El Dr. Jacinto Convit recibió la Orden de la Legión de Honor del Gobierno de Francia

Jean-Marc Laforêt, Embajador de Francia en Venezuela, entregó el pasado 1ro de marzo, en nombre del Sr. Nicolas Sarkozy, Presidente de la República Francesa, las insignias de Oficial de la Orden de la Legión de Honor al Dr. Jacinto Convit, Director del Instituto Nacional de Biomedicina, en presencia del Sr. Jorge Arreza, Viceministro de Desarrollo científico y tecnológico, como de destacadas personalidades.

En su discurso, el Embajador saludó el “momento especial” que representaba esta condecoración e hizo énfasis en el “honor” que le ofrecía esta oportunidad de rendir un homenaje a la obra y al trabajo del Doctor Jacinto Convit, una “autoridad internacional”,laureado de numerosos premios tantos nacionales como internacionales.

Recordó que la Legión de Honor es la más alta distinción honorífica de la República Francesa, instaurada en 1802 por Napoleón Bonaparte, que recompensa desde su creación los méritos eminentes prestados a Francia por sus ciudadanos o por importantes dignatarios extranjeros. El Embajador subrayó que la atribución de esta prestigiosa condecoración, altamente selectiva, recae en una decisión del Presidente de la República Francesa y significa “la voluntad particular del Gobierno francés de poner de relieve la trayectoria ejemplar de un gran Venezolano”.

El Embajador recordó a los presentes los meritos como la importancia del trabajo del Dr. Convit durante su larga y exitosa carrera de investigador, cuyo reconocimiento internacional resaltó con el descubrimiento de una vacuna curativa contra la lepra. También quiso recordar que “si vencer al prejuicio social fue, de cierta manera, más difícil que vencer al bacilo”, el trabajo del Doctor Convit fue “sumamente importante y tuvo un papel histórico: su vacuna impidió la difusión del virus y permitió la no contaminación de los familiares del leproso”.

El Sr. Laforêt hizo énfasis sobre el carácter de “verdadero visionario” del Doctor, quien “conservó durante toda su carrera el entusiasmo intacto por las causas nobles de la medicina”. Recalcó que el Dr. Convit fue galardonado en 2009 con el Premio de la Fundación Alstom, que recompensó su proyecto de prevención sanitaria de los indios Warao del Delta del Orinoco, y añadió que el Doctor, estando a la cabeza del Instituto de Biomedicina, “puso en marcha un tratamiento inmunológico experimental contra el cáncer” que actualmente se encuentra en fase de estudio.

Pero más que todo, el Embajador quiso subrayar que “este gran médico es también un verdadero humanista”.

El Sr. Laforêt saludó el papel ejemplar de “servidor del servicio público” que tuvo el Doctor, quien “nunca ha pedido un solo bolivar a sus pacientes”. Resaltó que el Doctor Convit, durante su larga carrera, fue un hombre de ciencia “totalmente desinteresado”, quien ofreció el resultado de sus investigaciones a la humanidad a través de un donativo a la Organización Mundial de la Salud (OMS). El Sr. Laforêt también quiso recordar que el Dr. Convit, un “hombre de convicción”, ha trabajado durante su vida entera para que “los enfermos puedan gozar del beneficio de las patentes”. El Embajador puso en relieve la “lucha del Dr. Convit para conseguir la justicia social”, subrayando que “el enfoque de su trabajo de investigación sobre la lepra fue la defensa de los derechos humanos de los leprosos, quienes sufrían, en los años 30, del aislamiento compulsivo”. Precisó que las investigaciones del Doctor convirtieron a Venezuela en un país pionero de la medicina a nivel mundial, subrayando que “gracias al trabajo del Doctor, Venezuela decidió la abolición del sistema del aislamiento de los leprosos. Y fue el primer país en el mundo en hacerlo. Después, la OMS se inspiró del modelo venezolano para ampliar esta medida al nivel internacional”.

El Sr. Laforêt hizo también una comparación entre el Dr. Convit y otras grandes personalidades, como el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer y el Embajador y escritor francés Stéphane Hessel : los tres tienen una muy amplia trayectoría y, buscando siempre ideas nuevas o proyectos nuevos, intentan mejorar la condición del ser humano. Son verdaderos ejemplos para las generaciones futuras.


El Embajador Laforêt finalizó su discurso con estas palabras:

Estimado Doctor, Usted dice a veces que “el más hermoso de los premios es la sonrisa de un paciente curado, una recompensa que no se ponga en una pared sino que se pueda guardar en el corazón”. Es con mucho corazón y mucha afección que tengo ahora el honor de devolver a Usted, y en francés, estas tan merecidas insignias de la República francesa:

Docteur Jacinto Convit, au nom du Président de la République française, je vous remets les insignes d’Officier de l’Ordre national de la Légion d’Honneur.»

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LOUNOJUNTOALOTRO

Por Atanasio Alegre

Cuando la recepcionista termina de dar la información sobre las condiciones de alojamiento en el hotel añade como si se tratara del slogan de un político en campaña: Francia no es solo Paris.

Francia, en el camino hacia Normandía, es, efectivamente, esa alfombra verde de una campiña festoneada por los más variados cultivos:, con mucho agua, con muchos puentes sobre el Sena -algunos de una belleza soberbia como el que une a la ciudad de Le Havre y la población de Honfleur-. La  Francia interior son los viñedos con los pámpanos desmelenados  al viento. Es el vino,  la industria del motor y la del perfume,  como el que usa esta moza morena que atiende  la recepción en este hotel de Le Havre.

Pero Francia no solo es el paisaje sino el paisanaje, sus pobladores. ¿Qué quienes pueblan ahora esta Francia del siglo XXI? Pues, si uno quisiera reseñarlos  atendiendo a los que suben y bajan de los autobuses,  los que toman el tren en las estaciones, los que andan a pie  tendría que contar también, entre ellos, a quienes vinieron  de esas regiones del África donde el sol es tan peligrosamente amigo del hombre. Y son tantos, que uno de los políticos más pintorescamente malévolos, como es el tal Le Pen, ha anunciado que se va a vivir a  la campiña porque prefiere ver las vacas a tanto  árabe en las calles de Paris. Es el tinte moreno  que  cubre hoy  la Francia, reflejado en alguna de  esas novecientas novelas aparecidas este otoño entre las que no faltan títulos de autores de esta derivación morena de la ciudanía actual.

Que así vaya el tema es cosa que merece una explicación, cosa que  ha hecho Michel Huellebecq,  uno de los escritores más connotados por haberse hecho acreedor este año al Premio Goncourt.  Houllebecq tiene la parroquia divida, ya  que no todo aquel que ha comprado alguno de los cuatrocientos mil ejemplares vendidos de su novela El mapa  y el territorio,  lo ha hecho en son de amigo, sino  por tener a mano,  como la niña fea, un espejo. Para tomar el pulso de la Francia  morena de hoy.

La revista alemana Der Spiegel llama a Houllebecq el poeta francés de la  alienación. Pero lo cierto es que la critica encuentra una estrecha vinculación entre El mapa y el territorio con la manera cómo Balzac notarió a la sociedad de su tiempo. Su estilo es lineal, fluido, con personajes a lo Dostojewsky, con guiños al paisaje y con una originalidad que ningún novelista en la larga historia del género había acometido, a saber, convertir en tema de una novela el asesinato de su autor.  A Houllebecq lo asesinan –en la novela-  para robarle el cuadro que un pintor, el protagonista de la obra-  había hecho como gratificación  por haber escrito el texto del catálogo de una  de sus exposiciones.

