¡CON LAS COMILLAS BIEN PUESTAS!

¡CON LAS COMILLAS BIEN PUESTAS!

Enrique Viloria Vera

Es imposible imaginar un espectáculo más nauseabundo que el del plagiador.

Edgar Allan Poe

 

No sin cierta estupefacción leo y me informo acerca de la contienda entre los principales dirigentes de los partidos políticos españoles, quienes han trasladado sus dimes y diretes de la arena política a los espacios académicos de algunas universidades hispánicas. Acusaciones de plagio de las tesis – sean de master o de doctorado – van y vienen de un lado al otro.

Ciertamente las facilidades que brinda INTERNET – con su pegar y cortar -, hacen menos complicado citar a voluntad autores e informes de organizaciones públicas o privadas, nacionales o internacionales, a esto se suma la adopción del simplificado sistema APA que es verdaderamente apropiado para aliviar las citas, referencias y bibliografía del tesista.

En mi caso, cuando realicé y culminé mi tesis de doctorado en Derecho en la Universidad de París en 1979, la situación era otra, mucho más complicada. En efecto, la INTERNET brillaba por su ausencia, y el sistema de citas y referencias era el de usanza por las universidades de la Vieja Europa, a saber, obra citada (op.cit.), ídem, ibídem, ver supra o infra, era un verdadero dolor de cabeza unido al tiempo y el nivel de exigencia que le dedicaban al doctorando los rigurosos tutores universitarios, como fue, en mi caso, el ejercido por Roland Drago, temido profesor de derecho administrativo, y quien años más tarde sería el presidente de la celebérrima Academie Française..

Además, lo que en principio parecía una severa falta personal se ha transformado en una verdadera cadena de presuntas culpabilidades en la que se encuentran inmersos profesores, jefes de departamento, miembros del jurado, decanos que comprometen el prestigio y la credibilidad de unas noveles universidades preocupadas por su supervivencia que, en cierta medida, depende del número de doctores graduados y de los que forman parte de su plantilla profesoral.

Ciertamente no entiendo como esos hitos académicos importantes en la vida de una persona, más si es un personaje público que esgrime sus logros universitarios en su CV para que sus votantes y adversarios lo juzguen y valoren, sean el fruto de un facilismo, de una complacencia, de una complicidad, de una falsa percepción de que hay algo oculto e inexpugnable en el cielo de la academia.

No soy quien para emitir un juicio acerca de este inaudito y penoso asunto en el que se ven envueltos los que deben conducir los destinos de un Estado en medio de tantas tentaciones y ofertas poco honestas, en todo caso recomiendo que, para ejercer el poder público, hay que tener, además de otras cosas y adminículos personales:

¡LAS COMILLAS BIEN PUESTAS!

*Enrique Viloria Vera, abogado, poeta, ensayista, con una extensa obra publicada y numerosos premios por su obra literaria. Miembro destacado del Círculo de Escritores de Venezuela

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Autobiografía de la guerra civil española

UNA AUTOBIOGRAFÍA  DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

ESCRITA POR UNA MUJER EN VENEZUELA.

(An autobiography of the Spanish Civil war written by a woman in Venezuela)

 

Por Laura M. Febres

Universidad Metropolitana.

Ponencia presentada en la Convención Anual AsoVac

Caracas, Noviembre, 2016

 

 

Este estudio pertenece a un proyecto que describe los hitos fundamentales de la narrativa de las migrantes que han vivido en tierra venezolana. Dentro de él son abundantes las muestras que se refieren a la Segunda Guerra Mundial, pero no tanto a la Guerra Civil Española. Hemos escogido para este trabajo la autobiografía de Carlota O´Neill, Una mujer en la guerra de España (OBERON, 2003) porque se refiere a un hecho histórico relevante que motivó la emigración de mujeres españolas a Venezuela.

 

La autobiografía de Carlota O´Neill, Una mujer en la guerra de España, narra su cautiverio de en la cárcel de Melilla durante la guerra civil, cuando su marido el aviador Virgilio Leret fue fusilado por orden de los militares que dieron el golpe de estado contra la República.

La escritora se encontraba con su esposo y sus hijas, el 17 de julio de 1936, en una base militar en el norte de África. La rebelión del ejército español tomó por sorpresa a su marido quien tenía bajo su mando la base de Hidroaviones del Atalayón en Melilla.

El capitán Virgilio Leret, esposo de la autora, defendió la base con escasas municiones y poco personal. Los militares golpistas detuvieron al capitán Leret y a dos de sus sub-oficiales a pocas horas los militares ordenaron fusilarlos.

Carlota O’Neill, la esposa del capitán Leret también fue víctima de los militares, la detuvieron  y la acusaron del delito de “Injurias al Ejército”. Un registro de sus pertenencias reveló 17 cuartillas donde la escritora redactaba una crónica de guerra, bajo el título: “Cómo tomaron las Fuerzas de Regulares la Base de Hidros del Atalayón”. En una de los párrafos se leía: “tropas salvajes y trágicas…que ensangrentaron a Asturias”, frase que un Consejo de Guerra declaró que calificaba como “Injurias al Ejército”, según el Código de Justicia Militar tipificado con una condena de seis años en prisión.

“Seguimos subiendo. Nadie en la ciudad; serían las dos de la madrugada. Sólo retumbaban en el silencio las botas de los soldados que la atravesaban en patrullas; daban el alto al vehículo; cuando lo reconocían, nos dejaban seguir. Alcanzamos la parte antigua de la ciudad, llamada “Melilla Vieja”, reducto que fue de los españoles en la guerra con los rifeños; allí había varios fuertes, levantados para refugio de las tropas coloniales, que eran utilizados como cárceles… Paramos. Allí estaba la cárcel. Confundida en la noche; más negra que la noche; amasijo de piedras negras; gruesas piedras de mazmorra, pues mazmorra clásica era y no cárcel. Se abrieron las puertas de hierro.” (O’Neill, 2003, 44)

La escritora se refiere al fuerte de Victoria Grande construido en el siglo XVIII, situado en una colina frente al mar. La narración de doña Carlota, como era llamada en la cárcel, nos describe sin tapujos el horripilante mundo de la prisión con lujo de detalles. Una mujer elegante y educada, rasgo que transfiere a su escritura a pesar del mundo sórdido que transcribe. Las mujeres no fueron ajenas, en este período histórico a la cárcel, y sin embargo, entre los numerosos testimonios personales de la guerra de España, pocos han sido escritos por mujeres.

“No sólo de mujeres teníamos inundada la cárcel. Las moscas ocupaban su lugar, entre nosotras, con sus hermanos los piojos. Unas y otros nos chupaban, constantes, en turnos bien distribuidos. Las moscas formaban enjambres volantes. Llegaban de unas cochiqueras que había en el campo, cerca de la cárcel. La cárcel era también una cochiquera…Y comenzaron a llegar las prostitutas; nos acompañaron hasta el fin.” (O’Neill, 2003,63)

A una prisionera no le era permitido escribir sobre las condiciones de la cárcel, la escritora hizo notas que le permitieron reconstruir posteriormente la historia  que escribió más de una vez.

“Lector amigo. Me parece que he escrito este libro más de dos veces. Lo tuve escondido, allá en España, bajo tierra, envuelto en un hule; también estuvo dentro de un horno apagado, pero su destino era el fuego. A él fue a parar, empujado por las manos que temblaban de mis dos hijas y mías, cuando la Falange empujaba la puerta de nuestra casa…cuando América era para nosotras más que un presentimiento, este libro se volvía una amenaza. Pero antes de deshacerlo tomé notas para poder seguirlo más tarde.” (O’Neill, 2003,15)

A la escritora le impulsó el deber de contarle al mundo el asesinato de su esposo,  y de relatar la detención de mujeres y hombres, condenados a largos años en prisión. Otros fueron asesinados, siendo los casos más emblemáticos, el caso del político Diego Jaén y el de la joven 18 años Carmen Gómez Galindo.

Una mujer en la guerra de España tiene la característica de ser una muestra de testimonio carcelario por la que no pudimos dejar de relacionarla con un clásico de la literatura venezolana Memorias de un Venezolano de la decadencia de José Rafael Pocaterra, escritor venezolano nacido en 1889 en Valencia, encarcelado por cuatro años. En su libro describe el mundo carcelario de la época de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, de manera parecida a como lo hace Carlota O’Neill en su autobiografía en la época del franquismo.  La distancia entre Venezuela y España se acortan al comparar las dos narraciones. Ambos están presos en mazmorras antiguas y oscuras. Ambos son presos políticos y escritores.

“Tenemos sed; tenemos hambre. El frío y la humedad se cuelan hasta nuestros huesos; el calzado se hunde en la arena del calabozo, que resuma agua salitrosa. Estas bóvedas están más bajas que el nivel del mar, y a través de la espesa muralla y del farallón que defienden la fortaleza, se siente el foetazo de las olas, y a ratos parece que estuviéramos en la cala de un barco. Nuestros compañeros nos han abrazado con regocijo melancólico de quienes ven en el prisionero que llega un algo de libertad perdida; y tratan de hacernos compartir una alegría falsa. Nos refieren jocosamente sus hambres, sus miedos pueriles a los cangrejos que salen de las grietas de las piedras a buscar de noche, por el pavimento del calabozo, un desperdicio…Hay ratas, también ratas negras de ojillos feroces que destrozan la ropa y muerden a los durmientes…” (Pocaterra,Tomo I, 37)

Observamos que José Rafael Pocaterra no trata la problemática de la mujer en la cárcel como lo hace Carlota O’Neill debido a que los presos del castillo de Puerto Cabello y de La Rotunda, eran en su mayoría hombres.

En el caso del escritor venezolano, la defensa legal del preso estaba prácticamente ausente. Doña Carlota por su condición de viuda de un capitán, se le asignó un abogado militar que la defiende, sin embargo fue condenada a seis años en prisión.

En aquellos tiempos, como ahora, en algunas ocasiones las presas eran acompañadas por sus hijas y nietas porque no tenían con quien dejarlas. Este es el caso de Isabel, la esposa del político Diego Jaén, quien ingresó a prisión con su niña. En el caso de doña Carlota sus hijas fueron recibidas por familias amigas y más tarde serían internadas en un colegio de huérfanas para hijas de militares.

