Ni con el pétalo de una rosa

En Homenaje al Día Internacional de la Mujer

Ni con el pétalo de una rosa

Enrique Viloria Vera

Eso decían antes

los hipócritas voraces

los devoradores del alma

y del cuerpo de la mujer amada

 

Verdad era que para laceraciones y rasguños

más efectivas eran las espinas

que los delicados pétalos de la Rosa de Villalba

 

Hoy, los neohipócritas del siglo XXI

reivindican

de la boca para afuera

la igualdad de género

el respeto por los derechos que antes eran sólo del hombre

y que hoy reivindica    reclama

la mujer

 

Explotadas, exiliadas, humilladas,

cargando los hijos a cuestas

y uno más en la barriga

transitan caminos de desprecio e injusticia

en los que en grandes pancartas

en anuncios del más luminoso neón

se lee

Más ruido hace la hoja del árbol al caer

que la opinión de una mujer

 

 

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Hathor, Hija del Sol, poema de María Isabel Novillo

En Homenaje al Día Internacional de la Mujer

 

HATHOR, HIJA DEL SOL
      -Mira, me dijo la bibliotecaria
Apoyando sus manos
con anillos de piedra azul
sobre el Libro de Salir a la Vida.
         -Este es el Himno a Hathor
Diosa de la porción del firmamento
por donde sale el Sol
             también donde se pone.
Lleva astas
y el Disco de Luz entre ellas.
Cuidaba de las mujeres.
            «HATHOR,  HIJA DEL SOL,
         que reside ante ÉL.
           La del Rostro Bello
en la nave de millones de años.
                Dueña de Paz.
Legisladora
en la Embarcación de los Favoritos.
Danos nuestro Ser entre los Vivientes
y permite que regresemos
de vuelta al Sol.
                   Decreta Tú:
                    » La felicidad de ellas,
                       corre a mi cargo»
Dispón  que la Fuerza Divina nos preceda
Míranos con alegría, Tú, La Bella,
                      a nosotras…
Que hemos barrido la oscuridad
y pusimos el pecho
con el corazón sereno «.

Por María Isabel Novillo

Poeta y ensayista. Directora de Relaciones Internacionales del Círculo de Escritores de Venezuela. Dicta talleres y seminarios de escritura y filosofía. Algunos de sus libros publicados: Poemas peregrinos, Memoria del Caballero de la Isla.

 

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Dos poemas de Milagros Socorro

Milagros Socorro nació en Maracaibo en 1960. Egresada de la Escuela de Comunicación Social de LUZ, hizo también cursos de Pedagogía, Letras y Filosofía en esa casa. Se inició en el periodismo en El Nacional de Occidente, en 1980 y desde entonces ha estado siempre en la prensa nacional. Ha publicado más de una decena de títulos en géneros como: reportaje, crónica, testimonio, relatos y novela. Aunque escribe poesía desde que era estudiante en LUZ, esta es la primera vez que se anima a publicar un par de poemas escritos en 2017. Le agradecemos profundamente haberlos enviado a nuestra revista del Círculo de Escritores de Venezuela.

Los publicamos en Homenaje al Día Internacional de la Mujer, que se celebra el 8 de marzo.

I

Todos los muchachos se me parecen a los muertos.

Pasan a mi lado en las aceras.

Sonríen en las fotografías

por qué no estaríamos confiados, parecen decir.

 

Desvío la mirada, pero es tarde

ahí está la imagen donde aparecen tendidos en su sangre

como una hamaca tibia y procelosa.

Todos los muchachos anuncian un muchacho muerto

en una acera.

 

Los miro de rojo y tiemblo

ensayo una oración que no alcanzo a pronunciar.

Caminan a zancadas, sueltan la risa

pero sé que traen bajo el brazo la palidez, el pan asombrado de la muerte.

 

He vivido en la era de los muchachos muertos

he lamido su saliva seca y sus sienes de papel.

Me rebasan en la calle.

Buenos días, señora, me dicen a veces.

 

Vuelvo el rostro

me arranco las cutículas para hacer coronas de flores

que dejar al pie de sus cunas de caoba.

 

II

En el esternón albergo un angelito.

Su piel tan pálida, sus manos juntas.

Si apuro el paso su frente choca contra la caja

y percute como un merengue sombrío o el ajetreo en una mina remota.

El angelito reposa en una nube de gasa

tiene algodones en la nariz.

A veces se retuerce de dolor

hay, en su panza cruzada por un costurón, cuchillos oxidados.

El angelito duerme su sueño de viejo

con mejillas resecas y labios blancos.

Ay, angelito, susurro a veces.

Ay, canturreo.

Le daré un biberón de silencio, me he propuesto.

En las noches cruje su faldellín

como hojas que alguien barre al otro lado de la ventana.

Dame de beber el zumo helado de tus venas azules

y duerme.

Duerme.

Agosto de 2017

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Poesía de Lidia Salas: Sedas de otoño

LIDIA SALAS: SEDAS DE OTOÑO

Por Carmen Cristina Wolf

El poemario Sedas de otoño de la escritora Lidia Salas,  editado por el Taller  El Pez soluble (2006) es de frecuente lectura, en voz alta, en el salón donde se reúnen mis amigos. Sus versos traen lejanas reminiscencias y el título del libro evoca ambientes femeninos de otros siglos. No obstante, al leerlos encontramos la mirada escrutadora del escritor ante la realidad contemporánea. Lidia Salas nació en Colombia y eligió a Venezuela como lugar de residencia.   Ha dedicado buena parte de su existencia a la escritura y a la enseñanza. Estudió Filología e idiomas en la Universidad del Atlántico de Colombia, y es Magister en Literatura de la Universidad Central de Venezuela. Es autora de los poemarios Arañando el silencio, Mención de Honor del Primer Concurso de Poesía Libre de la Universidad de Córdoba, Colombia (1984). Coautora, con la escritora venezolana Elena Vera, de la Antología Quaterni Deni.  (1992).  Su poemario Mambo Café, recibió Primera Mención en el  Concurso de la I Bienal del Ateneo Casa de Aguas (1994). Su libro Venturosa es Premio Único Mención Poesía del VII Concurso Nacional del IPASME (1995). La obra Luna de Tarot  (Ediciones Círculo de Escritores de Venezuela. 2000) fue llevada al teatro por  José Tomás Angola. El poemario Itinerario Fugaz fue publicado por la Universidad Nacional Abierta en el 2008. Lidia Salas forma parte de la Junta Directiva del Círculo de escritores de Venezuela.

La obra poética de Salas revela la comprensión de la  soledad y una profunda  búsqueda metafísica. Aun cuando leerla despierta hondas emociones, por la manera como registra  la sensualidad  y las atmósferas, su escritura no es un simple cúmulo de experiencias íntimas. Cada poema traspasa lo visible y atisba el instante sagrado de la revelación. Sin ser una poesía discursiva, hay una irrupción filosófica en algunos de los versos, eso que María Zambrano llama  “del ver en el pensar”. Lidia Salas se deslastra de conceptos y posiciones religiosas, mas toda su obra destila una cosmovisión espiritual. Leamos este fragmento del poema Hojas al viento: “¿De dónde llega el viento /exhausto de aromas y hojas secas? / Estremece las vidrieras de mi alma / con su ráfaga de primavera en ruinas. (…) ¿Soy la que descifra el susurro / sutil de la hojarasca / o esa otra que mañana al despertar / nada sabrá del temblor de la hermosura?” (…) Estos versos expresan  el misterio de las cosas tangibles que son capaces de tocar el alma. En este primer poema de Sedas de otoño asoma el orden sagrado atravesando los sentidos, el alma, la esencia de la naturaleza humana.  El viento, impregnado de aromas y hojarasca, estremece “las vidrieras del alma”, como define Lidia Salas la presencia de lo divino en ella misma.
El ser humano lleva en su mente un mundo fragmentado, se encuentra ante un ser casi desconocido, él mismo, que se debate ante circunstancias no solicitadas, siempre cambiantes. Aunque no se plantee conscientemente interrogantes existenciales, tales como ¿adónde voy?, ¿quién soy?, se pregunta sobre los sucesos y acontecimientos que le toca transitar, y  en cada paso surge la interrogante, ¿qué haré conmigo mismo? El poeta que logra atesorar el lenguaje como el mayor de todos los bienes, según escribía Hölderlin, atestigua en sus versos lo que “es”. Un poema, Jazz,  da cuenta  de este mar de incertidumbre:
“Jugar irremediable / el sonido lascivo de sus voces. // Te arrojan / en ese último reflejo de la noche desnuda.  // Descubres / el hondo desconsuelo de estar vivo. // Indefenso / ante tu corazón que danza en solitario.”
La poeta sabe ejercer con nobleza su “Oficio de Maga”, tal es el título de uno de sus poemas: “Me acecha la magia de este oficio / de trenzar palabras / la soledad, ese ejercicio de morir viviendo, / la belleza y el amor que es otra forma / de aprehender el latido de Dios.” Su poesía es “escritura de aguas que fluyen / a la nada del silencio. Pétalos de seda / para cubrir las íntimas derrotas.”
La sociedad le plantea al ser humano constantes problemas y desafíos: Cómo evitar la delincuencia, las drogas, la niñez abandonada, la pobreza, las guerras. La sensibilidad del poeta ante el sufrimiento, se pone de manifiesto en  el poema Heredad:
“Habitamos los días de la oquedad. / Horas de oscuro y de escorpiones. / Vivimos desahuciados del sueño, cabizbajos. / En las alforjas nuestra ración de llanto / y de vergüenza. / (…) El silencio es el lenguaje de los humillados. / En el azogue de su locuacidad no se refleja / la línea incierta de tanta quebradura / en sus espejos, los oropeles del poder / y de sus mercaderes. ” La poesía que trasciende las quebraduras del tiempo es capaz de dejarnos “ver” lo más terrible de una manera hermosa e incomparable. En todos sus libros, Lidia Salas logra desgarrar al lector sin palabras estruendosas, delicadamente: “¿Quién habita este cuerpo / tan frágil en manos del tiempo / que desgasta? /¿Quién me sueña / en esta extraña canción de mis adentros?” (Del poemario Venturosa).