Sucede, por otro camino,  que desde hace ya algún tiempo circula un libro anónimo, en forma de panfleto, que lleva por título La revolución que viene,  escrito por un comité invisible en  el que se cuenta el trance por el que pasan las sociedades europeas. Se sabe que la obra  salió de una comuna en la localidad de Tarnac en Francia.

Desde cualquier ángulo que se  mire –se lee allí- la llamada sociedad europea no tiene salida. Hay un acuerdo generalizado de que todo lo que hoy está tan mal, va a seguir peor. La cosa es tan grave que estamos dispuestos a fingir ante el hecho de que, teniendo un cadáver sobre la mesa, pasamos por delante sin enterarnos. ¿Cómo salir de esta situación?  Mediante la implantación de la anarquía, sin escatimar ni en la violencia y en terrorismo. Y  es aquí  donde la autoridad ha comenzado a tomar cartas en el asunto.

El panfleto tiene un innegable gancho literario. La primera edición de la traducción alemana  ya  vendió veinticinco mil ejemplares y se dice que el toque literario maestro  se debela pluma de Houllebecq.

Claro, que  hay que contar con otro hecho. El francés -acaba de de decir Umberto Eo en su novela El cementerio de Praga– no sabe bien lo que quiere, lo único que sabe es que no le gusta lo que tiene. Están orgullosos de tener un estado que dicen poderoso, pero se pasan el tiempo intentado que caiga. Ils grognent toujours. Pues bien, podría ser que esto de la revolución que viene en una Europa gobernada por la derecha con la excepción de España, no sea más que otro gruñido en el que haya colaborado un autor con tanta dinamita en la pluma y tan buena seda en la mano como Michel Houllebecq.-

Atanasio Alegre.

Nació en Medellín, en 1950, y comenzó a escribir a principios de la década de los setenta, poco después de entrar a estudiar filosofía en la Universidad Nacional de Colombia. A partir de entonces no hadejado de escribir, publicando sus libros en Venezuela, Colombia y México. Aparte de algunos poemas y cuentos que se sitúan en Nueva York, el resto de su obra se centra en Colombia. Ha publicado las novelas La historia de Horacio, Para antes del olvido, ganadora del quinto Premio Nacional de Novela Plaza & Janés de 1987; El mercado de los gansos y El crepúsculo del hebraísta.  La colección de cuentos El Rey del Honka- Monka y la colección de poemas Manglares.

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ANTONIO ARRÁIZ, LA REBELDÍA Y EL TALENTO

Por Eduardo Casanova

En 1938 el poeta Antonio Arráiz, barquisimetano nacido en 1903, generó un pequeño escándalo en la pacata sociedad de Caracas al publicar, en 1938, Puros hombres, una estupenda novela testimonial, construida a partir de la realidad de las cárceles gomecistas, en la que no escatimó expresiones malsonantes y todo tipo de crudezas.

Fue un escándalo parecido al que causó en Estados Unidos (y Francia) Henry Miller (1991-1980) al editarse Trópico de Cáncer en 1934, aunque el norteamericano no tocaba para nada la política y el venezolano sí. O, en menor grado, comparable con el alboroto que se armó en París cuando Céline (Louis Ferdinand Destouches) dio a conocer su Viaje al fin de la noche (Voyage au bout de la nuit), en 1932, novela que sí tocaba el elemento político, pero en forma muy distinta a la de Puros hombres.

Un par de años antes se había editado en Venezuela Memorias de un venezolano de la decadencia, de José Rafael Pocaterra, de modo que el tema ya era conocido, pero la forma en la que lo trató Arráiz resultó demasiado para la Caracas provinciana de entonces, que a lo sumo podría tolerar una que otra “grosería” que con cierto rubor intercalaban los novelistas del realismo (los de Fantoches, Válvula o El Ingenioso Hidalgo), que preferían ser algo audaces en las situaciones a serlo en el lenguaje. De 1931 en adelante más de una matrona había fruncido la nariz porque Arturo Uslar Pietri habló de nalgas en Las lanzas coloradas.

En su mundo de poeta, Arráiz ya había quebrantado las reglas de la pequeña ciudad que siempre dormitaba “a los pies del Sultán enamorado”, cuando en 1924 dio a conocer su primer poemario, Áspero, en versos libres y en el que trataba temas un tanto audaces para su momento, con un lenguaje que parecía demasiado adelantado y que debe haber desconcertado a los poetas ilustres de aquel tiempo. Y como novelista sus únicos antecedentes serían Blanco Fombona y Pocaterra, pero ninguno de los dos llegó a los niveles de audacia y fuerza expresiva de Arráiz, ni tuvieron la calidad de la prosa de Arráiz.

No era su primera incursión en el campo de la novela: en 1931 había ganado un premio en Buenos Aires con Los lunares de la virreina. Sus otras novelas (Dámaso Velásquez, editada en 1943 y reeditada en 1950 con el título El mar es como un potro, y Todos iban desorientados, 1951, no alcanzan la misma dimensión de Puros hombres, aunque son novelas excelentes). Sus cuentos publicados inicialmente en la Revista Nacional de Cultura y recogidos en 1945 en el libro Tío Tigre y Tío Conejo, son únicos en nuestra literatura. En ellos Arráiz se apoya en la chismografía rural venezolana, tal como Uslar Pietri (que los elogió mucho) en Red, en treinta hombres y sus sombras y en las obras teatrales El día de Antero Albán y Chúo Gil y las tejedoras. Se trata de un muestrario del mundo picaresco que rodaba a Juan Vicente Gómez e integraba la nueva plutocracia petrolera caraqueña, con una notable carga de humor bien entendido. Antonio Arráiz nació en Barquisimeto el 27 de marzo de 1903.

Luego de estudiar primaria en su ciudad natal, a los trece años entró en Caracas al Colegio Católico Alemán, luego pasó por el Liceo Caracas, en donde conoció a muchos de los que integrarían con él la Generación del 28, y a los dieciséis años (1919) se fue a los Estados Unidos, aparentemente con la idea de hacerse aviador o actor de cine. Llegó a pasar hambre, luego de desempeñar varios trabajos de poca monta, y hasta tuvo que pasar noches, como un vagabundo, en las grandes tuberías del Subway que aún esperaban para ser colocadas y estaban en el Central Park, porque no tenía ni dinero ni dónde dormir. Se enroló en la Marina, pero fue declarado no apto para el servicio militar y en 1922, a los diecinueve años, volvió a Caracas.

No siguió estudios formales, pero fue un gran lector y tenía una gran facilidad para absorber conocimientos. Trabajó como jefe de propaganda de los cines Rialto, Rívoli y Ayacucho y se dedicó a los deportes y a la lectura, y en 1924 se dio a conocer como poeta, influenciado tardíamente por Walt Whitman (1819-1892) y otros poetas del Norte. En su poesía defendía lo indígena y repudiaba la herencia española, en lo que incluía el catolicismo. En el carnaval del 28 se incorporó con gran entusiasmo a la protesta estudiantil, y en abril estuvo entre los que promovieron un golpe militar para deponer al general Gómez. Preso en La Rotunda inicialmente, después conoció el Castillo de las Tres Torres en su ciudad natal. Tras siete años de castigo, parte de encierro y parte de confinamiento en Barquisimeto, desde donde publicó algunos trabajos con seudónimo, especialmente en La Gaceta de América, que dirigía Inocente Palacios.