Al morir la madre de Carlota O’Neill, la escritora y sus dos hijas consiguen viajar a Venezuela, a bordo de un barco petrolero. El director de El Heraldo de Caracas, don Pedro Sotillo, le había firmado un contrato de trabajo pero los antecedentes penales de Carlota O’Neill no eran bien vistos por el gobierno del general Marcos Pérez Jiménez, una vez más tuvieron que sortear dificultades para lograr el visado. La oleada de los republicanos españoles, muchos de ellos periodistas, escritores, profesores universitarios, había llegado unos años antes durante el gobierno de Isaías Medina Angarita y del escritor Rómulo Gallegos.

 

 

Carlota O’Neill a la derecha con sus dos hijas Carlota y María Gabriela,  Higuerote, 1955. Archivo familiar.

 

En Venezuela doña Carlota tuvo oportunidades para desarrollar su carrera profesional, trabajó en prensa, y más tarde en radio y en televisión. Carlota O’Neill decide emigrar a México a principios de los años 60, con el propósito de recuperar la nacionalidad mexicana que heredó de su padre, e inició la búsqueda de una editorial para su manuscrito. La primera edición fue publicada en México en 1964 por Populibros La Prensa con el título de Una mexicana en la guerra de España.  El libro ha sido publicado en polaco con la editorial Czytlnik (1968) y en inglés con Solidarity Books (1978). La primera edición en España se realizó con la editorial Turner (1979) y la segunda edición con la editorial OBERON (2003) ambas de Madrid.

 

Carlota O’Neill publicó otros libros durante su exilio en México así como obras de teatro. La autora regresó a Venezuela a finales de los años 90, aquejada por su delicada salud, vivió sus últimos años en Caracas en compañía de sus dos hijas y nietos.

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

Leret S., Laura (2005, agosto 20). “Regreso al arte testimonial de Carlota O’Neill”. Papel Literario. El Nacional.

O¨Neill, Carlota (2003). Una mujer en la guerra de España. Madrid: OBERON.

Orozco, Kamala (2010, julio 17). “La primera Crónica de la guerra.” Público. http://www.publico.es/culturas/primera-cronica-guerra.html. Consulta, octubre 2016.

Pocaterra, José Rafael (1990). Memorias de un Venezolano de la Decadencia. Tomo I. Caracas: Biblioteca Ayacucho.

Sanz, Víctor (1995). El exilio español en Venezuela. Volumen I. Caracas: El Centauro y la Casa de España.

 

 

 

 

 

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Cabrujas: El estruendo de la memoria

 

Cuarta Pared Producciones , Cultura Chacao y Círculo de Escritores

celebran cumpleaños de José Ignacio Cabrujas

Para conmemorar el 81° aniversario José Ignacio Cabrujas (1937-1995), y los 10 años de la Sala que lleva su nombre, la compañía teatral Cuarta Pared Producciones y Cultura Chacao rendirán homenaje a este importante dramaturgo y director teatral venezolano, con la presentación del espectáculo “Cabrujas: el estruendo de la memoria” de Yoyiana Ahumada, los días 17 y 18 de julio a las 6 pm, y la lectura dramatizada de la obra “Una noche oriental”, el 22 de julio a las 1 pm, en la Sala Cabrujas de Los Palos Grandes.

Dirigido por Yoyiana Ahumada e Iván Oropeza, el espectáculo “Cabrujas: el estruendo de la memoria” se inspira en la vida del autor y en varios de sus escritos, para tejer una trama que, aderezada con música, testimonios, una radionovela y la exhibición de imágenes en video, evoca los principales acontecimientos políticos, sociales y culturales que acompañaron a este destacado autor a lo largo de su vida.

En un recorrido integrado por un conjunto de módulos o estaciones, el espectador podrá acompañar, los días 17 y 18 de julio, la conformación de la voz autoral de José Ignacio Cabrujas, gran renovador de la dramaturgia, el teatro, el periodismo, la televisión y la telenovela venezolana, que tomó la realidad e historia nacional como materia prima para sus creaciones.

La Estación 1 inicia con la radionovela “El hijo pródigo de Catia” sobre el nacimiento de Cabrujas, y cuenta con la actuación de Gladys Seco, Claudia Nieto y Carolina Wolf, en los roles de las tres mujeres de la obra El Día que me quieras; mientras que en la radionovela participan Antonio Delli (narrador), María Cristina Lozada (voz madre de Cabrujas), Hernán Marcano (voz del padre de Cabrujas), y Eulalia Siso (voz de la comadrona).

La Estación 2 tiene como invitada especial a la primera actriz María Cristina Lozada, quien compartirá con el actor Nelson Lehmann una conversa en formato de entrevista, sobre la profunda amistad que unió a estos creadores. Las siguientes estaciones tocan la telenovela, la ópera, el teatro y la gastronomía.

Para el día 22 de julio, el Círculo de Escritores de Venezuela realizará una sesión especial para unirse al homenaje a José Ignacio Cabrujas, seguida de la lectura dramatizada de la pieza “Una noche oriental”, a cargo del grupo teatral Delphos bajo la dirección de Luis Alberto Rosas, la producción de Paola Tommasino, y la participación de Violeta Alemán, William Goite, Carlitos Jorges, Jorge Gómez Plazola, Evelin Nava, Luis Ernesto Rodríguez, Ángel Pelay, Calique Pérez, Verónica Fagúndez y Luis Alberto Rosas.

