Nora Carbonell: Caligrafía de los sentidos

Nora Carbonell

Nora Carbonell, poeta de Barranquilla, narradora, filóloga y tallerista ha marcado un hito en su escritura poética con la publicación de la Antología Personal: Caligrafía de los Sentidos (Ediciones Exilio. 2019). En un país donde irrumpen los autores nóveles con obras únicas que se apagan como fuego fatuo, Carbonell ha demostrado, además del esfuerzo por configurar una voz propia, disciplina y persistencia en el trabajo de escritora.  En este antología reúne, además de algunos poemas sueltos,   páginas de sus libros publicados: El Tiempo es Redondo y Atormenta, Del Color de la Errancia, Trece Poemas y medio, Horas del Asedio y Voz de Ausencia.  Algunos de estos versos han sido traducidos al inglés, al italiano y han aparecido en publicaciones internacionales.

Igualmente, ha publicado 17 libros de literatura infantil y juvenil entre ellos: Lluvia María  y el Ladrón de Sonidos, Nani Chocolate y Paco Cuatrojos, El Mutante de la Cuatrimoto,  Chica sobre una Nube, Cuentos de la Escuela en coautoría con Hernán Vargascarreño.  Su labor como narradora ha sido reconocida con los Premios del  1º  y del  8º Concurso de Cuentos de Comfamiliar.

En esta última travesía,  la poeta  revela sus apegos, mediante el epígrafe de Olga Orozco,  una de las voces tutelares de Latino América: “Yo velaba incrustada en el ardiente hielo, en la hoguera escarchada, / traduciendo relámpagos, deshebrando dinastías de voces, / bajo un código tan indescifrable como el de las estrellas o el de las hormigas.”  Reconoce la esencia clandestina de la poesía, pero la asume en la certeza,  que es el único lenguaje para abordar los asuntos del espíritu.    

Su primer texto: Marilyn implora a Warhol, poema que obtuvo el Tercer Premio la pintura que habla, en el Concurso Nacional de la Casa de Poesía Silva, 2017. Ella hace énfasis en el derroche de imágenes para plasmar la sensualidad del personaje poético, pero su pluma se adentra en lo intangible: sufrimiento, dolor, cautiverio soledad y muerte. Se lee: “Entre mis dientes, tu corazón triturado. / Sobre mis pestañas, el bálsamo de la insolencia. / Entre los dos,  la condición humana.

La siguiente poesía le da el nombre a esta publicación:  CALIGRAFÍA DE LOS SENTIDOS,  como lectora conmovida aprecio  la paradoja descubierta entre líneas, por los personajes poéticas que se expresan. Si bien, los sentidos nos sirven como instrumentos para aprehender los sentires del mundo, existe un “algo”  superior a estas ventanas,  una materia indescriptible, esencia misma de la escritura, la única  que “revela” esa pulsión alquímica transformadora del polvo en luz,  de letras y blancos en mensaje y verdad. Dejemos que sean  algunos de los interrogantes que se formulan entre el mundo en sombras de Hellen Keller y el trabajo milagroso de Ana, su mentora, quien abre las puertas de su mente en tinieblas:

¿Cuál de las dos, maestra o alumna,
cobija el verbo exacto,
la claridad de lo nombrado,
el espejo que refleja el espíritu
y no la materia deleznable.”

Encuentro un uso reiterado de hablantes poéticos femeninos, quizás por ser las generadoras de vida y cuidadoras de especie, la voz soterrada por el poder patriarcal, favorece el acento para comunicar misterios e incertidumbres propias de la poesía.  Memorables el final del texto: María de Magdala: “En la memoria de los siglos será la única dueña del misterio, el arca sellada / que guardará la verdad. Su verdad y la de Él.“   En el poema: La hija,  escribe una reflexión conmovedora sobre ese  ser que no fue producto de sus entrañas. Después de múltiples suposiciones finaliza: “O quizás la hija fui yo misma  / en una vida de antes.”

Hace poco, en reunión con un grupo de poetas, llegamos a la conclusión que los tiempos de dolor y catástrofe que nos asolan,  urgen a los escritores a elaborar nuevos códigos en coherencia con tal sufrimiento. No es posible seguir escribiendo sobre la rosa o los asuntos del corazón, cuando la infamia del poder del mal desgarra las vísceras mismas de la humanidad. Encuentro que EL TRÍPTICO DE LA INOCENCIA Y LA MUERTE,  una muestra de lo que debe ser esta nueva escritura hermanada con tanto dolor  y tanto daño.  Dos líneas del poema: Yuliana plural:

“Esperanzado el mutismo de los inocentes.
Brutal, el silencio de los depredadores.

En la Historia de Aylan Kordi, los versos sobre ese niño, cuyo cadáver sobre la playa confrontó la indiferencia global, los dos versos que dan inicio y el que cierra el final:

Fue un migrante entre multitudes.
Nació entre el acoso del fuego
y el estruendo de los misiles…”

Lo imagino corriendo en un país sin fronteras.”