En ese tiempo escribió también su primera novela: Los lunares de la Virreina, que ganó un Premio promovido por el Diario La Prensa, de Buenos Aires. Finalmente salió hacia Ecuador y Colombia. En abril de 1936, ya muerto el general Gómez, regresó al país y fue de los que pudo aprovechar la nueva situación de Venezuela, que conducida por Eleazar López Contreras se adentraba por los caminos de la democracia. Fue redactor del diario Ahora y colaborador de otras publicaciones. Fue Secretario de la Gobernación del Estado Carabobo y ocupó brevemente un cargo en el servicio exterior. En 1943 fue llamado por otro de los miembros importantes de la Generación del 28, Miguel Otero Silva, para que trabajara como Director del diario que los Otero crearon: El Nacional. Fue el primer director, por demás exitoso, de ese diario que cambiaría radicalmente el periodismo en Venezuela.

No aprobó el derrocamiento de Medina Angarita, pero repudió con más fuerza el derrocamiento de Rómulo Gallegos en noviembre de 1948. Y el 6 de enero de 1949 se fue definitivamente de Venezuela, a ocupar un cargo modesto en la ONU, un cargo en el Departamento de Publicaciones que, por lo menos, le permitía sobrevivir con su familia. Murió en Westport, NY, el 6 de septiembre de 1962. Un ataque cardíaco fulminante se lo llevó cuando apenas despuntaba el sol, sin enterarse de que él mismo era un sol en las letras venezolanas.

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Pedro Grases y el Surrealismo

Por Carlos Maldonado-Bourgoin

Aspecto insospechado en la vida de Don Pedro Grases, erudito académico, emérito profesor y humanista, fue su cercanía con los movimientos estéticos literarios vanguardistas europeos desde su Cataluña natal. El ilustre erudito, bibliófilo y docente catalán, venezolano por adopción, Pedro Grases, llegó al país por la guerra civil española en 1937

(Publicado por cortesía del escritor Carlos Maldonado-Burgoin y del Correo del Caroní)

Su cercanía a las vanguardias lo confirma la amarillenta edición de Los Cantos de Maldoror (arcángel del mal), del Conde de Lautreamont. Traducción del francés al español de Julio Gómez de la Serna y Prólogo Ramón Gómez de la Serna. Biblioteca Nueva, Madrid, S/F. 4 pesetas. Pertenece a la biblioteca juvenil que guardó Pedro Grases hasta el final de su vida en su casa de Montaspre (Vilafranca del Penedés); hoy, en la Biblioteca que lleva su nombre en la Universidad Metropolitana, dentro del fondo de la Fundación Pedro Grases.

La revolucionaria prosa poética simbolista del uruguayo-francés Isidoro Ducasse, Conde de Lautreamont, fue inspirada por el Manfred de Lord Byron, elKonrad de Adam Mickiewicz y el Fausto de Goethe.
Su descubrimiento se debe a León Bloy en 1890. “Sólo algunos hombres de letras conocieron esos primeros ejemplares (…) de imágenes delirantes, blasfemas, eróticas, grandiosas y horrendas, pero su estilo y lenguaje la convierten en un ejemplo sobresaliente de escritura que más adelante utilizarían los surrealistas”. (Mónica Marchesky). La genial obra atípica y sorprendente de los Cantos…, es un gran collage que usa citas, frases de otros autores y sirvió puntal estético a los Manifiestos del Surrealismo. De los Cantos de Maldoror el propio André Bretón dijo: “expresión de una revelación total que parece exceder las posibilidades humanas”.
Antes de la guerra civil, el exitoso profesor universitario, político y escritor Pedro Grases era promotor y co-redactor de la revista de vanguardia Hélix, en Vilafranca del Penedés (Provincia de Barcelona-España). Colaboraban en ella Juan Ramón Masoliver, Carlos Clavería, Guillermo Díaz Plaja (de la misma promoción de Pedro Grases). Figuran también en la revista Hélix Benjamín Jarnés. Max Aub, Julio y Ramón Gómez de la Serna, Foix, Giménez Caballero, Luis Buñuel y tiene como ilustradores a Joan Miró, Salvador Dalí, Benjamín Palencia y Ángel Planells (1929-1932).
Pedro Grases (1909-2004) mantuvo correspondencia desde su exilio venezolano con Juan Ramón Masoliver, hasta su deceso ocurrido en 1997. Masoliver fue ensayista, escritor, traductor zaragozano asimilado a la vida intelectual de Barcelona, quizás el último de los surrealistas.

Algunas fotografías permiten un viaje por la época de las vanguardias: Pedro Grases junto a Ramón Gómez de la Serna en tertulia de café, como en el cuadro de José Gutiérrez Solana La tertulia del Café Pombo. En dicha pintura está representado Pedro Emilio Coll en compañía de figuras de las letras y de las artes españolas. Pero, bastó que vieran a Don Pedro Emilio para que fueran con el chisme a Cancillería gomencista y lo removieran de su cargo en el servicio exterior en Madrid.

En el año Centenario del Nacimiento del Maestro Pedro Grases yo escribí Pedro Grases y el humor para este diario Correo del Caroní (Puerto Ordaz, 29 de septiembre del 2009, página de Cultura). Una faceta poco conocida del intelectual y docente, que por docente e intelectual no tenía necesariamente que ser aburrido, pedante y triste.
Hoy asomamos en este artículo otro aspecto de Pedro Grases, quien estuvo piel a piel con las vanguardias y la estética contemporáneas.
Pero, tuvo un cambio de su suerte y destino, a consecuencia de la tragedia nacional española, que lo trajo al Nuevo Mundo a hacer la otra América. Quizás en su inconsciente el recordado Don Pedro tuvo la máxima del Conde de Lautreamont, citada en el prefacio de sus Poesías: “Reemplazo la melancolía por el coraje, la duda por la certidumbre, la desesperación por la esperanza, la maldad por el bien, las quejas por el deber, el escepticismo por la fe, los sofismas por la frialdad de la calma y el orgullo por la modestia
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Luz Machado: El milagro del poema

Luz Machado: Acontecer fecundo

Por Carmen Cristina Wolf

El próximo 31 de marzo es el Día Internacional de la Poesía. Yo lo celebro con mis poetas predilectos. Entre ellos, Luz Machado ocupa un lugar dentral. Con frecuencia acude a mi memoria la visión de la poeta una mujer de figura armoniosa, vestida con distinción y sencillez, siempre atenta y a punto de marcharse, silenciosa. Y se  hace presente la aseveración de la escritora española Rosa Navarro Durán: “El poeta puede identificarse o no con el yo poético… la ilusión del lector de que ambos son siempre uno ha llevado a muchas lecturas erróneas o al menos a dar una importancia excesiva a la biografía del poeta” (Cómo leer un poema, Ariel Practicum 1998). En la escritura de Luz Machado causa asombro encontrarse con una poesía osada, una voz femenina llena de fuerza, un tono propio que aborda temas podría decirse “prohibidos” para la sociedad venezolana de la década de los cuarenta y cincuenta.