 

“Cabrujas: el estruendo de la memoria”, está dedicado a Isabel Palacios y Diego Cabrujas (viuda e hijo del homenajeado), y cuenta con la dirección musical de Dj Torkims Delgado, fotografías de Samuel Dembo (cortesía del archivo fotográfico de Miriam Dembo y Archivo de la Cultura Urbana), la selección musical de Edgar Vidaurre, la dirección de arte de Enrique Shaw- Alvarez Fernández, la concepción visual de Daniel Hernández, la asistencia y actuación especial de Carlos Fabian Medina y el diseño de Impronta – Grupo de Investigación, Escuela de Arte de la Universidad de los Andes (ULA). Acompañan Casa Piu Antigüedades, Fundación Rajatabla, Cuarta Pared Producciones, Cerveza Artico, El Constructor.

El público podrá asistir a este homenaje los días 17 y 18 de julio a las 6 pm, y el 22 de julio a las 1 pm, en la Sala Cabrujas, ubicada en la 3era avenida de Los Palos Grandes c/c avenida Francisco de Miranda, C.C. El Parque, nivel C-1. Las entradas tienen un costo de Bs.F 800.000 / Bs.S 800 y pueden ser adquiridas en las taquillas de la sala el día de la función (punto de venta) o por transferencia, enviando previamente un correo a ivanoropeza@gmail.com para verificar la disponibilidad de entradas.

 

Mayor información puede ser solicitada por la página web: cultura.chacao.gob.ve, a través de la cuenta de Twitter: @culturachacaoFacebook: culturachacao.org Instagram:culturachacao

 

 

 

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Carolina Jaimes Branger: Más allá de las estrellas

MÁS ALLÁ DE LAS ESTRELLAS

 Por Carolina Jaimes Branger

 Mi papá pensaba que yo era la niña más bella del mundo. Me estimuló siempre; buscaba retos que me hicieran aprender más. Me enseñó a amar y respetar a la naturaleza. Participaba activamente en las actividades de mi colegio, mostrando interés hasta por el más mínimo detalle.

Mi papá me agarraba los cachetes y me daba besos hasta que yo le decía “más besitos no”. Me sentaba en sus piernas aun cuando ya yo tenía hijas.

Mi papá me regaló mi primer perro y mi primer conejito, y me enjugó las lágrimas cuando murieron y los enterramos.

Mi papá me sacaba los dientes flojos con un hilo dental, y recompensaba mi valentía tan espléndidamente como el “ratón”.

Mi papá me habló de lo importante que era amar y servir a la Patria. De pequeña, me llevaba los domingos a ver arriar la bandera y cambiar la guardia en Los Próceres.

Mi papá me enseñó a montar bicicleta, a frenar con los patines, a montar moto y a manejar carros sincrónicos. Mi papá se tiró conmigo en el “súper tobogán del espacio”. Mi papá curaba mis rodillas rotas, y me soplaba para que no me ardiera el merthiolate.

Mi papá dormía conmigo cuando yo tenía miedo. Mi papá tenía una explicación para todas mis inquietudes y una respuesta a todos mis “por qués”. Me repetía que el “fair play” debía estar presente en todas las actividades de mi vida. Mi papá fue mi mejor ejemplo de bondad y grandeza de alma.

Mi papá me convirtió en la mascota más pequeña del equipo venezolano de esgrima, del que él formó parte durante muchos años y desfiló con más orgullo que nunca en la inauguración de aquellos Juegos Bolivarianos.

Mi papá me regaló mi primera muñeca, mi primer perfume y me envió mis primeras flores. Fue él también quien me regaló mi primera máquina de escribir, en las navidades cuando yo tenía siete años.

Mi papá me sembró el gusto por la lectura, la música y las bellas artes. Era mi compañero de conciertos y óperas. Me presentó a Mozart, Chopin, Lizt, Verdi y me enseñó a soñar con las notas del Concierto de Piano No 4 de Beethoven.

Mi papá buscaba conmigo estrellas fugaces y satélites artificiales en noches oscuras. Más tarde me compró un telescopio, quizá sin percatarse de que ya me había enseñado a ver más allá de las estrellas.

Mi papá me enseñó a discernir y a disentir. Me enseñó que la verdad había que mantenerla a toda costa.

Mi papá ha sido la mayor influencia que he tenido en mi vida.

Mi abuela paterna siempre fue muy observadora de las fechas. Los cumpleaños, los onomásticos, los aniversarios, en general, cualquier fecha que le significara algo, la guardaba con absoluta religiosidad. Mi papá era todo lo contrario. No se acordaba ni de su propio cumpleaños. Y más de una vez oí a mi abuela reclamarle su pobre memoria en estos asuntos. Un día en que nos desayunábamos juntos, ella le preguntó:

-¿Tú sabes qué fecha es hoy?

Mi papá vio la fecha en su reloj y le contestó.

-Me refiero a si sabes qué se conmemora hoy.

-No tengo ni idea, mamá.

-Hoy es el aniversario de la muerte de tu papá. ¿Cómo puedes haberlo olvidado?

Mi papá suspiró, le tomó la mano, y le dijo:

-Yo recuerdo y extraño a papá todos los días. Y si hay un día en mi vida que me gustaría borrar de mi memoria, es precisamente el día de su muerte.