“El poeta atisba ese otro tiempo del mañana”, así escribe Lidia en Sedas de otoño. La tierra le sirve de soporte vital y la sorprende con sus  piedrecitas luminosas, con sus rocas de sal y sus lloviznas que son un regalo para el caminante. La atracción del abismo no es lo bastante fuerte como para extraviar el paso al encuentro de lo iluminado. Siempre habrá en estos versos una patria donde guarecernos del extravío y del miedo. Porque para Lidia Salas el poeta atisba ese otro tiempo de elevar la mirada hacia el horizonte del alma, ella no  queda prisionera de lo efímero. Se va tras la Palabra que es manifestación de la Conciencia, Luz y promesa en la penumbra del tránsito vital.

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La otra cara: La nueva vida del pasquín

Por: Inés Muñoz Aguirre

Mi abuela me contaba numerosas historias de las cosas que ocurrían en su pueblo.  Desde pequeña yo pensaba en escribirlas y en poder compartirlas con los demás, sobre todo aquellas que me parecían increíbles o en algunos casos exageradas.  Una de ellas tenía que ver con como sin ningún remordimiento de conciencia se procedía a destruir la reputación de cualquier persona con la que no se estuviera de acuerdo.  Se escribía una frase en su contra,  fuerte, grotesca, que contribuyera al desprestigio y en multígrafo o a mano, es decir de uno en uno, se escribía o se imprimían lo que para la época se llamaban pasquines.

El pasquín jamás se distribuía a la luz del sol, se hacía como se hace todo lo que busca hacer daño, al amparo de las sombras.  Se metían por debajo de la puerta y al amanecer, casi como la pólvora se encendía el rumor, se murmuraba en las esquinas y corredores lo que después de todo, en cuestión de muy poco tiempo se convertía en la comidilla. Cuando yo le preguntaba qué originaba tal situación, ella me respondía que casi siempre tenía que ver con la política.  Para esta historia en particular tenía que ver con la guerra que existía entre Adecos y y los partidarios de URD. No importaba parentesco alguno si tenían que defender las ideas de sus dirigentes, hasta el extremo de que el prefecto (URD) mandaba a poner presa a su hija (AD) con bastante frecuencia.

Entonces pienso que hemos sido siempre los mismos, que la historias se repiten una y otra vez. Con el paso del tiempo solo cambian los instrumentos y aunque en la Venezuela de hoy  el desprestigio se ventila  durante las 24 horas del día, a plena luz del sol y sustituyendo los pasquines por las redes sociales, los motivos que nos movilizan no han cambiado.

La agresividad que hace de cada red un paredón de fusilamiento es mucho más incisiva porque es directa, sin el sonido del papel, sin el aroma de la tinta y el misterio que propiciaba compartir su contenido al amparo de la llama de una vela. La victima es expuesta para ser despellejada a palabra pura.  Se me hace contrario el sentimiento que propicia al avance tecnológico con la falta de progreso emocional en muchos casos.  Se me antoja síntoma de una fractura social de tal dimensión que nos pone al margen del avance. Y no es que en otros países en los que el tema político o de diferencias ideológicas no cuente también con su “rabo de paja”, lo que preocupa son las obsesiones. Tendríamos que revisar por qué nos complace derribar arboles y después hacer leña de ellos. Hacernos estas preguntas, nos permite un alto, la posibilidad de revisión y por supuesto la posibilidad de enmienda en los casos necesarios. Si hay respeto nadie merece un pasquín pero en el fondo estamos frente a una sociedad desesperada que lo que clama son rayos de luz, que le permitan avanzar sin creer que estamos todo el tiempo al borde de la hoguera. Cuando reconozcamos tal necesidad y nos empeñemos en dar respuestas certeras y accionar desde lo individual habremos salvado las distancias entre las historias de ayer y las de hoy.

 

Inés Muñoz Aguirre, periodista, dramaturga, poeta, asesora en comunicación. Directora de la revista El Constructor. Reconocida por sus novelas y obras de teatro.

https://inesmunozaguirre.wixsite.com/inesmunozaguirre

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LUZ MACHADO, EL MILAGRO DEL POEMA SIN SALIR DE CASA

 

 

Foto: Carmen Cristina Wolf. Archivo de El Universal

El próximo 31 de marzo se celebrará el Día Internacional de la Poesía. Yo lo celebro con la lectura de  poetas predilectos. Entre ellos, la poeta venezolana Luz Machado ocupa un lugar central. Con frecuencia acude a mi memoria la visión de la poeta una mujer de figura armoniosa, vestida con distinción y sencillez, siempre atenta y silenciosa. Y se  hace presente la aseveración de la escritora española Rosa Navarro Durán: “El poeta puede identificarse o no con el yo poético… la ilusión del lector de que ambos son siempre uno ha llevado a muchas lecturas erróneas o al menos a dar una importancia excesiva a la biografía del poeta” (Cómo leer un poema, Ariel Practicum 1998). En la escritura de Luz Machado causa asombro encontrarse con una poesía osada, una voz femenina llena de fuerza, un tono propio que aborda temas podría decirse “prohibidos” para la sociedad venezolana de la década de los cuarenta y cincuenta.

Su poética es de una delicadísima riqueza y evoluciona constantemente tanto en las formas como en la temática. Desde muy joven aborda temas psicológicos y conflictos existenciales:

Este mirarme siempre el propio abismo

                  ha invertido el mirar y es sólo adentro

                  donde tiene mi esencia estas pupilas

                  que vigilan lo efímero y lo eterno.

                  Quién me dejó el Amor y su cadáver

                  a  la orilla del ser?…                                           Vaso de Resplandor, 1946

 

Fácilmente se descubre en estos versos la condición reflexiva y la profundidad de un discurso poético exento de superficialidad. Era muy joven Luz Machado cuando escribió sobre la impostergable necesidad de volverse hacia adentro, ir más allá de las cenizas del Amor perdido, para mirar sin miedo en el fondo del ser.

Luz Machado nació en Ciudad Bolívar, Venezuela, en 1916, y falleció en Caracas, en el año 1999. Periodista, poeta, desarrolló también la crítica literaria. Cofundadora de la revista «Contrapunto». Diplomática, activista política, estudiantil, cultural. Cofundadora del Círculo Escritores de Venezuela. Medalla de Plata de la Asociación de Escritores Venezolanos, Miembro de la Sociedad Bolivariana. Seudónimo: Agata Cruz. Recibió distinciones, como las Ordenes Francisco de Miranda (1993) y Congreso de Angostura (1996). La Universidad de  Guayana le concedió el Doctorado Honoris Causa (1996). Recibió el premio Municipal de Poesía (1946) y el Premio Nacional de Literatura (1987). Sus poemariosùblicados: Ronda (1941), Variaciones en tono de amor(1943), Vaso de resplandor (1946), Poemas (1948), La espiga amarga (1950), Poemas (1951), Canto al Orinoco (plaq. 1953), Sonetos nobles y sentimentales (1956), Cartas al señor Tiempo (1959), La casa por dentro (1965), Poemas sueltos (plaquette 1965), Sonetos a la sombra de Sor Juana Inés de la Cruz (1966), La ciudad instantánea (1969), Retratos y tormentos (1973), Soneterío (1973), Palabra de honor (1974), Poesía de Luz Machado, Antología (1980), A sol y a sombra (1992), Libro del abuelazgo (1997).

Mujer de amplia cultura y lectora incansable, puede descubrirse en alguno de sus versos una lejana influencia de la poetisa norteamericana Emily Dickinson:

Comparezco ante la tempestad

                  con un espejo de rosas en las manos

                  Para qué huir si el relámpago es cielo fugitivo

                  y en el trueno cabalga un arcángel herido?

                        La Espiga Amarga, 1950

 

En el poema Embriaguez de la Muerte de su libro La espiga amarga, se advierte el uso atrevido de los adjetivos, es difícil encontrar un poeta de mediados del siglo XX que no se viese influenciado por la exuberancia de Neruda, y podemos leer estos versos magníficos:

“Quiero una casa de piedra junto al mar //… echarías tu cabeza de diamante imprevisto / en el agua madura de mis hombros / buscando, como un pez ávido de soledad, un par de lunas de limo detenido / en las que un bosque antiguo recogiera sus iniciales savias. // Yo calzaría el crepúsculo entero entre mis dedos / probándome su herencia de anillos, / esperando que creciera en mi cara el polen de la eternidad. (…) / Eras un marino ciego contando barcos / por el recuerdo de las constelaciones en el puerto.”

Con una escritura que podría definirse de vanguardia para la época, también vuelve los ojos a la temática y a las formas de Rubén Darío:

La mar bajo mis pies salva azules panteras,

                  la espuma en mis rodillas salva serpientes de oro,

                  el aire contra el pecho salva fantasmas bellos

                  y sofoca doncellas y liras en la noche                 (Ibidem)

Es recurrente el tema de la casa “de piedra junto al mar”, el hogar, la ciudad, el alma, el amor deseado y perdido, la reflexión lírica sobre la palabra, el poema y  la muerte. “Hay que dejar en las ciudades algo / ¿Para qué vamos hacia ellas si cuando nos marchamos / no sentimos en el pecho una pequeña piedra oscura, golpeándonos?”  ¿Es acaso cierto que se vive una ciudad cuando no hemos derramado en su suelo nuestro llanto, cuando no hemos encontrado ni perdido un sueño, cuando no somos asiduos de una cafetería o de un bar determinados, ni conocemos los aromas de la grama del parque, o el olor picante que se siente desde la taberna hacia la calle? “Toda esa ciudad yo la conozco… Pero de nada vale decirla si no duele / amor, palabra, estatua, mujer árbol, poema.”, escribe Machado.

En el libro La Espiga Amarga  ella dedica una carta a la Poesía:

  Ay, me duele la piel del cántico,

                  la frente de la piedra, la pestaña del musgo.      (…)

                  llevo una luna ardiente clavada entre los senos

                  y una palabra antigua me crece como hierba olorosa en la boca…

                  ¡Qué claros pergaminos arden bajo mis sienes!

Su dominio de la escritura clásica se pone en evidencia en estos perfectos endecasílabos del poemario Canto al Orinoco (1953). Un pensamiento reflexivo y profundo se muestra en estos versos:

  En el nombre de Dios declaro miedo.