Su poética es de una delicadísima riqueza y evoluciona constantemente tanto en las formas como en la temática. Desde muy joven aborda temas psicológicos y conflictos existenciales:

Este mirarme siempre el propio abismo

ha invertido el mirar y es sólo adentro

donde tiene mi esencia estas pupilas

que vigilan lo efímero y lo eterno.

Quién me dejó el Amor y su cadáver

a  la orilla del ser?…                                           Vaso de Resplandor, 1946

Fácilmente se descubre en estos versos la condición reflexiva y la profundidad de un discurso poético exento de superficialidad. Era muy joven Luz Machado cuando escribió sobre la impostergable necesidad de volverse hacia adentro, ir más allá de las cenizas del Amor perdido, para mirar sin miedo en el fondo del ser.

Luz Machado nació en Ciudad Bolívar, Venezuela, en 1916, y falleció en Caracas, en el año 1999. Periodista, poeta, desarrolló también la crítica literaria. Cofundadora de la revista «Contrapunto». Diplomática, activista política, estudiantil, cultural. Cofundadora del Círculo Escritores de Venezuela. Medalla de Plata de la Asociación de Escritores Venezolanos, Miembro de la Sociedad Bolivariana. Seudónimo: Agata Cruz. Recibió distinciones, como las Ordenes Francisco de Miranda (1993) y Congreso de Angostura (1996). La Universidad de  Guayana le concedió el Doctorado Honoris Causa (1996). Recibió el premio Municipal de Poesía (1946) y el Premio Nacional de Literatura (1987). Sus poemariosùblicados: Ronda (1941), Variaciones en tono de amor (1943), Vaso de resplandor (1946), Poemas (1948), La espiga amarga (1950), Poemas (1951), Canto al Orinoco (plaq. 1953), Sonetos nobles y sentimentales (1956), Cartas al señor Tiempo (1959), La casa por dentro (1965), Poemas sueltos (plaquette 1965), Sonetos a la sombra de Sor Juana Inés de la Cruz (1966), La ciudad instantánea (1969), Retratos y tormentos (1973), Soneterío (1973), Palabra de honor (1974), Poesía de Luz Machado, Antología (1980), A sol y a sombra (1992), Libro del abuelazgo (1997).

Mujer de amplia cultura y lectora incansable, puede descubrirse en alguno de sus versos una lejana influencia de la poetisa norteamericana Emily Dickinson:

Comparezco ante la tempestad

con un espejo de rosas en las manos

Para qué huir si el relámpago es cielo fugitivo

y en el trueno cabalga un arcángel herido?

La Espiga Amarga, 1950

En el poema Embriaguez de la Muerte de su libro La espiga amarga, se advierte el uso atrevido de los adjetivos, es difícil encontrar un poeta de mediados del siglo XX que no se viese influenciado por la exuberancia de Neruda, y podemos leer estos versos magníficos:

“Quiero una casa de piedra junto al mar //… echarías tu cabeza de diamante imprevisto / en el agua madura de mis hombros / buscando, como un pez ávido de soledad, un par de lunas de limo detenido / en las que un bosque antiguo recogiera sus iniciales savias. // Yo calzaría el crepúsculo entero entre mis dedos / probándome su herencia de anillos, / esperando que creciera en mi cara el polen de la eternidad. (…) / Eras un marino ciego contando barcos / por el recuerdo de las constelaciones en el puerto.”

Con una escritura que podría definirse de vanguardia para la época, también vuelve los ojos a la temática y a las formas de Rubén Darío:

La mar bajo mis pies salva azules panteras,

la espuma en mis rodillas salva serpientes de oro,

el aire contra el pecho salva fantasmas bellos

y sofoca doncellas y liras en la noche                 (Ibidem)

Es recurrente el tema de la casa “de piedra junto al mar”, el hogar, la ciudad, el alma, el amor deseado y perdido, la reflexión lírica sobre la palabra, el poema y  la muerte. “Hay que dejar en las ciudades algo / ¿Para qué vamos hacia ellas si cuando nos marchamos / no sentimos en el pecho una pequeña piedra oscura, golpeándonos?” ¿Es acaso cierto que se vive una ciudad cuando no hemos derramado en su suelo nuestro llanto, cuando no hemos encontrado ni perdido un sueño, cuando no somos asiduos de una cafetería o de un bar determinados, ni conocemos los aromas de la grama del parque, o el olor picante que se siente desde la taberna hacia la calle? “Toda esa ciudad yo la conozco… Pero de nada vale decirla si no duele / amor, palabra, estatua, mujer árbol, poema.”, escribe Machado.

En el libro La Espiga Amarga  ella dedica una carta a la Poesía:

Ay, me duele la piel del cántico,

la frente de la piedra, la pestaña del musgo.      (…)

llevo una luna ardiente clavada entre los senos

y una palabra antigua me crece como hierba olorosa en la boca…

¡Qué claros pergaminos arden bajo mis sienes!

Su dominio de la escritura clásica se pone en evidencia en estos perfectos endecasílabos del poemario Canto al Orinoco (1953). Un pensamiento reflexivo y profundo se muestra en estos versos:

En el nombre de Dios declaro miedo.

Iniciando un poema, este poema,

en cuya letra viviré sin muerte

lo que con gracia está en mi entendimiento.

Declaro miedo y me persigo y tiemblo (…)         Canto al Orinoco

Sus poemas amorosos revelan la absoluta libertad de su escritura, excepcional en la sociedad de mediados de siglo:

Eras frente a la ciudad un hombre silencioso y total y magnífico

En cada uno de sus libros Luz Machado dedica algunos versos a la poesía o al poema. Ella funda su arte poética como si fuera el techo de la casa que habita, como si para ella la escritura fuese lo más importante, lo primordial. Así, ella dedica este poema que lleva por título La casa por dentro, a la poesía:

La casa necesita mis dos manos.
Yo debo sostener su cal como mis huesos,
su sal como mis gozos,
su fábula en la noche
y el sol ardiendo en mitad de su cuerpo.
Deben dolerme las cortinas y sus gaviotas
muertas en el vuelo.
Conmoverme el jardín y su antifaz de flores dibujado,
el ladrillo inocente acusado
de no haber alcanzado los espejos,
y las puertas abiertas para las recién casadas
con su rumor de arroz creciendo bajo el velo.
Debo atender su réplica del universo,
la memoria del campo en los floreros,
la unánime vigilia de la mesa,
la almohada y su igualdad de pájaros dispersos,
la leche con el rostro del amanecer bajo la frente
con esa yerta soledad de una azucena
simplemente naciendo.
Debo quererla entera, salida de mis manos
con la gracia que vive de mi gracia muriendo.
Y no saber, no saber que hay un pueblo de trébol
con el mar a la puerta
y sin nombres
ni lámparas
La casa por dentro, 1963

Sobre ella escribe Joaquín Marta Sosa: …» Ella pertenece, junto con Enriqueta Arvelo Larriva (1886-1962) y Ana Enriqueta Terán (1918) a una insuperable trilogía de fundadoras de la voz y la visión femenina en la poesía venezolana. En su caso particular ha sido el universo doméstico, el domus aurea, lo que signó la mejor factura espiritual y lingüística de su poesía. Su poética se adscribió de modo constante más al «estar» (vivencias, experiencias, situaciones) que al «ser» (esencialidades), desde cuya perspectiva acomete una poesía confesional que viene a ser su arma para comprender y, a la vez, hacerse del mundo. Desde esa perspectiva, su corpus poético va creciendo y ganando en penetración a partir del universo «de la casa» y de lo «antipoético» que pueda habitarlo» …