A mí me pasa lo mismo: si hay alguna fecha que quisiera eliminar de mi vida, es la de la muerte de mi papá. Cada día me hace más falta. Pero hasta con su muerte, mi papá me enseñó algo: que las personas viven mientras permanezcan en el corazón y en el recuerdo de quienes las amaron.

 

*Carolina Jaimes Branger, escritora venezolana, comunicadora, ingeniero de sistemas, Master en educación en Harvard University,  Miembro correspondiente de la Academia Venezolana de la Lengua y Miembro del Círculo de Escritores de Venezuela. Entre sus libros publicados destacan: El anclaje del subdesarrollo, Los 7 encuentros, Yo nací en esta ribera, Del amor tuyo y el mío. Conductora del programa “Carolina en Éxitos”, articulista semanal del diario El Universal.

 

 

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Álvaro Pérez Capiello: El telón no ha caído

El telón no ha caído

Por Alvaro Pérez Capiello

 

Toda obra está destinada a un público. Desde luego tal frase es heredera de diversas aproximaciones… Los creadores, en general, no intentan copiar la realidad sino ofrecer una interpretación sobre ella, de allí que toda obra nazca de lo particular, de esa apuesta personal del autor. Sin embargo, no es raro que una pieza artística, incubada desde lo particular, termine siendo universal e, incluso, acabe convirtiéndose en la base estética de su época, como ocurre con “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha” de Miguel de Cervantes, novela que retrata las tradiciones y costumbres de la España de su tiempo y que, admirablemente, resume los ideales y los vicios de la condición humana en las acciones de dos personajes de ficción; Alonso Quijano y Sancho Panza. Dicho esto, debemos aceptar que el espectador completa la propuesta del autor y que el fenómeno artístico no puede solo ser enfocado desde el punto de vista de su mentor.

Tuve la fortuna de asistir al estreno de la pieza teatral “Ningún hombre es una isla”, escrita y dirigida por José Tomás Angola. Como novelista, no me eran desconocidas las obras de Ernest Hemingway, en particular: “Por quién doblan las campanas” y “El Viejo y el mar”, publicada por vez primera en 1952 y llevada a la gran pantalla en numerosas ocasiones, una de cuyas adaptaciones (la de 1958) fue protagonizada por Spencer Tracy. El título de la pieza de Angola brindaba una referencia clara a la estadía de Hemingway en Cuba pero, lo que es más importante, ofrecía al espectador una primera reflexión sobre una característica fundamental de todo escritor, la capacidad de comunicar su personal visión del mundo a través de sus soñadas invenciones. Más que islas los hombres son ciudades, como bien lo intuyera Oswaldo Trejo en aquella formidable novela editada en 1962.

Tras apagarse las luces en la sala de conciertos de la Asociación Humboldt, nos transportamos al año 1959, concretamente a la finca Vigía, propiedad de Ernest Hemingway en Cuba. Bajo la amenaza de la tormenta tropical Grace, el Premio Nobel de Literatura y su esposa Mary inician las acciones, justo en un ambiente donde no están ausentes una vieja máquina de escribir, un bar con buen aprovisionamiento de Scotch, y una ventana que nos conecta con los incidentes del mundo exterior. Los eventos naturales parecen sucederse en paralelo a las tempestades que gravitan alrededor de la mente del propio Hemingway, alcoholizado y atormentado por recuerdos de su infancia. A manera de una broma sutil del destino, la borrasca que azota la isla posee el mismo nombre de su madre, Grace que, con ritmo de percusión, se transforma en un verdadero referente, acaso un “toque de campana” para Ernest (José Tomás Angola). La angustia de la página en blanco o, peor aún, la tragedia de un escritor que tras recibir el aplauso universal se queda literalmente sin ideas, condenado a borronear cuartillas que alimentan el cesto de la basura, toca de manera cercana a los espectadores lanzados ya a los límites entre lo real y lo fantástico. Aparecen personajes en escena de “Por quién doblan las campanas”, novela ambientada en España durante la Guerra Civil. En concreto, Robert Jordan (José Manuel Vieira), luchador del bando republicano, encargado de traspasar las líneas enemigas y destruir un puente para evitar la contraofensiva del bando nacional, nos vincula con lo inevitable, con la muerte ajena y también la propia, dado que todo hombre es parte fundamental de la humanidad. Ese viaje del alma al Más Allá ha sido explorado por muchos artistas desde épocas remotas. DoménikosTheotokópoulos, conocido como El Greco, lo plasma en su cuadro “El Entierro del Conde de Orgaz” (iglesia de San Tomé, Toledo), como una turbulencia que rodea a un ángel sosteniendo un feto previo al alumbramiento a la luz eterna en la que moran los santos. Aquí, es un puente el que enlaza al mundo de los vivos con los dominios de la “Dama de Negro”, frontera entre lo concreto y lo espectral.