                  Iniciando un poema, este poema,

                  en cuya letra viviré sin muerte

                  lo que con gracia está en mi entendimiento.

                  Declaro miedo y me persigo y tiemblo (…)         Canto al Orinoco

Sus poemas amorosos revelan la absoluta libertad de su escritura, excepcional en la sociedad de mediados de siglo:

Eras frente a la ciudad un hombre silencioso y total y magnífico

 

En cada uno de sus libros Luz Machado dedica algunos versos a la poesía o al poema. Ella funda su arte poética como si fuera el techo de la casa que habita, como si para ella la escritura fuese lo más importante, lo primordial. Así, ella dedica este poema que lleva por título La casa por dentro, a la poesía:

 

La casa necesita mis dos manos.

Yo debo sostener su cal como mis huesos,

su sal como mis gozos,

su fábula en la noche

y el sol ardiendo en mitad de su cuerpo.

Deben dolerme las cortinas y sus gaviotas

muertas en el vuelo.

Conmoverme el jardín y su antifaz de flores dibujado,

el ladrillo inocente acusado

de no haber alcanzado los espejos,

y las puertas abiertas para las recién casadas

con su rumor de arroz creciendo bajo el velo.

Debo atender su réplica del universo,

la memoria del campo en los floreros,

la unánime vigilia de la mesa,

la almohada y su igualdad de pájaros dispersos,

la leche con el rostro del amanecer bajo la frente

con esa yerta soledad de una azucena

simplemente naciendo.

Debo quererla entera, salida de mis manos

con la gracia que vive de mi gracia muriendo.

Y no saber, no saber que hay un pueblo de trébol

con el mar a la puerta

y sin nombres

ni lámparas                          La casa por dentro, 1963

 

Sobre ella escribe Joaquín Marta Sosa: …» Ella pertenece, junto con Enriqueta Arvelo Larriva (1886-1962) y Ana Enriqueta Terán (1918) a una insuperable trilogía de fundadoras de la voz y la visión femenina en la poesía venezolana. En su caso particular ha sido el universo doméstico, el domus aurea, lo que signó la mejor factura espiritual y lingüística de su poesía. Su poética se adscribió de modo constante más al «estar» (vivencias, experiencias, situaciones) que al «ser» (esencialidades), desde cuya perspectiva acomete una poesía confesional que viene a ser su arma para comprender y, a la vez, hacerse del mundo. Desde esa perspectiva, su corpus poético va creciendo y ganando en penetración a partir del universo «de la casa» y de lo «antipoético» que pueda habitarlo» …

Esta es la casa edificada con su pluma, parecida tal vez a su hogar real, igual pero distinta, porque esta casa de palabras es “fábula en la noche”, es “ladrillo inocente acusado de no haber alcanzado los espejos”. Sorprende encontrar en una escritura del cincuenta, que corresponde a una mujer con una vida de costumbres recoletas desde el punto de vista de los cánones sociales, un dominio del lenguaje que trasluce un mundo de lecturas vastísimo. Se pueden observar pinceladas de surrealismo en ese “ladrillo acusado” de no alcanzar los espejos. Al mismo tiempo, ese estado de gracia que se respira de la “gracia muriendo”, evidencia la lectura de la poesía mística, San Juan de la Cruz, Santa Teresa y Sor Juana Inés de la Cruz. De hecho, Luz Machado publica en 1962, los Sonetos a la sombra de Sor Juana Inés de la Cruz, que son una verdadera belleza tanto en la forma como en el trato con el lenguaje.

Todas las cosas cotidianas fueron cantadas en los versos de Luz Machado: escobas, zapatos, cacharros, hornillas, platos, vasos, cubiertos y agujas de tejer:

En mis manos, como una astilla cósmica, una sola aguja

                  Realiza los milagros más simples, sin salir de casa.”    

                                                                                   La casa por dentro, 1965

 

No sin nostalgia debo concluir, porque se me quedan muchos poemas que amo sin comentar, pero así es la página en las publicaciones: generosa y concisa. Dejo ante la ventana del lector este última confesión de Luz Machado:

Un gran dolor pule los huesos de la casa. / Sí. La casa entera sobre los hombros, / sobre la espalda, sobre la frente (…) / Es dolor de ser vivo, / de estar viva. / en la madrugada que recoge esta sed de cansancios” (…) (Ibidem). Alguien, alguna vez, puede identificarse con este sentir suyo, alguna vez también nos sentimos dolorosa, terriblemente vivos.

Más, al otro día “Se siente abierta ya una nueva página / y todo puede acontecer aún”. (El libro de horas de Rilke, 1906).

Publicado en el libro Vida y Escritura de Carmen Cristina Wolf,  en Amazon

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Arthur Rimbaud o la alquimia del verbo

Por Carmen Cristina Wolf

Cuando alguien se adentra en el silencio de la reflexión se crea un descalabro magnífico. La persona entra en ebullición, en una relación oficiante palabra-tiempo-acto. Y se siente impelido a que sus acciones acompañen intensamente a sus ideas y sentimientos. Deja de estar escindido. Abandona la tentación de pensar una cosa y decir otra distinta.

Una manera de adentrarse en el alma consiste en despojarse de  la máscara y abandonarse en caída libre al centro de sí mismo. Desde allí se mira descarnadamente el desfile de frases que se entrelazan en nuestras cabezas. ¿Acaso no está en ese desfile la raíz de la lealtad o la traición, de la benevolencia o la crueldad, de la sinceridad o el engaño? La manera como las palabras se organizan en nuestra conciencia conforma en buena parte nuestro espíritu.

Vuelvo a leer los poemas de Arthur Rimbaud, Las iluminaciones, Una temporada en el infierno, Carta del vidente, con una sensación de delicioso vértigo, como quien tiene todo el tiempo, e imagino que el poeta ha escrito su obra hace pocos meses, y en cualquier momento llegará a mi puerta y me dirá:

“Y así ascender despacio en un inmenso amor”. Vivimos con la esperanza de alcanzar el amor, si no hay amor, nadie quisiera vivir. Añoramos cada día, cada minuto, cada segundo, cumplir nuestro amor. El arrebato del amor todo lo transforma, se es capaz de conquistar al mundo y escapar de todas las prisiones.

Versos de Rimbaud que expresan la fe del creador-creyente en la palabra, aunque solo fuese durante los días en los que escribió los poemas y luego le atormentara la duda sobre la significación que podían tener sus textos: “la fuerza y el amor que nosotros, de pie ante las furias y las penas, vemos pasar por el cielo tormentoso y las banderas del éxtasis”.

Se encuentra en buena parte de la obra de Rimbaud una insidiosa desesperación, desolación, el exilio del alma, un desierto sin oasis y poblado de espejismos: “El hombre es triste y feo, triste bajo el vasto cielo / Lleva vestidos porque ya no es casto.”  Pero es así que el mundo, por más desolador que pueda parecer, guarda  también su belleza, sus promesas. Y el joven poeta arde de deseo e ilusiones y escribe: “Por momentos olvido la miseria en que caí / …viajaremos, cazaremos en los desiertos, dormiremos en las calles de ciudades desconocidas, sin preocupaciones, sin penas. ¡Oh! Esa vida de aventuras que existe en los libros infantiles para compensarme, he sufrido tanto.”  La añoranza de la niñez, el anhelo de viajar a ciudades desconocidas, señala un sitio en el mapa de la ilusión, un lugar donde resplandece la belleza y se puede vivir sin preocupaciones, donde hay bailes, risas, alegres atavíos y sobre todo amor, porque Rimbaud jamás podrá “tirar el amor por la ventana.”

Cuesta mucho poner a las palabras a decir lo que el poeta quiere que digan. Él quebranta sus nexos de costumbre, desgrana las cuentas de la conversación para que las palabras regresen a ser ellas mismas, como recién estrenadas.

El poeta venezolano Eugenio Montejo en el libro Muerte y Memoria escribe: “Algunas de nuestras palabras / son fuertes, francas, amarillas / otras redondas, lisas, de madera…” (…) Y en el libro Terredad, el poeta dice: “Esas voces que digo / han rodado por siglos puliéndose en sus aguas, / fuera del tiempo. / Son ecos de los muertos que me nombran / y me recorren como peces.”

La poesía rompe las frases gastadas y ellas –las palabras- relucen sin sus usos habituales. Les arranca la des-significación y la herrumbre que han acumulado de tanto ser pronunciadas.

Las palabras se lanzan y recogen, se re-unen con otras hasta que van adquiriendo un nuevo esplendor. El poeta las teje en la simultaneidad de sus sentimientos y pensamientos, propicia la amistad o la enemistad entre ellas, en la eclosión del impulso de crear.

Se patentiza así la pasión entre las palabras, la seducción de una palabra por otra, el enamoramiento. Y el poema surge con serenidad o fiereza. Las palabras escapan de su cárcel, se ponen bellas, terribles. Como diría Rimbaud:

… “en un golpe de arco… la sinfonía desarrolla su movimiento, en las profundidades.”

 

“Busca tu alma”, leo en la Carta del Vidente: “Mírala bien, tócala, cultívala.” ¿Sólo los poetas, o todos hemos sido invitados a esta fiesta de búsqueda? Se requiere coraje y fe para mirar hacia adentro, hacia lo desconocido. Se necesita espíritu, hay que calzar las botas del explorador para recorrer los caminos de nuestro proyecto de ser, algunos bastante transitados. Otros hay que inventarlos.

Es necesario “ser vidente, hacerse vidente”, pues “sólo aquél que transforma su mirada y su corazón se encuentra a sí mismo en premio a haber cultivado su alma.”

Mientras somos únicamente espectadores del curso de las cosas, la existencia nos trae de aquí para allá, nos zarandea, nos empuja y detiene. ¿Me gusta ser llevada así, sin oponer resistencia, o prefiero rebelarme, intentar transgredir la ley de la inercia, para que no sean los valores impuestos desde afuera los que determinen mi existencia?

Si no salvamos nuestras palabras del naufragio, ¿quién lo hará? Los hombres viven en el mundo creado por su propio lenguaje. Cuando éste se empobrece todo aparece descolorido, muerto. La sociedad se desmorona desde los cimientos hasta el friso. Se propaga la farsa, la mediocridad. Si dejamos de amar lo que nos es más ínsito, más nuestro,  entonces dejamos de amarnos a nosotros mismos y a los demás.