Esta es la casa edificada con su pluma, parecida tal vez a su hogar real, igual pero distinta, porque esta casa de palabras es “fábula en la noche”, es “ladrillo inocente acusado de no haber alcanzado los espejos”. Sorprende encontrar en una escritura del cincuenta, que corresponde a una mujer con una vida de costumbres recoletas desde el punto de vista de los cánones sociales, un dominio del lenguaje que trasluce un mundo de lecturas vastísimo. Se pueden observar pinceladas de surrealismo en ese “ladrillo acusado” de no alcanzar los espejos. Al mismo tiempo, ese estado de gracia que se respira de la “gracia muriendo”, evidencia la lectura de la poesía mística, San Juan de la Cruz, Santa Teresa y Sor Juana Inés de la Cruz. De hecho, Luz Machado publica en 1962, los Sonetos a la sombra de Sor Juana Inés de la Cruz, que son una verdadera belleza tanto en la forma como en el trato con el lenguaje.

Todas las cosas cotidianas fueron cantadas en los versos de Luz Machado: escobas, zapatos, cacharros, hornillas, platos, vasos, cubiertos y agujas de tejer:

En mis manos, como una astilla cósmica, una sola aguja

Realiza los milagros más simples, sin salir de casa.”

La casa por dentro, 1965

No sin nostalgia debo concluir, porque se me quedan muchos poemas que amo sin comentar, pero así es la página en las publicaciones: generosa y concisa. Dejo ante la ventana del lector este última confesión de Luz Machado:

Un gran dolor pule los huesos de la casa. / Sí. La casa entera sobre los hombros, / sobre la espalda, sobre la frente (…) / Es dolor de ser vivo, / de estar viva. / en la madrugada que recoge esta sed de cansancios” (…) (Ibidem). Alguien, alguna vez, puede identificarse con este sentir suyo, alguna vez también nos sentimos dolorosa, terriblemente vivos.

Más, al otro día “Se siente abierta ya una nueva página / y todo puede acontecer aún”. (El libro de horas de Rilke, 1906)

Carmen Cristina Wolf. Del libro inédito «Literatura y Vida»

@literaturayvida

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María Gabriela Madrid seleccionada «Mujer del Año 2010»

Maria Gabriela Madrid seleccionada  como «Woman of the Year » 2010

Febrero 2011

Felicitamos a la autora venezolana María Gabriela Madrid, integrante del Círculo de Escritores de Venezuela, por haber sido seleccionada como Mujer del Año 2010, por su obra literaria y su trabajo como editora. El Círculo de Escritores publicó su libro de relatos “Entre los surcos del recuerdo”, que ha sido muy bien acogido por la crítica, y fue presentado en la Librería El Buscón del Trasnocho Cultural. Actualmente, la escritora reside en Texas. A continuación, transcribimos la noticia, publicada en Latino Book www.examiner.com:

Latino Book Examiner Mayra Calvani

Traducción al español:
Maria Gabriela Madrid elegida «Mujer del año 2010»
La escritora venezolana,poeta y editora de la revista «Voices de la luna», ha sido escogida como «Mujer del año 2010» y le va a ser entregado en su cuarto año consecutivo el premio «Tributo a la mujer hispana» por sus aportes en el área de la Literatura.El periódico de la comunidad hispana «Sucesos» es el que apoya el evento.
La ceremonia tendrá lugar el miércoles 9 de Marzo a las 11:30 de la mañana en el centro «Norris» (803 Town and Country lane) Suite 210 Houston, TX 77024 Segundo piso.Al lado del hotel Sollera.
Alrededor de 25 mujeres talentosas y exitosas serán premiadas en diferentes categorías: Arte, Educación, Periodismo, Deportes, Empresarias y Ejecutivas entre otras.
El evento incluirá un delicioso almuerzo y culminará con un desfile de modas de la diseñadora salvadoreña «Francesca Miranda», quien es la invitada especial éste año. Las palabras de clausura serán dichas por el alcalde de Houston «Annise Parker»
«La noticia me causo gran alegría» dice Madrid, «Ya que el premio celebra quién soy, mis raíces, mi cultura y reconoce a la vez el poder de mis palabras»
Aquí está otra escritora latina haciéndonos sentir orgullosos.

Felicidades María!
Maria Gabriela Madrid selected as «Woman of the Year 2010» – National Latino Books | Examiner.com
www.examiner.com

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Bella Clara Ventura presenta su nuevo poemario: Paz, sicaria de la lágrima

El Presidente del Consejo Directivo del Instituto Cultural Peruano Norteamericano, invita a la presentación del poemario

Paz, sicaria de la lágrima, de Bella Clara Ventura
Coedición: Alejo Ediciones (Perú) – Editorial Oveja Negra (Colombia)

Los comentarios estarán a cargo de los poetas Raquel Jodorowsky y Santiago Risso, a realizarse el día miércoles 2 de marzo a las 7:00 pm. en el ICPNA de Miraflores, Lima, Perú

(Av. Angamos Oeste 120, esquina con Arequipa)

Proyección del vídeo poema La Casa, de Bella Clara Ventura.

Número musical con la cantautora peruana Pilar Barrón.

Ingreso libre. Brindis de honor.

Bella Clara Ventura. Poeta colombomexicana, ciudadana del mundo, ha recorrido los cinco continentes difundiendo su obra. Autora de más de 20 libros entre poemarios y novelas: Almamocha (1993), Lo que la vida quiera (1999), Hechizos de bosque (2001), Magias y retablos (2004), La voz de la pasión (2006), Rehén de la memoria (2009), y muchos etcéteras. Embajadora de la Paz, del Círculo Universal de Embajadores de la Paz, con sede en Ginebra. Miembro Correspondiente del Círculo de Escritores de Venezuela.

Santiago Risso

Presidente de Mammalia Comunicación & Cultura
Universal Peace Ambassador in Universal Ambassador Peace Circle
www.delfinderisso.blogspot.com


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Taller «APRENDE A ESCRIBIR UN CUENTO»

CÍRCULO DE ESCRITORES VENEZUELA INVITA

Se inició el proceso de inscripciones para el taller “Aprende a escribir un cuento”, que ofrecerán la Fundación Aprende a Escribir un Cuento (FAEC), Cultura Chacao y el Círculo de Escritores de Venezuela.

Fechas: los días sábados 12, 19, 26 de marzo y 02 de abril, de 9 a 11am, en la Sala Cabrujas de Cultura Chacao.

InstructorHeberto Gamero Contín, ganador del 63° concurso de cuento de El Nacional en el 2008, pertenece al Círculo de Escritores de Venezuela y es autor de varios libros de cuentos, este taller enseñará a los participantes a escribir un cuento básico, siguiendo las normas del cuento moderno. Asimismo, se darán a conocer a los grandes maestros del relato breve y se leerán algunos de los cuentos más relevantes de la literatura universal.

Dirigido a: Público en general

Contenido: En el taller se estudian las características del cuento, la estructura, la brevedad y  sus límites, los escenarios, el tiempo interno en el que se desarrolla, los personajes que en él intervienen, la importancia del conflicto, el punto de vista del narrador, etc. También se analizan las recomendaciones de los más importantes maestros del relato breve. Se leen algunos cuentos reconocidos y se recomiendan los autores y libros clásicos de la cuentística universal.