Hemingway, quien fuera cazador, sostiene un rifle en actitud de disparar, pero ya no puede atinarle al conejo de su niñez pues, hay que aceptarlo, él se ha transformado en su propia presa, trofeo digno de colgarse para admiración de todos en las paredes de su finca Vigía. Un parlamento resulta esclarecedor: “Ese es el problema. Me estoy matando. Y no he podido lograrlo. Por Dios que lo he intentado, de todas las formas posibles… De todas las maneras imaginables. Pero soy endemoniadamente inmortal.” Pero, si estas líneas son reveladoras, la conclusión de Mary Hemingway (Andrea Miartus) lo es más: “¡Lo único que te pido es que si te vas a meter un tiro en la cabeza lo hagas en otro lado! ¡Me encanta esa alfombra… No quisiera que la mancharas!” Si hay algo que he de reconocer a las grandes obras de la literatura, estén destinadas, o no, a ser representadas, es esa capacidad de mover al espectador, de “emocionarlo” desde el punto de vista artístico. Tras un momento de indudable tensión dramática, el auditorio se relaja y ríe ante la levedad de unas líneas que, sin dejar de ser reales, aunque pronunciadas sobre una fiera úrsida disecada, permiten que la obra respire y se encamine hacia su desenlace.

El reconocimiento que han disfrutado muchos artistas en vida suele presentar varias aristas. La atención que el público dispensa a ciertos productos del ingenio humano puede adquirir las características de un verdadero monstruo capaz de devorar en el camino a su propio creador. Así, laureados autores han sido víctimas de su éxito… En el plano de la ficción tenemos al doctor Víctor Frankenstein y la criatura compuesta a partir de partes diseccionadas de cadáveres, mientras que en el terreno de lo real encontramos a Jackson Pollock repitiéndose, una y otra vez, “¿qué más quieren de mí? Ya lo he dado todo”. En la pieza de Angola, percibimos a un Hemingway despojado de su aureola dorada, ajeno a ese altar reservado a los máximos exponentes de la literatura universal, calzando los zapatos de un ser humano con sus naturales luces y sombras que, llegado el momento, se pregunta si es posible parir algo nuevo sin repetirse. Eso se logra gracias a un trabajo actoral digno de reseñarse, unido a una puesta en escena que emplea recursos técnicos poco vistos en los montajes que estamos acostumbrados a ver en la cartelera teatral local.Hablo de video mapping, proyección estereoscópica y el uso de escenografía virtual. El público asistente a “Ningún hombre es una isla” se conecta, pues, con la atmósfera que rodea a un escritor y un tiempo determinados, alejándose, por consiguiente, de una mera recreación de los cincuentas, obtenida a partir de la simple reunión de algunos objetos e imágenes que pudiesen forzar la memoria hasta las últimas consecuencias. Creemos que el telón no ha descendido para esta obra de José Tomás Angola, tal cosa ocurrirá cuando se diga de ella la última palabra y, a nuestro entender, mucho queda aún por escribirse de la que consideramos, desde ya, una referencia del teatro moderno venezolano.

*Alvaro Pérez Capiello

Nota biográfica

Economista egresado de la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela). Realizó un postgrado en Gerencia y Administración (Barcelona, España). Ha publicado los siguientes libros: Ventanas (Ensayo), Guardatinajas (Novela), Sombras bajo el Sol (Novela), Razones para Vivir (Ensayo), Laberinto de Ilusiones (Novela), El Bar de Luso (Novela), Entre la Verdad y el Engaño (Cuentos), La Memoria de un Símbolo (Ensayo), El Desván de lo Oculto (Novela), Las Pinceladas de la Inmortalidad (Novela), En el tiempo de las arañas (Novela),De epitafios y de tumbas (Cuentos) y Relatos de la Tierra Negra (Cuentos). Asimismo, ha representado a Venezuela en diversos foros y conferencias, entre ellos: Foro Joven de Literatura y Compromiso (CEULAJ, Mollina), Foro con motivo del Centenario del Nacimiento de Andrés Eloy Blanco (Casa de Bello, Caracas). Ha sido Presidente del Consejo Consultivo del Círculo de Escritores de Venezuela, Miembro del Instituto Venezolano de Cultura Hispánica, profesor de la Fundación Escuela de Escritores, profesor de la Universidad Alejandro de Humboldt, y columnista del Diario 2001 y de El Diario de Caracas. Actualmente, se desempeña como escritor a tiempo completo de la Editorial KarolingChantilly. Ha recibido: la Medalla al Mérito Institucional del CEV, la Medalla Alexander Pushkin de la Federación Rusa, la Mención de Honor en el Premio de Narrativa Enrique Bernardo Núñez por su novela El Bar de Luso, el diploma Amigo de Venezuela de la Fundación Venezuela Positiva, la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén en el Grado de Caballero (Bogotá, Colombia) y la medalla Lucila Palacios del Círculo de Escritores de Venezuela. Es el Editor de la revista Axis dedicada a la literatura y la cultura. En octubre de 1999 personificó a Pablo Neruda en el montaje teatral Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada, celebrado en la Sala de Conciertos del Ateneo de Caracas bajo la dirección de José Tomás Angola.

 

 

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Luis Alejandro Contreras: Selección de poemas

Una torre de Babel

 El presente modifica los sueños

según el curso que toman los vientos.

Cada día emprendo la misión de mi vida

con una determinación extrema.

Al cabo, una voz me llama,

regodeándose en cada letra de mi nombre

y todo norte se me olvida

 

¿Quién me vive?

¿Quién toma mi lugar y pacta con los otros ?

