Un pisito justo encima del bar

Por Atanasio Alegre

Eso pide en su canción un cantante andaluz para su chica que, aunque no es virgen, él la tiene en un altar. El piso equivale al apartamento nuestro. Y diré que el piso y el bar son las dos obsesiones del español de hoy y de una buena parte del europeo contemporáneo. El piso es una obsesión antes de tenerlo y, una vez metido en la hipoteca, la obsesión se transforma en pesadilla a fin de cada mes. El bar, que viene siendo la segunda morada parcial de una buena parte de los españoles, es un amago de desplazamiento hacia otra parte distinta del hogar, preludio a su vez de otro mayor, el turismo vacacional. A lo de la vivienda se la ha llamado la burbuja inmobiliaria, que venía siendo el primer motor de la economía española hasta que explotó; el segundo motor es el turismo, hoy de capa caída.

Escribo esta crónica teniendo a la vista uno de los conjuntos urbanísticos modernos más apacibles vistos hasta ahora en mi recorrido europeo. Tengo delante el nuevo Museo de la ciudad de León, una gozosa jerigonza de color enmarcado en formas cuadriláteras que hacen sospechar que el arquitecto anda en la idea de que el color no sólo sirve para realce de la arquitectura, sino que podría ser la arquitectura misma. Detrás, frente al conjunto de edificaciones de gran modernidad futurista —el edificio de la Junta de León, entre ellas— de camino por una avenida bordeada de árboles que parece que hubieran estado allí siempre se yergue el viejo edificio de San Marcos convertido hoy en uno de los hoteles emblemáticos de Europa y, antaño, en la cárcel donde Quevedo pasó tres años de su vida que acabaron con su salud. No me resisto a transcribir en sus palabras la miseria de su prisión. Digamos antes, que ella se debió al contenido de un memorial que pasó camuflado en una servilleta al Rey Felipe IV para advertirle de las malandanzas de su valido y primer ministro, el Conde Duque de Olivares: «Fui traído en el rigor del invierno sin capa y sin camisa, de sesenta y un años, a este Convento Real de San Marcos donde he estado durante este tiempo en rigurosísima prisión, enfermo de tres heridas que con los fríos y la vecindad de un río que tengo por cabecera, se me han cancerado y por falta de cirujano, no sin piedad, me las han visto cauterizar con mis manos, tan pobre que de limosna me han abrigado y entretenido la vida. El horror de mis trabajos ha espantado a todos. Vivo en conversación con los difuntos y escucho con los ojos a los muertos.»

Vivir en conversación con los difuntos y escuchar con los ojos es tal vez uno de los recursos que le quedan al hombre de todos los tiempos cuando los gobernantes son víctimas del poder que un día soñaron conquistar, pero que, a la postre, fue el poder sin medida el que los conquistó a ellos.

El español de hoy que cobija su andar bajo los mismos cielos abiertos que lo hiciera el más grande prosista de la lengua castellana, pide hoy, en verso y en prosa, un piso y un lugar, tanto dentro como fuera de la ciudad donde desplazarse. La llamada burbuja inmobiliaria, empero, ha enturbiado el presente español, como comienza a enturbiar el del venezolano de a pie la llamada economía del sablazo, hija legítima de la exarcebación del poder por el que atraviesa la República.

Parodiando a Sartre, bien podría afirmarse que el mal gobernante es el ser a través del cual llega la nada a los países. El mal o la nada.

Y para que no queden dudas de qué va la cosa, la economía del sablazo es la antítesis de la del ahorro hecha sobre el esfuerzo, levantada, ladrillo a ladrillo, sobre el trabajo honrado y disciplinado.

& & &

Atanasio Alegre, Psicólogo Clínico, Novelista, Investigador, Ensayista. Vicepresidente del Círculo de Escritores de Venezuela. Director de la Revista ConcienciActiva 21.

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El Universo del Arte y la Palabra: Charlas 21 de mayo

EVENTO Jueves 21 de mayo de 2009 a las 6 pm:

& & & Charla a cargo de Álvaro Pérez Capiello sobre Giuseppe María Crespi, , pintor y dibujante del Barroco Italiano. «Y así ascender despacio en un inmenso amor / de la prisión terrestre / a la belleza del día» Arthur Rimbaud

& & & Charla a cargo de Carmen Cristina Wolf : Reflexión sobre la Palabra. «Algunas de nuestras palabras / son fuertes, francas , amarillas / otras redondas, lisas, de madera…» Eugenio Montejo.

Lugar: Sala Cabrujas CIRCULO DE ESCRITORES DE VENEZUELA INVITA
Centro Cultural Chacao, Centro Comercial El Parque, Nivel C 1. 3ª Avenida de Los Palos Grandes cruce con Avenida Francisco de Miranda.
Entrada por el lado derecho del Edificio.
(Al lado de Parque Cristal)

Mujeresescritoras

Literatura y Vida

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Heberto Gamero: Solitario

Solitario

Apenas había salido el sol. El hombre iba cabizbajo, caminando y hablando por la orilla de la playa. El olor de las algas marinas predominaba sobre el del mar y las gaviotas danzaban muy cerca de él. Sus pies descalzos dejaban sus huellas solas que la próxima ola se encargaría de borrar, y la próxima, y la próxima, huella tras huella, sólo eso se borraría de su corazón. Tenía cerca de sesenta, el pelo rayado de canas y la piel tostada por el sol.

La posición de su mano parecía tener tomada a la de alguien. De vez en cuando reía y volteaba hacia un lado, como si realmente ella lo estuviese escuchando y compartiera con él cualquiera de esas conversaciones tan peculiares que solían sostener.

Hoy caminaremos hasta las rocas —dijo él.

Sí, vamos, me encanta ver cómo el agua choca contra las piedras y luego se retira como si nada.

Si, es irrespetuosa, la golpea, la provoca, la reta, se va y luego vuelve con la misma fuerza a hacerlo de nuevo, sin temor alguno —dijo él. Así es. Y la piedra resiste estoicamente sus embates. Los resiste, pero el mar sabe que un día la vencerá y la hará polvo —dijo él.

Y…, ¿ella lo sabrá? ¿Sabrá que algún día el mar la destruirá?

Sí, debe saberlo —dijo él.

Entonces, ¿por qué lucha?

Es su naturaleza, mientras no se pulverice, tiene expectativas —dijo él.

¿Expectativas? Sí, expectativas —dijo él. Expectativas, ¿de qué? No sé, de seguir existiendo, me imagino —dijo él.

Es lo razonable. No olvides lo que has dicho —él sintió cómo ella chapoteaba los pies en el agua y la espuma se le desvanecía entre los dedos.

Qué hermoso amanecer.

Muy bello —dijo él. Las nubes huyeron. Quizá estén desayunando —dijo él, sonriendo. Es posible.

Y…, ¿qué estarán comiendo? —dijo él. A ver, a ver, ¿qué tal cereal de cactus con aire del desierto?

¡Hum, qué rico! —dijo él. Con bastante miel.

Si, con mucha miel —dijo él.

¿Y de tomar? ¿De tomar ?… No sé, pueden estar tomando jugo de sueños marinos —dijo él. Sin azúcar.

Sin azúcar, claro, para que no se pongan gordas y luego nos manden un diluvio de esos que nos quitan el sol por varios días —dijo él.

Entonces, sin azúcar. Hablas de las piedras como si pensaran —dijo él.

¿Quién dice que no? Bueno, obviamente no tienen cerebro para hacerlo —dijo él. Pero, tienen vida, ¿no? De alguna forma nacen, crecen, se desarrollan y mueren. El principio de la vida, ¿no es así? Sí —dijo él, pensativo.

Entonces, ¿ quién dice que en aquella maraña de átomos duros no se desarrollan algunas conexiones que hagan las veces de cerebro humano y den lugar a sensaciones como el amor, el miedo y tantas cosas más que nos afectan? No me imagino a una piedra llorando —dijo él. No como nosotros, claro, pero quizá tengan su propia forma de hacerlo, y nosotros, habitantes de este mundo, amos y señores de todo lo que nos rodea y también de lo que no entendemos, descartamos de plano cualquier otra forma de existencia, simplemente porque no concuerda con lo que llamamos lógica.

En conclusión, lo que quieres decir es que todo es posible —dijo él.

Eso creo. Ya estamos cerca de las rocas —dijo él. Sí, ya se escucha el ruido profundo de las piedras abatidas por el mar.

Suena doloroso, triste. Si los elementos o las cosas pudiesen sentir, ¿quien sufrirá más, el agua o la piedra? —dijo él

Ahora que lo preguntas, no sé. Me imagino que la piedra, que es la que recibe la embestida de las olas.

Parece lógico —dijo él. Pero, ¿y si lo vemos de otra forma, una más alegre, más positiva? Podemos hacerlo, podemos elegir cómo ver las cosas, ¿no crees? ¿Cuál? —dijo él. Qué pasaría si esa es la manera en que el mar demuestra su afecto hacia la roca y ese constante golpetear es su forma de abrazarla y de decirle que la ama.

Puede ser —dijo él. Y que además la roca recibe ese impacto no como algo que duele y que eventualmente la destruirá, sino como ese gesto de amor que sí, que terminará pulverizándola, pero con la intención de que un día la llevará a fundirse en una sola con su amada. Sí, prefiero pensar eso —dijo él.

Qué maravilla, viéndolo así ya no se sufre por la roca.

¿Y por el mar? —dijo él. Tampoco por el mar.

Mejor —dijo él. Sí, Mucho mejor, ya no hay dolor. Ya no hay lucha.

No, tampoco lucha —dijo él. Sólo una manera de amarse. Así es —dijo él. ¿Qué cambió, el mar o la roca? Sabes que ninguno de ellos —dijo él. ¿Qué, entonces? Quiero oírlo.