Sesión I: Antecedentes, características básicas y definición del cuento. El estudiante comienza a escribir un cuento para ser leído y evaluado.

Sesión II: Análisis del personaje. Lectura y corrección de los cuentos de los participantes.

Sesión III: Análisis del conflicto. Lectura y corrección de cuentos.

Sesión IV: Análisis  de algunos decálogos de grandes cuentistas. Lectura y corrección de cuentos.

Metodología: Clases interactivas en todas las sesiones.

Sábados 12, 19 y 27 de marzo, Sábado 2 de abril. Son 8 horas

Lugar: El taller “Aprende a escribir un cuento” será impartido en la Sala Cabrujas, en la Av. Francisco de Miranda con 3º Avenida de Los Palos Grandes, C.C. El Parque, Nivel C-1 (al lado de Parque Cristal).

Las personas interesadas en realizar este curso, deberán formalizar su inscripción por los teléfonos 0416-629 7062 o al 0424 105 3136

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El tiempo derramado

(Del buen decir)

Por Alberto Hernández

1.-

Me inclino ante la voz de quien hizo del buen decir un acto sagrado. Me inclino ante la pureza de espíritu de quien supo que en la poesía estaba el destino humano del mundo. Me inclino ante quien sabía de la humildad y administraba el corazón para buenos propósitos.

Digo hoy –y siempre lo diré- de Pedro Francisco Lizardo, el poeta, el excelente periodista que Venezuela se dio el lujo de tener. Digo de un hombre a quien tuve el honor de oír desde su arcádica estrategia poética, estrechar su mano y saberme arcano a sus afectos por la vía de otros amigos quienes me indicaron el camino de su sabiduría verbal.

En estos tiempos de vulgaridades, de destemplanzas públicas, me adhiero al silencio de Pedro Francisco Lizardo, el nacido en la fronda de Bejuma, próximo a Vicente Gerbasi, el relampagueante de Canoabo. En estos tiempos precarios, engreídos y poco revelados en el buen decir, repito mi porfía por la palabra, por ese buen decir, como rezaban los antiguos del Siglo de Oro. En ese lugar está y siempre estaré el poeta que hoy es silencio, el más sencillo de los silencios, en medio de las estrellas.

2.-

Dejadme con mis fantasmas infatigables,

con mi carga de llanto brumoso,

con mis desesperación ciudadana

en esta hora que se desangra entre paredes.

Dejadme, en lo profundo de mi tosco e inevitable silencio,

cuando todo lo que permanece, pasa, sin pasar y cae.

3.-

Tanto ruido en ls hojas diarias, tanta baratura, tanta falta de inteligencia en el escribir que mancha los ojos de quienes en la calle comentan y desnudan la ciudadanía de amanuenses hechos a la medida de mensajes de empeño banal, abrumados por la viudez de ideas, las poquísimas anidadas en el más cursi de los odios, el asido del miedo y el despecho.

Muchos sufren de arrebatos pasionales proclives a la insensatez verbal. Célebres por sus germanías escritas y por un dudoso humor gráfico, quedan al descubierto, desnudos, esteparios. ¿Quién dijo que no hay manera de controversia mediante conceptos? Aquel que escribe con los mecanismos del peor de los periodismos, inmancablemente tiene como destino los olores de un tanatorio.

Por eso recurro a Pedro Francisco Lizardo, que es atender al eco de los tantos que, aparte de respetar el idioma, son dueños de una sensibilidad entregada al servicio humano. Quien mal dice o mal escribe, estropea a los demás. Pero también devela las miserias que lo habitan.

4.-

Cuando el amor desnudo de palabras erige catedrales en lo alto de la tarde,

como un mango sin luz y sin dominio que perdiera su rumbo.

Cuando no estoy para jugar al escondite,

ni escribir las curtillas cotidianas que se van a la calle inundadas de prisa

y silencios.

Dejadme mirar esta postal desteñida y gloriosa

de la infancia detenida por menos secretos,

por miradas y campanas y vitrales,

por el zumo de la sangre que no muere y se reparte,

por el aire del hueso y su prodigio,

por la pupila llena de mereces y caminos,

por el acre sabor de los recuerdos…

5.-

Las bondades de la palabra del periodista tocan su casa poética, lo desdoblan para enriquecer la diaria lectura. Tanto se me parece Pedro Francisco Lizardo a Eliseo Diego, a Jesús Sanoja Hernández, a Héctor Mujica. Tanto han sido que marcan con hierro en la hondura del espíritu, en la misma superficie de los días.

Perder su presencia, la de un hombre como éste, significa perder el país que tantas veces hemos nombrado, el que soñamos inútilmente porque lo sabemos difícil de alcanzar.

Vergüenza da desconocer en estos y otros días la ciudadanía verbal de un Mario Briceño Iragorry, de todos estos señores del cotidiano horario redaccional. Por eso la pena ajena se instala con facilidad luego de “leer” tantos despropósitos y vulgaridades, esa jerga prostibularia tan bien expresada por Juan Carlos Onetti en la maravilla de sus novelas donde la decadencia social retrata la ciudad que hoy nos agota.

Invadidos por la incuria, una falsa caridad pública, vemos como se desvanecen los dueños de la petulancia, la gresca y esa dolorosa reverencia a lo ásperamente vulgar.

6.-

Pienso en la necesidad de retornar a nuestros muertos bondadosos e inteligentes, a los que desde lejos hablan y escriben. A los que han dejado como heredad la maestría de sus vidas. La pedagogía del silencio conduce a lo inimaginado, a ser hombres en el estricto sentido de la palabra, la poética y la cotidiana. Ser hombre es sinónimo de poder, del más sencillo poder alentado por el buen decir, el buen escribir, el saber respirar con toda la gracia de aquellos que aún hablan en nuestros adentros.

Dejadme por favor, en esta puerta de resplandores y presagios,

malherido y postrado, en pleno corazón,

con mi hospital de recientes nostalgias…

En estos versos, el tiempo derramado, el tiempo líquido, casi perdido entre los dedos.


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PublicARTE, en su tercer aniversario, ¡a todo color!

PublicARTE, el periódico de la cultura, con motivo de su tercer Aniversario, saldrá a todo color a partir del mes de marzo. Su edición es impresa y digital, y se distribuye de manera gratuita en las mejores Librerías y Centros de Cultura de la ciudad de Caracas. También en las Salas de Teatro y Galerías de Arte.

Su Editora, Inés Muñoz Aguirre, es periodista, dramaturga, ensayista y poeta. También es gerente de IMApress Información. Cuenta con la colaboración de Mariam Krasner, Directora de la Revista.

La más cordial felicitación a una revista que se ha editado mensualmente durante tres años, cada vez con mayor calidad en cuanto a contenido, diagramación y fotografía. Un periódico de estas características no ha existido en Venezuela hasta hoy. Y nos hacía muchísima falta.

La información es amplia y ágil, sobre teatro, cine, literatura, libros y entrevistas. Se publican relatos cortos y poemas.