La propia Guajira colombiana inspira su canto sobre la tragedia de los niños que mueren de hambre:

“Majayura en el desierto
Majayura,
la nieta del desierto guajiro,
la que hablaba
con los lagartos del vecindario,
se ha dormido de hambre
sobre la piedra de lavar.”

La modernidad ha arrastrado tragedias de diversa índole, sin respuesta alguna para las multitudes que las sufren.

Las poesías que siguen han sido seleccionadas de los poemarios publicados. Se aprecia una honda reflexión sobre la espiral del tiempo que en cada vuelta se repite. Hay una incidencia  del paso de las horas,  en la existencia de los seres humanos aturdidos por la confusión, las incertidumbres, las máscaras del amor, las ausencias del olvido, la búsqueda constante del territorio perdido de la infancia y la soledad recurrente,  generadora de la queja: “Tanta gente sola.”

La soledad impulsa la fuga por ciudades, donde se busca el rastro de unos besos, el adiós en muelles y aeropuertos, para aceptar el extrañamiento doloroso ante la belleza del paisaje, quizás, sea la culpa bíblica, arrastrada desde la expulsión del paraíso terrenal.

La autora barranquillera hace guiños a la inter- textualidad, cuando habla de su experiencia en Granada, Lisboa o Chile, para celebrar la poesía en la luna y los jazmineros de Federico García Lorca, del fado o de Pablo Neruda. Rinde homenaje a Margarita Duras, en la más célebre de sus  novelas: El amante, y a Sylvia Plath, en un texto memorable: Imaginando algunas zonas de la muerte. Estremecen las metáforas para significar los exilios íntimos: la propia renuncia de otra clase de vida, los olvidos de los amados que partieron, el exilio voluntario en las palabras.

En los últimos libros se aprecia el adelgazamiento de la voz. Las palabras se desnudas del “ruido” de imágenes o adjetivos para expresar en una levedad casi silencio, los misterios de la vida, de la muerte, de la madre que se le desdibuja en la pérdida de la memoria.   Hay una muestra de esos relámpagos de la belleza que son los haikús.

Deseo rendir homenaje al primer poema que leí de esta autora, quizás en los 80s o 90s: La Celada, un resumido tratado de la seducción: “Se trata de caer sin eludir/ ninguno de los hilos invisibles / de la trampa.”

         Se celebra en esta reseña la vida en la literatura de Nora Carbonell, quien recibió el Premio como Mujer sobresaliente del Atlántico, Área  de Literatura en 1999. Se presentan algunos rasgos de una antología,  que debe ser retirada de los estantes de las librerías,  por todos quienes han sido sus alumnos en una fructífera misión como docente, por sus amigos y por quienes no la conocen todavía, pero después de leer estas palabras, están de acuerdo,  que la poesía, escribe su Caligrafía de los Sentidos,  para elevar las conciencias de los lectores al plano de la verdad y de la belleza.

Lidia Salas.   Caracas, diciembre del 2019.

 

 

CALIGRAFÍA DE LOS SENTIDOS

 

I. Helen

Las manos de Hellen Keller son pájaros ciegos.
Descubren la textura de las montañas
en la aspereza de los muros,
y en el alar de sus dedos
la lluvia deja un aroma a río.
Helen usa las manos, piel expuesta
a su boca sin palabras; nunca
los cuchillos, barreras entre
su hambre y el mundo oscuro.
El silencio toma apariencia de padre y madre,
de mesa y abejas que danzan en las tinieblas;
también de baba en los caracoles rojos.
¿Cómo nombrar, Hellen, el aire que enfría
los huesos como la muerte?
¿Cómo se llama la calidez,
cuando algo que no es amor
te cubre el cuerpo bajo las tardes de septiembre?
¿Cómo sanar la herida abierta de la impotencia?

 

II. Anna

Anna Sullivan no puede ver el horizonte,
pero conoce el corazón-equipaje
del viento que silba su elegía del viajero.
No estás sola, Anna.
Tu madre muerta, tu padre muerto,
tu perro muerto, tus ojos en sombras,
pero tú, viva y encendida igual a una llama
en la espesura del combate.
Anna, búscate en otra las palabras.
Sustancia de luz son las palabras, tú tienes la luz, Anna.
La otra tiene la andadura de sus manos.

De la Antología Personal. CALIGRAFÍA DE LOS SENTIDOS
Nora Carbonell

1 comentario

  1. Cordial saludo.

    Soy Jorge Paz, escribo desde Pasto.
    Acabo de ver la entrevista a la gran escritora Nora Carbonell por Telecaribe y quede muy admirado. Como podría contactar a Nora.
    Por favor, mi cel. 320 6986034. Mi Correo capipaz@hotmail.com.
    Muchas gracias!

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