Es inteligente observar, fluir con los cambios como un barco de vela que aprovecha el viento a su favor. Se esperan las corrientes propicias, aunque no se puede aceptar que sean otros los que conduzcan nuestra nave, cuando no nos gusta el mapa que usan, ni confiamos en su brújula. Y no podemos confiar en la gente que no ama el lenguaje.

La poesía extrae a las frases de sus caminerías de costumbre. Los poemas que rescatan a las palabras de la tiranía de los usos y significados establecidos, inventando  “formas nuevas”, celebran el ritual de una relación simultánea entre pensamiento y sentimiento. Son poemas de vocación perdurable. Estrenan sus ritmos avasallantes, enloquecen la sintaxis y van más allá, mucho más allá, en una “terrible celeridad de la perfección de las formas”, abriéndose en una “fecundidad del espíritu”, hacia “la inmensidad del universo.” (Cursivas extraídas de la Carta del Vidente, de Rimbaud)

En la Alquimia del Verbo, Rimbaud dice su conocidos y luminosos versos:

 

Inventé el color de las vocales!… Ordené la forma y el movimiento y me jactaba de haber inventado, mediante ritmos instintivos, un verbo poético accesible, un día u otro, a todos los sentidos.

Nos fusionamos unos a los otros gracias a las frases, cuando quedamos metidos en los ritmos que entran por nuestros sentidos. Con sus cadencias, sus asperezas o suavidades; entran por los ojos de la mente, con sus matices y claroscuros; las frases son saladas, picantes, ácidas, amargas o dulces. Ellas tienen su aroma peculiar, su perfume.

Rimbaud se enorgullece de haber inventado “mediante ritmos instintivos”, un verbo poético accesible a los sentidos. Todo está en el ritmo, cada cosa tiene su ritmo: los planetas, las estaciones, la sociedad, los cuerpos, también la conversación y el poema. Las frases se forman a intervalos de inspiración y espiración, de graves y agudos. Cada palabra tiene su tiempo de silencio. Conforman el significado gracias al silencio: sonido-silencio, sonido-silencio, y así.

El silencio está formado de “cientos y cientos de instantes en  movimiento”, escribe Rainer M. Rilke. Instantes en los que se expresa lo dicho, que a veces significa tanto como lo no dicho. Todo, desde una frase amorosa hasta las que brotan de la indignación y el odio, está inmerso en el ritmo.

Crear un lenguaje que penetrará en los sentidos, es hablar de un verbo que seduzca el cuerpo con sus significados, a través de la forma, la movilísima forma. Un verdadero poema fija vértigos y significa algo distinto para cada uno. Escribe lo inexpresable con palabras plenas, desbordantes, que se salen del borde de las páginas a fuerza de significar.

En un golpe de arco, los versos se vierten en las intensidades del alma, en un in crescendo sostenido, y ya no pensamos en nada que no sea el poema. Estamos atrapados en el poema, no podemos librarnos de su influencia. Todo lo que no es el poema se desdibuja, pierde peso.

La poesía nos lleva al resplandor del lenguaje y la prisión se abre para asaltar la belleza del día sin proclama alguna, ni arma de fuego.

Del libro Vida y Escritura de Carmen Cristina Wolf publicado en Amazon

 

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PUENTES A LA PAZ

Por María Isabel Novillo

“Para evitar ser heridos levantamos muros,

Que quien construye muros no logra nada.

Que casi todos somos albañiles de muros,

Que sería mejor hacer puentes….

Que desde ellos se va a la orilla

Y, también, se vuelve….”

 Mario Benedetti

 

Quiero comenzar contando para ustedes un recuerdo.  Algo pequeño, un detalle sin importancia en una librería de Caracas.  Muchos seres  del mundo de la cultura y las artes allí reunidos.  Entre ellos, a mi lado, el poeta Rafael Cadenas. Cerca, una gran estantería de libros recién editados, novedades editoriales, de diversas disciplinas. Entre ellos uno, grande, llamativo en su portada “La cultura de la violencia” o algo así, muy parecido, que juntaba esas dos palabras “Cultura” y la otra.

Me mira, entonces,  Cadenas  -quien ha dejado siempre en claro que cada palabra debe llevar lo que dice, ser la concordancia entre la cosa y lo nombrado -y, señalando el libro, profiere, con tono de disgusto:

“ ¿Crees que esas dos palabras pueden estar juntas?

¡Que tienen que ver una con la otra! ¡Son lo opuesto una de la otra!”

Así, quisiera empezar diciendo que no se puede esperar otra cosa de la CULTURA que no sea servir de puente hacia  una paz activa y constructiva.   Lo contrario, sería barbarie.

Los escritores -especialmente los poetas-  son arquitectos de palabras.  Constructores en varios sentidos: la obra de los ojos, es decir, la que se hace para ser leída por otros,  y la del corazón, que es una actitud guíada por cierta calidad de sentimientos y pensamientos.  Un alma dando un poderoso flujo de fuerza mental que sostenga un puente de luz y verdad con planos que hablen menos y realicen mayor decreto interior, mayor hecho pequeño cotidiano. Verdadera paz en sus entornos.  Vivir en lo pequeño con belleza.No escribir sobre la Paz, sino encarnarla.

Se da el hecho “cultural”  de que la mayoría del arte que se compromete con la Paz, lo hace desde la muestra de los hechos de violencia y guerra. El cine, la plástica, mucha literatura está re-energizando el hecho violento al llevarlo ante muchas miradas.  Quizá de esta forma, que es denuncia, también se da una retroalimentación de los mismos elementos.

“La obra de los ojos ya está hecha, hagamos ahora, la del corazón” según decía Rilke.

Por ello, la emisión de ideas y de pensamientos,  llevados al poema, al lienzo, a la pantalla, al hecho creador, cualquiera que este sea, son un poderoso puente de energía mental y emocional para modificar condiciones en el entorno. Se dice siempre, pero sería bueno sentirlo como una verdad:  la energía sigue al pensamiento.

Sin embargo, la forma en que manejamos nuestra “cultura interior” nuestros hechos íntimos, personales, son los que determinan, en definitiva el mundo que nos rodea, el aire que nos envuelve.Nuestro nivel de obra.

Cito fragmentos de un poema de Rafael Arráiz Lucca, que ejemplifica, el hecho de la toma de consciencia en circunstancias donde quizá otro poeta, otro escritor, otro personaje, dejaría definida una situación de violencia, sin duda con anhelo de ejemplificar el daño del belicismo.Aquí, sin embargo,  el texto de Arráiz Lucca libera, verdaderamente , una comprensión de paz a sus lectores. Una toma de parte y de voluntad decisiva, electiva, de quien siendo portador de algo letal, logra  –por ejercicio de libre albedrío- ser un instrumento de valentía para no cumplir órdenes dictadas por el error yafianzar la humanidad clemente.

“  Pero  Gunther sabía que en cualquier momento  la orden de despegar sería para él               y ya no habría otro horizonte que alzar vuelo y lanzar las bombas. Allí estaba en la sala de espera de los pilotos  sin saber cómo ni cuándo sus días grises lo habían encallado en este oficio económico  de lanzar una bomba. Veintitrés años tenía y le gustaba remar en el río que pasaba por detrás de las casas de su pueblo.

/…/ Sabía que matar no era cosa de niños, pero él mismo había escogido la gloria de ser piloto.                  Tampoco nadie lo enroló en el ejército.

/…/Caminó hacía el bombardero, hizo girar las hélices y se fue         a dejar en escombros la ciudad del enemigo. Estamos en guerra, murmuraba, en aquél pájaro mensajero de las peores noticias.

/…/ Cuando ya el objetivo era inminente y tan sólo se esperaba de él apretar un  botón.

/…/ No pudo Gunther oprimirlo /…/ se fue al mar  y descargó las bombas sin estropicio.

Alzó vuelo y regresó a su base  como si hubiera cumplido la faena.

(Del poemario Poemas Ingleses, Las Bombas)

 

 

Quizá todo para la humanidad dependa de esas decisiones personales, solitarias y voluntarias. La sagrada importancia de lo pequeño,  de las decisiones que quizá nadie, sólo el propio corazón, llegue a saber.

Pensemos en que por un momento, sólo un instante a nivel planetario, en que cada persona, uno, individual, se negara, por principio de humanidad, a ejercer daño sobre cualquier otro ser. ¿Qué pasaría? Un sólo instante de Paz, ¿a qué daría paso?. Qué muros caerían en esa fracción mínima de tiempo?

Porque, ¿qué es más profundo en  los humanos?

¿Su servilismo, su miedo, su incapacidad de ser quien es, de ser sí mismo, de dejar de ser esclavo de las decisiones de otros,  o su violencia? Quizá nuestro nivel evolutivo aún nos impide dar respuestas totalmente nobles a ciertas cosas.

Dicen las místicas orientales que en algún momento el ser humano servirá de puente.  Que hay un puente.  El Puente de Antakarana.

Nos concierne el intento. Concebirnos como puentes cambiará nuestros muros. Modificará el objetivo de nuestra fortaleza  y de nuestro anhelo de servicio. Como árbol de Luz florecerá la Cultura, esa Dama, y por sus ojos -como por los ojos de Beatrice-  según decía el Dante, en la Vida Nueva, fluirá lo único necesario:

 

“ En los ojos lleva mi Señora a Amor

Y, por ello, se ilumina todo lo que ella mira”.

María Isabel Novillo

María Isabel Novillo. Poeta y ensayista venezolana. Directora de Relaciones Internacionales del Círculo de Escritores de Venezuela @mariaisabelnovillo

Editora: Carmen Cristina wolf @carmencristinawolf Instagram. @literaturayvida Twitter

http://https;//carmencristinawolf.wordpress,com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Nora Carbonell: Caligrafía de los sentidos

Nora Carbonell, poeta de Barranquilla, narradora, filóloga y tallerista ha marcado un hito en su escritura poética con la publicación de la Antología Personal: Caligrafía de los Sentidos (Ediciones Exilio. 2019). En un país donde irrumpen los autores nóveles con obras únicas que se apagan como fuego fatuo, Carbonell ha demostrado, además del esfuerzo por configurar una voz propia, disciplina y persistencia en el trabajo de escritora.  En este antología reúne, además de algunos poemas sueltos,   páginas de sus libros publicados: El Tiempo es Redondo y Atormenta, Del Color de la Errancia, Trece Poemas y medio, Horas del Asedio y Voz de Ausencia.  Algunos de estos versos han sido traducidos al inglés, al italiano y han aparecido en publicaciones internacionales.

Igualmente, ha publicado 17 libros de literatura infantil y juvenil entre ellos: Lluvia María  y el Ladrón de Sonidos, Nani Chocolate y Paco Cuatrojos, El Mutante de la Cuatrimoto,  Chica sobre una Nube, Cuentos de la Escuela en coautoría con Hernán Vargascarreño.  Su labor como narradora ha sido reconocida con los Premios del  1º  y del  8º Concurso de Cuentos de Comfamiliar.

En esta última travesía,  la poeta  revela sus apegos, mediante el epígrafe de Olga Orozco,  una de las voces tutelares de Latino América: “Yo velaba incrustada en el ardiente hielo, en la hoguera escarchada, / traduciendo relámpagos, deshebrando dinastías de voces, / bajo un código tan indescifrable como el de las estrellas o el de las hormigas.”  Reconoce la esencia clandestina de la poesía, pero la asume en la certeza,  que es el único lenguaje para abordar los asuntos del espíritu.    

Su primer texto: Marilyn implora a Warhol, poema que obtuvo el Tercer Premio la pintura que habla, en el Concurso Nacional de la Casa de Poesía Silva, 2017. Ella hace énfasis en el derroche de imágenes para plasmar la sensualidad del personaje poético, pero su pluma se adentra en lo intangible: sufrimiento, dolor, cautiverio soledad y muerte. Se lee: “Entre mis dientes, tu corazón triturado. / Sobre mis pestañas, el bálsamo de la insolencia. / Entre los dos,  la condición humana.

La siguiente poesía le da el nombre a esta publicación:  CALIGRAFÍA DE LOS SENTIDOS,  como lectora conmovida aprecio  la paradoja descubierta entre líneas, por los personajes poéticas que se expresan. Si bien, los sentidos nos sirven como instrumentos para aprehender los sentires del mundo, existe un “algo”  superior a estas ventanas,  una materia indescriptible, esencia misma de la escritura, la única  que “revela” esa pulsión alquímica transformadora del polvo en luz,  de letras y blancos en mensaje y verdad. Dejemos que sean  algunos de los interrogantes que se formulan entre el mundo en sombras de Hellen Keller y el trabajo milagroso de Ana, su mentora, quien abre las puertas de su mente en tinieblas:

¿Cuál de las dos, maestra o alumna,
cobija el verbo exacto,
la claridad de lo nombrado,
el espejo que refleja el espíritu
y no la materia deleznable.”

Encuentro un uso reiterado de hablantes poéticos femeninos, quizás por ser las generadoras de vida y cuidadoras de especie, la voz soterrada por el poder patriarcal, favorece el acento para comunicar misterios e incertidumbres propias de la poesía.  Memorables el final del texto: María de Magdala: “En la memoria de los siglos será la única dueña del misterio, el arca sellada / que guardará la verdad. Su verdad y la de Él.“   En el poema: La hija,  escribe una reflexión conmovedora sobre ese  ser que no fue producto de sus entrañas. Después de múltiples suposiciones finaliza: “O quizás la hija fui yo misma  / en una vida de antes.”

Hace poco, en reunión con un grupo de poetas, llegamos a la conclusión que los tiempos de dolor y catástrofe que nos asolan,  urgen a los escritores a elaborar nuevos códigos en coherencia con tal sufrimiento. No es posible seguir escribiendo sobre la rosa o los asuntos del corazón, cuando la infamia del poder del mal desgarra las vísceras mismas de la humanidad. Encuentro que EL TRÍPTICO DE LA INOCENCIA Y LA MUERTE,  una muestra de lo que debe ser esta nueva escritura hermanada con tanto dolor  y tanto daño.  Dos líneas del poema: Yuliana plural:

“Esperanzado el mutismo de los inocentes.
Brutal, el silencio de los depredadores.

En la Historia de Aylan Kordi, los versos sobre ese niño, cuyo cadáver sobre la playa confrontó la indiferencia global, los dos versos que dan inicio y el que cierra el final:

Fue un migrante entre multitudes.
Nació entre el acoso del fuego
y el estruendo de los misiles…”

Lo imagino corriendo en un país sin fronteras.”

La propia Guajira colombiana inspira su canto sobre la tragedia de los niños que mueren de hambre:

“Majayura en el desierto
Majayura,
la nieta del desierto guajiro,
la que hablaba
con los lagartos del vecindario,
se ha dormido de hambre
sobre la piedra de lavar.”

La modernidad ha arrastrado tragedias de diversa índole, sin respuesta alguna para las multitudes que las sufren.

Las poesías que siguen han sido seleccionadas de los poemarios publicados. Se aprecia una honda reflexión sobre la espiral del tiempo que en cada vuelta se repite. Hay una incidencia  del paso de las horas,  en la existencia de los seres humanos aturdidos por la confusión, las incertidumbres, las máscaras del amor, las ausencias del olvido, la búsqueda constante del territorio perdido de la infancia y la soledad recurrente,  generadora de la queja: “Tanta gente sola.”

La soledad impulsa la fuga por ciudades, donde se busca el rastro de unos besos, el adiós en muelles y aeropuertos, para aceptar el extrañamiento doloroso ante la belleza del paisaje, quizás, sea la culpa bíblica, arrastrada desde la expulsión del paraíso terrenal.

La autora barranquillera hace guiños a la inter- textualidad, cuando habla de su experiencia en Granada, Lisboa o Chile, para celebrar la poesía en la luna y los jazmineros de Federico García Lorca, del fado o de Pablo Neruda. Rinde homenaje a Margarita Duras, en la más célebre de sus  novelas: El amante, y a Sylvia Plath, en un texto memorable: Imaginando algunas zonas de la muerte. Estremecen las metáforas para significar los exilios íntimos: la propia renuncia de otra clase de vida, los olvidos de los amados que partieron, el exilio voluntario en las palabras.

En los últimos libros se aprecia el adelgazamiento de la voz. Las palabras se desnudas del “ruido” de imágenes o adjetivos para expresar en una levedad casi silencio, los misterios de la vida, de la muerte, de la madre que se le desdibuja en la pérdida de la memoria.   Hay una muestra de esos relámpagos de la belleza que son los haikús.

Deseo rendir homenaje al primer poema que leí de esta autora, quizás en los 80s o 90s: La Celada, un resumido tratado de la seducción: “Se trata de caer sin eludir/ ninguno de los hilos invisibles / de la trampa.”

         Se celebra en esta reseña la vida en la literatura de Nora Carbonell, quien recibió el Premio como Mujer sobresaliente del Atlántico, Área  de Literatura en 1999. Se presentan algunos rasgos de una antología,  que debe ser retirada de los estantes de las librerías,  por todos quienes han sido sus alumnos en una fructífera misión como docente, por sus amigos y por quienes no la conocen todavía, pero después de leer estas palabras, están de acuerdo,  que la poesía, escribe su Caligrafía de los Sentidos,  para elevar las conciencias de los lectores al plano de la verdad y de la belleza.

Lidia Salas.   Caracas, diciembre del 2019.

 

 

CALIGRAFÍA DE LOS SENTIDOS

 

I. Helen

Las manos de Hellen Keller son pájaros ciegos.
Descubren la textura de las montañas
en la aspereza de los muros,
y en el alar de sus dedos
la lluvia deja un aroma a río.
Helen usa las manos, piel expuesta
a su boca sin palabras; nunca
los cuchillos, barreras entre
su hambre y el mundo oscuro.
El silencio toma apariencia de padre y madre,
de mesa y abejas que danzan en las tinieblas;
también de baba en los caracoles rojos.
¿Cómo nombrar, Hellen, el aire que enfría
los huesos como la muerte?
¿Cómo se llama la calidez,
cuando algo que no es amor
te cubre el cuerpo bajo las tardes de septiembre?
¿Cómo sanar la herida abierta de la impotencia?

 

II. Anna

Anna Sullivan no puede ver el horizonte,
pero conoce el corazón-equipaje
del viento que silba su elegía del viajero.
No estás sola, Anna.
Tu madre muerta, tu padre muerto,
tu perro muerto, tus ojos en sombras,
pero tú, viva y encendida igual a una llama
en la espesura del combate.
Anna, búscate en otra las palabras.
Sustancia de luz son las palabras, tú tienes la luz, Anna.
La otra tiene la andadura de sus manos.

De la Antología Personal. CALIGRAFÍA DE LOS SENTIDOS
Nora Carbonell

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Julio Pavanetti, selección de poemas

Agradecemos al poeta uruguayo Julio Pavanetti, presidente del Liceo Poético de Benidorm, por estos poemas que hoy publicamos.

SOY…                  © Julio Pavanetti

 Soy el tímido amanuense que camina entre sus versos

y escucha el canto de un pájaro

suelto sobre las cornisas,

desclavando fantasías

cuando la luz raya el aire,

mientras la ciudad resiste a los reflejos del tedio.

 

Soy el que bajó la antorcha de los cielos verticales,

con las palabras redondas

adentrándose oferentes,

como agujas en los párpados,

para que todo su mundo,

imprudente, se enredara con los gritos de los vientos.

 

Soy el asombro fecundo que surge como las nieblas

de los remotos paisajes.

El ojo que horada el agua

y oculta estrellas en germen

cuando la gran luna roja

le roba al cielo su sangre y la vierte en su perfil.

 

Soy el fuego en el esófago, las cenizas de las noches

tras la mezcla de bebidas.

Soy el agua que unifica

todas las aguas que duermen

plácidas en los estanques,

perdida ya la esperanza de ser río, mar u océano.

 

Soy el eterno misterio del nacimiento y la muerte,

el padremadre del miedo,

la conciencia de la edad,

el aljibe de silencio

por el que se alza en un cubo,

abstraída en su entelequia, la música de su vida.

 

Soy el recodo del río acogiéndose al amparo

de los árboles frondosos,

cansado del recorrido

entre sístoles y diástoles

y extraño temblor de arterias,

con la preocupación del poco tiempo que resta.

 

Soy la sombra que reúne todas sus sombras antiguas,

las viejas tinieblas íntimas,

las nubes cubriendo el sol

sin velos y sin candados.

Doblado por los recuerdos,

soy el regreso de un viaje que se parece a la muerte.

ENTRE EL CIELO Y EL MAR                 

 Entre el cielo y el mar, sólo una raya.

 

Una lanza que clava luz de espuma

entre los intestinos de la noche,

-profunda y misteriosa en su mudez-

para licuar las perlas de la cúpula,

como llora el laúd notas de sangre

replegado en su amnesia temporal.

 

Entre el cielo y el mar, sólo una raya.

 

Se mojan las caricias sin paraguas.

Los besos se protegen de los besos

mientras tiemblan los muslos impacientes

y la luna interrumpe su paseo

entre cristales, porque el amor siempre

sobrevive al febril instante oscuro.

 

Entre el cielo y el mar, sólo una raya.

 

LAS AGUJAS DEL TIEMPO                    

 Cambian de formas como el dios Proteo.

Vitruvio ya decía que en las noches

Clepsidra le robaba al agua el tiempo.

Y con el sol, el gnomon era el guía

cuya sombra indicaba la medida

del paso de las horas.

 

Guardianas del museo de los tiempos,

las agujas se buscan y se encuentran

a las puertas del laberinto horario.

Su destino es extraño,

reposan o despiertan bruscamente

remarcando crepúsculos y auroras,

victorias y fracasos.

 

Retroceden o avanzan silenciosas

obedeciendo a algún raro capricho,

con suerte adversa o suerte más propicia,

más allá de la celda transparente

de ese tiempo que nunca se detiene.

 

El tiempo minucioso lima horas,

esas horas que, a veces, se hacen largas…

Pero la vida es corta.

 

CUANDO YA NO SEA NADIE                 (Sextina)

La memoria agoniza con el fuego

y lanza el eco de un quejido débil,

bocado oscuro, freno de la muerte,

puñal que resplandece en el abismo

e ilumina el secreto de la noche

en unas horas que no son de nadie.

 

Si después de esas horas, fuese nadie,

quizás yo reviviera con el fuego.

Entonces volvería por la noche

y, aunque estuviera viejo y algo débil,

no caería aún en el abismo,

miraría de lejos a la muerte.

 

No sé si habrá otra vida tras la muerte

porque del más allá no ha vuelto nadie.

Me resisto a caer en el abismo,

me anima Prometeo con el fuego

que le robó a los dioses y, aunque débil,

salgo a vivir la vida alguna noche.

 

Busco en el ruido sordo de la noche

no caer en los brazos de la muerte,

y con la fuerza intrínseca del débil

-aunque esto no lo entienda casi nadie-

soy receptor del culto sacro al fuego

y del verso que estalla en el abismo.

 

Y así, sin exiliarme en el abismo

ni en la juerga festiva de la noche,

me uniré a la sagrada luz del fuego

y al ritmo de la vida y de la muerte

que, llegándole a todos, es de nadie.

(No habrá triunfo del fuerte sobre el débil)

 

Nace mi verso con aliento débil

lanzando su metáfora al abismo,

y habla por mí, como si fuera nadie.

Quiere guardar el brillo de la noche

para que parta en paz hacia la muerte

cuando, helado de nieve, busque el fuego.

 

Yo caeré al abismo de la muerte

cuando mi débil verso arda en el fuego

y, tras la noche, me convierta en nadie.

© Julio Pavanetti

Poeta y Gestor Cultural, nacido en Montevideo [Uruguay] el 27 de julio de 1954. Desde 1977 hasta 2013 ha vivido en Benidorm [España], actualmente reside en Villajoyosa, Alicante [España].

 

  • Fundador y actual Presidente de la asociación internacional de poetas ‘Liceo Poético de Benidorm’.
  • Académico Asociado por la Academia Norteamericana de Literatura Moderna
  • Director de la colección de poesía “Azul” de la Editorial Enkuadres, Alzira, Valencia, España.
  • Director del Festival Internacional de Poesía “Benidorm & Costa Blanca” (FIPBECO)
  • Miembro Honorario de la Academia Norteamericana de Literatura Moderna
  • Miembro de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles
  • Miembro de la Asociación Colegial de Escritores de España
  • Miembro del Movimiento Poético Mundial – World Poetry Movement.

 

Ha participado, representando a España y/o a Uruguay, en múltiples festivales, cumbres y eventos internacionales de poesía. Ha sido incluido en más de setenta antologías nacionales e internacionales tanto de papel como digitales. Ha escrito el prólogo, introducción y contraportada de varios libros nacionales e internacionales. Ha recibido diversos premios y distinciones nacionales e internacionales tanto por su obra poética como por su labor cultural. Ha sido presidente y miembro del jurado de diversos certámenes de poesía y relato corto en la provincia de Alicante y Murcia, España, y miembro del jurado del Poetry Slam organizado por la Liga Italiana Poetry Slam (LIPS), Associazione “G. Carducci” en Como, Italia, en 2015. Sus poemas han sido traducidos al inglés, italiano, siciliano, catalán, árabe, francés, rumano, portugués, croata, polaco, alemán, holandés, japonés, chino, búlgaro, eslovaco, turco, malayo, bengalí, griego y griego micénico (Lineal B) y han sido publicados en diferentes lenguas en innumerables periódicos y revistas especializadas nacionales e internacionales, tanto digitales como de papel.

Bibliografía:

 

  • .-“La espiral del tiempo/Spirala timpului” – Bilingüe Castellano-Rumano (Editorial Academia Internacional Oriente-Occidente, Bucarest, Rumanía, 2012)
  • .-“¡Atención! Puede contaminar” (Editorial Germanía, Valencia, 2012)
  • .-“La última curva del dragón” 1ª edición (Editorial Neopàtria, Valencia, 2015)
  • .- “La última curva del dragón” 2ª edición (Editorial Enkuadres, Valencia, 2016)
  • .-“Tiempo de cristales rotos” – 1º Accésit en el I Certamen de Poesía «Lámpara en la tierra» organizado por la Asociación Cultural Isidoro Acevedo y el Partido Comunista de Asturias, Oviedo, 2013- (Edit. Enkuadres, Valencia, 2017)
  • .-“Palabra escondida” – Antología poética bilingüe Castellano–Inglés (Edit. Enkuadres, Valencia, 2017)
  • .-“Al roce de la piel callada” – Bilingüe Castellano–Inglés – 1º Premio del XVI Certamen de Poesía organizado por el Ayuntamiento de Aspe y la Biblioteca Municipal Rubén Darío, Aspe, Alicante, 2015 – (Editorial Enkuadres, Valencia, 2018)

 

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El color autónomo de Cruz – Diez, por Enrique Viloria

       Enrique Viloria Vera

 

El arte es el hombre agregado a la naturaleza; la naturaleza, la realidad, la verdad, pero con un significado, con una concepción, un carácter, que el artista hace resaltar, y a los cuales da expresión, que redime, que desenreda, libera, ilumina.

Vincent Van Gogh. Cartas a Theo

Con el patrocinio de la Cruz – Diez ArtFoundation sale a la consideración de público interesado el libro de Ariel Jiménez – destacado crítico e investigador venezolano de las artes visuales – especialmente del arte contemporáneo y del movimiento cinético –, dedicado al estudio de la obra del maestro Carlos Cruz – Diez, en donde analiza el largo recorrido llevado a cabo por el artista para alcanzar la ansiada y bienvenida autonomía del color.

En el texto introductorio de Adriana Cruz, Presidente de la fundación patrocinadora del libro Carlos Cruz – Diez y la autonomía del color, publicado en 2016, se ofrece una precisa explicación de las circunstancias y motivaciones que llevaron a Jiménez a estudiar prolijamente la particular obra del maestro del cinetismo. Reseña la presentadora:

“El presente ensayo de Ariel Jiménez es un interesante recorrido por el rol del color dentro de la historia del arte. Descifrar quiénes fueron los primeros en cautivar los colores, sus motivaciones y cómo lo hicieron, desvela capítulos de una aventura inconclusa en la que el color resulta ser un protagonista fascinante y misterioso. ¿Existe históricamente una sujeción de parte del dibujo sobre el color? ¿Qué significa la «liberación» del color y hasta dónde se ha llevado en los últimos dos siglos? Ariel Jiménez, con la erudición y claridad que lo caracterizan, abordó algunas de estas preguntas en marzo del 2013 en una conferencia ofrecida en The Central Academy of Fine Arts en Beijing, China, en el marco de la exposición Carlos Cruz-Diez: Circumstance and Ambiguity of Color. Pero las interrogantes que él mismo se planteó no lo abandonaron. Continuó investigando y abordando los temas centrales en su infatigable conversación sistemática con Cruz-Diez. El diálogo entre ambos, sumado a estudios de filosofía, historia, estética y creación, se enriqueció y rindió los frutos que terminaron en este libro que Cruz-Diez Foundation tiene el gusto de presentar”.

Efectivamente el autor con enjundia y conocimiento del tema en estudio,investiga la accidentada ruta que ha debido recorrer el color para obtener su libertad, ser protagonista y no telonero, artista de reparto, relleno, en su ancestral sujeción al dibujo, al trazo y a la línea.  En este sentido, el autor precisa:

“Pero liberar el color implicaba la existencia de un estado anterior en el que habría sido prisionero de algo o de alguien, y es incuestionable que ese momento se sitúa en los albores del Renacimiento, cuando se comenzó a concebir la pintura en términos de mimesis. Es decir, como un arte cuyo objetivo central consistía en producir un doble fidedigno del mundo para, a partir de allí, darle forma visible al universo espiritual de la humanidad, a sus utopías, sus luchas ideológicas, sus logros materiales”.

