A partir de los primeros meses del 2011, Wolf aspira a comnenzar a publicar un índice de poetas venezolanos nacidos en el siglo XX y asegura que la primera parte del documento correspondiente a los nacidos entre 1900 y 1960 ya está lista y será `publicada en enero de 2011.

Como parte de la celebración del vigésimo aniversario de la institución, la junta directiva entregó tres distinciones. Dos de ellas tienen quince años de existencia y la tercera se creó para conmemorar el aniversario: la Medalla Tomás Polanco Alcántara, que fue otorgada a uno de sus Miembros, Carlos Alarico Gómez. El poeta Armando Rojas Guardia obtuvo la Medalla Internacional Vicente Gerbasi y Francisco Suniaga se alzó con la Medalla Internacional Lucila Palacios por la trascendencia de sus obras.

El Círculo entregó también una Orden al Mérito Institucional al Centro de Cultura Chacao, por su esfuerzo en la promoción de la literatura y de las expresiones artísticas.

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Alto, no respire! Novela de la venezolana Iliana Gómez

¡Alto, no respire! ha sido editada nuevamente por Monteávila Editores Latinoamericana

La autora es publicista, cuentista, novelista, profesora de idiomas, guionista de telenovelas y cultora de la ciencia ficción, Iliana Gómez Berbesí (Caracas, 1951) es licenciada en Letras, título obtenido por Las criaturas de la ciencia ficción, denso estudio simbólico de este subgénero de la literatura fantástica.

Suyos son los libros : Confidencias del cartabón(1981); Secuencias de un hilo perdido(1982); Tornillos de taller(1983) , Extraños viandantes(1990) ySoñé que contaba ovejas electrónicas (inédito).

Teatro mágico, solo para enfermos

¡Alto, no respire! es un bildungsroman. Se trata de la historia de formación de una joven quinceañera habitante de Caracas en 1967. Merlin, la protagonista, a causa de una súbita enfermedad pulmonar es internada en un sanatorio para tuberculosos, viéndose así forzada a interrumpir sus estudios de bachillerato. Ya en el sanatorio, una suerte de símbolo de la ciudad, inicia un doloroso periplo camino a los infiernos, al enfrentarse a terribles experiencias, que a su vez irán moldeando una nueva personalidad. Desesperada por encontrar un escape, se impone soportar la cruda realidad en difícil convivencia con otros curiosos personajes, quienes al principio le hacen la vida imposible.

Merlin atraviesa diferentes fases en el proceso de templar su carácter. Desde una severa depresión hasta un cambio progresivo de actitud. Como sucede con los reclusos de una cárcel, se habitúa a sobrevivir en aquel siniestro recinto y aprende a amar y comprender a aquellos seres que al principio le producían temor, odio o repulsión. La vida en un hospital público, por terrible que sea, siempre desborda de humor, amor y fantasía.

Muchos años después regresa al hospital para visitar a un moribundo. Conversa con los fantasmas del ayer a quienes añora, y decide buscar afuera a otra persona que cuente su historia, guiándose por un diario que conserva de esa época juvenil.

¡Alto, no respire! 1ª. Edición; Contraloría General de la República, 1999, 2ª edición. Monteávila Editores Latinoamericana, 2009, Caracas, Venezuela.

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Poetas proponen se otorgue anualmente el Premio Municipal

“La preocupación de los poetas por dar a conocer su trabajo o por sortear los obstáculos para lograr la publicación de sus libros pasó a un segundo plano. En este momento, los especialistas del verso están unidos en torno a una meta que no han logrado alcanzar: la entrega anual del Premio Municipal de Poesía.” Esto lo publica  la periodista Martha Cotoret en el diario Tal Cual, el 1º de diciembre de este año.

El poeta y escultor Frank Ziccarelli, Miembro del Círculo de Escritores de Venezuela, ha propuesto por escrito al Concejo Municipal de Baruta, se apruebe una legislación que comprometa a los Municipios a otorgar anualmente el Premio Municipal de Poesía.

Durante muchos años, algunos Municipios del país han concedido este Premio a poetas venezolanos merecedores de tal distinción, lo que ha significado que su obra literaria se haya dado a conocer. No obstante, hace ya tiempo que no se abren  Concursos en casi ningún Municipio.