Nosotros cambiamos. Simplemente, ahora lo vemos diferente —dijo él. Sí…, de eso depende todo. Así parece, aunque no es tarea fácil —dijo él.

Pudimos habernos retirado antes de nuestra vida ajetreada en la ciudad, de los compromisos, del humo, de las cornetas y de tantas cosas que sin darnos cuenta nos agobiaban, nos desgastaban y nos impedían vivir de verdad y disfrutar de este sol, de esta brisa, de este mar, desde mucho antes. Qué tarde lo descubrimos.

Es cierto, apenas un año duró lo que pensábamos sería el resto de nuestras vidas. Muy poco. Fue el mejor de todos los que pasamos juntos. Pero, ¡oh Dios, fue tan corto! Lo lamento tanto. Lamento no haber apreciado lo valioso de aquellos momentos, que por alguna estupidez humana pensé que serían eternos y que no merecían la importancia de lo escaso, de lo que no abunda. En aquellos días que te tenía a ti, que lo tenía todo, no pensé… no pensé… te extraño tanto —dijo él.

También yo… Sentémonos un rato.

El sonido es imponente, se siente en el pecho. El mar se mete con fuerza debajo del peñasco y lo hace gritar de dolor —dijo él.

Quedamos en verlo como de alegría. Sí, lo siento, de alegría. Ya no sé, de verdad quisiera pensar eso, quisiera pensar que las piedras sienten, que el mar ama, que todo lo que duele uno puede cambiarlo sólo modificando el punto de vista…

Se está tan bien aquí… No quisiera hablar de ello, pero dime, dime por qué… —dijo él. No lo sé, yo también quisiera saberlo.

Todo fue tan rápido, tan fugaz… —dijo él. Sí, teníamos tantas conchas que lanzar al mar, tantas gaviotas que ver danzando sobre nuestras cabezas, tanta arena por pisar con nuestros pies descalzos, tanta agua fría que sentir, tanto sol naranja que ver… Pero l a gente enferma y muere… De eso se trata la vida. Pero… —dijo él. Pero…, no hay nada que hacer, lamentablemente. Debes aceptarlo, yo no podía ser la excepción de los mortales, aunque de verdad lo intenté; como esa piedra se resiste al mar, así lo intenté. No puedo aceptarlo, es algo más fuerte que yo —dijo él.

Tienes que hacerlo. A ti te toca vivir los años que yo no pude, no los desperdicies. ¿Cuál?

¿Bajo qué punto de vista se puede borrar este dolor? —dijo él.

Piensa en que todo esto es un experimento del cual somos parte. Piensa que el tiempo pasa muy rápido y que muy pronto nos encontraremos en otro sitio. Piensa que como la piedra y el mar en algún momento nos fundiremos en uno sólo y para siempre. Quiero que me lo prometas, quiero que dejes de hacer estas caminatas día a día y soñar que hablas conmigo, que todavía existo y que nada ha cambiado.

Pero … —dijo él, con sus ojos flotando en el agua que veía. Promételo. … Al día siguiente, al salir el sol.

Hoy caminaremos hasta las rocas… —dijo él. Sí, vamos…

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Qué sucede del 11 al 17 de mayo de 2009

Actividades y eventos que nos ofrece la Ciudad en esta Semana:

Martes 12

Círculo de Lectura con Eduardo Liendo y su novela El último fantasma (Alfaguara)
Lugar: Fundación Francisco Herrera Luque, Avenida San Juan Bosco, Centro Altamira, Mezanina Local 2, Altamira / Hora: 5:00 pm

Bibliotecas en la literatura en Radio Relecturas
Lugar: Emisora Cultural de Caracas 97.7 FM / Hora: 8:00 pm

Miércoles 13

Conferencia Dante Alighieri: aportes hebreos e islámicos en la Divina Comedia, dictada por el Prof. Giorgio Battistoni, organizada por el Instituto Italiano de Cultura en la Universidad Católica Andrés Bello
Lugar: Sala de usos múltiples. Edif. Cincuentenario, UCAB / Hora: 2:00 pm

Jueves 14

Recital de William Osuna, Beverly Pérez Rego y Víctor Alarcón, organizado por Monte Ávila Editores
Lugar: Estación del Metro El Valle / Hora: 4:00 pm

Presentación de los libros Sin partida de yacimiento, de Luis Barrera Linares, y El cantante asesinado, de Mario Amengual, editadas por BID&Co., con palabras de presntación a cargo de Carlos Sandoval.
Lugar: Librería Lectura, Centro Comercial Chacaito / Hora: 7:00 pm

Presentación del libro Penélope, de Ignacio Castillo Cottin, editado por Random House Mondadori, con palabras a cargo de Diego Rísquez y Rafael Arráiz Lucca
Lugar: Plaza Ávila del Centro San Ignacio / Hora: 7:30 pm

Sábado 16

Un libro para Miranda. Si lo leíste, pásalo, organizado por Relectura y el Iabim
Lugar: Plaza Alfredo Sadel, Av. Ppal. de Las Mercedes / Hora: 2:00-6:00 pm

Tertulia con Enrique Guillén: El corazón Vs. la razón
Lugar: Librería Libroria, Calle Madrid con Trinidad, Las Mercedes / Hora: 4:00 pm

Domingo 17

Presentación del poemario Viajes en la noche, de Aladár Temeshy, editado por la Editorial Diosa Blanca y el Círculo de Escritores de Venezuela
Lugar: Sala José Ignacio Cabrujas, Fundación Cultural Chacao, Centro Comercial El Parque, Los Palos Grandes / Hora: 10:30 am

Noticias

Presentada antología de jóvenes cuentistas venezolanos traducidos al chino. «Próximos; antología de la nueva narrativa venezolana», es el nombre del libro presentado el pasado jueves 24 de abril en la Biblioteca Pública Central Agustín Codazzi, de Maracay, en el marco de la Semana del Libro de Maracay, el cual reúne textos de trece jóvenes narradores venezolanos, en edades comprendidas entre los 25 y los 35 años, en una edición bilingüe español/chino compilada por el editor de Letralia, Gómez Jiménez la cual ya había sido publicada en diciembre de 2006 por la Embajada de Venezuela en China, bajo la responsabilidad editorial de Wilfredo Carrizales, entonces agregado cultural de esa entidad.
La traducción al chino de los textos de Próximos, fue realizada por el profesor Zhao Deming, catedrático de la Facultad de Español de la Universidad de Beijing, vicepresidente de la Sociedad China para el Estudio de las Literaturas Española, Portuguesa e Hispanoamericana y consejero de la Asociación de Hispanistas Chinos, y contiene textos de Javier Domínguez, Diana Garrido Sylvester, Eduardo Mariño, Roberto Martínez Bachrich, Jesús Nieves Montero, Luis Nouel Trenard, Carlos Padrón, Daniel Pradilla, Fedosy Santaella Kruk, Susana Sussmann, Leopoldo Tablante, Valentina Truneanu Castillo, y Orlando Verde.
La presentación fue realizada por Manuel Cabesa y el compilador, Jorge Gómez Jiménez, y contó con la presencia de tres de los autores incluidos: Susana Sussmann, Javier Domínguez y Leopoldo Tablante.

A fin de que pueda ser disfrutada por lectores de todo el mundo, en las próximas semanas Editorial Letralia publicará una edición digital que incluirá los relatos en ambos idiomas, según anunció Gómez Jiménez al cierre del acto.

Fuentes: http://www.ficcionbreve.org
http://literaturayvida.blogsome.com

Iglesia San José Puerto Cabello, Venezuela

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Donemos un libro a las bibliotecas mirandinas

Un libro para Miranda

Donación de libros en la Plaza Sadel de Las Mercedes.
Sábado 16 de mayo. De 2:00 pm a 6:00 pm.
Organizado por ReLectura y el IABIM

Hace aproximadamente un mes apareció en la prensa nacional la noticia de que 62.262 libros de las bibliotecas mirandinas habían sido desincorporados y, muchos de esos ejemplares, vendidos como pulpa de papel entre 2007 y 2008, en una operación ajena a las normas de descarte de material de la Biblioteca Nacional.

Por este motivo, ReLectura y el IABIM (Instituto Autónomo de Bibliotecas del Estado Miranda) han organizado el evento «Un libro para Miranda», una actividad de donación de libros, con la cual queremos compensar de alguna forma la pérdida sufrida por estos organismos educativos y culturales del Estado Miranda. Invitamos a todas las personas, editoriales, distribuidoras, empresas e instituciones a sumarse a este operativo de donación de libros que a todos nos beneficia.

Y les recordamos no llevar ejemplares en mal estado: deteriorados, rotos o incompletos. Y algo muy importante: sólo se recibirán libros pertenecientes a las siguientes áreas temáticas:

  1. Libros sobre la cultura, el folklore, la tradición y la historia del estado Miranda.
  2. Libros de referencia: diccionarios, enciclopedias, etc…
  3. Libros para niños.
  4. Literatura venezolana.
  5. Literatura clásica universal.

Pueden llevar el número de libros que deseen, siempre y cuando pertenezcan a las áreas temáticas antes mencionadas.

¡Corran la voz! Los esperamos con sus libros el sábado 16 de mayo en la Plaza Sadel de Las Mercedes, entre las 2:00 pm y las 6:00 pm.

www.relectura.org
Contactos: Luis Yslas. Cel. 04127195025 / luisyslas@yahoo.com

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En Memoria de Miguel Ángel Salas

«Vivo en tu misterio y permanezco en ti. Lleva mi ser al centro de tu Ser,
quema mi alma en el Fuego de tu Alma.»

Nos unimos a la tristeza que embarga a nuestra querida escritora y amiga
Lidia Salas Rincón, a su familia y amigos, por el fallecimiento de su hermano
Miguel Ángel Salas.

