LA VOZ DE JOSÉ TOMÁS ANGOLA EN EL DÍA DEL TEATRO

EN EL DÍA DEL TEATRO
Por José Tomás Angola Heredia

No hay nada más parecido a la vida que un escenario teatral. Sobre las tablas las mujeres y los hombres reelaboran la existencia, la elevan a una dimensión metafórica, nos hacen llorar, reír, sentir, pensar, entender los crudos giros que nos acompañan en cada devenir vital. Un nuevo hito en el festejo de la vida. De esa manera podemos comprender la celebración del Día del Teatro. Mientras más artistas ofrezcan su arte a la común explicación del dolor, del olvido, de la solidaridad, del amor entre hermanos, más posibilidades tendremos de salir de los laberintos que los humanos hemos inventado con las guerras, con la persecución a las diferencias, con los egoísmos, con la estúpida imposición del poder como intento de dominar la libertad y el derecho sagrado a expresarnos.

Esta fecha es un buen momento para cuestionar el rol de los hacedores teatrales.¿En qué hemos convertido nuestros talentos?, ¿en formas de hacernos cómplices de injusticias o para denunciar los atropellos? Vienen a mi mente las creaciones universales de Brecht, de Beckett, de Lorca, de Shakespeare, siempre colocadas en la acera contraria de los opresores, siempre valientes, sin temor, asumiendo el rol superior que tiene un creador de construir un mundo de encuentros y comuniones. Celebro en este día a los que nos precedieron en nuestra tierra con sus obras de profundas implicaciones sociales, políticas y poéticas. Admirables seres como Cabrujas, Chocrón, Rengifo, Lasser, Pinto, Elizabeth Schön, Elisa Lerner o Ida Gramcko. Directores como Carlos Giménez, Enrique Porte, Juana Sujo, Paz y Mateos, Romeo Costea o Ricardo Acosta. ¿Qué nos dejan, más allá de la magia de sus creaciones? Pienso que la entereza, la entrega de decir lo que hay que decir, de señalar lo retorcido y abrir las puertas de la esperanza.

Los que hoy aún deambulamos bajo los reflectores, si no comprendemos esa misión, continuaremos sirviendo como payasos de un circo del que somos esclavos. Aunque muchos crean lo contrario, las cruzadas de rebeldía ante los abusos se gestan en esos cosos. El último bastión legítimo de dignidad está en el arte. ¿Qué nos queda entonces?, ¿el escape gratuito o encarar los dilemas de nuestro tiempo?

Rompamos los miedos, abandonemos las prebendas oficiales, deslastrémonos de los subsidios chantajistas que nos obligan a decir lo que no queremos decir. Sólo de esa manera el teatro vivirá con la eternidad del espíritu humano. Un día más para celebrar el teatro, ese que alienta la vida y entierra la muerte, ese que planta cara ante las injusticias y la prisión ideológica. El llamado está hecho, quien no quiera asumirlo que se quede en su rincón de miserias. Quien lo tome como bandera que sea voz eterna de los que no tienen voz. Allí radica la única, radiante y poderosa razón de ese arte milenario que llamamos teatro y hoy festejamos.

*José Tomás Amgola, dramaturgo, poeta, director de teatro y actor. Miembro del Consejo Consultivo del Círculo de Escritores de Venezuela

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *