FALLECIÓ OSCAR SAMBRANO URDANETA

Esta madrugada recibimos la dolorosa noticia del fallecimiento de nuestro amigo el escritor Oscar Sambrano Urdaneta, después de haber rendido batalla a su corazón, durante los últimos meses. Luz a su alma.

Falleció un notable intelectual venezolano y un hombre de bien. Durante muchos años perteneció al Círculo de Escritores de Venezuela, como Miembro Emérito e integrante del Consejo Consultivo.
Oscar Sambrano Urdaneta nació el 06 de febrero 1929 en Boconó, Estado Trujillo. Escritor, ensayista y crítico literario, especializado en la vida y obra de Andrés Bello.

Se trasladó a vivir en Caracas durante su juventud, estudió en el Instituto Pedagógico Nacional y la Universidad Central de Venezuela , donde se graduó como Doctor en Literatura.
En la década de 1940, gracias al escritor Pedro Grases , Urdaneta fue designado miembro del grupo encargado de la selección de las obras completas de Andrés Bello, presidido por el Dr. Rafael Caldera. Desde entonces, Urdaneta estuvo involucrado en el mundo literario. Ha sido un estudioso de la obra de Andrés Bello. Entre 1959 y 1978, fue profesor en el Instituto Pedagógico Nacional y desde 1965 hasta 1990, en la Universidad Central de Venezuela. Fue director de La Casa de Bello Fundación (Andrés Bello Instituto). A partir de 1977, fue jefe de redacción de la Revista Nacional de Cultura (1959-1963) y director de colecciones como la Biblioteca Popular Venezolana y el Tricolor. Fue Miembro del Consejo Consultivo del Círculo de Escritores de Venezuela. También fue Miembro del consejo consultivo de la Biblioteca Ayacucho y de la editorial Monte Ávila Editores.

En 1978, obtuvo el Premio Municipal de Literatura con la obra Poesía contemporánea de Venezuela. En 1984, fue designado Individuo de número de la Academia Venezolana de la Lengua, la cual presidió hasta el año 2009. También es miembro honorario del Instituto Caro y Cuervo de Bogotá . Durante el segundo gobierno de Rafael Caldera (1994-1999), fue presidente del Consejo Nacional de la Cultura (CONAC), y en 2003 fue miembro de la Comisión de Homenaje a Andrés Eloy Blanco.

Desde el año 2006 ha sido director cultural del programa de televisión «Valores», transmitido por Vale TV. El tema principal de este espacio fue el aprendizaje de la cultura venezolana en todas sus dimensiones. En junio de 2008, propuso a la Academia Venezolana de la lengua la creación de un centro de investigación literaria y lingüística.

Bibliografía: Cecilio Acosta, Obra y vida, Apreciación literaria, «El Llanero», Problema de las Naciones Unidas de Crítica Literaria, Cronología de Andrés Bello, El Epistolario de Andrés Bello, El Andrés Bello universal. Verdades y Mentiras Sobre Andrés Bello. Poesía contemporánea de Venezuela. Literatura hispanoamericana (en colaboración con Domingo Miliani). Del Ser y del Quehacer de Julio Garmendia

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LA ÚLTIMA MUERTE DE SIMÓN EL TRISTE DE EDUARDO CASANOVA, EN AMAZON.COM

La apasionante novela de las últimas horas de vida del Libertador, ahora puede ser leída en todos los países de habla española a través del LIBRO ELECTRÓNICO, en AMAZON.COM

La novela “La última muerte de Simón el triste”, de Eduardo Casanova acaba de ser editada en formato digital, e-book, compatible con el lector Kindle de Amazon.com.

Originalmente publicada en papel en el año 2004 por la Editorial Actum, de Venezuela, trata de la muerte y varios aspectos de la vida del Libertador Simón Bolívar. La edición caraqueña fue muy elogiada por la crítica especializada y por el público en general, pero sólo circuló en Venezuela, aun cuando en Colombia, fue llevada a escena en versión para teatro. Ahora, a partir del 6 junio del 2011 fue colocada para su venta en Amazon.com, con lo que podrá darse a conocer en todos los países de lengua española.
Con la publicación de esta, la decimotercera novela de Eduardo Casanova, y la próxima publicación de otras de sus obras, el catálogo de libros de autores latinoamericanos y de Venezuela se incrementará notablemente para disfrute de un público mundial que ha reconocido la importancia del libro electrónico pero admite la falta de opciones en castellano.

El acceso a la versión Kindle de “La última muerte de Simón el triste” es a través del siguiente link:

http://www.amazon.com/%C3%BAltima-muerte-triste-Spanish-ebook/dp/B0054KIYE0/ref=sr_1_2?ie=UTF8&qid=1307540963&sr=8-2

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TALLER DE NARRATIVA CONTEMPORÁNEA CONTADA A CINCO VOCES

Por Eduardo Liendo, Ana Teresa Torres, Antonio López Ortega, Fedosy Santaella y Antonieta Madrid

Narrativa venezolana es contada a cinco voces
Para quienes estén interesados en la narrativa venezolana actual, bien sea desde la escritura o desde la lectura, la Escuela de Escritores ha organizado el “Taller de Narrativa Contemporánea venezolana en la voz de sus autores”.

Durante cinco jueves, desde el 9 de junio al 7 de julio, Eduardo Liendo, Ana Teresa Torres, Fedosy Santaella, Antonio López Ortega y Antonieta Madrid, disertarán acerca de sus obras haciendo énfasis en el oficio y sus técnicas para escribirlas. Desde las 6 hasta las 8:45 p.m. estos destacados novelistas y cuentistas pertenecientes a distintas generaciones, revelarán parte de su proceso creativo, hablarán de sus intereses y estímulos así como de las dificultades que encontraron y los aciertos. El participante tendrá la oportunidad de intercambiar inquietudes y despejar dudas con estas cinco personalidades de las letras venezolanas, cada uno en una sesión única e irrepetible. Será también una forma de tener una perspectiva de lo que se está escribiendo actualmente en el país.

La inversión es de Bs.F.450.
Duración: 5 sesiones de 3 horas académicas cada una.
Fechas: Jueves 9, 16, 23 y 30 de junio, y jueves 7 de julio de 2011.
Horarios: Jueves de 6 a 8:45 pm

Lugar: SEDE ALTERNA en la  9ª transversal de Altamira c/c 6ª avenida, Quinta Armonía (casa de ladrillos rojos en la esquina). La 9ª transversal está 3 cuadras después de la Clínica Ávila y la iglesia D. Bosco. La salida de la cota mil en el distribuidor Altamira da directamente a la 9ª transversal. Es posible estacionar en la 9ª transversal y en la 6ª avenida. Habrá vigilancia.
Para inscribirse, reservar el cupo y obtener información detallada, visitar www.escueladeescritores.org.ve

Escribir al correo electrónico info@escueladeescritores.org.ve Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla o llamar a los teléfonos 0212-615.06.55 / (0424) 131-75-60) / (0416) 713-19-56.

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EL NACIMIENTO DE LA NOVELA VENEZOLANA

Por Eduardo Casanova

Cuando se publicó la primera novela venezolana (“Los mártires”, de Fermín Toro, 1842), la novelística española tenía siglos de existencia. Pero la hispanoamericana no, aunque muchas de las crónicas coloniales tenían muchas características de novela, sobre todo si nos atenemos a la definición que del género ha adoptado la Real Academia de la Lengua Española (“Obra literaria de cierta extensión y en prosa, que narra sucesos ficticios o reales en parte y describe la evolución de los personajes. 2 Género literario formado por estas obras. Alcanza su pleno desarrollo en el s. XIX con el realismo y el naturalismo. 3 fig. Ficción o mentira. Etc.”). Fray Pedro de Aguado, Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, Fray Toribio de Benavente, Pedro Cieza de León, Bernal Díaz del Castillo, Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, José de Oviedo y Baños, Fray Bernardino de Sahagún, el Inca Garcilaso de la Vega y el resto de los llamados Cronistas de Indias y sus sucesores fantasean a más y mejor en sus obras que, por lo general, son inclasificables o, mejor aún, bien pueden clasificarse como novelas, puesto que narran en prosa “sucesos ficticios o reales”.
Quizá el caso más notable en ese sentido es el del propio Descubridor, Cristóbal Colón, que al ver por vez primera lo que después se convirtió en Venezuela (en su tercer viaje, aun cuando hay serias sospechas de que su encuentro con nuestras costas fue en el primero pero lo ocultó para no pagar derechos a los monarcas), a fines del siglo XVI, escribió aquello de “Yo no tomo que el Paraíso Terrenal sea en forma de montaña áspera como el escribir de ellos nos muestra, salvo que él sea en el colmo, allí donde dije la figura del pezón de la pera, y que poco a poco, andando hacia allí, desde muy lejos se va subiendo a él; y creo que nadie no podría llegar al colmo como yo dije, y creo que pueda salir de allí esa agua, bien que sea de lejos y venga a parar allí donde yo vengo y haga este lago. Grandes indicios son éstos del Paraíso Terrenal, porque el sitio es conforme a la opinión de estos santos y sacros teólogos, y asimismo las señales son muy conformes, que yo jamás leí ni oí que tanta cantidad de agua dulce fuese así dentro y vecina con la salada; y en ello ayuda asimismo la suavísima temperancia. Y si de allí del Paraíso no sale, parece aún mayor maravilla, porque no creo que se sepa en el mundo de río tan grande y tan hondo”, que bien podría ser parte de cualquiera de esas novelas que en pleno siglo XX han sido catalogadas dentro del realismo mágico o “lo real maravilloso”.

No en vano se ha dicho que esa forma de escribir novelas (el realismo mágico) se nutrió esencialmente de las Crónicas de Indias. Así como se ha explicado que aquellas crónicas tenían que ser fantasiosas por la religiosidad de sus autores, en cuyas mentes aún vivía lo mágico y lo milagroso, directamente relacionado con el mundo medieval. O, quizá, porque se sentían obligados, consciente o inconscientemente, a idealizar lo que encontraban para alentar a los que se habían quedado en el Viejo Mundo a emprender la aventura del Nuevo. En todo caso, como afirma Arturo Uslar Pietri, gracias a Colón y a los Cronistas de Indias, se supo en Europa que la magia estaba viva, y gracias a ese conocimiento científico nació la Utopía.
De lo que no pueda haber duda es de que la novela, la novela hispanoamericana, había nacido en textos como el de Bernal Díaz del Castillo (en referencia a lo que cuenta Francisco López de Gómara sobre la batalla de Centla, en la “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”, que dice: «Aquí es donde dice Francisco López de Gomára que salió Francisco de Morla en un caballo rucio picado, antes que llegase Cortés con los de a caballo, y que eran los santos apóstoles señor Santiago o señor San Pedro. Digo que todas nuestras obras y victorias son por mano de Nuestro Señor Jesucristo, y que en aquella batalla había para cada uno de nosotros tantos indios que a puñados de tierra nos cegaran, salvo que la gran misericordia de Nuestro Señor en todo nos ayudaba». Es obvio que no se está haciendo historia, sino algo que, si no es gallo, es un ave que no vuela o vuela poco y tiene cresta, plumas, pico de gallo, ojos de gallo, patas de gallo y canta en la madrugada, aunque también canta de día y pisa a las gallinas.

De modo que no es del todo cierto que la novela no haya existido en tierras americanas antes de que se publicara “El periquillo sarniento”, de José Joaquín Fernández Lizardi en 1816, en pleno proceso de la guerra de independencia de México. La novela había estado entre nosotros desde mucho antes, escondida, disimulada, camuflada para engañar al censor español y para complacer a los protagonistas y sus relacionados. Pero eso sí, viva y presente. Y en aplicación del mismo racionamiento, no sería cierto que la primera novela venezolana haya sido “Los mártires”. Es la primera novela escrita y publicada en la Venezuela independiente, pero antes se habían dado a conocer en nuestro territorio, cuando era territorio del rey español, los textos de don José de Oviedo y Baños, que nació en Bogotá en 1671 y murió en Caracas en 1738.

Aunque quizá a Oviedo y Baños habría que considerarlo colombiano, salvo por el hecho de que hasta que se logró la Independencia todos los nacidos en nuestros territorios, incluidos Bolívar y Andrés Bello, eran españoles, y Colombia nació casi 80 años después de la muerte del cronista. Oviedo y Baños, cronista español de nuestras tierras, nació en Bogotá y luego de formarse en Lima, vivió la mayor parte de su vida en Venezuela, a donde llegó muy joven, huérfano de padre, con su tío, el obispo Diego de Baños y Sotomayor, y aquí escribió su “Historia de la conquista y población de la Provincia de Venezuela”, uno de los libros fundamentales para conocer los primeros años de Venezuela, en el que buena parte, por supuesto, tiene mucho de novela en tono y en su fantasear, que además ha servido en más de un caso como “fuente” de novelistas..
En todo caso, lo que es innegable, es que la novela de Fermín Toro es la primera escrita por un venezolano en Venezuela como país independiente, aun cuando ni los personajes ni el tema tengan nada que ver con Venezuela. De ella hablaremos después.

*Eduardo Casanova Sucre nació en Venezuela. Novelista, ensayista y biógrafo con amplia obra publicada. Miembro del Consejo Consultivo del Círculo de Escritores de Venezuela

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EL NIÑO QUE LLEVAMOS DENTRO

Por Alvaro Pérez Capiello

El hombre contemporáneo cada vez más ligado a la férrea dictadura de los relojes, a los vaivenes de la economía, al tráfico y la polución ambiental, busca escapar de los rigores de la cotidianidad usando diversos vehículos, entre ellos: la lectura. Un buen libro suele ser un excelente compañero para esas aburridas mañanas dominicales, donde hasta el sol le es difícil entrometerse en los patios y desnudar la intimidad del hogar. En años recientes, las cifras de ventas de textos de autoayuda, sanación holística, metafísica, yoga o medicinas alternativas para el cuidado del cuerpo y el espíritu, prácticamente se han disparado, así como los tirajes de libros de ciencia ficción, al más puro espíritu de Harry Potter, Las crónicas de Narnia, o El señor de los anillos. Tal vez, aunque suene un tanto descabellado, ese niño que todos llevamos dentro nos exija, por momentos, acudir a una escuela de brujos con escobas voladoras, mandrágoras parlantes, cuadros que cuentan historias y lechuzas mensajeras.

Quizás, el mito del león Arslam luzca más cercano al milagro de la muerte y resurrección de Cristo de lo que cualquiera estaría dispuesto a reconocer. La verdad, es que los autores de ficción toman elementos del mundo real para componer sus soñadas invenciones, ¿cómo no tributarle a la tuberculosis pulmonar de Virginia Clemm, un rasgo de paternidad en La máscara de la muerte roja? Será difícil aceptar que los viajes de Joseph Conrad marcaron mucha de la producción literaria del autor de Una avanzada hacia el progreso, o que las terribles condiciones de la Inglaterra, de la Primera Revolución Industrial, no estén descritas admirablemente en los mejores relatos de Charles Dickens. Sí, ningún artista es ajeno a su circunstancia, a pesar de que la obra terminada es una entidad viva, separada de las alegrías y las tragedias, de su creador.

Muchas compañías vinculadas al negocio del entretenimiento han obtenido excelentes dividendos vendiendo sueños anclados en los confines del reino de la imaginación. Tal es el caso de Disney Entreprises, con sus parques temáticos en California, Florida, París y Hong Kong. Cada ser humano puede llegar tan lejos como desee, montado en las alas de la fantasía. Este fenómeno no es exclusivo del siglo XXI, de la era de las microcomputadoras y los viajes al espacio, como muchos se verían tentados a creerlo. El Hombre Magdaleniense, habitante del Paleolítico Superior, nos ha legado importantes evidencias acerca de su particular visión del mundo, en cuevas como Lascaux (Francia) y Altamira (España), verdaderas catedrales plagadas de símbolos que nos remiten a un pensamiento mágico. Cruces, con o sin desarrollos laterales, flechas, figuras de grandes herbívoros en movimiento, nos hacen suponer que tenemos por delante una inmensa catedral hilada de asombros, una reverencia a lo natural. Recordemos el éxito de aquellas series televisivas de los ochenta y finales de los setenta: La dimensión desconocida, Mi bella genio, Hechizada, o Mork del planeta Ork. Ellas, nos envían a universos paralelos, puertas bidimensionales, encantamientos que desaparecen objetos, civilizaciones extraterrestres, entre otras menudencias del dilatado campo de lo paranormal y las ciencias ocultas.

La imaginación no es, entonces, un privilegio de los escritores, de los tontos y románticos, quienes se aferran a lo imposible como excusa en aras de evitar enfrentarse a los ejércitos de la realidad. Por el contrario, es una cualidad netamente humana, que ha potenciado el avance del arte y de la ciencia a lo largo de los siglos. Como lo diría Goethe, en 1781, en una carta a su madre: “A pesar de mi viva imaginación y de mi predilección de los actos humanos, siempre permaneceré ignorante del mundo en medio de una eterna infancia…”

*Álvaro Pérez Capiello es venezolano, novelista, cuentista, crítico de arte, escribe para diarios y revistas de Venezuela y del extranjero. Es Miembro del Consejo Consultivo del Círculo de Escritores de Venezuela

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LIBROS PROHIBIDOS EN EL TRANSCURSO DE LA HISTORIA

Por Carmen Cristina Wolf
Expreso mi más profunda gratitud al escritor Jon Aizpúrua por la conferencia que ofreció el 28 de mayo, a las 11 de la mañana, en la Sala Cabrujas del Centro de Cultura Chacao, en Los Palos Grandes, Caracas. Se eligió la fecha y el tema, por tratarse de la semana del tercer festival de la lectura, organizado por Chacao en la Plaza Altamira. Aizpúrua nos recordó cómo el poder, bien sea religioso, político, académico, científico y de cualquier índole, cuando cae en manos de ideologías totalitarias y excluyentes, condena a la desaparición determinados libros que no están dentro de la ortodoxia dominante. En esencia, la causa de la quema de libros y la persecución de los escritores que piensan libremente, es una manera de atentar contra la libertad de expresión y contra los derechos humanos universales.

Aizpúrua hizo un repaso de las jerarquías sacerdotales que quemaron y persiguieron libros y a sus autores, como la Iglesia Católica en épocas pretéritas, con su Index Librorum Prohibitorum, comenzando por la Biblia, que no podía ser leída por los laicos, y mucho menos, traducida a otra lengua distinta al latín. También la Iglesia Luterana, los fundamentalistas islámicos … En épocas no muy lejanas fueron censurados los libros de astrología, ocultismo, espiritismo, alquimia, publicaciones de los masones y de los rosacruces… Hasta los libros de ciencia fueron censurados, si sostenían tesis distintas a las aceptadas por la jerarquía. En el siglo XX, estas posiciones han sido revisadas por las Iglesias Cristianas, comenzando por la Católica, a partir de la posición ecuménica del Papa Juan XXIII y de Juan Pablo II.
Se refirió a la destrucción de la biblioteca de Alejandría y a la feroz censura de los nazis, fascistas, comunistas y de todos los regímenes dictatoriales, bien sea de izquierda o de derecha.

Fue una charla inteligente y amplia y en esta breve nota no vamos a nombrar todos los autores condenados y las atrocidades referidas por el conferencista, que han sufrido los libros. Pero el público le hizo a Aizpúrua la petición de que publique el contenido de la conferencia.
Josep Fontana, catedrático de Historia y director del Instituto Universitario de Historia Jaume Vicens i Vives de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, escribió lo siguiente:
… ¨Me gustan los libros prohibidos, que son los que expresan las ideas del futuro que no acepta todavía el orden establecido, pero que ayudarán a construir el mundo de mañana. Como sucedió, por ejemplo, con l’Encyclopédie de Diderot, que, pese a las condenas y prohibiciones de que fue objeto, consiguió extender su influencia por toda Europa y ayudó a cambiar el mundo. Por lo menos en lo que se refiere a la parte más o menos racional de la especie humana, en la que no figuran, evidentemente, los redactores de índices de libros prohibidos. Confieso que he aprendido mucho del Index librorum prohibitorum del Vaticano en su edición de 1948, que se mantuvo en vigor hasta 1966. Allí se prohíbe la lectura, bajo pena de excomunión, de Erasmo, Montaigne, Diderot, Hume, Balzac, Sartre, Spinoza, Tom Paine y de la mayor parte de los libros que importa haber leído. Se puede recomendar, por ello, a los jóvenes para que lo utilicen como un manual de las lecturas necesarias¨…
Caracas, 28 de mayo de 2011

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ENTREVISTA A ELIZABETH SCHÖN

LA POESIA TRANSFORMA LA REALIDAD

Conversaciones con Elizabeth Schön

por Laura S. Leret

Conocí a la poeta Elizabeth Schön una tarde de octubre de 2004 en la librería Macondo durante una tertulia sobre su obra. Nos leyó algunos de sus poemas e intercambió palabras con el público. Yo le pedí que me dedicara su libro Ráfagas del establo (2002): “A Laura. Su nombre tiene el sonido del arpa para después convertirse en poemas”.

Se interesó por mi poesía. Me dijo: “Yo puedo ayudarte”. Me invitó a su casa, así como lo hizo con tantos aficionados a la poesía y al estudio de la literatura.

Compartí la invitación con las compañeras del taller de poesía, que por aquella fecha nos dictaba la poeta Yolanda Pantin.

Llegamos a su casa en Los Rosales, un viernes por la tarde. Ella nos esperaba con entusiasmo, nos ofreció una tisana de frutas que bebimos en un vaso transparente de cristal rojo. Las paredes del estudio, donde nos recibió, mostraban cuadros y esculturas que habían sido obsequios de sus amigos artistas: Elsa Gramcko, Mercedes Pardo, Alejandro Otero. Un patio interior sembrado de jazmines y matas de mango, impregnaba el ambiente de aromas y flores.

Cada una de nosotras fue leyendo un poema de su autoría. Elizabeth Schön nos escuchaba con atención y hacía los comentarios de rigor, que nosotras apuntábamos al margen de las estrofas.

Unos meses después de aquella visita, Elizabeth Schön sufrió un derrame cerebral que le paralizó la pierna izquierda y le dificultó el habla. No volvería a caminar sin la ayuda de una andadera.
Regresé por mi cuenta varias veces a conversar con ella. Elizabeth Schön solía esperarme sentada en una amplia silla en su cuarto. Al escuchar mis pasos, su perra Shirley salía a mi encuentro, mostraba sus caninos y sus ojos me amenazaban por un instante, para después regresar a su sitio, debajo de la cama de su ama.

Así fue como descubrí a una mujer en la última etapa de su vida, entablamos una amistad que fue interrumpida por su muerte en mayo de 2007.

Me hablaba sobre su infancia y sobre sus facultades extra sensoriales que se hicieron evidentes a muy temprana edad. Era frecuente que Elizabeth Schön percibiera la sombra de su madre o la de su abuela y que conversara con ellas. “No hay porque tenerle miedo”, me decía. “Al contrario, me satisface sentirlas, saber que están cerca”. Otro día me comentó sobre un sueño que la estremeció, y me preguntaba “tú ¿qué crees? que fue cierto”. Yo le contestaba que sí, que su sueño tenía todas las características de un viaje astral. Una experiencia que le sirvió de inspiración para su libro Visiones Extraordinarias (2006).

Cada vez que la visitaba, conversábamos sobre las fotos de las paredes de su cuarto. La de su esposo Alfredo Cortina con lentes grandes y redondos se asomaba entre los libros del estante; la de su hermano, el profesor universitario en los Estados Unidos, colgaba de la pared detrás de su cama junto a la de su abuela Columba Ibarra Delfino, y al frente, se veía a la joven Elizabeth Schön, de unos 20 años, con pantalones negros y bombachos, rodeada por sus compañeros y profesores de la escuela de Filosofía en la U.C.V.

Cuando platicábamos sobre poesía, me explicaba que el poema es capaz de transformar la realidad con sus metáforas. Por ejemplo, “fíjate en este verso” de su libro La flor, el barco, el alma (1995)

“Para mirarla / raspamos el cielo y se desprenden las nubes / la lluvia, la centella / aun lo luminoso, esférico, espacial / desde el primer instante del sol”.

Y yo entendía que no es cierto que raspemos el cielo ni que como resultado de nuestra acción se desprenda la lluvia, lo esférico espacial, y sin embargo la poesía tiene la facultad de crear una imagen nueva, otra realidad, y por ello me decía: “la poesía es la expresión artística más innovadora, más que cualquier otra, la poesía transforma la naturaleza, la poesía une cielo y tierra”.

Es un concepto que el artista plástico Jesús Soto comparte cuando dice: “yo creo que es una idea magistral el hecho de asociar las cosas más desasociadas del mundo en un poema (…) Pero las mismas cosas, exactamente los mismos temas, pintados en un cuadro bidimensional, hacen una vulgar naturaleza muerta (…) Los artistas pasan a ser ilustradores, imaginarios del pensamiento revolucionario de la poesía.”(Garrido, 2005, p.41).

LA TRAPECISTA
“Yo iba al parque y les preguntaba a las niñas “¿tú tienes madre?” “¿y está viva?” y si me decían que estaba muerta yo me iba corriendo para la casa porque yo sabía que eso me iba a suceder a mí. Yo llegué un día de una piñata y me dijeron que mi madre estaba muerta…”

“Me gustaba caminar por los techos de las casas, me parecía divino, yo sentía plup plip plup plip…tenía una terraza, y ahí yo me encaramaba y brincaba a la otra casa, caminaba por los techos y me montaba en las matas de mango de Las Mercedes.”

“Me encantaba un árbol, subirme a las ramas, yo me sentía una trapecista hacía todas las maromas que hacían en los circos, me enganchaba las piernas en las ramas y miraba para el piso, entonces ya había muerto mi madre y mi tía me regañaba, “mija, bájate de ahí que te vas a caer” y yo pensaba cómo se le ocurre decir eso, si yo no me voy a caer.”

“Yo no era de muchas amigas porque a mí lo que me gustaba era montarme en los árboles y bailar, no me gustaban las muñecas, el muñeco es una cosa falsa.”

“Viví en Caracas hasta los doce años hasta que nos mudamos a Puerto Cabello, yo me fui contenta porque yo sabía que me iba a conseguir con el mar y con el cielo que vive dentro del mar.”

LA SELVA

“Yo iba mucho a San Esteban y me bañaba en un río con unas piedras enormes, el río me embrujó. En San Esteban conocí la selva y a las culebras. Yo no le tenía miedo a las culebras, yo las veía, se metían debajo de las camas, por las ventanas, ellas bajaban por las paredes. Todos los fines de semana íbamos a San Esteban caminábamos por las carreteras de tierra y cuando veíamos a una culebra enrollada, agarrábamos un palo y la pinchábamos por la cabeza y no se podía mover.”

“Cuando veías una culebra debajo de tu cama te ibas a dormir a otro cuarto, eso era lo que hacíamos. Una vez la abuela de unas amigas, las Konecke, era una viejita encantadora, ella se fue acostar y resulta que tenía debajo de la cama a una mapanare y se armó aquel escándalo, ella dijo “déjenla quieta, no la despierten” y a las cinco de la mañana se fue la culebra por las ventana de la casa. Nunca matábamos a las culebras, ellas eran una compañía, si las culebras se arma ¡ya está! te dan el picotazo. A un niño le mordió una mapanare y pasaron un día para conseguir el carro para llevarlo al hospital de Puerto Cabello, no sé si vivió.”

LAS HERMANAS GRAMCKO Y ALFREDO CORTINA

“En Puerto Cabello vivía una colonia de descendientes de alemanes, allí conocí a Ida y a Elsa Gramcko todas las tardes ellas salían con su papá a casa de las tías y yo las veía pasar desde el balcón de mi ventana, y me decía, estas se ven inteligentes y ellas se me quedaban mirando. Un día en la iglesia Elsa le regaló una tarjetita de su primera comunión a mi hermana y mi hermana le regaló la suya y así comenzó nuestra amistad.”

“Yo me sentaba con Ida Gramcko a leer a Azorín, a los escritores españoles de la época, yo tenía que acompañarla y leer todo lo que ella leía, siempre fuimos muy unidas, sobre todo con Ida quien era la más necesitada de cariño. Yo le di todo el cariño que pude, te digo sinceramente es la mujer más inteligente que he conocido, tenía una memoria…era un monstruo.”

“A Puerto Cabello llegaban muchos turistas, y a nosotras nos encantaba verlos, yo en la noche acostada antes de dormir hacía un cuento con esos turistas… Me costaba dormir porque empezaban los presos del castillo de Puerto Cabello a tirarse al agua y yo sentía cuando se los comían los tiburones, eran presos políticos de Gómez, ellos lloraban con unas argollas que les ponían y yo los sentía, no podía dormir porque sabía que los presos iban a empezar a gritar.”

“Yo comencé a escribir creo que cuando estudiaba en la universidad y entonces cuando yo hacía esos trabajos sentía que tenía que decir otras cosas aparte de la escuela de filosofía y comencé a escribir poesía, creo acerca de una rosa y se lo enseñé a Ida Gramcko: “eso no me gusta, es muy cursi”, me contestó, “bueno, no es malo ni bueno, lo que sé es que no me deja nada”.

“Volví a escribir mucho tiempo después y deje esos papeles bajo otros papeles y cuando Ida llegó, creí que ella estaba leyendo un estudio sobre Kant que yo había hecho y ella decía “¡qué bello!” yo sabía que era un trabajo que yo tenía que entregar al profesor García Bacca, yo estaba confundida pero “¿cómo? ¿qué bello?”, “Ida, ¿qué estás leyendo?”, “La Selva” me contestó, “¿Eli, quien escribió esto?”, “¿quien tú crees Ida?” y yo callada, “pero Eli, tu tienes esos papeles ¿de quienes son? ¿tuyos?”, “Eli esto se puede publicar” y yo estaba horrorizada, entonces ella y mi esposo Alfredo lo mandaron para un concurso y salió ganador.”

“Desde el primer momento que vi a Alfredo Cortina me gustó. Me lo presentó Elsa Gramcko en Puerto Cabello, él era su tío. Una vez me llamó y me dijo: “vente para acá que te voy a presentar a tío Alfredo, él te quiere conocer,” yo le contesté: “estoy muy ocupada”, “que te vengas para acá,” me dijo.”

“Vi a un hombre de lentes, simpático y agradable, a mí me dio pena y me fui, él pregunto que quien era yo. “Esa es una amiga que vive al frente,” contestaron, “pues llámala para ir a pasear”. Elsa me fue a buscar pero yo no quería ir, “tienes que venir” me dijo, por fin me convenció y me metió en el carro y yo quedé al lado de él porque él estaba manejando, entonces viene un muchacho que también se llamaba Alfredo y me dice “¿cómo estas?¿cómo te va?”, “me va bien y tú”, “bien ¿no es que íbamos a pasear a la Plaza Flores?”, “hoy no puedo”, le contesto, “tengo un compromiso”, “bueno, adiós.” Alfredo Cortina me dice “¿ese se llama Alfredo como yo?”, “sí, se llama Alfredo como usted”, “y ¿ese es tu novio?”, yo le dije “no”, “bueno, ahora yo soy tu novio”. Desde ese momento me llamó su novia, yo me quedé horrorizada porque yo era una pifiola.”

“Alfredo fue el creador de la radio en Venezuela, yo lo quise tanto, nos casamos en Puerto Cabello, la hermana le dijo: “esa muchacha es como mi hija, pórtate bien, tú te dedicas a ella,” él le contestó,”yo, yo soy incapaz”, “¿cómo? si tú tienes una novia en cada parroquia de Caracas,” eso me lo contó Alfredo a mí.”

“Yo nunca más he querido otro hombre, él era una maravilla todos los muebles que tú ves los hacia él, la casa vivía llega de gente, él era un hombre agradable, inventaba charadas, inventaba cuentos y la gente venía acá a cada rato, mi matrimonio fue una maravilla, nosotros nunca peleamos. Cuando yo empecé a escribir él me apoyó.”

LA POESIA LO INVADE A UNO

“Sentí la necesidad de conocer, explorar sobre el silencio, un lenguaje que me llevara a mi madre, este es el mejor lenguaje pero no lo entendemos.”

“Existen distintas realidades, otra realidad, la realidad es múltiple, realidades que no se conocen. Cuando estoy en este cuarto y decidí no salir porque no puedo caminar entonces escribo en un cuaderno y cuando leo me doy cuenta que hay una tristeza en el fondo, un estado de ánimo muy íntimo.”

“La poesía lo invade a uno, la cara, los ojos, las manos, la vista, todo lo invade porque sino, no llega, lo que llega es un viento, y la poesía nunca es viento, es firmeza cuando es viento ¡qué va! La poesía viene de una fuerza interior, lo bello es que ese centro lo tiene uno pero vive a través de la poesía, el autor sale corriendo busca un papel y escribe y puede hacer hasta un libro, así comienza el trabajo.”

“Cuando nace un libro irrumpe como una montaña de la tierra que pareciera tocar el cielo.Cuando tomo una hoja, yo siento que allí está todo, ella misma se prepara, lo bello de la creación es darle el lugar a una cosa que está oculta que no se sabía que podía existir, cuando me pongo a pensar, las hojas caen en mi cabeza, un tumulto, un remolino de colores, la hoja de papel es seca, la mano es la que ayuda a la poesía, el cuerpo la ayuda, el cuerpo resiste, la poesía resiste a través del papel. El libro es el fondo del río, tú lo ves clarito.”

“El ser y la poesía es lo mismo, el ser es el fundamento, los poetas actuales siguen otro camino que es más fácil donde el ser no está a la vista, lo diario se ha usado para crear, lo malo es que se quede en eso. Los poetas actuales lo único que quieren es figurar.”

Enviado por la escritora Laura Leret para esta Revista.
Muchísimas gracias por esta entrevista tan densa y hermosa, que nos entrega momentos únicos en la existencia de nuestra amad poeta Elizabeth Schön.
Carmen Cristina Wolf, Editora

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SEMINARIO DE CREATIVIDAD LITERARIA INICIA EL 4 DE JUNIO

SEMINARIO DE REFLEXIÓN Y CREATIVIDAD LITERARIA
PROFESORA MAGALY SALAZAR SANABRIA

Propósito: El Seminario de Reflexión y Creatividad Literaria está dirigido a los amantes de la literatura y a los interesados en desarrollar la escritura.

Un espacio creado para acercar a los participantes a una lectura y escritura artística donde descubriremos que la literatura es una actividad con espíritu. Se trata de desarrollar la participación creativa e interactiva y el goce estético de los integrantes del grupo ante sus propios textos y ante las obras literarias propuestas para el diálogo.
Como fuentes de la memoria poética y narrativa se han incorporado las lecturas de algunos poemas, cuentos, fragmentos de novela y ensayo sugeridos por los participantes o el facilitador. No se aplicarán modelos preestablecidos de análisis, a fin de lograr el descubrimiento de las voces profundas y el esplendor de la escritura, el sabor y saber de la lengua y lo que está más allá de lo lingüístico para, de esta manera, apreciar el verdadero goce de la lectura. Sólo así se establecerá una complicidad entre el lector y el texto.

Duración del Seminario: 2 semanas, 9 horas académicas
N° de participantes: 15

Fechas:
Sábado, 4 de junio 3 a 6pm.
Jueves, 9 de junio, 3pm a 6pm
Sábado, 11 de junio, 3pm a 6pm
Valor: 200,oo BsF por persona.
Lugar: Calle 3. Número 7-16, Quinta Chamberi. Santa Cecilia. Caracas (Al lado de La Casona)

Objetivo General: promover la competencia y el placer por la lecto-escritura, en un proceso que comprometa las facultades de intelección del participante y lo aproxime al texto, considerando a éste como una obra de arte y como testimonio del espíritu y de la inteligencia del escritor.
Contenidos fundamentales: I. Aproximación a la poesía venezolana, latinoamericana y universal. II. Aproximación a la narrativa y ensayo de autores venezolanos y latinoamericanos.
Estrategia metodológica: Exposición e introducción a los contenidos. Lectura crítica y comentada de textos de autores seleccionados. Producción de textos de los participantes y análisis y reflexión de los mismos.
Facilitador: Profesora Magaly Salazar Sanabria, Licenciada en Letras de la Universidad Central de Venezuela, Magister en Literatura Hispanoamericana y Venezolana (UPEL-IPC) y actualmente cursa Doctorado en Cultura y Arte: América Latina y El Caribe (UPEL-IPC).

Interesados favor comunicarse con la Profesora Magaly Salazar a través de:

Teléfono 212-4432156 Caracas Venezuela
Celular: 0416-4968845

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LA MIRADA POÉTICA DE ELIZABETH SCHÖN

Por Carmen Cristina Wolf
A Elizabeth Schön, in memoriam

Cuando se cumplen dos años del viaje definitivo de la poeta venezolana Elizabeth Schön, vuelve a mi memoria su mirada límpida, su manera afectuosa y gentil de tratar a las personas. Un día fuimos a visitarla, los poetas Rosita Melo, Edgar Vidaurre, Ruth Vidaurre y yo. De la conversación y la lectura de poemas, pasamos a la música, y ella me prestó un cuatro. Al comenzar a cantar una tonada de Simón Díaz, Elizabeth comenzó silenciosamente a llorar. Nos
explicó por qué. Era la primera vez que se escuchaban las notas del instrumento desde que Alfredo Cortina, su esposo, falleció.

Todo el que que hablaba con Elizabeth Schön, no la olvidó jamás. En el transcurso de mi vida, la lectura de su poesía se ha entrelazado íntimamente con mis vivencias. Me siento bendecida por haber tenido acceso a la obra poética de esta mujer venezolana, voz fundamental de la literatura contemporánea. He aquí los versos seleccionados para la convocatoria del octavo encuentro internacional de escritoras que se celebró en abril del 2008:

“En el tránsito del asombro hacia otro asombro
se desborda lo inagotable del Ser”
(Elizabeth Schön)

Estos son algunos recuerdos de la niñez que regresaron a mí leyendo algunos poemas de Elizabeth. Memorias de nuestras vacaciones en San Esteban: El verano era un vaso de oro desparramándose. Las gavetas dejaban salir la ropa ligera, pantalones cortos, franelas, sandalias. Lociones para los mosquitos, bronceadores y sombreros. De vez en cuando, si no un ventilador, un abanico. Todo un verano para bañarse en el río, leer a Julio Verne, Louise May Alcott, Salgari y los cuentos de Julio Garmendia. Comer mangos y guayabas y echar cuentos de la playa que estaba a un kilómetro, como si el mar estuviera a millas, millas y millas de distancia. Y todo allí mismo, a diez minutos de Puerto Cabello, en las orillas del río San Esteban, cubierto de la sempiterna vegetación cerrada verdinegra.

Era la felicidad completa, sin preocupaciones. Los mejores días del año, el gozo del principio del vivir, la pubertad en plena ebullición, cuando todo parece estar en una cesta, en la cual basta con querer para encontrar en ella cualquier aspiración hacia el milagro de la realidad, del brillo con que aparecen todas las cosas que nos rodean. Elizabeth Schön escribe:

“Si miras el agua miras al cielo. / Si miras al niño miras al agua y al cielo.”

Levantarse al amanecer no costaba nada, eran días distintos, de otra tinta. Lavarse la cara, ponerse el traje de baño y desayunar un vaso de leche y mantequilla derritiéndose sobre una arepa caliente. Al frente, los árboles de caimito y los chaguaramos, las matas de limón y de lechosa, los cedros centenarios y los pájaros saltando como locos entre las ramas, arrebatándose ramitas.

Nos esperaban las pelotas de goma húmedas sobre la grama. El abuelo, rastrillaba las hojas con sus botas de hule que casi le llegaban a las rodillas. Bajábamos la escalinata, había llovido la noche anterior. Las hojas brillaban de punticos mojados. Cargando nuestros tobitos abríamos la reja y allí estaba: el río, “con infinito blusón deslizante”, con su borboteo como “un reguero de polen multiplicándose”, el agua, ella sola, ella misma consigo, tan cerca “y tan siempre lejos, entre la tierra y la fugaz distancia”.

“El agua hace al árbol permanecer y al hombre ser fiel a su propia e innata transparencia”.
El agua del río conducía un millón de años de hojas caídas, ramas, rayos de sol y brisas influyendo en las coreografías del agua, brisas metiéndose en el agua, alborotándola. El abuelo Federico había construido un muro para encauzar el río e impedir que las crecidas tumbaran los árboles cercanos a la orilla. El muro se había puesto verdoso y estaba corroído por el tropel de las aguas.

En el río aprendimos a confiar, no nos angustiaba su fondo, gozábamos la inquieta curiosidad de no saber las cosas que guardaba. No teníamos miedo de los peces pequeños, ni de los grandes que nos imaginábamos podían aparecer algún día, ni siquiera de la gran serpiente que tenía su casa bajo las piedras. Abuelo nos decía que ella “no hacía nada”, porque era una culebra buena. Era inofensiva como una jirafa. En el libro de Schön ¨Es oir la vertiente¨ (1973), Elizabeth publica poemas sobre la realidad del miedo, unos poemas que hasta hace muy poco me hacía daño leer:
“Hay miedo. / Ya el árbol se achica / en tanto va angostándose la luz / hasta cerrar la última hendija. … Piérdese el pulso / olvídase el ritmo / en la piel sólo agotamiento / y sobre ella el aire, / el sol / el agua / el hombre, / la tierra” … Estos poemas no los leí en la época en que escribí esta nota, no forman parte de estos recuerdos de la niñez, que continúan así: Y entrando en la frescura poblada de medallitas luminosas, no había otra cosa en el mundo que más nos hiciera quedarnos con nosotros mismos, flotando, meciéndonos, oyendo susurrar los ramajes. En esos instantes, el tiempo no existía, o se entretenía entre el cielo y el murmullo de la vegetación.

Podíamos creer, escuchábamos una promesa y creíamos en ella, esperábamos. Vivíamos en pulsación, en latencia, vivíamos en todas las semillas y en nuestros cuerpos: redondeados, flacos, morenos y rubios, orondos. Vivíamos “en el centro de la oscura y primaria semilla”

No existía nada que no nos fuera familiar, que no mereciera alegría, celebración, nuestros maravillosos y escandalosos miedos pasajeros y perennes.
Todo estaba en los bandos. Casa cosa tenía su bando. Pájaros, perros, gatos, ciempiés, los fugaces y groseros monos, las arditas, los sapos y las ranas, los inoportunos y nocturnos murciélagos, las insoportables perezas. Los ruidosos pericos y las mariposas con su rastro de oro. Las tenebrosas mapanares, las determinantes enredaderas, el olor a monte, el olor a cena, siempre únicos y siempre maravillosamente lo mismo.

En la infancia todo era sorpresa, no obstante nada nos era extraño. La vida era cercanía (y lejanía) imaginada. Con todo se hablaba, con cada cosa se iniciaba una historia, una amistad, un juego.

Una de nosotras se parecía a una semilla de onoto, la otra era de algarrobo, la otra intrigaba hasta que descubrimos que era idéntica a una semilla de níspero. Los varones parecían semillas de mango, de cedro, de guanábana: “son aquellos los de la faz rodante del grano quienes oyen / e incendian los fulgores con los que día a día aflora la vida”…

Nuestros cuerpos no dejaban de jugar, de reír, de llorar para contentarnos y volver a pelearnos enseguida. No sabíamos del miedo, no sabíamos cómo se definía la vida y a nadie se le podía ocurrir intentar saber lo que era. Ninguno de nosotros habría querido, ni intentado pensar ¿qué es la vida?.

No sentíamos miedo, porque nos enseñaron que el universo había sido creado por alguien profundamente enamorado, a quien podemos llamar padre. Aquel que ama a la humanidad tanto como se ama a sí mismo.
Esa infancia todavía está intacta en mi corazón y cuando alguien actúa de manera perversa, creo que sufre la enfermedad de ausencia de amor. Las ofensas, las acusaciones nacen del miedo, brotan porque ignoramos que todos somos hermanos. La gente pelea como las células de un organismo enfermo, y terminan destruyendo su capacidad de confiar en la vida y en su propio ser.

No hay que sentir miedo, ni ahora ni nunca, lo máximo que podemos perder es esta vida, que es un regalo y no es nuestra propiedad. Porque la vida pertenece a la Vida.

* Todas las citas corresponden a los libros “Del antiguo labrador” y “Es oír la vertiente”, de la poeta venezolana Elizabeth Schön, Premio Nacional de Literatura.

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EVENTOS Y NOVEDADES EDITORIALES MAYO 2011

MAYO DE 2011

VIERNES 20
«LA NOVELA EN LA HISTORIA DE LA LITERATURA», conferencia y presentación del libro «RAZÓN Y PASIÓN DE LA NOVELA» de Jon Aizpúrua.
Organizado por la U. C. V. en la FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO»
6 pm

SÁBADO 21
PRESENTACIÓN DEL LIBRO LA LLAMA INCESANTE, DE CARMEN CRISTINA WOLF. Publicado por el Centro de Estudios Ibéricos y Americanos de Salamanca y la Editorial Diosa Blena, 2011. Con la participación de los poetas Lidia Salas, María Isabel Novillo y Edgar Vidaurre.

VIERNES 27
«EL SIMBOLISMO EN LA DIVINA COMEDIA», Charla y presentación del CD de Jon Aizpúrua. Organizado por SOPHIA PRODUCCIONES.
7 pm

SÁBADO 28
«LOS LIBROS PROHIBIDOS», Conferencia de Jon Aizpúrua. Organizada por el Círculo de Escritores de Venezuela. En la Sala Cabrujas, Centro Cultural Chacao, 3a Avenida Los Palos Grandes con Francisco de Miranda, Torre El Parque.
11 am

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ARTHUR RIMBAUD, EL VÉRTIGO DE LAS PALABRAS

Por Carmen Cristina Wolf

«Y así ascender despacio
en un inmenso amor
de la prisión terrestre
a la belleza del día.»
Arthur Rimbaud

Cuando alguien se adentra en el silencio de la reflexión se crea un descalabro magnífico. La persona entra en ebullición, en una relación oficiante palabra-tiempo-acto. Y se siente impelido a que sus acciones acompañen intensamente a sus ideas y sentimientos. Deja de estar escindido. Abandona la tentación de pensar una cosa y decir otra distinta.
Una manera de adentrarse en el alma consiste en despojarse de la máscara y abandonarse en caída libre al centro de sí mismo. Desde allí se mira descarnadamente el desfile de frases que se entrelazan en nuestras cabezas. ¿Acaso no está en ese desfile la raíz de la lealtad o la traición, de la benevolencia o la crueldad, de la sinceridad o el engaño? La manera como las palabras se organizan en nuestra conciencia conforma en buena parte nuestro espíritu.
Vuelvo a leer los poemas de Arthur Rimbaud, Las iluminaciones, Una temporada en el infierno, Carta del vidente, con una sensación de delicioso vértigo, como quien tiene todo el tiempo, e imagino que el poeta ha escrito su obra hace pocos meses, y en cualquier momento llegará a mi puerta y me dirá:
“Y así ascender despacio en un inmenso amor”. Vivimos con la esperanza de alcanzar el amor, si no hay amor, nadie quisiera vivir. Añoramos cada día, cada minuto, cada segundo, cumplir nuestro amor. El arrebato del amor todo lo transforma, se es capaz de conquistar al mundo y escapar de todas las prisiones.
Versos de Rimbaud que expresan la fe del creador-creyente en la palabra, aunque solo fuese durante los días en los que escribió los poemas y luego le atormentara la duda sobre la significación que podían tener sus textos: “la fuerza y el amor que nosotros, de pie ante las furias y las penas, vemos pasar por el cielo tormentoso y las banderas del éxtasis”.
Se encuentra en buena parte de la obra de Rimbaud una insidiosa desesperación, desolación, el exilio del alma, un desierto sin oasis y poblado de espejismos: “El hombre es triste y feo, triste bajo el vasto cielo / Lleva vestidos porque ya no es casto.” Pero es así que el mundo, por más desolador que pueda parecer, guarda también su belleza, sus promesas. Y el joven poeta arde de deseo e ilusiones y escribe: “Por momentos olvido la miseria en que caí / …viajaremos, cazaremos en los desiertos, dormiremos en las calles de ciudades desconocidas, sin preocupaciones, sin penas. ¡Oh! Esa vida de aventuras que existe en los libros infantiles para compensarme, he sufrido tanto.” La añoranza de la niñez, el anhelo de viajar a ciudades desconocidas, señala un sitio en el mapa de la ilusión, un lugar donde resplandece la belleza y se puede vivir sin preocupaciones, donde hay bailes, risas, alegres atavíos y sobre todo amor, porque Rimbaud jamás podrá “tirar el amor por la ventana.”
Cuesta mucho poner a las palabras a decir lo que el poeta quiere que digan. Él quebranta sus nexos de costumbre, desgrana las cuentas de la conversación para que las palabras regresen a ser ellas mismas, como recién estrenadas.
El poeta venezolano Eugenio Montejo en el libro Muerte y Memoria escribe: “Algunas de nuestras palabras / son fuertes, francas, amarillas / otras redondas, lisas, de madera…” (…) Y en el libro Terredad, el poeta dice: “Esas voces que digo / han rodado por siglos puliéndose en sus aguas, / fuera del tiempo. / Son ecos de los muertos que me nombran / y me recorren como peces.”
La poesía rompe las frases gastadas y ellas –las palabras- relucen sin sus usos habituales. Les arranca la des-significación y la herrumbre que han acumulado de tanto ser pronunciadas.
Las palabras se lanzan y recogen, se re-unen con otras hasta que van adquiriendo un nuevo esplendor. El poeta las teje en la simultaneidad de sus sentimientos y pensamientos, propicia la amistad o la enemistad entre ellas, en la eclosión del impulso de crear.
Se patentiza así la pasión entre las palabras, la seducción de una palabra por otra, el enamoramiento. Y el poema surge con serenidad o fiereza. Las palabras escapan de su cárcel, se ponen bellas, terribles. Como diría Rimbaud:
… “en un golpe de arco… la sinfonía desarrolla su movimiento, en las profundidades.”