Círculo de Escritores de Venezuela

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Un paseo por la casa de Pablo Neruda en Santiago de Chile

Por Heberto Gamero

I

…Con el libro El cartero de Neruda, de Skármeta, bajo el brazo y después de una larga caminata llegamos al barrio Bella Vista en busca de la casa de Neruda —ahora una zona donde abundan restaurantes y terrazas cerveceras, muy cerca del Cerro San Cristóbal. Un hombre delgado, alto, de barba corta, como de setenta, suéter y boina negra que se cruzó en nuestro camino con mirada espectral nos indicó el sitio. Seguimos sus instrucciones y después de subir una calle con una leve cuesta nos encontramos con la casa del premio Nobel, el responsable de tantas reflexiones e inspirador de tantas almas. La Chascona (despeinada), la llamó el poeta en honor a su mujer, quien al parecer dejaba que el viento se hiciera cargo de su cabello; o quizás no era el viento sino los dedos abiertos del poeta que se paseaban apasionadamente sobre la cabellera de su amada. Su construcción comenzó en 1953 cuando el poeta era amante de Matilde Urrutia y la utilizaban como su refugio secreto. Un par de años después Neruda se separa formalmente de su segunda esposa y decidieron ampliarla y ocuparla definitivamente. La entrada es sólo una puerta de madera fijada en una gran pared sin mayores detalles, algo sencillo, sin porche externo ni portones imponentes, sólo una puerta de madera sobre una acera angosta de una calle cualquiera llena de vecinos cotidianos. Al traspasar dicha puerta un mundo de frescura se abre ante la vista en medio de un espacio tan singular como los versos del poeta. Y es que las dependencias están separadas, sólo unidas quizás por las escaleras al aire libre y los pasillos empedrados que llevan de un lugar a otro. Pero lo que más cautiva es el riachuelo que baja de la montaña y atraviesa la casa por debajo; para ello Neruda hizo construirla con cierta elevación precisamente para disfrutar del sonido del agua día y noche, como una lluvia continua, como las olas del mar, fuente de inspiración de la mayoría de sus obras.

La dependencia principal es más bien rústica, de dos pisos en forma de barco como la casa toda. De la planta baja, pintada de amarillo y con marcos, puertas y ventanas en blanco, sobresale un gran ventanal de piso a techo que como la punta de una proa mira hacia la ciudad como si fuese el vidrio que en los buques separa al capitán del amplio mar. Dentro, un sin fin de perifollos cubren la estancia como si de una tienda de adornos se tratara: floreros de variadas formas y colores, lámparas de barco, abanicos gigantes, fotos de poetas y escritores, cuadros sobre las paredes de piedra, botellas azules, verdes, grandes y pequeñas, sombreros, muñecos de madera, de plástico, mapas… El guía comentó que cuando alguien llamaba al poeta coleccionista, éste lo corregía y le decía que no, que él era sólo un cosista, porque cualquier cosa le parecía bella y digna de ser exhibida; y tenía tantas como para llenar un museo de considerables proporciones, sin exagerar.

En el segundo piso, pintado de un azul subido, también con marcos de puertas y ventanas en blanco, una terraza preside el templo del escritor, un pequeño cuarto con escritorio frente a la ventana que deja la mirada libre para llegar hasta las montañas nevadas, más allá de los árboles que rodean la casa y los edificios que limitan la ciudad; es el sitio donde Neruda se eleva con las musas y las hace suyas en medio de caricias vocales que ellas no pueden resistir. En el ambiente flotan las palabras del poeta, se siente el suave olor de aquéllas, se escuchan sus cánticos a través de sonido de las hojas y se toca el verso en cada cosa que por no sé qué impulso uno roza con los dedos al pasar. En esta habitación estuvimos largo rato. Mi piel se erizó al ver sus lápices verdes sobre el escritorio, la silla donde se sentaba frente a la ventana, las manos de Matilde acariciando sus hombros cansados.

Salimos de esta parte de la casa y fuimos a otra totalmente diferente de paredes blancas y tejas en el techo donde se ubica el comedor y otras áreas. Sobre la mesa de madera de araucaria, larga y robusta y el piso de piedra barbarita, está todo servido: la vajilla inglesa de vistosos estampados, las copas portuguesas verdes, rojas, azules y amarillas, de vidrio grueso y dibujos en relieve, los cubiertos de plata, las sillas de espaldar alto y los cuadros de patillas, o sandías, como se les conoce por estos lados. Sólo al entrar se pueden escuchar las voces y risas de los amigos que felicitan a Matilde por lo buena cocinera que es. En el aire se ven los brazos alzados de pintores, escultores, escritores y más poetas que ríen y el choque de las copas alegra el recuerdo y trae a los sentidos el efecto del vino que se mece con entusiasmo dentro del vidrio reluciente. De pronto los invitados callan para escuchar al poeta declamando una de sus obras. Todos escuchan atentos, los ojos brillan, los corazones suspiran y los aplausos aún se sienten rebotar en las ventanas y paredes de la estancia como ecos inmortales.

No todo era seriedad; en aquellos encuentros de copas y anécdotas también el vate gustaba bromear a sus invitados. Por ejemplo, el salero de la vajilla dice marihuana y el pimentero morfina, y celebraba con gruesas risas cada vez que alguien las vertía sobre la comida. A veces se despedía por un rato y cuando todos se preguntaban dónde se había ido, aparecía por una puerta secreta que había cerca del comedor disfrazado de pirata, capitán de barco o mesonero. En una de las estancias, justo al abrir la puerta por lo que es difícil no mirarlo, hay un kaba kaba (figura representada por un muñeco con expresión malévola; tiene los ojos brotados sin párpados ni pestañas, ni labios que cubran sus dientes; sus pómulos sobresalen como pelotas al igual que su nariz y cejas forman un puente que dibuja una cruz en su rostro. Está hecho en una madera oscura, ya extinta, proveniente de la Isla de Pascua). La posición del kaba kaba debe ser, en cualquier casa, cerca de la puerta y mirando hacia ella, donde todo el que llegue lo pueda ver, ya que se cuenta que si alguien entra con malas intenciones a una casa donde esté uno de estos centinelas de aspecto alienígena y lo mira directo a los ojos, entonces quedará maldito para siempre y sus intenciones quedaran sin efecto y se le devolverán multiplicadas a quien las gestó.

Pasando el jardín y subiendo por una estrecha escalera, sombreada por altos árboles, se encuentra otra pequeña habitación donde está el salón de lectura y biblioteca. Allí reposan sus diplomas, discursos, fotos, condecoraciones y la medalla del Premio Nobel de Literatura que le fuera otorgado en 1971 de manos del Rey de Suecia. También una versión de los Versos del Capitán, un libro de poemas de amor que dedicó a Matilde cuando eran amantes. Lo hizo bajo seudónimo y aún así fue un éxito. La gente comentaba que se trataba de un libro escrito por algún comunista en mala situación y que por eso escondía su nombre. No fue sino hasta que se hubo casado que develó el secreto de quién lo había escrito. La foto de Matilde está por todos lados. Una delgada mano de bronce destaca sobre su escritorio. El poeta decía que era la mano de Matilde que lo inspiraba a escribir.

El famoso pintor mejicano Diego Rivera, dado que la relación del poeta con su amante aún no era pública, le regaló un cuadro de Matilde con dos caras; una era la de Matilde, claro, y la otra era la del poeta, cuyo perfil estaba genialmente silueteado en el cabello de la mujer, el cual se aprecia sólo después de observar con detenimiento su roja cabellera. En el estudio previo del cuadro, que Neruda tuvo oportunidad de apreciar, no aparecía esta travesura del pintor sobre el pelo de Matilde, chanza que el poeta no pudo ver ni aún terminada la obra hasta que Rivera se la señalara con cara traviesa, causando de pronto una alegre sorpresa en el vate que vio emerger su papada, calva y nariz, entre los cabellos de su amada. El cuadro lleva fecha de 1953. En la dedicatoria dice: «Para Rosario y Pablo». Curiosamente el libro Los versos del capitán, de supuesto autor anónimo, está dedicado a Rosario de la Cerda, y el nombre completo de Matilde era Matilde Rosario Urrutia de la Cerda.

Una placa de mármol destaca el nombre del poeta Jan Neruda, nacido en Praga (1834- 1891), de quien Neftalí Reyes Basoalto tomó como seudónimo su apellido. El cambio de nombre del poeta no obedece a un simple capricho, en cierta forma se vio obligado a hacerlo ya que su padre, autoritario y estricto, no quería que él fuera poeta, por lo que aún muy joven se inventa el seudónimo para poder realizar sus primeras publicaciones. En 1946 cuando ya era senador de la república, adopta el nombre de Neruda oficialmente.

En una parte de la habitación está una foto de los que más influenciaron su poesía: el ruso Vladimir Mayakof, el peruano Cesar Vallejo, el nicaragüense Rubén Darío; los americanos Edgar Allan Poe y Withman, los franceses Rambuw y Badelir; los chilenos Alberto Rojas Jiménez, Rubén Azocar, Juvencio Valles. En una esquina, entre tantos adornos y figuras, está la mesa de un café parisino donde muchos escritores famosos apoyaron sus brazos y dejaron sus prosas; la trajo en uno de sus viajes y de vez en cuando apoyaba sus codos en ella y hacía parodias sobre lo que allí se pudo haber escrito. La sala de lectura tiene el piso ligeramente inclinado, lo cual hizo a propósito para tener la sensación de movimiento de barco bajo sus pies al caminar. Con respecto a las cartas de navegación que con celo guardaba, les decía a los amigos que las tenía para no perderse. En una de las paredes hay un cuadro hecho en colores oscuros con una mujer entrada en años, realmente fea, de cara inflada, muy seria y con bigotes. El poeta decía que lo compró y lo puso en ese sitio, frente a su silla de lectura, para cuando estuviera leyendo y por cualquier cosa se distrajera y levantara la vista, y mirara a la señora del bigote, de inmediato retomar la lectura.