Ziccarelli ha entregado un proyecto a la Alcaldía de Baruta, que puede extenderse a las Alcaldías de El Hatillo, Chacao, Sucre y Libertador. Propone que  las bases del Concurso, contemplen se entregue un premio en metálico, además de la publicación de mil ejemplares del poemario ganador. De esos mil ejemplares, 400 serían para la Alcaldía, 400 para el Concejo Municipal y 200 para el escritor.

Ziccarelli señaló a la Directiva del Círculo de Escritores, que la gente de Cine está logrando muchas cosas ahora, porque durante años pelearon por una Ley de Cine.

Esperamos que se haga realidad este importante logro, y apoyamos la idea con toda fuerza.

Carmen Cristina Wolf

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Ofrenda desde el reflejo de su faro: Escribe un poema para mí de Carmen Cristina Wolf

Por Milagro Haack

I

Gocémonos, Amado,

y vámonos a ver en tu hermosura

al monte ó al collado

do mana el agua pura;

entremos más adentro en la espesura.

Juan de la Cruz

«pero que algún verso perdure

en la noche propicia a la memoria

o en las mañanas de los hombres»

Jorge Luis Borges

Inicia el anhelo de otra voz y da su peregrina ofrenda, dialogando con el regocijo nacido del asombro del que escucha la esencia del agasajo sellando lo originario, donde se encuentra la partida húmeda con su erótica flor, lanzando sus pétalos hacia todos los confines de palabra constante, dilatando su aroma, su febril aroma, para concebir de lo delicado del callado reflejo sobre un cielo isla, cuando desde el reflejo da su gran faro, guía los nocturnos ensortijados a una poética, libre, del alma consciente de la genialidad, y   corona su vuelo hacia un sin fin de vínculos cuando la palabra solicita de lo universal, imborrable: Si quisieras visitar mi alma:

Si quisieras visitar mi alma,

te pasearías por su incansable costumbre de amar

y encontrarías el camino al éxtasis.

Así es mi alma, mínima y amplia, un mar

donde el amor tiene su casa.

Lo humano se estremece, la imagen  abraza lo mítico, el hombre revive, y su permanencia sorprendente es palpable desde el espacio creativo, cuando la poeta nos dice Escribe, sobre el giro por acorde con lo fraterno en  afinidad con la poesía: Escribe un niño para mí /vestido con el coraje de vivir y morir por amor. Versos sostenidos, versos de una visión latente, como ser útero para el nacimiento de entes que por natura pertenecen a la vida pero con la fuerza del «amor«.

No es simple para un escritor derramar lo sabio de un instante,  el seguimiento del rito poético, que nos muestra, «Estamos, por cierto, frente a una imaginación ofrecida con toda sencillez, en la más simple de las intimidades, la de un libro y su lector.», como diría Gastón Bachelard.  Carmen Cristina Wolf, lo hace, da una lectura para honrar el mensaje de su respuesta a la poesía, a los labradores de la poesía: Escribe una ciudad/ de altos jardines luminosos /y  una calle de sol como tus manos. En estos versos integra espacios –una calle de sol-, lazo cósmico que sujeta –como tus manos-. Sólo por la gracia observadora, la metamorfosis, la lealtad hacia lo humano sensorial, nos va dando en este primer poema, lo visual de otras esferas: Escribe un país/ el país que me sabía de memoria/ y lo aprendí en mi infancia. /No lo encuentro. El retorno a lo no perdido, el deseo de la niña, -ella- con sus copas de ritmo, la herencia, lo indudable tras las ventanas, puertas del fuego en memoria del no olvido. Épocas y evocaciones, sentidas y deseando ser pronunciadas por el otro, su espejo, siendo la palabra el mágico cofre que nos ofrece: Auspicia una palabra que haga cesar para siempre las guerras / y entremos otra vez al paraíso. Transforma la rama seca en bosque/ y la selva en un trazo de tinta azul marino. Conciencia de su entorno, fidelidad hacia la evolución por la vida, siendo la natura parte de su ser  hacia la unión de voces en lo primogénito de la esencia, el azul marino, como el fuego del nacimiento de las aguas, cuando lo femenino busca a sus apariciones por todos los costados del universo en voz: Tendré motivos para la hermosura/ y hallar la voz perdida en lo innombrable, / / escribe/ un poema/ para mí. Núcleo y llegada, así, la poeta despunta el alma, lo creativo en este magnífico preludio.

II

Si pudieras contarme el secreto de los girasoles

la cayena indefensa en medio de la lluvia

si pudieras decirme el sabor rojo de los tulipanes

y el matiz verdinegro de las hojas.