“Busca tu alma”, leo en la Carta del Vidente: “Mírala bien, tócala, cultívala.” ¿Sólo los poetas, o todos hemos sido invitados a esta fiesta de búsqueda? Se requiere coraje y fe para mirar hacia adentro, hacia lo desconocido. Se necesita espíritu, hay que calzar las botas del explorador para recorrer los caminos de nuestro proyecto de ser, algunos bastante transitados. Otros hay que inventarlos.
Es necesario “ser vidente, hacerse vidente”, pues “sólo aquél que transforma su mirada y su corazón se encuentra a sí mismo en premio a haber cultivado su alma.”
Mientras somos únicamente espectadores del curso de las cosas, la existencia nos trae de aquí para allá, nos zarandea, nos empuja y detiene. ¿Me gusta ser llevada así, sin oponer resistencia, o prefiero rebelarme, intentar transgredir la ley de la inercia, para que no sean los valores impuestos desde afuera los que determinen mi existencia?
Si no salvamos nuestras palabras del naufragio, ¿quién lo hará? Los hombres viven en el mundo creado por su propio lenguaje. Cuando éste se empobrece todo aparece descolorido, muerto. La sociedad se desmorona desde los cimientos hasta el friso. Se propaga la farsa, la mediocridad. Si dejamos de amar lo que nos es más ínsito, más nuestro, entonces dejamos de amarnos a nosotros mismos y a los demás.
Es inteligente observar, fluir con los cambios como un barco de vela que aprovecha el viento a su favor. Se esperan las corrientes propicias, aunque no se puede aceptar que sean otros los que conduzcan nuestra nave, cuando no nos gusta el mapa que usan, ni confiamos en su brújula. Y no podemos confiar en la gente que no ama el lenguaje.
La poesía arranca las frases de sus caminerías de costumbre. Los poemas que rescatan a las palabras de la tiranía de los usos y significados establecidos, inventando “formas nuevas”, celebran el ritual de una relación simultánea entre pensamiento y sentimiento. Son poemas de vocación perdurable. Estrenan sus ritmos avasallantes, enloquecen la sintaxis y van más allá, mucho más allá, en una “terrible celeridad de la perfección de las formas”, abriéndose en una “fecundidad del espíritu”, hacia “la inmensidad del universo.” Carta del Vidente, de Rimbaud)
En la Alquimia del Verbo, Rimbaud dice su conocidos y luminosos versos:

«Inventé el color de las vocales!… Ordené la forma y el movimiento y me jactaba de haber inventado, mediante ritmos instintivos, un verbo poético accesible, un día u otro, a todos los sentidos.»
Nos fusionamos unos a los otros gracias a las frases, cuando quedamos metidos en los ritmos que entran por nuestros sentidos. Con sus cadencias, sus asperezas o suavidades; entran por los ojos de la mente, con sus matices y claroscuros; las frases son saladas, picantes, ácidas, amargas o dulces. Ellas tienen su aroma peculiar, su perfume.
Rimbaud se enorgullece de haber inventado “mediante ritmos instintivos”, un verbo poético accesible a los sentidos. Todo está en el ritmo, cada cosa tiene su ritmo: los planetas, las estaciones, la sociedad, los cuerpos, también la conversación y el poema. Las frases se forman a intervalos de inspiración y espiración, de graves y agudos. Cada palabra tiene su tiempo de silencio. Conforman el significado gracias al silencio: sonido-silencio, sonido-silencio, y así.
El silencio está formado de “cientos y cientos de instantes en movimiento”, escribe Rainer M. Rilke. Instantes en los que se expresa lo dicho, que a veces significa tanto como lo no dicho. Todo, desde una frase amorosa hasta las que brotan de la indignación y el odio, está inmerso en el ritmo.
Crear un lenguaje que penetre en los sentidos, es hablar de un verbo que seduzca el cuerpo con sus significados, a través de la forma, la movilísima forma. Un verdadero poema fija vértigos y significa algo distinto para cada uno. Escribe lo inexpresable con palabras plenas, desbordantes, que se salen del borde de las páginas a fuerza de significar.
En un golpe de arco, los versos se vierten en las intensidades del alma, en un in crescendo sostenido, y ya no pensamos en nada que no sea el poema. Estamos atrapados en el poema, no podemos librarnos de su influencia. Todo lo que no es el poema se desdibuja, pierde peso.
La poesía nos lleva al resplandor del lenguaje y la prisión se abre para asaltar la belleza del día sin proclama alguna, ni arma de fuego.

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JULIÁN PADRÓN, ACTIVISTA DE LAS LETRAS

Por Eduardo Casanova

Julián Padrón fue un provinciano. Pero pocos provincianos se han adaptado tan pronto y tan bien a la capital, al extremo de ser mucho mejor que la mayoría de los capitalinos. Además de ser un muy buen escritor, fue un verdadero activista de la literatura, y varias de sus iniciativas aún benefician a los lectores venezolanos. Nació en San Antonio de Maturín, en el estado Monagas. El 8 de septiembre de 1910, hijo de dos primos, José Julián Padrón Vivenes y Aguasanta Padrón Vivenes. Su infancia tuvo algo de dromomaníaca, pues de San Antonio de Maturín pasó a Sabana de Piedra, entre Santa María y Caripe, el pueblo de la Cueva del Guácharo, y de allí pasó a Cumaná, la capital del estado Sucre, para rematar en Caracas, en donde estudió la secundaria en el Liceo Andrés Bello, que acababa de cambiar su antiguo nombre de Liceo Caracas, y cuyo director era Rómulo Gallegos. Se trata del liceo en el que estudiaron, entre otros, Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Jóvito Villalba y muchísimos otros venezolanos ilustres, especialmente los que poco después conformarían la Generación del 28 por su acción en pro de la democracia durante la dictadura del general Juan Vicente Gómez. Padrón obtuvo allí, en 1929, el título de Bachiller en Filosofía.

Luego de cursar la carrera de Derecho en la Universidad Central, en 1935, recibió los títulos de Doctor en Ciencias Políticas, otorgado por la UCV, y de Abogado de la República, otorgado por la Corte Suprema del Distrito Federal. Pero su vocación no era la de un abogado en el ejercicio. Sus inclinaciones iban por otros caminos que pronto se hicieron explícitos: siendo aún estudiante es derecho se hizo amigo de Arturo Uslar Pietri, Alfredo Boulton, Carlos Eduardo Frías y otros jóvenes intelectuales, y empezó a publicar textos en la revista Élite. En 1934 se publicó su primera novela, La Guaricha, una muy buena novela editada por Élite. Unos años después, Guillermo Meneses, en su Antología del cuento venezolano (1954), escribiría: “Con la novela “La Guaricha” se asomó triunfante Julián Padrón al escenario de la literatura venezolana. Antes había hecho poesía –luminosos poemas íntimos, sentimentales, americanos– pero desde su primer libro narrativo afirmó su poder para crear un mundo campesino, donde pasan personajes sencillos y hermosos como flores, como ríos, como animales. Seguía siendo poeta –un poeta fuerte y melancólico, capaz de mirar dentro de sí, a la sombra del recuerdo, la luz de una mujer, la frescura del agua, el peso de una fruta. Padrón publicó, luego de “La Guaricha”, otra novela –“Madrugada”– donde alguien podría descubrir entre las hojas del Trópico, el eco de una voz culta que dijera serenas consideraciones de escéptica sensualidad- Una colección de cuentos, titulada “Candelas de verano” apareció entre una y otra de sus dos primeras novelas, a las que bastante más tarde se ha unido “Clamor campesino”. Etcétera.” Una opinión muy calificada y desinteresada, a la que poco o nada habría que agregar.

Con Pedro Sotillo, Uslar Pietri, Boulton (que firmaba con el seudónimo Bruno Pla, fue fundador en 1935 de la revista literaria el Ingenioso Hidalgo, de muy efímera vida pero que dejó huella en la vida caraqueña y venezolana. Poco después, ya graduado de abogado, fundó un diario, también de muy poca duración, llamado Unidad Nacional (1936), cuyo nombre revela que por algún tiempo se sintió tentado por la política. Algún tiempo después se convertiría en articulista permanente de El Universal, y su firma aparecería en numerosas publicaciones del país. En 1944 agregó a sus títulos académicos el de Licenciado en Diplomacia. Se había casado con una mujer extraordinaria: Carlota Toro, con quien tuvo dos hijos: Manuel y Antonio Padrón Toro (autor de una muy buena biografía de Antonio Pérez Bonalde). Fue también Presidente de la AEV (Asociación de Escritores Venezolanos), fundada por Mariano Picón Salas a su regreso de Chile, y que después cambió el nombre por Asociación de Escritores de Venezuela para poder acoger a los extranjeros residenciados en el país. Allí tuvo una de las iniciativas más felices que ha conocido la literatura venezolana, al iniciar la publicación de los “Cuadernos Literarios”, que no sólo sirvieron para difundir ampliamente los textos de autores venezolanos, sino que en muchos casos dieron a conocer a escritores noveles que se impondrían magistralmente en el tiempo. También fue director de la Comisión de Literatura del Ateneo de Caracas y director entre 1952 y 1954, de la Revista Shell, una de las publicaciones más felices que ha conocido Venezuela.