Al salir nos sentamos un rato en una pequeña plazoleta frente a la casa del poeta. Una fuente plana recibe un brazo del riachuelo que baja de la montaña y por gravedad lo conduce a través de un laberinto de pequeños canales que distribuye el agua de forma tal que nunca lo rebasa. Mirarlo es quedar hipnotizado. En unas columnas de granito se recuerdan algunos versos del poeta y más allá, sobre las paredes de la calle, unos graffitis dibujan su retrato y otros poemas recuerdan al escritor.

El día aún era claro y la brisa del Cerro San Cristóbal llegaba fresca y pura. Y pensar que todo está reconstruido me dijo la copiloto mientras miraba la colorida y ahora impecable casa del poeta. Así es, le respondí. Fue en septiembre de 1973 cuando, aún Neruda vivo y poco después del golpe de estado que acabó con la vida del presidente Allende, los militares la inundaron rompiendo sus cañerías, saqueando y también quemando parte de ella, que de no haber sido por los árboles cercanos que tomaron fuego y alertaron a los vecinos se habría destruido por completo.

Tomamos una cerveza en una de aquellas terrazas cerveceras cerca de la casa. Todavía las voces venían a mi cabeza y el ruido de las copas al chocar en el aire, las risas, las atenciones de Matilde y el susurro de los poemas de Neruda se acrecentaban a cada trago. Ya en el hotel, el libro de Skármeta y la dulce historia del pescador que se hizo cartero para atender la localidad chilena de Isla Negra, casa de playa donde Neruda pasó sus últimos días y donde la única persona que enviaba y recibía cartas era precisamente el poeta, me distrajo un poco de los recuerdos de La Chascona. Creo que me quedé dormido cuando el cartero, ya amigo del escritor, en su intento de también ser poeta, le pregunta a Neruda qué son las metáforas. Le explica con breves palabras, pero el cartero le pide un ejemplo. Entonces Neruda le declama un bello poema rebosante de metáforas que hace alusión al mar. Cuando el poeta le pregunta qué le había parecido, aquél le dijo que un poco raro, no el poema, sino lo que sintió mientras lo escuchaba, algo así como un mareo, como si navegara en «un barco temblando en sus palabras». El poeta asombrado le dijo: «¿sabes lo que has hecho, Mario? Una metáfora».

20-02-2007

II

Isla Negra

Aún poseído por las casas de Neruda, como si un embrujo se hubiese apoderado de mí, le comenté a la copiloto que no podía irme de esta parte de Chile sin conocer su otra casa, la de Isla Negra, donde pasó sus últimos años, donde está enterrado junto a su amada Matilde; le dije que se me apareció anoche entre sueños, que lo vi escribiendo versos y arrojándolos al mar dentro de caracoles y que de ese mar, entre la espuma blanca y bailarina, brotaban las manos de Matilde que los aprisionaban entre sus dedos para luego hundirse con ellos en el azul profundo.

Así que muy temprano tomamos la autopista hacia Isla Negra -que no es realmente una isla, sino el nombre que el poeta le dio a su casa por lo aislado que estaba y por la cantidad de rocas negras que hay a un extremo de la playa-. Siguiendo por la misma vía que en el autobús habíamos tomado hacia Valparaíso y doblando un poco antes unos kilómetros hacia el sur, atravesando varios simpáticos pueblitos de playa, llegamos a la famosa Isla Negra, según los entendidos la casa más querida del poeta y, como las otras, convertida en museo años después de su muerte. Los avisos anunciándola comienzan a aparecer desde mucho antes de llegar. A nuestra izquierda, entre casa y casa, entre pueblo y pueblo, nos sigue el Pacífico con su capa azul rey faralá y chispas brillantes que cabalgan sobre ellas como un halo interminable. Un aviso final anuncia la entrada al estacionamiento desde donde luego, a pie, se atraviesa un pequeño bosque y otras casas de aspecto acogedor para finalmente arribar a Isla Negra, un sitio mágico, místico, con el magnetismo de un castillo Medieval sin serlo, de un templo sin serlo, de un monasterio sin sus paredes frías. Lo primero que se ve en el jardín es el vagón de una locomotora antigua pintada de negro y rojo, un bote y una campana sujeta por una estructura de madera. Acerca del bote, el poeta decía que como amaba tanto al mar y no podía navegar en él porque se mareaba como ninguno, decidió poner ese bote en tierra para montarse en él las veces que quisiera y mirar al mar sin temor a enfermarse. Sobre la campana se dice que la utilizaba cuando regresaba de viaje para avisarles a los vecinos, a las garzas, al viento y al mar que había llegado, también a su amigo el cartero.

Después de hacer una pequeña cola para comprar el tique entramos a la casa. De nuevo esa sensación de ahogo, esa cuerda de horca apretando mi cuello, esas ganas de convertirme en parte de las paredes de piedra, de los mascarones de proa, de la vajilla inglesa, de las copas portuguesas, de las lámparas de barco, de las botellas de vidrio, de las mesas marinas, de los timones, de los caballos, de la rueda de carreta, de las múltiples miniaturas, de los barcos de madera, del astrolabio, de la brújula, de los bustos, de las fotos, de los cuadros, de los materos, de la chimenea, de las anclas, de las mariposas, de los kaba-kaba, de los cofres, de los tambores, de los barriles, de las lupas, de los candelabros, de los caracoles, de las campanas, de los retablos, de las máscaras, de las cerámicas, de las jarras, de los relojes, de los pisos de madera, de los de piedra, de las esculturas, de los mosaicos, de las manos, de los vitrales, de las vitrinas, de las conchas incrustadas en el piso, de los botellones de colores: azul hacia el mar y verdes y marrones hacia la tierra, y de la vista, ¡ah, esa vista!, que hace que el mar bañe con su vaho hasta el último centímetro de la casa.

Caminamos pausadamente por cada estancia. El gusto del poeta y Matilde por las ventanas de piso a techo, como en las otras casas, se mantiene en la sala, el comedor, el bar y en cada habitación. En la sala amplia, de mullidos muebles y piedra en paredes y pisos, destacan los mascarones de proa que en su tamaño original cuelgan del techo mirando hacia el centro de la estancia, y otros hacia el mar. El poeta los fue coleccionando a lo largo de su vida, por lo que en cualquier puerto, en cualquier muelle paraba a preguntar, a ver, si algún barco de los de antes había sido desmantelado y algún mascarón quizás había sido arrumado a la bahía. Muchos los trajo de Europa con su pintura descascarada y sabor a sal, algunos tuvo que restaurarlos; había mujeres, niños, piratas, marineros, reyes y reinas en actitud serena, con sus pechos erguidos, confiados en que el mar los favorecería en sus incontables viajes. En otro salón destaca la chimenea hecha toda en lapislázuli; un diseño de su amiga escultora Maria Marner, quien fue su vecina en La Sebastiana y decoró varios espacios en sus casas. Se dice al respecto que la gran cantidad de lapislázuli que se necesitó para construir la inmensa fachada de la chimenea perteneció a un minero que cuando murió le dejó a su esposa varios sacos de esta extraña piedra azul y ésta, habiéndose enterado del gusto del poeta por cualquier cosa elaborada u obtenida en condiciones especiales, se las ofreció, a lo que Neruda dijo sí de inmediato.

También abundan las fotos con sus amigos, con Matilde y su hermana Laura. Ninguna de su papá, o de su mamá, que (como ya se dijo) falleció apenas el poeta tenía un mes de nacido, tampoco de la pequeña hija que perdió el vate de su primer matrimonio. Los nombres de sus amigos muertos están grabados en la madera del techo del bar; decía que así nunca se olvidaría de ellos, tampoco los que visitaran la casa. Entre las rocas negras cercanas donde se estrella el mar, y la campana y el barco que están en el jardín, sobresale la tumba de piedra del poeta. A su lado yace Matilde. Ambos miran al mar como siempre lo quisieron. Todo acabó, por lo menos por esta vida. Con sus libros nos dejó parte de su espíritu que ahora, seguramente convertido en musa, merodea sobre las cabezas de otros poetas. Arriba, en el estudio del vate hay una mesa sobre la que solía escribir. La había recogido de la orilla de la playa después de esperar durante horas que por fin el mar la depositara en la arena. La tomó, la llevó al carpintero y se hizo fabricar la mesa. Sobre ella, como pisapapeles y al lado de sus cuadernos y plumas de tinta verde, reposan las manos de Matilde esculpidas en bronce.

Comimos en el pequeño restaurante del museo y compramos en la tienda su libro Odas Elementales, también un ancla. Al salir de la casa vi a Mario Jiménez despidiéndose del poeta cuando éste fue trasladado hacia la clínica en Santiago. Lloraba aferrado a su bulto vacío de cartas, sabiendo que jamás lo volvería a ver y que quizás no ganaría el premio de poesía porque el poeta no tuvo tiempo de aderezar su poema.

24-02-07

Heberto Gamero. Narrador venezolano, Premio de Cuentos del diario El Nacional 2008.


Pablo Neruda y uno de sus Mascarones de Proa

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Rinoceritis, por Atanasio Alegre

Por Atanasio Alegre

Cuando la mujer entró en el bar diciendo que un rinoceronte había aplastado al gato que llevaba en los brazos, uno de los parroquianos de nombre Botard, militante de izquierda, dijo que no existían tales paquidermos en el poblado y que eso correspondía a una conspiración inventada por «cierta» prensa». Su compañero de oficina, un hombre diplomado, no negó la evidencia, pero alegó que en ninguna parte los rinocerontes son tan numerosos como para alarmarse ni resultan tan peligrosos, lo que hace falta es no cruzarse en su camino.

(El lector se habrá dado cuenta que estoy glosando la obra Rinoceronte de Ionesco, uno de los maestros del absurdo).

