Con motivo de la presentación del libro Aquel país de Cabrujas, con Yoyiana Ahumada como compiladora, publicado por abediciones de la UCAB, solicitamos a María Teresa Novoa un texto de acercamiento a José Ignacio Cabrujas.
El espejo de la acera: Cabrujas y la telenovela como crónica del hogar
Por María Teresa Padrón de Novoa
Decir que José Ignacio Cabrujas revolucionó la televisión es quedarse en la superficie; lo que realmente hizo fue colarse en la sala de nuestras casas y convertirse en el cronista de nuestra propia intimidad. Antes de su pluma, la telenovela era un género de castillos lejanos, herencias perdidas y acentos neutros. Cabrujas, con una sensibilidad única, entendió que el verdadero drama —y la verdadera belleza— no estaba en la fantasía, sino en el vecindario, en la cocina y en el habla cotidiana de la gente común.
Su genialidad radicó en transformar la narrativa de la pantalla en una crónica comunal e interpersonal. No escribía sobre personajes inalcanzables; escribía sobre nosotros. Al introducirse en la cotidianidad de las familias venezolanas, logró que el espectador no solo sintonizara una historia, sino que se viera retratado en ella. Sus diálogos tenían el ritmo de nuestras tertulias, los silencios de nuestros almuerzos dominicales y los dilemas éticos y afectivos de cualquier ciudadano de a pie.
Cabrujas humanizó el contenido televisivo. Encontró en los lazos familiares, en los conflictos del barrio y en los afectos más puros la materia prima para construir una identidad nacional a través de la pantalla. Al final, su mayor homenaje no está solo en los libros de teatro, sino en el recuerdo de un país que, gracias a él, aprendió a mirarse, a reconocerse y a conmoverse con su propia realidad cotidiana.
Escribí este texto a propósito de cumplirse, por estos días, 31 años de la partida de José Ignacio Cabrujas (1937-1995), nuestro célebre dramaturgo, ensayista, actor, periodista y guionista de cine y televisión. Su adolescencia transcurrió en Catia; de hecho, contó en alguna entrevista cómo su imaginario se alimentó de esas calles y de la plaza Pérez Bonalde, dedicada al gran poeta de «Vuelta a la patria». Fue allí donde, junto a su pandilla integrada por Jacobo Borges y Román Chalbaud, se formaron aquellos jóvenes destinados a convertirse en ciudadanos destacados y piezas clave de la sobresaliente generación de artistas y creadores de finales del siglo XX en Caracas.
Recordar a Cabrujas es, para mí, evocar, acercarme también al alma de los espacios de nuestra querida Caracas. Quiero compartirlo con todos.
María Teresa Novoa de Padrón. Nació en Venezuela en 1953. Egresó de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV en 1976 y es profesora de diseño de esa facultad desde 1978. En 1987 se especializa en artes plásticas en la Universidad de París y realiza pasantías en el Centro de Investigación y Desarrollo de Arte Contemporáneo así como en la Galería Fernand Léger (París, 1986-1988). En 1995 obtiene el doctorado en estética, ciencias y tecnología de las artes en la Universidad de París. En 1998 dicta el curso «Arte público en la ciudad contemporánea» para la maestría del IUESAPAR, y en 2000 y 2003 para la maestría en arte de la Escuela de Arte de la UCV. Sus trabajos de investigación han merecido premios y reconocimientos.
Editora: Carmen Cristina Wolf @carmencristinawolf en Instagram
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