Además de La Guaricha (1934), Padrón publicó cuatro novelas: Madrugada (1939),Clamor Campesino (1945), Primavera Nocturna (1950) y Este Mundo Desolado(1954), un libro de cuentos: Candelas de verano (1937). Fue autor de una Comedia Dramática: Fogata (1938) y un sainete: Parásitas Negras (1939). También produjo una notable
Antología del Cuento Moderno Venezolano (en colaboración con Arturo Uslar Pietri, 1940), y una antología (Cuentistas Modernos, 1945).
Lamentablemente, fue víctima de una muerte prematura el 2 de agosto de 1954.
De él y su oba dijo Domino Miliani: Cabalgando entre el criollismo y las vanguardias se fue haciendo el nombre narrativo de Julián Padrón (1910-1954). Entre los más jóvenes del 28, fundó junto con Uslar Pietri, Pedro Sotillo y Alfredo Boulton, una revista de interés para aquel movimiento: El Ingenioso Hidalgo (1935). Polemizó con Carlos Eduardo Frías, atrincherado entonces en La Gaceta de América, según refiere Meneses. Fue antologista y animador de otros narradores. Inicia su obra de creación con La Guaricha (1934). Antes había publicado textos en Elite, algunos de los cuales recogerá después en Candelas de verano (1937). Enamorado de su tierra venezolana, autodidacta, asimiló de las vanguardias los recursos que imprimieron dinamismo e intensidad lírica a su escritura. Mantuvo apego a los asuntos campesinos. Fue, en tal sentido, criollista; pero consciente de los defectos que minaron la vocación de Urbaneja Achelpohl, será él quien transfigure esta corriente y la dote de fuerza y tragicidad originales, soslayada la tendencia enumerativa y estática del regionalismo anterior, incluido Gallegos, de quien aprende recursos para el detalle, pero a quien elude en la omnisciencia rígida de las construcciones simbólicas. Candelas de verano tiene la intensidad y el ritmo atlético de la mejor narrativa regional. Madrugada (1939) es novela donde culmina su obsesión de captar el alma enigmática del campesino en tránsito a la ciudad, como bien apunta Picón Salas. Después vino el declinar, la novelística que torna a repetirse en procedimientos y situaciones cuando ya se agota el material de la vivencia evocada: Primavera nocturna (1950), Este mundo desolado (1954). Padrón fue además el fundador de los Cuadernos Literarios de la Asociación de Escritores Venezolanos, donde estrenaron forma de libro innumerables narradores contemporáneos. Su Antología de Cuentistas modernos (1945) seguirá por pasos propios la tarea difusora emprendida al lado de Uslar Pietri, con quien seleccionó la Antología del cuento moderno venezolano (1940) una de las más completas que se ha ordenado hasta ahora en Venezuela.

Como puede verse, hay en ese texto un sí pero no de quienes no quieren ver grandes valores en los escritores venezolanos, por estar empeñados en adular a los extranjeros, que es lo que en varios escritos he llamado el “Síndrome de Cenicienta”, que busca que a los venezolanos se nos perdone el habernos enriquecido súbitamente por el petróleo. Sin darse cuenta de que en realidad, si bien por la superficie de Venezuela ha pasado la riqueza petrolera, Venezuela no se enriqueció en absoluto. Al contrario, se ha empobrecido mucho, y lejos de buscar el “perdón” de nuestros vecinos, deberíamos exigir que se nos compense esa pérdida y se reconozca que el país ha tenido grandes valores literarios injustamente preteridos, como Julián Padrón.

* * * * *

* Bibliografía de Eduardo Casanova: Estudió Derecho y Letras en la Universidad Central de Venezuela y en la Universidad Nacional de Buenos Aires. En 1963 se estrenó su obra teatral Barrabasalia, escrita en colaboración con Arturo Uslar Braun, en 1975 se estrenó su comedia «El solo de saxofón». Fue Presidente de la Fundación para las Artes del Distrito Federal (Fundarte), 1984. Director del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), 1984-1987. Premio Guillermo Meneses por su obra narrativa (2000). Presidente del Círculo de Escritores de Venezuela, 1999- 2001. Obra Publicada: Los caballos de la cólera. Novela. Monteávila Editores, Caracas, 1972. La agonía del Macho Luna. Novela. Monteávila Editores, Caracas, 1974. Hacia la noche. Novela. Editorial Planeta, Barcelona, España, 1974. La región desapacible. Narraciones. Ediciones En la Raya, Caracas, 1974. El Arca de Daniel. Novela. Editorial Panapo, Caracas, 1991. Las Bejarano. Teatro. Cruz del Sur, Caracas, 1987. Las alegres campanas de la muerte. Novela. Cruz del Sur, Caracas, 1988. La noche de Abel. Novela. Monteávila Editores, Caracas, 1991. Las trampas de la luz. Poesía. Editorial Signo Contemporáneo, Caracas, 1991. Lento Laberinto de temor. Novela (Cuarteto en Sol). Editorial Actum, Caracas, 1993. Corazón de dinosaurio. Novela (Cuarteto en Sol). Editorial Actum, Caracas, 1993. Contra natura. Novela (Cuarteto en Sol). Editorial Actum, Caracas. La muerte del novelista. Novela (Cuarteto en Sol). Editorial Actum, Caracas, 1993. El señor de la montaña. Novela. Editorial Actum, Caracas, 1994. Los cantos del Libertador. Poesía. Editorial Giluz, Caracas, 1998. El solo de saxofón. Novela. Círculo de Escritores de Venezuela, Caracas, 2000. En los días de Bolívar. Ensayo Universidad Metropolitana, Caracas, 2002. La última muerte de Simón el triste. Novela. Editorial Actum, Caracas, 2003. El gigante doblado. Crónica. Editorial Actum, Caracas, 2008.

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RILKE: “ASÍ ESTABAN ENTREGADOS A LA ESCUCHA”

Por Carmen Cristina Wolf

Sobre Rainer María Rilke, la poeta venezolana Hanni Ossot escribe en el Prólogo a las Elegias de Duino: «Ante la dificultad de escribir, Rilke opuso siempre la paciencia y la espera. Por otra parte, una poesía de escucha. Rilke «escuchó» las Elegías y luego las transcribió. Él no se sintió dueño de ellas, le advinieron. Este oír, esta escucha se expresó en la PRIMERA ELEGÍA»:

«¡VOCES, VOCES! ESCUCHA, CORAZÓN MÍO, COMO SOLO
ESCUCHARON LOS SANTOS: TANTO QUE LA INMENSA LLAMADA
LOS ALZABA DEL SUELO; PERO ELLOS QUEDARON,
IMPASIBLES, DE RODILLAS Y NO ATENDÍAN:
ASÍ ESTABAN DE ENTREGADOS A LA ESCUCHA. »

Rilke ejerce un fervor sagrado sobre las cosas, los árboles, la tierra, la casa, las torres, las catedrales. También expresa una reverencia por lo que somos y podemos llegar a ser. Celebra en sus poemas la posibilidad de «ser».

Las Elegías nos hablan de una «pena primordial» debida a la soledad y la realidad de la muerte. El tono de sus Elegías exige una paciencia en el ser humano «desasistido existencialmente», para que se produzca en nosotros una transformación. Revela una armonía entre la vida y la muerte, que se muestran como una sola cosa en las Elegías. La muerte es el lado de la vida «que no da hacia nosotros, el lado que no nos está iluminado». Aun cuando Rilke ve en la muerte un modo de redención, de alcanzar lo infinito, él pide atención y reverencia hacia la Vida.

Nuestra gratitud a Carmen María Salge, por habernos enviado, con motivo de la visita de de la imagen del Nazareno de San Pablo a la comunidad de El Hatillo, unos fragmentos de la Décima Elegía de Rainer María Rilke, en vísperas de la Semana Santa.

Carmen Cristina Wolf. Caracas, abril del 2011

Santiago de León de Caracas, Ciudad Mariana:

Y nosotros que pensamos en una dicha
«ascendente»
experimentaríamos la emoción
!que casi nos sobresalta!
cuando algo feliz cae» R. M. Rilke

Cristo vino a visitarnos el domingo 10 de abril. El Nazareno de San Pablo fue llevado en procesión al Municipio El Hatillo

Rainer Marie Rilke /Fragmento de la X Elegia de Duino

Que un día a la salida de esta terrible visión, eleve yo
canto de júbilo y gloria hasta los ángeles acordes
(…)
¡Que mi rostro bañado en lágrimas
Me haga más brillante, que mi modesto llorar florezca!
(…)

Y más arriba las estrellas. Nuevas … las estrellas
del país del dolor. Lentamente la Lamentación las nombra.
«Mira aquí: el Jinete, la Vara y la más colmada constelación
la llaman: Corona de Frutos
(…)
…nuestro obscuro verde perenne…

…Y a través del extenso paisaje de las Lamentaciones
mostrándoles las columnas de los Templos……
o los escombros de aquellos Castillos, desde donde los Principes de las Lamentaciones
gobernaron una vez sabiamente el país..
Le muestra los altos árboles de lagrimas,
los campos de la melancolía floreciente (los vivos los conocen solo como follaje suave)

Y ELLOS ADMIRAN LA CABEZA CORONADA,
QUE PARA SIEMPRE EN SILENCIO
COLOCÓ LA CARA DE LOS HOMBRES
SOBRE LA BALANZA DE LAS ESTRELLAS

wiege, weg, das brennende buch, puppe , fenster…

…Y continua el elegido Rilke en su Elegia de Duino:

Cuna , camino, libro ardiente, títere

…PERO EN EL CIELO DEL SUR… PURO COMO EN EL INTERIOR
DE UNA MANO BENDITA
LA CLARA Y BRILLANTE M QUE SIGNIFICA LAS MADRES …

(…)

Y nosotros, que pensamos en una dicha
ascendente, experimentaríamos la emoción
que casi nos sobresalta
cuando algo feliz cae

/1912 Decima Elegia escrita en el castillo de Duino y concluida en 1922 /
Sobre un acantilado del Mar Adriático /cercano a Trieste/ en aquel entonces parte del Imperio Austriaco, el poeta Rilke, nacido en Praga en 1875 empezó sus Elegias, que le llevaron 10 años concluir y se cree que le fueron dictadas en el Castillo de Duino, destruido en la primera guerra mundial y es propiedad de la Princesa Marie Von Thurn and Taxis-Hohenlohe, en el tiempo actual.