Cruz – Diez no fue ajeno a este proceso histórico que asumió como propio. Recordemos que el artista viene del diseño gráfico, de la ilustración, en fin, de la tradicional y convencional pintura figurativa. Larga y ardua es entoncesla tarea que el creador realiza en su taller para liberarse y liberar al color, para obtener el color buscado: su color. Sin remilgos ni cortapisas, el autor comunica lo comunicado por el artista:

“Cruz-Diez, entonces marxista y materialista convencido, en lucha él mismo contra las tradiciones religiosas de su familia y su tiempo, quería hacer de su investigación una práctica absolutamente desligada de toda lectura simbólica, religiosa, filosófica o esotérica, inscribiéndose en la historia, sí, pero en un gesto de ruptura radical ante ella, con los ojos puestos en lo posible. Y no solo quiso construir un discurso plástico desprendido de toda simbología, también persiguió, a la parde todo artista moderno, restringirse a la esencia misma del medio empleado, dejando fuera –excluida–, toda solicitud literaria o extra-pictórica. Aferrarse a la especificidad de la pintura, arte de la visión, como a la naturaleza física, fenomenológica y lumínica del color, fue y sigue siendo su reto. Y todo lo demás será percibido por él como agregados no solo innecesarios, sino hasta molestos; defectos, maculaturas o desperfectos que no hacen otra cosa sino entorpecer la experiencia, que él sueña pura, de un ser entregado –aquí y ahora–, al goce y a la magia de la luz y sus manifestaciones cromáticas”.

Luego de muchos tanteos y ensayos, de hallazgos y desencuentros, de errores y aciertos, de alegrías y frustraciones, Cruz –Diez logra, finalmente, habitar en la paz de sus colores. Diversas son las vías, los derroteros, los itinerarios, los recorridos que el artista transita para llegar a la Tierra de Gracia del color, de su color. Según el autor:

“Entre estas operaciones destaca, ante todo, el hecho de recurrir a lo que podríamos llamar los componentes básicos de un verdadero lenguaje pictórico, en ciertos puntos al menos paralelo o comparable a lo que ocurre con el lenguaje oral o escrito, solo que se trata de un lenguaje tácito, no discursivo, que carga o impregna de sentido los objetos. Por ejemplo, el pensar su obra (Physichromie, Chromointerférence [Cromointerferencia], Couleur Additive [Color Aditivo] e Induction Chromatique [Inducción Cromática]), como el resultado de la interacción entre tres factores: la creación de lo que él llama un «Módulo de acontecimiento cromático»; esto es, la agrupación de dos, cuatro o más líneas de color yuxtapuestas, en un orden preciso e invariable al interior de cada 96 obra, produciendo una suerte de célula que luego se repite (segundo elemento del lenguaje), guiada por una sintaxis serial y repetitiva. Y, por último, el acudir a esa especie de detonante que representan sus tramas de líneas negras inclinadas, y cuya superposición a los módulos repetidos, induce la aparición de nuevas gamas”.

Jiménez – solidario y complacido – acompaña al maestro por las variadas y convergentes estaciones del atrevido y fructuoso recorrido cromático de Cruz –Diez. Dejémonos conducir:

  1. LasPhysichromies [Fisicromías]: En las que la mezcla óptica no se produce solamente a partir del color químico, sino también de sus 94 reflejos. Esto porque los pigmentos seleccionados fueron aplicados sobre los costados y los cantos de una serie de bandas en cartón, encoladas todas juntas sobre un fondo de madera, y a diferentes alturas (algunas incluso más altas de un lado que del otro), con lo que se generan entre ellas pequeños corredores, minúsculos espacios cuyo interior se ve invadido por el color que reflejan las bandas laterales Allí, en esos diminutos corredores, el color reflejo flota literalmente sobre la superficie, y lo que el ojo percibe, y varía en función de las condiciones de observación, es un ligero halo de luz coloreada recreando, en modelo reducido, fenómenos cromáticos cercanos a los que se perciben durante el atardecer o el amanecer; una aurora apresada por la pintura. Pero una aurora, y esto hay que tenerlo siempre presente, que vemos allí presentada, regida, por el lenguaje.
  2. Ahora, si en las Physichromies es donde mejor se advierte esa tensión claramente barroca entre la luz y la materia, sus Inductions Chromatiques y Chromosaturations nos brindan por el contrario dos ejemplos particularmente felices; en la sencillez de las soluciones técnicas a las que recurren, y en su eficacia para presentar el color-luz «liberado». Aun así, ni siquiera ahí se le ve absolutamente independiente, como lo sueña el artista cuando imagina, en el futuro, una tecnología capaz de confinar auténticas masas de color en el espacio (especies de auroras boreales recreadas por el arte), que podrían evolucionar y transformarse en el tiempo, ofreciéndonos el espectáculo de un ser aéreo y lumínico, perfectamente autónomo. Mientras ese día soñado llega, su obra no podrá sino sugerirnos una posibilidad, una pureza ideal por ahora imposible de alcanzar, y el color-luz seguirá manifestándose en los intersticios de sus tramas, o proyectado sobre un cuerpo (muro o cubos blancos), nunca por completo emancipado. Todo pues es significativo en ellas, incluyendo los materiales y la manera como cada serie surge de sus procesos creativos”.

Finalmente, coincidimos con la acertada consideración de Ariel Jiménez, cuando concluye que las obras del maestro Cruz – Diez:

“…son el fruto innegable de nuestro tiempo, de una pintura que integra en su estructura y en sus resultados un concepto otro del cosmos, y que ya no concebimos a la manera de los filósofos y científicos occidentales anteriores al siglo XIX, sino como un universo material producto en cierta forma «emergente» de interacciones electromagnéticas, energéticas. Uno, además, donde lo que percibimos no se presenta como una realidad ajena, exterior a la conciencia, sino como fenómenos inextricablemente dependientes de nuestras posibilidades y limitaciones de observación, de esa casi improbable capacidad que brota en los frágiles seres vivos que somos, y que nos lleva a maravillarnos ante la belleza del mundo cada vez que abrimos los ojos. Porque pensar el color es definitivamente una forma de pensar el mundo, y las relaciones que nos atan a él”.

*Enrique Viloria Vera, reconocido escritor venezolano, crítico de arte, ensayista, poeta, biógrafo, con una extensa obra publicada. Su obra ha sido laureada con varios premios, entre los que destaca la Medalla Internacional de Poesía Vicente Gerbasi.  Es Miembro Emérito del Círculo de Escritores de venezuela.

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Rodrigo Lares Bassa en homenaje al Día del Escritor

Rodrigo Lares Bassa nació en Caracas, el 17 de noviembre de 1975. es Abogado, reconocido narrador, poeta, ensayista y articulista de opinión. Ha impartido la docencia en varias Universidades venezolanas de prestigio. Es autor de obras académicas, biográficas y literarias; de ensayos y trabajos de carácter científico-jurídico, e igualmente, tiene en su haber colaboraciones a Libros homenajes y a revistas científicas. Amante del deporte. Fue Director de la Fundación Escuela de Escritores de Venezuela y es miembro activo del Círculo de Escritores de Venezuela. Ha recibido reconocimientos de carácter literario. www.rodrigoeloylaresbassa.com IG: @rodrigolaresbassa Instagram. Twitter: @rodrigolaresb

Poemas del libro «A fuego de Jazz». 2018

Mío

            A Rafael Cadenas

 

País mío,

educación

y cultura

¡que se levanten!

como cuero seco.

 

Desdoblamiento 

Construir en la neblina

ciudades

a través de luciérnagas

 

Construir templanzas

en los cortos circuitos y en las medianías

 

Construirlo todo

con su plateado resplandor

 

Construir el cuerno de un unicornio

y pulirlo

entre un quejido y una ilusión

Construir

una semilla

 

 

Todos somos árbol

 

De ese árbol que somos

raíces nos nacen.

 

Dependiendo

del agua

(y de la intencidad):

cara o sello

transcurre la vida.

 

De uno depende

la sombra:

¿frondosa copa

o escuálido palo?

 

De uno depende

lo que nos rodea:

grama

selva

un matorral de rosas

tierra árida o maleza

 

De uno depende

cómo crecemos

(nosotros y los nuestros):

¿un pequeño arbusto

o un gran samán?

 

De uno depende

la semilla

que en nosotros

crece.

 

De uno depende

qué versos

escribiremos

 

Magia

 

Irrepetible                como una letra

que en tinta dejamos

 

El milagro de un papel fugaz

que nos cambia el corazón

 

La magia                  un respiro.

 

¿A quién le escribimos?

 

A fuego de jazz

 

Mi escalofrío favorito es escribirte:

 

Vi tu sonrisa y me volví piano

mientras mis labios en tu cuello se convirtieron

[en jazz

y la poesía corrió por mis venas.

 

Al abrazarnos te convertiste en sueño de carne y

[hueso.

 

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Heberto Gamero en Homenaje al Día del Escritor

Riendas

Por Heberto Gamero

“Mil veces caminó por esa calle y mil veces pensó en entrar a la librería de amplia vitrina y libros que parecían observarlo. Esta vez se detuvo frente a ella, entró, escogió uno y… Es una magnífica novela, le dijo el vendedor, trata de un hombre que solía pasar por el frente de una librería sin prestarle atención. Un día se detuvo y decidió entrar”. 

De nuevo mi garganta se anudó al releer las primeras líneas: “Mil veces caminó por esa calle y mil veces pensó en entrar a la librería…”. Por un momento creí que la historia que había comenzado a escribir no me pertenecía, que la había leído en otra parte o visto en una película o referida por algún amigo, y por esa razón, sin darme cuenta, la había transcrito de forma textual, algo que también escapaba de toda lógica dada mi pésima memoria. ¡Cómo era posible! Más que confuso continué leyendo: “…de amplia vitrina y libros que parecían observarlo. Esta vez se detuvo frente a ella, entró, escogió uno y…”. Tuve miedo de seguir leyendo, pero aquellas palabras, mis palabras, seguían nítidas en mi cabeza como ecos interminables, por lo que compré el libro y me senté a leerlo en la cafetería más cercana. “Es una magnífica novela, le dijo el vendedor, trata de un hombre que solía pasar por el frente de una librería sin prestarle atención. Un día se detuvo y decidió entrar”. No podía creerlo. ¡Mi párrafo, mi primer párrafo! No había escrito una letra más y ahora tenía un libro entero entre mis manos. ¿Acaso alguien…? ¿Qué seguía entonces? Ávido por descubrirlo continué leyendo: “Era el primer y único párrafo que había escrito de su nueva novela. Compró el libro y se sentó a leerlo en la cafetería más cercana. En la portada aparecía la sombra de un hombre en medio de un escenario en llamas. Al detallarla le asustó ver que aquella lúgubre silueta parecía la suya: el mismo sombrero, las mismas grandes orejas. Nunca pensó aquel hombre que escribiría una gran novela”.  