Que se hubieran visto dos rinocerontes, uno de un cuerno y otro de dos —lo que obligó al profesor de lógica a concluir que se traba de dos ejemplares distintos, uno de raza africana y el otro asiática— fue parte del tema que se comentó un domingo a eso del mediodía en el bar de la plaza de la iglesia.

Pero la sorpresa de lo evidente, como si se tratara de una lista de presencia, la experimentó un tal Berenguer cuando la secretaria Daisy le comunicó, días después, que el ruido y los aullidos que llegaban sin sordina hasta el cuarto donde discutían provenían de una manada de rinocerontes. «El del sombrerito de paja ladeado sobre unos de los cuernos, es el lógico», dijo entonces Daisy, el profesor que habló el domingo de rinocerontes africanos y asiáticos. Por lo visto él mismo ha sido victima, de la rinoceritis a la que eufemísticamente llaman ahora la transformación.

Más tarde, a esa hora de las discusiones entre amantes, de si yo te quiero por encima de todo y ella, que eso ya lo había dicho, y él que no le gustaba lo que estaba oyendo, y como volviera a dejarse sentir el ruido de los paquidermos, Daisy se lanzó despechada escaleras abajo para incorporarse a la manada. Y no hubo manera de que Berenguer, el amante impidiera la transformación de la muchacha. ¡Pobre chiquilla abandonada en este universo de monstruos!

«Lo que pasa es que a mí no me brotaron cuernos ni se me volvió rugosa la piel y de color verde oscuro… y a lo mejor son ellos los que tienen razón».

Y de esta forma, por una razón o por otra, solamente Berenguer, el bohemio, no resultó víctima de la rinoceritis que afectó a toda una población convertida en rinocerontes sin que nadie supiera por gracia de qué.

Y ya lo ven, así son las cosas de la literatura. José Ortega y Gasset en otro contexto completamente diferente, había clamado, treinta años antes, en un artículo titulado: El error de Berenguer por la vuelta de España —entonces en dictadura— a la democracia. El artículo, de marras, el de Ortega, digo, concluía con estas palabras: Españoles, vuestro estado no existe. ¡Reconstruidlo!

Atanasio Alegre: Novelista, investigador, psicólogo clínico. Vicepresidente del Círculo de Escritores de Venezuela. Director de la Revista ConcienciActiva 21.

& & &

Comentario de la Editora: No pareciera casual que la afilada ironía de Atanasio Alegre escriba esta narración tan peculiar en un país que, como Venezuela, se va poblando de «rinocerontes» y otros especímenes foráneos que nos están robando nuestra democracia.

Hago mías las palabras de Ortega y Gasset y le respondo a Alegre: Venezolanos, vuestro estado no existe. ¡Reconstruidlo!

Carmen Cristina Wolf

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En memoria de Omar Cadenas González

«Si ya no queda nada
a donde uno debiera ir,
es venturoso el regreso.»

I Ching
Hexagrama 40, La Liberación

Nos unimos al pesar del poeta Rafael Cadenas, de su familia y amigos, por el fallecimiento de su hermano Omar Cadenas González. Que su espíritu se una a la Conciencia del Gozo Insondable.

Sólo queda a los nobles de espíritu transitar el misterio de retorno hacia el lugar de origen con la mayor templanza.

Círculo de Escritores de Venezuela

Caracas, 27 de abril de 2009

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Una decisión inteligente

Por Simón Alberto Consalvi

Domingo, 26 de abril de 2009
El Nacional

Los periódicos de la ciudad han informado que el busto de Rómulo Gallegos colocado en los exteriores del Palacio de Miraflores fue removido, enviado al desván, y en su lugar colocado el del general Cipriano Castro. Me parece una decisión inteligente y, ruego que la palabra no suscite extrañezas. Quizás no sea un agravio al novelista, quizás sea una consideración especial. Créalo o no.

Gallegos, fundido en bronce, era un símbolo ajeno al paisaje palaciego de los tiempos que corren. Los símbolos son cuestión de épocas, de creencias y de principios. Son símbolos también de respeto, de coincidencias profundas, de ejemplo. Como tal, Rómulo Gallegos no solo era ajeno al paisaje, sino adverso, incómodo, indeseable. ¿Qué hacía allí el novelista, solitario, mal visto, incompatible, considerado como un intruso? Enhorabuena. El bronce de su retrato probablemente haya sido fundido para otros destinos, como hacer balas, por ejemplo.

Gallegos es el símbolo venezolano de la civilidad. Por consiguiente, su lugar no estaba en el Palacio de Miraflores.

Gallegos es el símbolo venezolano de la inteligencia. Por consiguiente, su lugar no estaba en el Palacio de Miraflores.

Gallegos es el símbolo venezolano de la tolerancia. Por consiguiente, su lugar no estaba en el Palacio de Miraflores.

Gallegos es el símbolo venezolano de la creación. Por consiguiente, su lugar no estaba en el Palacio de Miraflores.

Gallegos es el símbolo venezolano de la concordia. Por consiguiente, su lugar no estaba en el Palacio de Miraflores.

Desde el lugar donde esté, no en el bronce simbólico sino en el espíritu, el escritor no debe alarmarse con las jugadas de Ño Pernalete. En el hato de El miedo conspiran Pernalete y Melquiades Gamarra, los Mondragones y Balbino Paiva. Estos personajes eran otra clase de símbolos, no los de la emulación y del ejemplo, como el modestísimo busto de bronce de Miraflores, sino sus antípodas. Los símbolos negativos. El escritor lo definió en su conferencia «La pura mujer sobre la tierra», dictada en la ciudad de La Habana, en 1949, antes de que el golpe de Estado de «un sargento llamado Batista» lo lanzara a otro exilio. Dijo:

«¿Símbolo? Sí. De cuanto entonces era predominio de barbarie y de violencia de mi país. La codicia y la crueldad campando por sus fueros; el espaldero siniestro, y no uno sino todo un ejército que otra función no tenía; los Mondragones… que hacían ceder los principios ante el empuje de apetitos arbitrarios y ponía las limitaciones de las leyes donde lo quisieran las ganas del poderoso; el Balbino bribón, el Míster Danger aprovechador; el Pernalete autoritario y bruto y el infeliz Mujiquita, encargado de prestarle intelectualidad a todas las apetencias del Jefe: Sí, mi general. Sí, mi general».

Doña Bárbara fue editada en España en 1929. El ensayista Mariano Picón- Salas escribió: «Es el libro en que mejor cabe, hecho símbolo, la tragedia que vivía Venezuela. Doña Bárbara es el instinto puro y devorador que consume toda construcción, todo orden de la inteligencia y de la cultura. Ella se yergue ardorosa y terrible en su voluntad de barbarie». Al cabo de 80 años, Pernalete y Melquiades Gamarra, los Mondragones y Balbino Paiva confabulan contra el novelista, y Mujiquita vuelve a prestar «su intelectualidad».

No cabe duda, ¿qué mejor celebración de los 80 años de Doña Bárbara que ésta de enviar su busto palaciego al desván o fundido su bronce para otros apremios? Bien estará allá don Cipriano que también es un símbolo, el que representa de manera fiel a quienes así lo exaltan. En su espejo se miran, y en sus arrebatos se inspiran. Poco después del derrocamiento de Castro por su compadre Gómez, el joven Rómulo Gallegos escribió en la revista La Alborada, en marzo de 1909, lo siguiente en un artículo llamado «Los poderes». Leamos:

«La experiencia nos acaba de enseñar otra vez, cómo fue de fatales consecuencias para el país, aquella atribución omnímoda que se arrogó el ex presidente Castro, de legislador y juez supremo, creando leyes que a él solo le favorecieran, administrando justicia según su propia conveniencia. Y Castros habrá mientras el presidente de la República no vea en torno suyo más que hombres dispuestos a todas las transacciones… (…) y, -es necesario decirlo-, bondad será de quien ejerza el Ejecutivo reconocer en los otros una soberanía que hasta ahora no han tenido».

La revista La Alborada fue clausurada poco después por órdenes tal vez no de Gómez sino de los Mujiquitas que ya le prestaban «su intelectualidad», y vislumbraban en los escritores veinteañeros una amenaza para la dictadura naciente. Un siglo después, Rómulo Gallegos vuelve a ser prohibido. Saludemos la decisión inteligente, sagaz, precavida, de expulsarlo del palacio de Miraflores. Era el más incómodo de los testigos.

«Y Castros habrá…»

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Congreso Internacional de Literatura Contemporánea

Andrea Zurlo presenta ponencia

En las Universidades de Bérgamo (Italia) y Da Coruña (España), se celebrará el Congreso Internacional de Literatura Contemporánea cuyo tema centra es la Mujer en la Literatura. La escritora Andrea Zurlo (Argentina / Italia), apreciada Miembro Correspondiente del Círculo de Escritores de Venezuela, presentará la ponencia «La independencia del yo a través de la Palabra». Participarán voces relevantes de Europa y América y la sede será Bérgamo, del 18 al 20 de mayo y La Coruña, el 25 y 26 de mayo. Esperamos sus conclusiones y la publicación de las ponencias.

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Caracas festeja el día de San Jordi


Un libro y una rosa en Caracas

La Embajada de España y el Centro de Cultura Chacao iniciaron por todo lo alto los eventos del Día de San Jordi, este jueves 23 de abril de 2009 en la Plaza Francia de Altamira, en Caracas. La Plaza estaba preciosa con sus toldos blancos como palomas habitados de libros. La gente iba de un lado al otro revisando los títulos, con la curiosidad ávida de quien persigue un tesoro.

El Señor Embajador de España Don Dámaso Lario y sus amables colaboradores entre los cuales se encuentran Anna Monge, Eloimar Bonilla y Mariveni Rodríguez, organizaron una lectura de poemas dedicada a Pablo Neruda. El Embajador inició con la la Oda al Libro y una cálidas palabras de bienvenida. Leyeron Alberto Soria, Atanasio Alegre, Javier Vidal, Carmen Cristina Wolf, Alberto Barrera, Bettsimar Díaz, Leonardo Padrón, Anastasia Mazzone, Aymara Lorenzo, Albinson Linares, Mariela Casal, Jean Paul Leroux, Albi Abreu, Sonia González, Simona Chirinos y algunos otros personajes del mundo cultural.