Si deseas consultar la página: http://publicarteblog.blogspot.com/

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El enemigo de la prensa, por Umberto Eco

Una reflexión de Umberto Eco sobre la libertad de expresión

Por Umberto Eco,  3 de Febrero de 2011

Será el pesimismo de la edad tardía, será la lucidez que la edad conlleva, la cuestión es que siento cierta perplejidad, mezclada con escepticismo, a la hora de intervenir para defender la libertad de prensa acogiendo la invitación del semanal L’Espresso. Lo que quiero decir es que cuando alguien tiene que intervenir para defender la libertad de prensa eso entraña que la sociedad, y con ella gran parte de la prensa, están enfermas. En las democracias que definiríamos “vigorosas no hay necesidad de defender la libertad de prensa porque a nadie se le ocurre limitarla.

Esta es la primera razón de mi escepticismo, de la que desciende un corolario. El problema italiano no es Silvio Berlusconi. La historia (me gustaría decir desde Catilina en adelante) está llena de hombres atrevidos y carismáticos, con escaso sentido del Estado y altísimo sentido de sus propios intereses, que han deseado instaurar un poder personal, desbancando parlamentos, magistraturas y constituciones, distribuyendo favores a los propios cortesanos y (a veces) a las propias cortesanas, identificando el placer personal con el interés de la comunidad. No siempre estos hombres han conquistado el poder al que aspiraban porque la sociedad no se lo ha permitido. Cuando la sociedad se lo ha permitido, ¿por qué tomársela con estos hombres y no con la sociedad que les ha dado carta blanca?

Recordaré siempre una historia que contaba mi madre: cuando tenía veinte años, encontró un buen empleo como secretaria y dactilógrafa de un diputado liberal, y digo liberal. El día siguiente al ascenso de Mussolini al poder, este hombre dijo: “En el fondo, vista la situación en que se encuentra Italia, quizá este Hombre encuentre la manera de poner un poco de orden”. Así pues, lo que instauró el fascismo no fue la energía de Mussolini (ocasión y pretexto) sino la indulgencia y relajación de este diputado liberal (representante ejemplar de un país en crisis).

Por lo tanto, es inútil tomársela con Berlusconi puesto que hace, por decirlo de alguna manera, su propio trabajo. Es la mayoría de los italianos la que ha aceptado el conflicto de intereses, la que acepta las patrullas ciudadanas, la que acepta la Ley Alfano con su garantía de inmunidad para el primer ministro, y la que ahora aceptaría con bastante tranquilidad si el Presidente de la República no hubiera movido una ceja la mordaza colocada (por ahora experimentalmente) a la prensa. La nación misma aceptaría sin dudarlo (y es más, con cierta maliciosa complicidad) que Berlusconi fuera de velinas, si ahora no interviniera para turbar la pública conciencia una cauta censura de la Iglesia (que se superará muy pronto porque desde que el mundo es mundo los italianos, y los cristianos en general, van de putas aunque el párroco diga que no se debería).

Entonces ¿por qué dedicar a estas alarmas un número de L’Espresso, si sabemos que esta revista llegará a quienes ya están convencidos de estos riesgos para la democracia, y no lo leerán los que están dispuestos a aceptarlos con tal de que no les falte su ración de Gran Hermano y que, además, en el fondo saben poquísimo de muchos asuntos político-sexuales porque una información mayoritariamente bajo control ni siquiera los menciona?

Ya, ¿por qué hacerlo? El porqué es muy sencillo. En 1931, el fascismo impuso a los profesores universitarios, que entonces eran 1200, un juramento de fidelidad al régimen. Sólo 12 (un 1 por ciento) se negaron y perdieron su plaza. Algunos dicen que fueron 14, pero esto nos confirma hasta qué punto el fenómeno pasó inobservado en aquel entonces, dejando recuerdos vagos. Muchos, que posteriormente serían personajes eminentes del antifascismo post-bélico, aconsejados incluso por Palmiro Togliatti o Bendetto Croce, juraron fidelidad para poder seguir difundiendo sus enseñanzas. Quizá los 1118 que se quedaron tenían razón, por motivos diferentes y todos respetables. Ahora bien, aquellos 12 que dijeron que no salvaron el honor de la Universidad y, en definitiva, el honor del país.

Este es el motivo por el que a veces hay que decir que no aunque, con pesimismo, se sepa que no servirá para nada. Que por lo menos, algún día, se pueda decir que lo hemos dicho. Traducción: Helena Lozano Miralles

.Fuente: Revista El Librero. Para entrar en  la revista, pulse  aquí.

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La Editorial Torremozas

Nuestras amigas de la Editorial Torremozan nos envían un mensaje sobre sus actividades y concursos literarios:

Torremozas es una editorial especializada en literatura escrita por mujeres, independiente, y que cuenta cada día con más suscriptores, que son la base de su objetivo que es difundir la obra de mujeres escritoras.
Tenemos una trayectoria de más de 25 años, en los que hemos publicado más de 500 títulos.
Contamos con el concurso de relatos Ana María Matute
el prestigioso Premio de poesía Carmen Conde
y el Concurso Voces Nuevas -reservado a suscriptoras- que termina el 28 de Febrero (¡anímate a participar!)

Si quieres formar parte de este proyecto, tienes toda la información sobre las suscripciones a nuestros libros de poesía y relato corto.
Gracias a ti podemos hacerlo realidad.

Puedes darte un paseo por la web– Si tienes alguna consulta o sugerencia, ponte en contacto con nosotros en el teléfono + 34  91 359 03 15  o por email: ediciones@torremozas.com

Un saludo muy cordial,

Ediciones Torremozas
www.torremozas.com

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Enrique Viloria ingresa en la Academia de Ciencias Económicas

Nuestras más sinceras felicitaciones al escritor Enrique Viloria Vera, Miembro de la Junta Directiva del Círculo de Escritores de Venezuela, por su designación como Individuo de Número de la Academia de Ciencias Económicas de Venezuela.

Y felicitamos a la Academia por esta merecida designación. La vasta obra publicada de Enrique en diferentes campos, literario, económico, cultural y gerencial, le acreditan plenamente.


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Enrique Bernardo Núñez: El gran ignorado

Por Eduardo Casanova

Enrique Bernardo Núñez nació el 20 de mayo de 1895, en Valencia de Venezuela, en el Estado Carabobo. Fue y es uno de los valores más notables e importantes de la narrativa latinoamericana y universal, aunque ignorado por su propio país. Cuando apenas tenía catorce años, en 1908, aparece como co-fundador de un periódico, Resonancias del pasado. Un año después se mudó con su familia a Caracas. A los veintitrés años publica su primera novela, Sol interior, que es saludada por la crítica como obra imperfecta de un joven que promete mucho. Un par de años después, cuando acaba de casarse con Mercedes Burgos Müller (“Mochea”) con quien tuvo tres hijos (Isabel, Carmen Elena y Francisco), publica una segunda novela, Después de Ayacucho, claramente incomprendida por la crítica del momento. Es una obra paródica, en la que el joven autor se burla de sus coetáneos y del estilo predominante en su tiempo.