Lo humano es presencia hacia la revelación que saborea de las palabras sin la jaula del entorno; se pasea por el edén con –presencias- universales humanizando la belleza de lo mágico que sólo un escritor pode alcanzar con sus ojos ilimitados a través del pasillo tenso que rehace lo luminoso del hechizo de la esencia, para luego ver salir de sus profundidades los brotes-entes, siendo reflejos de lo cotidiano en mágica presencia y continúa:

Dime cómo besan en la piel

sus colores de agosto

escribe un poema que sea ahora

no dejes que se pierdan tus versos vegetales.

La voz realiza su ida, lo natural es inmediato, humanizando la natura para el crear el milagro íntimo en el instante que sorprende lo inesperado, que aspira del alma: mundo indivisible para luego salir en una realidad transformada, asumiendo el giro, del girasolhacia los sonidos que atraviesa  la mañana en un santiamén. Situaciones renovadas por el intercambio natural llevadas a la palabra versificada y que además, tienen la  hondura de lo femenino para despuntar el alba, amanecer, junto al hallazgo de la palabra:

Con el atavío del amanecer

humedecidas de mar y de tiempo

tus manos siempre encuentran

el camino hacia mí.

Mi camino es el verso

Se habita en templos de buen estreno, así, continuo, en esta lectura de alma, despertando otros indicios donde la poética tiene audiencia y voz firme: «Mi camino es el verso», íntimo espacio para el logro de otros pedidos con búsquedas de oceánicos abrazos, junto a lo espiritual amoroso en sobrevuelo cuando «Somos la vida que comienza siempre. Carmen Cristina lo crea, cómplice de la mano tierra con amparo y defensa de la poesía desde su Casa ardiente de palabras, que está plena de sensualidad en el verso vuelto vuelo Salmo trayéndonos lo  curativo humedecido desde su propio vivero lírico:

Mi hogar es el poema.

Casa ardiente de palabras

aun sin pronunciar.

Desde el inicio de este libro, he ido recogiendo la visión futurista de permanencia, muy humana, incluso mística que transita por lo tejido en Escribe un poema para mí; es latente el lazo salino de vivencia, siendo un  libre recado para todos los telares, que desea planear con su único hilo: la palabra, ovillada a la continuidad de la misma; por ello, debemos perseverar rozando un poema, un verso, mientras sea, solicitud poética, su entorno, su pensamiento que al final se convierte en esta gran contestación digna de distinguir sin fronteras por todos los que pasamos y tratamos de miramos en la gran alfombra, mas, es la alfombra – universo – espejo del verbo, del signo, del enigma, de lo creativo regenerativo, tan leve como el vuelo del cóndor, alimentando la visión propia, observación interna creciendo con lo externo amoroso. Eso encuentro, con lo visual dado por Carmen Cristina cuando lo innova desde su cálido del silencio  para recorrerlo todo  desde la altura, dado – dadora- por este espacio con una gran reflexión muy íntima del ámbito poético.

Gracias, Carmen, Siempre Gracias,

Siempre


Milagro Haack


Carmen Cristina Wolf. Poeta, narradora y ensayista nacida en Caracas, Venezuela. Escribe cuentos y poemas desde la edad de 12 años. Es abogado graduada en la Universidad Católica Andrés Bello. Asistió al Taller de Narrativa de Oswaldo Trejo, impartido en el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos. Se ha dedicado al estudio de la Poesía Mística Española bajo la orientación de Armando Rojas Guardia. Participó en el curso Literatura del Siglo de Oro en la Cátedra de San Juan de la Cruz ICREA. Ha realizado estudios de Retórica contemporánea y dicta talleres de Ontología del Lenguaje y Teoría de la Argumentación. Durante diez años coordinó las actividades de la Galería de Arte del BANAP. Su poemario Canto al Hombre fue llevado al teatro por «La Máquina» en el marco de «Un mes de Poesía para Caracas» (1998). Entre sus libros publicados: Canto al Hombre, Cármina editores 1996; traducido al francés y editado por Venezuela Analítica en 1999. Canto al Amor Divino, Cármina editores 1998. Escribe un poema para mí, Círculo de Escritores de Venezuela. 2001. Prisión Abierta, Editora Al Tanto, Colección Las iniciales del Tiempo 2002, Retorno a la Vida, Cármina Editores, Ensayo 2005. La llama incesante, Aforismos Editorial La diosa blanca 2006, publicado en 3a. edición por el Centro de Estudios Ibéricos y Americanos de Salamanca. Atavíos, plaquette de Editorial El pez soluble 2006. Huésped del amanecer, Universidad Nacional Abierta 2008.  Escribe para Literanova y para PublicArte. Dirige Cármina Editores y es Miembro fundador del Café de Sócrates de Caracas. Colabora con Temas de Literatura para revistas especializadas, venezolanas y extranjeras.

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Día Internacional de los Derechos Humanos, 10 de diciembre de 2010

La Misión y Visión del Círculo de Escritores de Venezuela, están enmarcadas en el respeto a los principios de la Declaraci;on de los Derechos Humanos, que establece como  derechos fundamentales de todo ser humano, el derecho a la libertad, a la justicia, a la paz, a la alimentación, a la educación y a expresar libremente lo que pensamos. Cada uno de estos derechos conlleva en sí mismo el compromiso de que todo hombre, mujer, niño y niña, de respetar la dignidad y las libertades de cualquier otro ser humano sin excepción alguna.

Día Internacional de los Derechos Humanos, 10 de diciembre

Tres años después del término de la Segunda Guerra Mundial y apoyándose en el deseo mundial de que tan terrible experiencia no volviese a repetirse, el 10 de diciembre de 1948,la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó y proclamó la Declaración Universal de Derechos Humanos. Desde entonces, el contenido de esta declaración es reconocido como una norma común de aplicación para cada uno de los países miembros, en los que sus autoridades deben asegurar el respeto a la dignidad y a los derechos de todo hombre, mujer, niño y niñasin importar ningún tipo de distinción como el origen, raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.  Para ello, todos los pueblos y naciones han asumido el compromiso de esforzarse por que tanto los individuos como las instituciones promuevan, enseñen y eduquen sobre el respeto a estos derechos y libertades, asegurando su mantenimiento y aplicación entre los pueblos de los Estados Miembros de la ONU y entre los territorios que estén bajo su jurisdicción.

La promoción y protección de los derechos humanos ha sido una de las mayores preocupaciones para las Naciones Unidas desde 1945.
En la Declaración Universal de los Derechos del Humanos, la Asamblea expresó que el respeto a los Derechos Humanos, es el fundamento ¨para la libertad, justicia y paz en el mundo». En 1950 la Asamblea General invitó a todos los Estados miembros y a las organizaciones interesadas a que observaran el 10 de diciembre de cada año como Día de los Derechos Humanos (resolución 423(V)).

Con  el transcurso del tiempo, se han desarrollado un conjunto de instrumentos y mecanismos, para asegurar la primacía de los derechos humanos y para hacer frente a las violaciones de los derechos humanos dondequiera que ocurran.

Apoyamos a las Instituciones, Asociaciones y Organizaciones No Gubernamentales de Venezuela y de todos los países, que tienen como Misión coadyuvar en que se respeten los derechos de los niños, mujeres y hombres de todas las latitudes, que se encuentran indefensos y a quienes se les violan sus derechos.

Junta Directiva y Consejo Consultivo

Círculo de escritores de Venezuela

Organización de las Naciones Unidas:

Consultar http://es.wikipedia.org/wiki/Organizaci%C3%B3n_de_las_Naciones_Unidas

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Tres poemas de Enrique Gracia Trinidad, Premio Juan Van-Halen


A continuación, tres poemas del notable escritor madrileño Enrique Gracia Trinidad. Es también actor y divulgador cultural. Es Miembro Corespondiente del Círculo de Escritores.  Sus libros de poesía desde 1972 a 2010: Encuentros, Canto del último profeta, Crónicas del Laberinto , A quemarropa, Restos de Almanaque, Tiempo de Apocalipsis, Historias para tiempos raros, La pintura de Xu-Zonghui (bilingue chino-español), Siempre tiempo, Contrafábula (Poesía reunida 1973-2004), Todo es papel, Juego de Damas, Sin noticias de Gato de Ursaria, La poética del Vértigo (Antología, estudio y selección de Enrique Viloria),Pentimento, Hazversidades poéticas (miniantología), Butaca de entresuelo.

Ha publicado otros libros de prosa, artículos y dibujos; y como antólogo de poesía y colaborador en traducciones Poetas en vivo (antolog. 43 poetas)Cantos de amor y de ausencia (poesía china) etc.

Le han concedido, entre otros, los premios: Medalla Internacional Vicente Gerbasi, por el conjunto de su obra (Círculo de Escritores de Venezuela) y los premios por libro: Accésit de Adonais, PremioEncina de la Cañada, premio Feria del Libro de Madrid, Accésit Rafael Morales, Premio Blas de Otero, Premio Bahía, Premio Juan Alcaide, AccésitCiudad de Torrevieja, Premio Emilio Alarcos, Premio Juan Van-Halen, etc.

Parte de su obra se ha traducido a 10 idiomas y figura en antologías y publicaciones de 14 países.

Más datos: http://es.wikipedia.org/wiki/Enrique_Gracia_Trinidad

Su página en Internet: http://enriquegraciatrinidad.blogspot.com

¿QUÉ FUE DE LA CASA?

La vieja casa se exilió del tiempo que era suyo, que tal vez no lo fue. Dejó de presumir, pintó sus muros de la ciega nostalgia que deja un cuadro ausente, un clavo desprendido, una mancha que tuvo alguna historia.

Hay restos de palabras en el tablero roto que fue mesa, miradas sin consuelo en las ventanas desde las que un día alguien adoró el mundo.

Siguen los pájaros cantando —lo dijo Juan Ramón— pero ya nadie los escucha en el porche desolado. Y si nadie los oye es que no existen.

La vieja casa tiene una manera de respirar apenas que jamás sospechó, un pulso sin aguja que enhebrar, una tristeza de cristales rotos que antaño fueran copa, jarrón de rosas o reflejo vivo.

Sin moverse, la vieja casa se marchó de la vida poco a poco, se olvidó del mantel de la alacena, del goteo del grifo, del olor a bizcocho; y le vendió su alma a las enredaderas del olvido.

La vieja casa está, como los pájaros; está pero no existe porque nadie la escucha.

(Del libro “Sin palabras”, en prensa)

CONTRAFÁBULA

El mundo está repleto de insectos ahorradores,

hormigas laboriosas,

arañas tejedoras,

listos escarabajos que atesoran

estiércol y otras santas inmundicias,

y orugas que se guardan, por guardar, a sí mismas.

Así que tú, cigarra,

cómplice del verano, prima hermana del grillo,

no pares de cantar, rompe la tarde,

pon música a la siesta.

No hagas caso a la hormiga,

que reviente de grano su despensa.

Cigarra amiga, cantaré contigo,

que la vida no es más que lo que aquí cantemos.

(Del libro “Siempre Tiempo”)

SI TÚ NO ESTÁS

A Andrea Navas

El Paraíso debe estar vacío.

Si tú no estás, quién va a querer estar.

Sé que andan de tertulia por la puerta,

incluso Dios mira el reloj y fuma

y se hace el remolón hasta que llegues.

Entonces todos entrarán de golpe.

(Del libro “Hazversidades poéticas. Enrique Gracia”)




Enrique Gracia en Caracas, Noviembre 2008

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Tres poemas de Ligia Colmenares, El ojo errante

3 poemas de Ligia Colmenares

 Hemos seleccionado tres poemas de la autora venezolana Ligia Colmenares, que fueron publicados en la Antología «El ojo errante», editada por el Taller Editorial El pez soluble, 2010,  con prólogo de Edda Armas:

Liminar

 Blanco sobre blanco

mórbida textura que incita

la palabra

 Invisibles trazos

la línea vertical

el rojo equilibrio

sostenido en el tiempo

Blanco sobre blanco

La vida

 ******

 Boceto a Stravinsky

 Viva llama en los arcanos

blanco boceto

flotando en el espacio

Pájaro de fuego

menguante luna

En la gravitante noche

se deshila el azul

Alada mujer

en tu mano

la rosa carmesí

ilumina

 ******

Ala en el vino

El ala es el pájaro de la imaginación

 Vuelo de pájaro

 Ala

que embriaga

la gota de vino

En los labios

la bermeja lágrima

En el aire

suspendida gota

que cae

en el ala

que cae

gota

que cae

 *****

Poemas de Ligia Colmenares, tomados  del libro El Ojo errante. Ligia Colmenares venezolana, autora de: La mujer de la casa de adobe (El pez soluble, 2005); Desde el patio del limonero, Antología de Talleristas (Monteávila Editores y El Pez Soluble 2006); En el río de la palabra (Universidad Nacional Abierta, 2007). Es Miembro del Consejo Consultivo del CEV.

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