¿ Quién es ése que entra a saquear lo más preciado de mí,

para luego ofrecerlo al mejor postor en la plaza,

como un vil tratante de esclavos?

¿Acaso sea otro yo que no conozco?

¿Será quizás ese tahúr

que acecha siempre detrás de las puertas?

 

¿Quién baila dentro de mí?

¿Quién toma mis horas de goce con el mundo?

¿Quién se apropia, como un vulgar ladrón,

de las huellas de un camino que aguarda

y ha aguardado siempre por mí?

¿Quién es ese que está ansioso

por tomar mi cupo en la escuela del mirar?

 

¿No será, acaso, una estafa ese presente

del que me creo amo y señor, que fui edificando

como una entidad ajena, fuera de mí?

 

Acaso haya estado viviendo

el singular presente de mi vida

como algo ajeno a ese largo hilo de tiempo

que presencia mi presencia.

 

Entonces, son los vientos dentro de mí,

dentro de mi fantasioso presente,

los que modifican mis sueños.

 

Pero la misión de mi vida no puede ser algo

diferente de la misión de cada día.

 

Y el singular presente de mi vida

se compone de mis días,

aún cuando mis días sean, apenas,

ínfimas partículas de ese largo hilo de tiempo

que presencia mi presencia.

Así pues, debo estar atento a las voces

que me llaman.

Debo aprender a escuchar

tanto como debo aprender a distinguir

cuál o cuándo es el momento para la entrega

a los otros o a lo otro.

Soy una torre de Babel como,

por obra y gracia de una mísera enseñanza,

cada hombre fue impelido a ser.

 

***

Vivir sin poesía

Porque sin ella se respira, cada mañana,

al abrir ojos y pulmones a la luz del mundo

es que, intuimos, algo ha fallecido,

no sabemos si dentro o fuera de nosotros,

si en la cama de flores que, en los años de infancia,

acogía lo que presentíamos

(pues palabras no teníamos)

como una amorosa perplejidad

prometiendo un paraíso;

o, acaso, en un resplandeciente afuera

que jamás se preguntó

en piedra o árbol, o en luna o viento

sobre el porqué de nuestras coexistencias.

 

Pero una voz nos murmura en el oído

que es en aquel despintado lecho de la infancia

donde se nos quedó confinada la poesía,

o donde, pudiéramos decir,

a la manera de una novela del suspenso,

nosotros mismos orquestamos la celada

para creer en la derrota de la vida.

***

(Contemplando algunos íconos de AndreiRublev y otros maestros rusos)

¿Qué lugar ha de ocupar Judas

en la mesa, con ese mar tranquilo y gris

en la mirada?

 

¿Qué ropaje vestirá aquel que oculta

un botín que ya aborrece?

 

La gran serpiente enroscada

en la cúpula del cielo

arroja su sombra sobre las copas

de los besos,

copas donde efímeramente se posan

nuestras huellas de adoración y de genuflexión,

de invocación y de libación

Alta y vasta es la entrada

del templo,

como el susurro de un mar

tranquilo y gris

que contempláramos

en soledad

***

Toma luz, toda la noche.

Y has de mi sedienta soledad,

un cuerpo ligero,

un pañuelo teñido

con los colores del día,

flotando como un ave

distraída en el aire,

gozando del soplo

de la brisa;

amando en contrapunto

todo aquello que en el mundo

respira con los ojos

de un breve, compartido

y no temido silencio.

***

Volar hacia otros cielos

A Mery Sananes

 

Pasan los días y todo se le queda en el tintero…

No es modorra ni ausentismo del alma,

sino como una expiación ingobernable

que se ha tendido como una vasta nube

sobre el cielo que nos cubre.

 

Cuando el río del tiempo pasa como una tromba

nada logra sujetar de sus aguas,

pero tampoco obtiene nada de ellas cuando,

a un paso tardo y cantado, le improvisa sus señas de minuet.

 

Y un susurro pasa tenue, sin hacer el menor ruido,

para decirle que todo es sempiternamente pasajero, fugaz,

en el eterno ombligo del tiempo…

 

Cualquier estampa contemplada en la calle

rápidamente se evapora del alma,

asciende hacia otros cielos,

sin conmiseración alguna por la desgarrada memoria;

cual el hálito esbozado en el cristal de la ventana,

cuando asoma sus ojos al mundo

como buscando una esperanza,

en la creencia -candorosa todavía-

de que ese mundo es espejo de nuestra respiración.

 

¿Por qué -se pregunta entonces-

se perfuma de disipación

esta tibia emanación del alma,

sin nombre, ni madre conocida?

 

Y, de improviso, siente en la nuca

el roce de una mariposa

o el aleteo de una polilla,

despidiéndose

en el preciso instante

en que su llama del amor

crepita más ardorosamente.

***

Nadir

El nadir rumorea y me despierta

en medio de las sombras que acechan

en los recovecos de los días.

Suele cantar desde la hondura sublime

para insinuarnos la infinitud de sombra

de que se componen nuestras claridades.

El nadir es la cara que todo lo contempla,

sin argüir discursos.

Su discurso es el silencio,

que doma nuestras voces

y embelesa corazones.

Sin ese mar profundo

subyaciendo en nuestros poros,

revelando que el reverso

es la misma cara de la vida,

¿qué sería de nuestras almas?