El investigador y crítico venezolano Javier Lasarte, en la década de 1980, reivindicará esta obra y la ubicará en su debido sitio en la narrativa venezolana. En 1931 publicó Cubagua. Era un escritor de treinta y cinco años, que entre los veinticinco y los veintinueve había vivido en el estado Nueva Esparta, integrado por las islas de Margarita, Coche y Cubagua, y varias islillas regadas por un mar precioso. El Presidente del Estado (gobernador), el que lo convenció de que se fuera a vivir a la Isla para fundar un diario que no mucho tiempo después fracasó, era uno de los más notables escritores de nuestro país: Manuel Díaz Rodríguez, modernista. El año de la rebelión de los universitarios, 1928, Núñez, por no ser estudiante no se atreve a unirse a ellos, y como parte de las muchas contradicciones de su vida, acepta trabajar para el gobierno gomecista. Es designado Secretario de la Embajada de Venezuela en Bogotá. Luego pasa a La Habana, y poco después a Panamá. Es en La Habana, en enero de 1929, donde empieza a componer Cubagua. La terminará a mediados de 1930 en Panamá, en donde unos meses después en febrero de 1931, escribió su otra gran novela, La galera de TiberioCubagua fue editada en París en 1931 y olímpicamente ignorada por la crítica venezolana. En 1938 se publicaría La galera de Tiberio, sin que siquiera se tuviera la cortesía de mencionarla. Luego de la muerte de Gómez, en la década de 1940, fue Cónsul en Baltimore por algún tiempo.

Ya entonces se había iniciado su amistad con Rómulo Betancourt y con varios intelectuales ligados a Acción Democrática. Luego de abandonar para siempre la literatura de ficción publicó una crítica biografía de Cipriano Castro (El hombre de la levita gris, 1943), y otra de Arístides Rojas (Arístides Rojas, anticuario del Nuevo Mundo, 1944). En 1947 publicó uno de los libros más bellos que se han hecho sobre Caracas: La ciudad de los techos rojos. En 1948 se incorporó a la Academia Nacional, en el sillón “N». Su trabajo como Cronista de Caracas fue incesante y ejemplar.

Hacia el final de su vida se reunió con su esposa, de quien se había separado muchos años antes para vivir, solitario y un tanto taciturno, en un apartamento en La Candelaria, en el que tenía libros en todos los espacios disponibles. Al mudarse al este de Caracas, uno de los mejores arquitectos de su tiempo le hizo una bella biblioteca de dos pisos, separada de la casa. Lamentablemente su biblioteca no se conservó. Murió el 1º de octubre de 1964 en Caracas.
Su tercera novela, Cubagua, debería haber revolucionado la novelística venezolana e hispanoamericana, pero no tuvo el más mínimo reconocimiento. La novela narra la peripecia del doctor Ramón Leiziaga, “graduado en Harvard, al servicio del Ministerio de Fomento”, que descubre algo así como los dobles de personajes contemporáneos, ubicados en el pasado remoto de Cubagua. Esa duplicidad no se limita a los nombres, sino que parecería que son las mismas personas ubicadas en dos momentos separados por el tiempo pero, a la vez, unidos por el tiempo. Es un hábil truco emparentado con el nominalismo en un juego especular: cada uno de ellos tiene el nombre del otro, pero le debe faltar en parte la realidad del otro. En la novela se funden y se confunden los planos temporales. La búsqueda y explotación de las perlas de ayer es la búsqueda y explotación del petróleo de hoy. De la antigüedad se presenta el Conde de Lampugnano, un aventurero inescrupuloso que logró para sí una concesión del Emperador para explotar las perlas de Cubagua con una máquina maravillosa, y que, luego de caer en desgracia, accedió a envenenar al conquistador Diego de Ordaz como precio de su propia libertad. También es personaje el negrero Pedro Cálice, que existió en realidad, aunque no actuó nunca en Cubagua. En la novela es, a la vez, un enfermo de lepra en pleno siglo XX y un traficante de esclavos en el siglo XVI. Está asimismo la moderna y encantadora Nina Cálice, que se desdobla en diosa pagana. Y, sobre todo, está el misterioso fraile, Fray Dionisio, que parece viajar en el tiempo, y que poéticamente es un fraile que leía en su breviario alumbrándose con un cocuyo, amaba a los indios y viajaba por las regiones ignotas “enseñando el Evangelio”. La novela es justamente eso, un viaje maravilloso en el tiempo, un juego de planos que se mezclan y se confunden, se hacen mitos y construyen un espacio de tiempos mezclados por la mano alquimista de Enrique Bernardo Núñez.

Ese manejo del tiempo y el espacio será lo que tiempo después logrará el milagro de que la narrativa latinoamericana se haga famosa en el mundo. Alejo Carpentier, Miguel Ángel Asturias, Arturo Uslar Pietri, estuvieron entre los primeros lectores de Cubagua, y entre los primeros que se dieron cuenta de que ese era el camino. Luego vendría la otra generación, la de Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, José Donoso, que usarían en plenitud los recursos que Núñez aportó casi sin darse cuenta y, sobre todo, sin beneficiarse para nada. Había abierto un camino, había transitado por él y había permitido que por él transitaran los que sí obtuvieron con él grandes ganancias. Y nadie tuvo siquiera la cortesía de agradecérselo. Siete años después de Cubagua, Núñez nodio a conocer su cuarta novena, La galera de Tiberio, que Domingo Miliani califica como la más importante novela de toda su producción y una obra maestra de la literatura hispanoamericana. Digo no dio a conocer porque por decisión del autor, toda la edición fue destruida, lanzada a las aguas del río Hudson, y apenas se salvaron unos pocos ejemplares, entre ellos uno que quedó en manos de su esposa, y que fue el que usó Miliani para editar de nuevo en Cuba el libro, a pesar de la voluntad de Núñez, que había suprimido varios pasajes que consideró ofensivos a una o dos personas de su entorno. La segunda edición, recortada, que fue la que circuló, tampoco alcanzó el más mínimo éxito. La había escrito inmediatamente después de Cubagua. La empezó en Panamá, en sus tiempos libres en la misión diplomática, y la terminó en Barcelona, en el Oriente venezolano. Para hacerla utilizó técnicas estrictamente cinematográficas, usó el tiempo de manera arbitraria, aplicó fórmulas del surrealismo, en fin, se adelantó como nadie a su tiempo. La novela es un collage, como afirma Miliani, que contiene fragmentos de obras de Andreiev, Paul Morand, etcétera, que se manejan como visiones y lecturas de un intelectual revolucionario, Xavier Silvela. Varios ejes son expuestos en forma magistral para combinar historias del tiempo del emperador Tiberio con otras del tiempo de Núñez, que hace ver que los presidentes norteamericanos actúan como verdaderos emperadores romanos. Hay personajes del mundo diplomático (que Núñez vivía en su realidad), del de los exiliados venezolanos (que le hubiera gustado vivir), así como del ambiente rebelde de los estudiantes de la Generación del 28, que tampoco pudo ser suyo. Mezcla tiempos de una manera ejemplar: así, una galera de los tiempos de Tiberio César atraviesa el Canal de Panamá y convive con buques de guerra yanquis usados para abusar de los latinoamericanos. Alice Ayres, Darío Alfonzo, y otros personajes contemporáneos tienen elementos que pueden ser calificados de mágicos. La ironía hiriente está presente, y es en parte lo que motivó a Núñez a mutilar el texto original, para evitar resentimientos de personas que podían verse retratados en figuras nada felices. Ficción y realidad se combinan, se entremezclan, tal como se hará muchos años después para conquistar un gran mercado al que Enrique Bernardo Núñez no tuvo ni siquiera oportunidad de vislumbrar de lejos, como una posibilidad, como una tierra prometida. Una tierra que merecía y le fue negada.

Fuente: www.literanova.net

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