Carmen María Salge
CAFE DE SOC RATES
SANTIAGO DE LEON DE CARACAS
CIUDAD MARIANA

Biografía de Rilke:
(Praga, 1875 – Valmont, 1926) Escritor checo de lengua alemana. Fue el poeta más relevante e influyente de la primera mitad del siglo XX; amplió los límites de expresión y extendió su influencia a toda la poesía europea.
Luego de abandonar la Academia Militar, ingresó en la Escuela de Comercio de Linz y posteriormente estudió historia del arte e historia de la literatura en Praga. Residió en Munich, donde conoció a Lou Andreas-Salomé en 1897. Quince años mayor que él, ejerció una influencia decisiva en su formación hacia la madurez. Decidido a no ejercer ningún oficio y a dedicarse sólo a la literatura, emprendió numerosos viajes. Visitó Italia y Rusia en compañía de Lou Andreas-Salomé, conoció a León Tolstoi y entró en contacto con la mística cristiana ortodoxa. En 1900 se instaló en Worpswede y un año después contrajo matrimonio con la escultora Clara Westhoff, con la cual tuvo a su única hija, Ruth. A su lado, escribió las tres partes del Libro de horas. Tras su separación, residió en París donde durante ocho meses y trabajó como secretario privado de Rodin. Allí escribió el Canto de amor y muerte del alférez Cristobal Rilke, y posteriormente Los cuadernos de Malte Laurids Brigge. Debido a una profunda crisis existencial, comenzó a viajar intensamente, a África del Norte (1910-1911) y a España (1912-1913). En 1911 y 1912, invitado por la princesa Marie von Thurn und Taxis, vivió en el castillo de Duino (Trieste), escenario en el que surgen los poemas que denominó Elegías de Duino.
Durante la Primera Guerra Mundial, vivió la mayor parte del tiempo en Munich. En 1916 fue movilizado y debió incorporarse al ejército en Viena, mas pronto fue dado de baja por motivos de salud. En esos años surge una apasionada relación amorosa con la polaca Baladine Klossowska, madre de P. Klossowski y del pintor Balthus, presuntos hijos naturales nunca reconocidos por el poeta. Tras la guerra, residió en Suiza y en 1922 vivió en el castillo de Muzot, donde finalizó las Elegías. Murió de leucemia, tras una dolorosa y lenta agonía, en el sanatorio suizo de Valmont.
Los cuadernos de Malte Laurids Brigge (1910), la única novela de Rilke, fue escrita a modo de diario y describe con la agudeza de un diagnóstico los contrastes sociales en París, la pobreza y la destrucción. La gran urbe provoca a Malte, el último descendiente de una gran familia danesa, el miedo absoluto. Enfermedad y finitud son en esta obra temas recurrentes. A la muerte deshumanizada y masificada, típica de la gran ciudad, Rilke opone la muerte individual y propia, representada por el recuerdo de un antepasado de Malte. Las evocaciones de infancia tienen un carácter redentor, igual que el tema del amor que, con el de la muerte, constituye el otro gran tema del libro. El amor no correspondido, que perdura como deseo y deja abierto el final de la novela que desemboca en una reelaboración de la parábola del hijo pródigo.
Estos temas reaparecen en su obra lírica Libro de horas (1905) formada por los títulos Libro primero, el libro de la vida monástica; Libro segundo, el libro de la peregrinación; Libro tercero, el libro de la pobreza y de la muerte que remite a las antologías medievales de plegarias privadas. La forma artística de la plegaria le sirve para abandonar la lírica de sentimientos propia de Canto de amor y muerte del alférez Cristóbal Rilke y experimentar con imágenes nuevas que, mediante evocaciones sensuales y visuales, amplían las fronteras del lenguaje.

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EL SOL QUE NOS MITIGA

-Alberto Hernández-

1.-
Con la noche morimos en el sueño. Volvemos de ese laberinto griego que nos ata a las imágenes, a los cuerpos asidos a las pesadillas y desmayos profundos. Con esa muerte que nos disipa, regresamos al baño, a vernos el rostro en el espejo, donde un fantasma plano y cóncavo nos enseña los dientes. La higiene de la mañana reformula preguntas, luego de la descomposición del cuerpo, de la carne hecha tufo de maldades oníricas.

2.-
De nuevo la muerte despierta. Pero más que levantarse de la cama, descansa ella en el fondo de un ojo callejero. La luz del sol la envuelve y la asesina. Un resto de murciélago nos sale de la boca, mientras apuramos el café en alguna esquina de esta ciudad que despierta. Un largo hastío nos estira frente al semáforo, nos confía la cortedad de la vida y la sarna de un perro que orina pegado a una pared.

3.-
La luz es nuestra salvación. A veces nos perturba, nos hace ahuas desde adentro y nos consume: perplejos y agotados regresamos a la sala donde la música, el licor y la palabra amagan a la señora que vuelve para tomarnos el cansancio.

4.-
La noche fue hecha para resucitar de tanto día. Es como aceptar que dormimos para salir después de una sombra que nos rinde tributo. Nadie escapa del sueño porque la muerte es una forma de conquistarnos, de darnos confianza, de prepararnos el terreno. La sábana deja la marca del cuerpo, la ausencia que se transforma en fantasma. De esa animosidad salvamos el sudor, el baño frío para volver a la vida, a la seca instancia ade las formas.

5.-
Bajo el sol respiramos la sombra, la que se oculta dentro de todos. La que el poema hilvana lentamente, acomódase a los sonidos, a los gustos por el fondo de su intemperie. Bajo esta luz inclemente, sin voltear a mirar el desgaste de los otros, imaginamos el silencio de la próxima noche. Un espejismo nos asalta en la misma esquina donde el café fue la salvación.

6.-
Juan Rulfo sale del museo. Cruza a pie toda la capital. Se surte de figuras humanas. Salva los lagos desaparecidos, bebe de las aguas rocosas. Llega al desierto. Un lagarto verde y brillante lo conduce a la mirada única de un cóndor encendido.
Igual, relee el silencio como una hoja suelta. Calla mientras busca en la arena alguna respuesta. Desconocemos la pregunta, pero podemos especular sobre lo corto de su aliento. La dificultad de la respiración o las lagunas biliosas en sus ojos. Lo expresamos lejos en una fotografía, en la postal que nunca recibimos, mientras la noche nos acobardaba. Y el sol, el primer sol, pasaba sobre los cuerpos buscando las aguas y los ríos remotos. Con la noche morimos en el sueño. Quizás al levantarnos estamos sacrificando el tiempo, la hora de la llegada, la de la partida secreta.

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Alberto Hernández: Poeta, ensayista y editor venezolano

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EL RESPETO: UN VALOR QUE DEBEMOS RESCATAR

Por Inés Muñoz Aguirre

Esta publicación es cortesía de http://www.nuevosurbanos.blogspot.com/

Un país se pierde en los pequeños detalles. Igual que como se pierden millones de litros de agua a través del bote de una tubería. Vamos perdiendo valores y casi sin darnos cuenta vamos cayendo en cometer errores que hemos criticado. Repetimos las equivocaciones, nos volvemos condescendientes y al final nos acostumbramos.
Cuando llegamos a la etapa de la costumbre creemos que el país está perdido sólo en sus grandes problemas y nos volvemos incapaces de entender que esa especie de debacle que sentimos a veces a nuestro alrededor, tiene su origen en lo que hemos ido dejando escapar.
En estos días vi una entrevista a la señora Virginia Betancourt realizada por un colega contemporáneo (hago referencia a esto para ubicar elementos de educación en un mismo contexto generacional) que trataba con todo desparpajo a su entrevistada de TU. La invitada quien estaba allí gracias a su libro “Vida en familia”, habló gran parte del programa de su papá Don Rómulo Betancourt, ex presidente de la República y poco de su reconocida trayectoria personal que como todos apreciamos va más allá de ser la hija de un ex presidente, hago referencia a esto porque son más razones para su jerarquía que merece respeto. Para completar el cuadro habló de su fecha de nacimiento lo cual nos permitió conocer de primera fuente, que la señora supera los 80 años de edad.
Sufrí de vergüenza ajena. Recordé las enseñanzas familiares que pregonaban respeto a los mayores, pero también recordé las enseñanzas universitarias que nos hablaban de la diferencia entre el periodista y el entrevistado. Preceptos que planteaban que en el proceso del trabajo debían guardarse las distancias entre el entrevistador y su invitado.
Como país deberíamos disculparnos ante la señora Betancourt. Tenemos que asumir que las teorías que buscan incentivar en la gente que todos somos iguales, no hacen más que desmerecer la trayectoria de todos los que trabajan por ser mejores y por contribuir al desarrollo de la patria. Tenemos que asumir que sí hay quienes desde sus posiciones, se hacen diferentes a la mayoría (Nos guste o no).
El país nos reclama la recuperación del respeto. Es importante asumir en la redención urgente de nuestros valores que el que haya personas que lo merezcan, de la misma forma que merecen el reconocimiento y tratamiento de usted, significa que aún tenemos ejemplos que seguir.

*Inés Muñoz Aguirre es periodista, dramaturga, poeta y narradora venezolana. Es Directora Editorial del Círculo de Escritores de Venezuela. Dirige PublicARTE, el periódico de la cultura.

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