La costumbre dice que los hombres han de regalar una rosa a la mujer y estas corresponderles con un libro. Cuenta la leyenda que San Jordi, convertido en caballero salva a una princesa de las garras de un dragón, este dragón tenia atemorizada a toda una población y les exigía cada día dos corderos para alimentarse, evidentemente el pueblo se quedo sin ovejas y para satisfacer al dragón se decidió que sacrificarían a una persona del pueblo que seria escogida por sorteo, la princesa fue la elegida y ese mismo día el dragón vino a devorarla, cuando estaba a punto de devorarla apareció San Jordi el cual la salvó clavando su espada en el corazón del dragón. La sangre del dragón al caer en la tierra hizo brotar una rosa la cual Sant Jordi ofreció a su princesa y de hay viene la tradición.

En conmemoración de este día las calles se llenan de puestos donde venden rosas y libros. Les invitamos a acercarse a la Plaza Francia. La festividad de San Jordi será hasta el lunes 27 de abril.

Recordemos a nuestro poeta Eugenio Montejo, Premio de Poesía Octavio Paz

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Alfredo Pérez Alencart: Mi Castellano

Mi Castellano

Distintamente, en otros tiempos, el acento peruano suavizando los músculos del idioma. Hoy, donde estuvo el mismísimo Nebrija, descifro ciertos mensajes que me dejaron aquellos sonreídos por la Poesía de Dios (Luis de León, Juan de Yepes y Miguel de Unamuno). Para mi castellano, soy un eslabón de sílabas sanguíneas anunciando que su corazón sigue vivo, nutriéndose de savias de todas las provincias… Lo aprendí con sus cadencias amazónicas y, desde hace casi cinco lustros, voy mestizándolo en la pétrea Salamanca. No sé si el mañana lo deshaga, pero sepan que a diario yo le pongo una semilla.

Alfredo Pérez Alencart
Para el Día del Idioma

Salamanca, España

Miembro Correspondiente del Círculo de Escritores de Venezuela.

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Rafael Cadenas, templanza y honestidad de lenguaje

Por Carmen Cristina Wolf

La poesía pertenece a lo más íntimo, lo más sagrado, lo más tembloroso del hombre; no es asunto de frases bonitas (algunas veces es todo lo contrario). Rafael Cadenas, entrevista publicada en El Nacional en 1966

Hace algún tiempo tuve la fortuna de asistir a un recital de los poetas Rafael Cadenas y Eugenio Montejo. Vivimos momentos inolvidables cobijados por la hondura de los versos de estos dos escritores venezolanos. Cadenas es poeta, ensayista, traductor y profesor de literatura. Es una voz poética lúcida, penetrante, que obedece a una visión del mundo fruto de un pensamiento lúcido y de alcance universal.

Entre sus obras se encuentran Cantos iniciales (1946), Una isla (1958), Los Cuadernos del destierro (1960), Derrotas (1966), Falsas maniobras (960), Anotaciones (1973), Intemperie (1977), Memorial (1977), Amante (1983), Dichos (1992), Gestiones (1992). Se han publicado varias Antologías de su obra y el Fondo de Cultura Económica publicó su Obra entera. Recientemente bid & co publicó sus Poemas Selectos y El taller de al lado. Sus ensayos son referencia indispensable del pensamiento contemporáneo. Sus libros En torno al lenguaje y los Apuntes sobre San Juan de la Cruz y la mística son objeto de estudios e investigaciones. Recibió el Premio Nacional de Literatura, el Premio Internacional de Poesía Pérez Bonalde, la Beca Guggenheim y Doctorados Honoris Causa de las Universidades Central de Venezuela y Los Andes.

Estas líneas que ofrezco a continuación son apenas unas notas y una reflexión muy personal en torno a la visión poética que se revela en la obra del venezolano Rafael Cadenas. Pertenecen a un trabajo más extenso que forma parte de un libro inédito. La lectura de sus poemas, escritos y entrevistas es un solaz para el espíritu. Comienzo haciendo mías estas palabras escritas a Rilke por Lou Andreas-Salome en 1914: «(…) empecé a vivir con el poema mismo, pues en los primeros momentos su sentido objetivo me subyugó demasiado como para poder hacerlo. Y ahora lo leo, o mejor, no paro de recitármelo a mí misma. Hay en él como un reino recientemente conquistado, todavía no se distinguen bien sus fronteras, se extiende más allá del espacio que se puede recorrer en él; se lo adivina más amplio (…)» (Correspondencia, Hesperus 1989).

Así suele suceder con los poemas de Cadenas: pueden alguno de ellos ser como una pluma de ave que penetra sin ruido en la ventana, otros rasgan silencios a tambor batiente, mas cada uno conduce a un reino de significaciones, y cuando creo haber agotado su sentido surge otro y otro; es una poesía que mueve los cimientos de lo habitual y nos lanza hacia las profundidades del misterio que somos.

El personaje

A pie descalzo y con un candil en la oscuridad suelo leer a los poetas cuyos versos dejaron de pertenecerles para volverse míos. Cadenas, a quien parece que no le gusta mucho que le llamen poeta, estará acostumbrado a ser «elucidado, disecado, menguado, enriquecido, exaltado y maltratado», haciendo valer las palabras que escribe Paul Valéry sobre sí mismo en el Prólogo al Cementerio Marino. Por esta razón no quiero hablar de ese hombre pausado, de caminar distraído, a quien podemos encontrar subiendo la escalera hacia la Librería Macondo, o bajar los peldaños hacia Lectura, el Buscón o Alejandría. No me atrevería siquiera a asomar algún sesgo de su forma de ser, él que se confiesa aprendiz, siempre joven ante el hallazgo que es la misma vida. Dejo constancia de que a veces saluda con una secreta alegría y en ocasiones me parece que mira pero no me está viendo y hace un esfuerzo para saludar, como si no estuviera allí. Me pregunto entonces, ¿estará enojado, habré sido descortés? Otro día vuelvo a encontrarle sentado en un quicio a la espera de que abran las puertas de algún teatro y nuevamente sonríe cordial, juvenil, y sus ojos café se vuelven claros como el color del ámbar. Me recuerda unas líneas que leí siendo muy joven:

(…) «Él había pensado más que otros hombres, poseía en asuntos del espíritu aquella serena objetividad (…) y sabiduría que sólo tienen las personas verdaderamente espirituales a las que falta toda ambición y nunca desean brillar, ni convencer a los demás, ni siquiera tener razón» (…) (El Lobo Estepario, Hermann Hesse). Rafael Cadenas es un personaje distinto para cada uno de los seres humanos que le conoce y permanece siempre a contraluz, en los linderos del misterio, transformado día a día en la medida en que crece su obra. Su lenguaje se enriquece y se amplía la comprensión amorosa hacia el ser humano. Es lo que percibo en su poesía y siento que ninguno de sus poemas es prescindible, cosa poco frecuente en la obra de la mayoría de los escritores.

Su estar en el mundo inspira una gran paz, aunque a veces hay que sobreponerse a esos silencios suyos tan férreos y armarse de valor para osar romperlos. Él es apenas un postigo entreabierto, nada más un vértigo hondo de presencia, tan dado a marcharse y regresar intacto más cercano cuanto más distante. Atravieso las páginas de sus libros y me dejo caer al vacío, al fin y al cabo «Florecemos / en un abismo.»

Y en lugar de elucubrar o suponer, prefiero atenerme a sus propias palabras, tomadas del libro Entrevistas (Ediciones La Oruga Luminosa, 2000) y de recortes de prensa. En Últimas Noticias el 26/06/02, a la pregunta ¿Cuál es su forma expresiva? él responde: » Escribo poemas en prosa» Acerca de sus influencias, dice: » Durante un largo período la influencia principal fue de poetas franceses como Michaux, Rimbaud, Char. Después volví a la forma del verso libre.» (…) «De la India más que su literatura me ha interesado su filosofía clásica, el pensamiento que parte de los «Upanishads». También me atrevo a adivinar en su obra la lectura atenta de Lao Tse, Chuang Tzu, Li Po.

Ante la interrogante sobre si la poesía debe tener un mensaje ideológico o religioso, Cadenas responde: » No. Lo que pasa es que lo que el poeta piensa se trasluce en lo que escribe. Si uno piensa en grande. figuras como Dante, uno sabe que detrás de su poesía había un pensamiento filosófico, el de Tomás de Aquino. En el caso de Shakespeare se ha señalado sobre todo la influencia de los estoicos, especialmente de Séneca (…) Hay un vínculo entre filosofía y poesía aunque no se deben confundir » (…).

En Conversaciones, traducción realizada por Cadenas a una selección de notas de Walt Whitman (Ediciones Monte Ávila Editores Latinoamericana 1994), se lee este fragmento de Whitman: «Bueno, está muy bien la cadencia, sí bastante bien; pero hay algo anterior, más imperativo. Lo primero que se necesita es el pensamiento (…) Soy muy reflexivo, me tomo mucho trabajo con las palabras (…) lo que persigo es el contenido, no la música de las palabras.» Encuentro en la poesía de Rafael Cadenas una tendencia parecida. No se pueden leer sus versos de un solo tirón, cada cuatro o cinco palabras suelo detenerme y busco dentro de mí su resonancia.