Tembloroso, ya persuadido de que estaba leyendo mi propia historia, iniciada por mí y continuada por algún ángel salvador, con inocultable desespero pasé a la página siguiente y la encontré en blanco, y también la siguiente y todas hasta el final del libro. Quedé paralizado. Desconcertado. “Una gran novela…”. Instantes después comprendí de qué se trataba todo aquello. Me levanté entonces y apuré el camino a casa. Con una resolución que no me cabía bajo la piel me dispuse a continuar escribiendo mi historia, el futuro con el que tantas veces había soñado. No sin antes cambiar la imagen de la portada, claro.   

Heberto Gamero Contín

Madrid, 19/11/2019

El autor es un reconocido narrador y novelista venezolano. Ganó el concurso de cuentos de El Nacional con «Los zapatos de mi hermano». Creador de la Fundación «Aprende a escribir un Cuento» (FAEC). Imparte talleres para enseñar a escribir cuentos a los jóvenes y al público en general.

Ha publicado varios libros de cuentos, novelas y crónicas de gran aceptación por el público, impresos y digitales, entre ellos Cuentos de pareja y otros relatos, Biografías de Músicos, Pintores y Escritores etc.

 

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Carmen Cristina Wolf: La casa en la memoria

 

Por Alberto Hernández

1.-

Una casa es también un ser que respira.

Se respira la casa y con ella los objetos que la hacen. Quien la construye a diario con palabras es la misma casa en la textura de su lenguaje, y es habitable por sus distintos silencios o desgarraduras.

Carmen Cristina Wolf en su poemario La casa que me habita habla de la casa como si esta viviera dentro de ella. Y así es: la casa es memoria y paredes, risas y techo, libros y fotos, tristeza y árbol en un patio, pero más allá de esos habitantes, la casa es un rito, una esencia que cambia con quienes la convierten en símbolo, en una metáfora del tiempo.

Es decir, la casa es la memoria.

Hay casas que permanecen. Casas que no mueren. Casas siempre plenas, abundantes en su habitación: se vive una casa y se revela como milagro.

Una casa, por muy perdurable que sea, muda de piel. La poesía hace posible que esa piel tenga la misma lozanía en la memoria. Capas de tiempos, el poema avizora la posibilidad de hacerla eterna en la genealogía, en la heredad.

Una casa es la gente que la habita. Pero también la casa se hace gente.

2.-

La mirada de una niña ve crecer la casa. Entonces el poema aparece, se despliega con sus diversos tonos. Una calle hace de testigo y se abren otras calles que no son nombradas, que se silencian detrás de las palabras.

La ciudad era un lugar inmenso (…) mejor estar en casa bajo el árbol del patio// el vaivén del columpio y los juegos del perro/ la pelota de hule las muñecas”.

Esa mirada también crece, escribe la casa, el poema, se permutan. Son en tiempo.

Desde el afuera, desde el acento que se impone, cada lugar es un espacio donde habita el susurro, lo que habrá de ser el poema de la casa, la casa misma como ser vivo:

las habitaciones lucen su juego de sombras”.

 

Los personajes que mueven cada objeto, que son los cimientos de la casa, trazan la memoria perdida, aunque la voz, también parte de ese juego de sombras, anuncia la distancia:

A lo lejos la montaña/ lo imagina en aquella ciudad/ donde los días se vuelven interminables”.

Tutear la casa, hablarle: el poema dilata su eco, habla con su doble significado sensorial:

habito tu silencio/ atravesable como el ojo del espejo”

3.-

¿Cuántas casas son posibles en una vida? ¿Cuántas vidas para habitar una casa?

Queda la memoria como ensueño, como figura de alguien que pasa, un duende, una voz de otro mundo, la abuela que farfulló una oración. Un pequeño altar, una silla, una repisa, el calor o el frío. La casa se deja habitar. O se hace abismo, equilibrio.

Quien ha crecido ve la casa más pequeña. Ya el hogar ha dejado de ser para ser memoria, compañía. Olores, colores, caricias o dicterios. La memoria incansable:

En la habitación frente a la mesa/ una vieja silla de madera cruje”.

La que escribe se mira y dice: “El poema encontró su camino”.

Y así como las casas hacen la ciudad, la ciudad hace el país. Y lo verbaliza desde el dolor, desde la agonía de sus habitantes: la misma casa como desgarramiento, como soledad, como acoso:

en mi país/ la libertad está asediada”.

¿Cuántas quedarán sin la voz de sus hábitos, sin el roce de los vestidos, sin las manos que la limpien? Las casas hablan solas. Dialogan entre ellas, las más de las veces. Cuando dejan de hacerlo caen. Se derrumban.

¿De qué se alimentan, qué las mantiene en pie?

Las palabras, un poema, una canción.

Por eso:

El poema habita tu secreto”.

En este libro de Carmen Cristina Wolf están todos estos momentos.

Una lectura que nos conduce a ser la casa que seguirá habitándonos.

*Alberto Hernández. Síntesis Biográfica

Nació en Calabozo, estado Guárico, el 25 de octubre de 1952.

Poeta, narrador y periodista. Egresado del Pedagógico de Maracay, realizó estudios de postgrado en la Universidad Simón Bolívar en Literatura Latinoamericana. Fundador de la revista literaria Umbra, es colaborador de revistas y periódicos nacionales y extranjeros.

Su obra literaria ha sido reconocida en importantes concursos nacionales. En el año 2000 recibió el Premio “Juan Beroes” por toda su obra literaria. Ha representado a su país en diferentes eventos literarios: Universidad de San Diego, California, Estados Unidos, y Universidad de Pamplona, Colombia. Encuentro para la presentación de una antología de su poesía, publicada en México, Cancún, por la Editorial Presagios.

Miembro del consejo editorial de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo. Se desempeña como secretario de redacción del diario “El Periodiquito” de la ciudad de Maracay, estado Aragua.

Ha publicado ensayos y textos poéticos en las revistas Turia de España (Aragón), números

81-82; en Il foglio volante de Italia, Nº 4, abril 2007; Piedra de molino, Arcos de la

Frontera, España, primavera de 2007, entre otras.

Parte de su obra ha sido traducida al inglés, al italiano y al árabe.

@circuloescritoresvenezuela en Instagram

#carmencristinawolf #albertohernandez

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María Isabel Novillo: Los Voluntarios creativos

María Isabel Novillo

LOS VOLUNTARIOS CREATIVOS

Por María Isabel Novillo

Se dice que una de las comprensiones hacia la profunda y significativa felicidad del ser, se funda en encontrar dónde servir y cómo hacerlo. Ese incentivo se basa en un definitivo y real amor vital hacia la humanidad, sostenido por una motivación y un propósito desinteresado y altruista, que piensa en los otros y que le importa su bien. Esta podría ser una de las muchas facetas que definen a los Voluntarios.

Ese deseo de colaborar, de hacer, no es una posición sentimental sino una certeza práctica,  que algunos deciden poner en acción,  para el proceso de desarrollo de los seres que habitamos este planeta y todas las formas de vida que lo pueblan. Por ello, su campo abarca todos los aspectos sociales, culturales, ecológicos, artísticos, científicos…. en fin, nada humano le es ajeno. Es una decisión que excluye el pesimismo y demuestra el inmenso potencial de la actitud desinteresada y ordenada.

Otra clave para reconocer a los VOLUNTARIOS sería que son personas de Buena Voluntad, que desean practicar los principios de la no separatividad, de la colaboración en un nuevo orden filosófico y social. Que no conocen barreras nacionales, raciales, ni diferencias políticas o religiosas. Estos hombres y mujeres Voluntarios desean que el bien universal deje de ser un bello pensamiento y se convierta en la aplicación práctica activa de todos los asuntos cotidianos. Constituyen una fuerza que se mantiene por la mutua comprensión de un objetivo similar en muchos países, en muchos pueblos, en muchas personas.

Los Voluntarios no confrontan a nadie, no generan  separaciones. Nada en sus palabras produce conflicto ni alimenta antipatías. Pareciera que siempre tienen en sus mentes muy presente esa bella  anécdota de la Madre Teresa de Calcuta, la cual al ser convocada por una asociación internacional para «marchar en contra de la guerra», contestó que no.  Dijo: «No. No marcharé en contra de la guerra. Pero, pídame que marche  A FAVOR DE LA PAZ   y seré la primera en sus filas».  Esto pudiera parecer un juego de palabras, sin embargo no lo es….

 

Son personas que se vuelcan en Instituciones o emprenden actividades que de ninguna manera fomentan violencia, desamor ni crítica y se valen de toda oportunidad que acentúe la hermandad, la unión y el cuido de la evolución integral y noble de todos.  Por ello, son totalmente valiosos para otros seres, sin importar países, gobiernos, iglesias, políticas, filosofías o sistemas de pensamiento.  Su presencia aporta fuerza, optimismo, cualidades, habilidades, formación y clarifica el trabajo y los ideales de las instituciones en las que presten sus servicios.

 

*María Isabel Novillo, poeta y ensayista venezolana, con estudios en sociología, filosofía, letras clásicas y música. Es Directora de Relaciones Internacionales del Círculo de Escritores de Venezuela.

Poemarios publicados: Metálica virtud, Poemas peregrinos, Memoria del Caballero de la Isla.

Se ha desempeñado en el área de la cultura en diversas instancias en el Estado Mérida; durante siete años ha dictado el Taller de Poesía de la Universidad de Los Andes ULA. Actualmente trabaja promoviendo la creatividad poética a través de seminarios y talleres, con particular incidencia en lo filosófico y humanitario. Fue contratada por la Organización de Ayuda Internacional a la infancia Save The Children, para escribir un libro sobre la convivencia, la tolerancia y la paz. Ha prestado servicios en varias ONGs europeas de protección de los derechos de las mujeres y de ayuda a la integración a través de las artes y de la adopción internacional

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