Importancia del lenguaje

En 1984 Cadenas escribe: «(…) La situación de deterioro que he descrito de manera muy sucinta tiene graves consecuencias para el venezolano. El desconocimiento de su lengua lo limita como ser humano en todo sentido. Lo traba; le impide pensar, dado que sin lenguaje esta función se torna imposible; lo priva de la herencia cultural de la humanidad (…) lo convierte en presa de embaucadores, pues la ignorancia lo torna inerme ante ellos y no lo deja detectar la mentira en el lenguaje» (…) Nunca como hoy tiene validez esta aseveración, cuando la falsedad se extiende cada vez más en casi todos los ámbitos.

Estamos ante una de las reflexiones más importantes contenidas en este libro. Un lenguaje deficiente y empobrecido hace a un pueblo esclavo de la ignorancia. Con frecuencia recuerdo las palabras del profesor de Fonética Higgins, personaje de la obra Pigmalión de Bernard Shaw, que se conduele amargamente de la joven vendedora de flores por su «espantosa» manera de hablar, con graves errores en la pronunciación del idioma inglés. Él asegura que si tuviera ocasión de enseñarle a expresarse correctamente, la joven se convertiría en una dama capaz de ser la dueña de una floristería. No es asunto de afincarse en el sentido utilitario de dominar una lengua, más bien se trata del dolor que causa el incomprensible desprecio por aquello que nos es más ínsito. No amar el lenguaje es dejar de amarnos a nosotros mismos.

Desde Una isla

En el poemario Una isla el joven Cadenas escribe en 1960:

«Si el poema no nace, pero es real en tu vida,
eres su encarnación.
Habitas
en su sombra inconquistable.
Te acompaña
diamante incumplido».

Una existencia vivida con autenticidad puede ser tan o más poética que el poema mismo. Una isla se forja desde esta reflexión sin ser una escritura de tinte filosófico, porque emerge en la matriz luminosa del mar y ese esplendor acompaña casi todos sus poemas. Plantea la paradoja de la realidad y el lenguaje que la nombra, hasta el punto de considerar la existencia del hombre como una » sombra inconquistable » de lo real, que es el poema. Lo cual nos pone ante los ojos el antiguo interrogante de si la palabra crea las cosas o éstas surgen antes que el lenguaje. ¿O son inseparables la realidad y la palabra? A veces me atrevo a pensar que la esencia es la palabra y el origen de todo es el lenguaje. Me reconozco cautiva de los primeros versículos de Juan evangelista: «En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio en Dios» (Juan, 1, 1-2). Lo visible no es sino una sombra de aquello que ES, el poema supremo de Sí mismo.

Cuando se vive en una isla arrojado al desarraigo se está uno sometido a la caricia o a la garra de luces y sombras, doble visión que viene de lo alto y se refleja en las aguas. Por eso la luz entra a raudales en este poemario:

Muelle de enormes llamas / Navíos que viajan al sol / (…) Ciudad de corazón de árbol / (…) La luz golpea mendigos / (…)

Y la significación polifónica de los versos abarca el lugar donde se refugia un personaje femenino:

tú entras en la luz (…)
tú comienzas a recorrer el tiempo como un licor (…)
tu cuerpo es un arrogante / palacio / donde vive / el / temblor.

El amor transforma el exilio en libertad, porque cuando somos libres y estamos bien, poco nos damos cuenta de ello y se nos pasa la vida sin pena ni gloria, aferrados a la rueca de los hábitos que nos convierten en máscaras de mueca inmóvil:

El amor nos transforma … el pobre carcelero se creía libre porque cerraba la reja, pero a través de ti yo era innumerable.
(…) El amado pronuncia el encantamiento que cubre una zozobra.

Mas el poeta advierte que nada ni nadie en este mundo es para siempre y hay que partir de todo en cada instante:

No hay luz que nos enlace
(…) nuestras fiestas convertidas en fogatas / que avientan su ilusorio mediodía.

En el exilio del alma los pequeños detalles salvan de la desolación, aun en la más triste de las separaciones:

«El exiliado deplora las patrias / Rehuye escisiones. Se encamina
hacia el instante

«Siempre lo acompaña un diamante incumplido: la libertad de poetizar.

En su obra intuyo una observación rigurosa de su propio espíritu, así como de los pequeños sucesos cotidianos, como por ejemplo, escuchar las voces infantiles de los niños de la casa pidiendo un helado o salir a comprar el periódico. Encuentro una síntesis de la existencia y su valoración, una visión del hombre acerca de sí mismo, de sus vivencias, una conmovedora comprensión de sus propias marchas y contramarchas, y una prontitud esencial en el uso del lenguaje.

Visión que siempre será una visión parcial, pues ningún ser humano puede aquilatar la verdadera dimensión de otro ser, que es infinita.

Cuadernos del destierro

«Busca tu alma, ámala, tócala, cultívala», escribe Rimbaud en su Carta del Vidente. Percibo en la poesía de Cadenas a un ser que se adentra en profundidad en su condición más íntima y la desviste de eufemismos:

Yo, envés del dado, relataré no sin fabulaciones mi transcurso por tierra de ignominias y dulzuras, rupturas y uniones, esplendores y derrumbes. (Del libro Los Cuadernos del destierro 1960)

El que observa sin velos la caída de sus propias máscaras anhela imperiosamente «ver» su verdadero rostro. ¿Quién soy, cuál de mis yoes es el que es?:

(…) Un día comenzó la mudanza de los rostros (…) todos escenificaban una danza de posesos sobre mis hombros (…) Mi rostro ¿dónde estaba? Debí admitir, tras dolorosa evidencia, que lo había perdido.

Revela el desconcierto de quien despierta en una irrealidad habitada por cientos de espejos deformantes y no sabe cuál de todas esas imágenes es la verdadera. Estos versos que desgarran sin piedad a Cadenas me hacen pensar en las palabras de Rimbaud en su Carta del Vidente:

«El primer estudio del hombre que quiere ser poeta es su propio conocimiento, entero; busca su alma, la inspecciona, la tantea, la aprende. En cuanto la conozca, ¡debe cultivarla! (…) El poeta se hace vidente por un largo, inmenso y razonado desajuste de todos los sentidos. «

Falsas Maniobras

Cuando he vivido la experiencia de un fracaso me siento más cerca que nunca de mí ser. De los triunfos poco aprendí, ellos me alejaron del encuentro con lo insondable que se esconde más allá de la apariencia. Por eso me conmueve el poema Fracaso del libro Falsas Maniobras. Es la extraña y honda hermosura que siento en unos versos traspasados de lucidez:

Cuando ponías tu marca sobre mi frente, jamás pensé en el mensaje que traías, más precioso que todos los tiempos. Tu llameante rostro me ha perseguido y yo no supe que era para salvarme (…) Gracias por apartarme .

Cuando el hombre se sumerge en su propia soledad surge el poema, bien sea hecho de palabras o de sangre. «¿Quién sabe de la Noche?», escribe Juan Liscano en el primer poema de Nuevo Mundo Orinoco. ¿Quién sabe de la desolación y del abatimiento a muerte, del fracaso absoluto sino aquel que lo padece?

En el vórtice del torbellino más negro puede asomar un celaje de esperanza. Por eso me gusta el poema Beloved Country, con su arcoiris de sentidos, porque según sea el estado del ánimo de quien lo lee, significa el canto nupcial con el «sí mismo», o la llama del encuentro con el amado (a), o tal vez el regreso al núcleo de la tierra, o también el reencuentro con la palabra que se había negado a regresar al poeta en su abandono:

Cuánto tuyo no se desenvuelve como música perdida en mí. País al que regreso cada vez que me he empobrecido. (…) Nunca me has negado tu leche de virgen. Mi reflujo, mi fuente secreta, mi anverso real. Ignoro el alcance de tu olor de especia, pero sé que has estado en todos mis puntos de partida, envolviéndome. Oriente solícito, como una ceremonia. País donde van las líneas de mi mano, lugar donde soy otro, mi anillo de bodas. Seguramente estás cerca del centro.

Este poema me trae el lejano aroma de la raíz que tiene sed de beber en la fuente de la vida y se hunde al fondo de la tierra en búsqueda de la madre, amante, esposa y alma en exilio. Que no otra cosa es estar en este mundo más que un exilio del alma que ha sido apartada temporalmente de la palabra que la creó.

Intemperie

Del poemario Intemperie me cautivan estos versos:

Hazte a tu nada plena. Déjala florecer. Acostúmbrate al ayuno que eres. Que tu cuerpo se la aprenda. (Poemas selectos, p. 68)

Esta referencia trae a mi mente los versos sobre la «Nada» leídos en el libro «La Nueva Tierra» del hombre nuevo (Ediciones Custodia de Tierra Santa, 1977):

La «Nada» es lo más cercano al Ser
y es lo que somos:
somos «Nada».
La «Nada» está más allá del pensamiento,
ella está por encima del entendimiento.
Por tanto, no se llega a ella por el conocimiento,
sino por la «renunciación».
Para llegar al Ser hay que dar un salto
en el vacío,
ese «vacío» es la «Nada».

En casi toda la poesía de Cadenas y sus escritos en prosa, como los Apuntes sobre San Juan de la Cruz y la mística se percibe un desprendimiento para alcanzar la sabiduría en la más absoluta sencillez, sin pretender ser moralizante, lejos del culto a la personalidad. En la flaqueza y sobre todo a través de ella se roza el borde del amor, en la mayor indigencia se siente la intensidad de lo hermoso, ese «diamante incumplido» que se haya detrás del espejismo de la nada.

Amante

Como si no se pudiera respirar, en un ahogo, en asfixia casi mortal se vive cuando se está lejos del amado(a). Nada interesa al cuerpo, todo es baratija, remedo de vida cuando él o ella no ama o no sabe que ama:

¿Cómo pudiste vivir de la idea que la ocultaba, con un sabor que no era el de ella, huyendo de su aparecer que era también el tuyo? (Del poemario Amante)

Cuando se está lejos de la presencia amada el mundo se desdibuja, pierde peso, se regresa al bosquejo, a aquello en el anhelo bosquejado. Únicamente importa él o ella, su latido, su respiración. Quien se enamora está dispuesto a traer, como escribe Emily Dickinson «rosas de Zanzíbar / abejas por millas, / desfiladeros azules / ejércitos de mariposas.» Ningún elíxir calma la sed ni cura el mal; apenas se respira y el pulso se suelta a latir sin concierto porque uno se quiebra y es capaz de lo imposible. Es el enamoramiento sin correspondencia una semilla de la más loca imaginación, lo imaginado sobrepasa casi siempre a la realidad, es más atrayente porque no se transforma en concreciones que suelen no cumplir el ensueño. Muestra de ello la pasión del Quijote por su adorada Dulcinea del Toboso, ejemplo de la hermosura y el encanto que el propio Quijote inventó en su pensamiento y en su corazón.

El dolor del amor ausente no desaparece sino con presencia tangible:

Llegas no a modo de visitación ni a modo de promesa ni a modo de fábula sino como firme corporeidad, como ardimiento, como inmediatez. (Amante) La realidad refleja casi siempre un solo lado de las cosas, y si nos damos vuelta, el espejo, con esa terquedad tan lógica de su sino, continuará revelando tan solo el otro lado del ser. Así también, los otros reflejan nuestro rostro empañado por sus ideas predeterminadas sobre cómo se imaginan que somos, o cómo quisieran que fuéramos. Nadie logra conocernos absolutamente. Sólo existe un ser que en un instante es capaz de ver, sentir, saborear y saber cómo somos. Debiera decir, más bien, qué somos, quienes somos: Eludías el encuentro con el tú magnífico, el que te toma y te anula como tempestad y de ti arranca al que busca (Amante) El amante posee por entero nuestra imagen y nos la devuelve intacta, íntegra, plena de toda plenitud. Nos entrega también algo más que antes no éramos, porque habíamos sido fragmentados, porque cuando llegábamos a ser, no había espejo que nos contemplara, ni había cáliz que contuviera nuestra sangre toda.

Después de haber vivido la experiencia de la otredad salvada y vencida por lo inexorable, el amor, que se revela por encima de cualquier pensamiento, de cualquier medida, el hombre se encuentra íntegro ante sí y adquiere la «conciencia cósmica que nace de una compenetración del fondo más profundo del individuo con la vida de todos los seres y con el universo», esa conciencia a la cual se refiere Rafael Cadenas en el prefacio a su traducción de algunos fragmentos de Walt Whitman (Conversaciones). Me gusta pensar que cuando Cadenas se refiere a esa » conciencia cósmica «, se describe también a sí mismo.

Y el poeta deja de verse separado, fragmentado, solo de toda soledad, porque posa el pie en la experiencia única, irrepetible, imborrable de ser uno con la vida, de ser vida en la Vida.

No es el éxtasis de los amantes la única vía del encuentro con la totalidad. Recordemos a San Juan de la Cruz: «Sin arrimo y con arrimo / sin luz y a oscuras viviendo / todo me voy consumiendo. / Mi alma está desasida / de toda cosa criada / y sobre sí, levantada / y en una sabrosa vida / sólo a su Dios arrimada». La agonía y el éxtasis del fraile Juan florece en la unión con el Amado.

Voluptuosa experiencia irreversible, «restaurada inocencia», florecimiento «en un abismo «, el abismo del ser. Cadenas invita a Vivir / en el sabor de ser. /… Y nos hace una confesión: Sólo he conocido la libertad por instantes, cuando me volvía de repente cuerpo. Manera de decir, con prontitud de lenguaje, haber encontrado un rostro ajeno que lo refleja íntegro y le permite ser con absoluta libertad, porque decir cuerpo es decir un todo, es no estar escindido en esas incómodas, a veces penosas categorías del cuerpo y el alma. Versos que ya son míos y de todo aquél que sea tocado por ellos. Palabras que conducen al resplandor, magnífico y terrible, de entregarnos al abrazo del origen: Y ella lo obligó a la más honda encuesta, A preguntarse qué era en realidad suyo. Después lo tomó en sus manos Y fue formando su rostro y lo devolvió a los brazos del origen. (Amante)

Nota del Editor: Las negritas en cursivas son fragmentos de poemas o ensayos de Rafael Cadenas

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El lenguaje, patrimonio exclusivo del hombre

(Extracto del libro en preparación: «Forma e intenciones del lenguaje»)

Por Alejo Urdaneta

«Un arte que se sirve del lenguaje como instrumento producirá siempre creaciones extremadamente críticas, pues la lengua es en sí misma una crítica de la vida: la nombra, la toca, la designa y la juzga, en la medida en que le otorga vida»

Thomas Mann: Lessing

«La lengua y la literatura son la puerta y la ventana al mundo».

Dámaso Alonso

El tema del lenguaje suscita una pregunta: ¿En el futuro existirá aún esa línea que divide al hombre de las formas de la vida animal? El habla, como forma racional de comunicación entre los humanos, nos convierte en los únicos en tener ese privilegio. El hombre, que para Aristóteles es el ser de la palabra, inaugura con el verbo un nuevo modo de relación entre sus congéneres. El animal puede percibir con los sentidos lo que le rodea, pero es incapaz de hacer relaciones entre las diversas sensaciones. No había el mundo de la representación que consiste en la creación de nuevas formas de existir (ex sistit), estar allí, fuera de sí mismo e ir hacia el otro para crear la imagen, y con ella la relación. El hombre añade a las impresiones sensoriales las categorías de tiempo, espacio y causalidad, para representarlas individualmente en su propio mundo y luego comunicarlas mediante la palabra. Pero esa consciencia de crear mundos trajo consigo la imposibilidad de hallar algo de plena certeza, definitivo, y lo colocó ante una realidad que sólo al ser humano pertenece. La voz articulada y significante le dio el pensamiento y la flaqueza de sentirse mortal, y liberado del gran silencio pudo pensar y decir, y tuvo la consciencia de estar vivo y desear la inmortalidad, querer siempre vivir, como lo expresó Miguel de Unamuno en el desgarrado grito de su ensayo: Del sentimiento trágico de la vida. Todo ello es privilegio y fragilidad del hombre, para colocarlo como centro de la pugna con los dioses, al convertirlo en hacedor de otros hombres mediante la imaginación aliada de la palabra.

Lo dicho parece haber sido admitido sin reservas. Hemos vivido dentro del acto del discurso racional que se expresa con la palabra que otros reciben y comprenden de modo imperfecto: nunca alcanzamos la plenitud de la expresión del otro. Pero hoy no es aceptado de manera unánime que la verbal sea la única matriz donde concebir la articulación del intelecto. Y menos para otras culturas en las que prevalece el silencio: «Conocemos el sonido de dos manos que dan palmas… ¿Cuál será el sonido de una sola?». El budismo tiene el silencio como vehículo de ascenso desde lo material, el alma contemplativa trata de abandonar el lenguaje para acceder a lo inefable.

En uno de sus libros más difundidos: Después de Babel, el filósofo George Steiner ha formulado el elogio de la diversidad de lenguas y ha sugerido la conveniencia de derogar mitos que, como el de la Torre de Babel, dicen lo contrario de lo que parecen decir. En el planeta hay más de veinte mil lenguas, lo que implica que la multiplicidad de las formas verbales para expresarse procura la riqueza de adaptación de la humanidad. «Con la desaparición de una lengua, perdemos para siempre ciertas negociaciones con la esperanza», ha dicho Steiner.

La simplificación del lenguaje a que tiende la cultura occidental contiene el peligro de ir reduciendo el poder de comunicación humana. Si observamos, por ejemplo, de qué modo el inglés que se habla en todo el mundo ha simplificado la sintaxis de la lengua, para convertirla en fórmulas abstractas y simbólicas limitadas en el uso, nos vemos llevados a una uniformidad de la cultura. El angloamericano se ha constituido en una lengua predominante, quizás por el sustrato político que lo sustenta, enlazado estrechamente con la idea de progreso. Puede verse cómo la electrónica en el medio masivo de comunicación en las computadoras utiliza de modo exclusivo ese inglés concreto y unívoco para su manejo (aunque leamos después en otras lenguas el producto), y no nos deja más que la opción de formas limitadas de expresión, y debemos acatarlas si deseamos convivir adecuadamente en el nuevo estadio de las relaciones interpersonales. Todo esto sin hablar de la penetración de las matemáticas y las ciencias en todos los órdenes de perspectiva de las humanidades. La filosofía, la historia, la literatura se han visto invadidas por el código de la física o la química, y no nos asombra que se haya generalizado una variante de la lógica, denominada Lógica Simbólica, que se ha propuesto la creación de una sintaxis liberada de las imprecisiones del verbo, obra humana cargada de conceptos que no siempre logran ser totalmente aprehensibles por el intelecto pero que expresan al hombre con libertad en su situación contradictoria. Con la implantación de la Lógica Simbólica se ha ido imponiendo el razonamiento rígido matemático o científico en las manifestaciones del lenguaje y en las literarias de toda índole.

Quizás esa inclinación hacia lo abstracto sea un distanciamiento respecto de lo humano, con la intención de combatir el nihilismo moderno que vaticinó Nietzsche. En la antigüedad, el nihilismo era epicúreo y escéptico; sólo aspiraba a la serenidad del espíritu ante la adversidad; era en todas sus actitudes filosóficas un acercamiento a la religión. El de hoy día, el nihilismo total, juega al superhombre que desprecia los valores y celebra la insignificancia de la vida. Pudiera decirse que lo que vivimos es una actitud de hedonismo resignado, una dimisión ante la vida. El hombre no halla saciedad ni aceptación de su mundo y desea escapar de la realidad y disolverse en la nada. En la huida, arrastra al lenguaje y, aun sin pretenderlo, corroe sus formas para dañar también sus significados múltiples.

El Autor es ensayista, narrador y poeta. Miembro del Consejo Consultivo del Círculo de Escritores de Venezuela

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