&&&&&
Luis Alejandro Contreras Loynaz

Caracas, 1955

Datos bibliográficos

– Voces Nuevas, Antología de Talleres Literarios del Celarg de 1998-1999. Caracas, 2000.

– Antología, XVI Encuentro internacional de poetas, Zamora, Michoacán, México, 2011. 

– Poetas venezolanos contemporáneos. Tramas cruzadas, destinos comunes, Común Presencia Editores, Colección Los Conjurados, Bogotá, 2014.

– contracorrientes  (sentencias en incertidumbre), BID&CO Editor, Caracas, 2006. Caracas, 2013,

– Cuadernario, Común Presencia Editores, Colección Los Conjurados, Bogotá, 2007

– Días de bruma. Apuntes y fragmentos de vida, amor y muerte de un amanuense griego al servicio del Imperio. BID&CO Editor. Colección Poetas del Hispanomundo. Caracas, 2013

– Ocasional colaborador de algunas revistas y periódicos digitales, tales como, Con-Fabulación, Letralia, Cañasantay el desaparecido elmeollo, entre otras. 

 

 

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Maritza Álvarez Rodríguez: Hojas del árbol

Selección de poemas Hojas del árbol de Maritza Álvarez

 

 Hojas del árbol

En un mundo de onirismo

existencia armoniosa

del que no se quiere despertar.

Hojas de colores,

caídas del árbol de la vida,

amarillentas como el pasado,

verdes como la esperanza futurista,

anaranjadas como el momento presente

que se vive, se disfruta

otoño de vida.

*   *   *   *   *

Pescadora de ilusiones

He lanzado mis redes al pozo de los deseos
y he sacado hermosas palabras para escribir versos,
poemas tristes y alegres.
frases aladas y llenas de emoción,
versos tristes y grises,
con fragancias de muerte y agonía
han sido elegías,
cantos melancólicos,
en momentos de crisis.
Le he cantado a la soledad,
a la triste soledad en compañía
y he liberado el alma mía.
Mi alma errante ha vagado,
con un corazón acelerado esperando su llegada
y ha vuelto el alma cansada
y en mi cuerpo ha reposado.
He seguido pescando ideales
cual soñadora insistente,
y conseguí en el fondo del lago
miles al más penitentes
que sucumbieron antes de tiempo
y querían salir,
me dictan sus inquietudes
y las transformo en poemas,
palabras de amor,
sencillas y cálidas,
llenas de sensaciones,
sentidas por otros y padecidas por mí.
Sigo lanzando mis redes
y puedo pescar en ríos revueltos
donde de las emociones fluyen a granel
y muerdo el anzuelo de esperanza que les dará vida con palabras
reales y con vida propia.
He pescado en el mar muerto,
y de allí he sacado vida nueva.
Me he asomado al acantilado y he sacado alaridos
de los ecos desolados de las almas que cayeron desesperadas.
Hoy ya sin caña de pescar las palabras acuden a mí
como mariposas a la flor para chupar su néctar.
Solo tomo las palabras y le doy forma
convirtiéndolas en versos,
en poemas,
en esencias de vida
y cenizas de muerte,
según la emoción o el dictado del alma.
He sido y seré pescadora de palabras, de ilusiones y de sueños.
Artesana de palabras,
tejedora de tapices donde las ideas fluyen sin parar
como en el mar onírico del devenir de la vida.
*   *   *   *   *   *

Ecos del silencio

Dentro de mi ser
escucho los ecos del silencio.
Que me dictan poemas de amor, soledad y muerte,
cierro los ojos y las voces de poetas ancestrales
me van llevando por los caminos de los poemas más hermosos,
frases se quedan en mí,
y otras vuelan como mariposas en cielo abierto.
Cierro los ojos y los poemas resuenan en mi mente,
van tomando forma y sentido
y luego en escritura automática
plasmo las ideas una tras otras
en poemas con versos libres como gaviotas que vuelan sobre el mar
y aprecian su plenitud,
no rimo, ni cuento los versos,
solo me interesa el fluir de las palabras como olas del mar.
y siguen los dictados del alma ,del corazón y de la razón.
Hay un tejido de ideas, de contenidos conceptuales y afectivos
que se mezclan en trilogía perfecta alma, corazón y razón,
así es el ser humano siente vibra y razona,
y amo los ecos del silencio porque allí está la materia prima de
mi escritura.

*   *   *   *   *

Recorre mis letras

Recorre mis letras
y encontrarás el mensaje de cada verso,
pasea por cada línea,
descifra el contenido de la estrofa, siente la musicalidad de cada palabra
y baila al son de la emoción que produce cada sensación,
aspira la fragancia de las flores que hago aparecer en el poema,
llénate del aire puro que se respira en cada espacio en blanco
Recorre mis letras y desnudaras mi alma entera,
verás mi corazón desangrado
y descubrirás lo que grita mi sentir.
Recorre mis letras y encontrarás la razón de mi vida,
me dibujo para ti en cada poema,
para que percibas mi alma
y admires mi corazón.
Recorre mis letras y los secretos de mi ser te será revelados,
Recorre mis letras y me amarás a través de la poesía,
porque llevan el poder del sentimiento más puro y sublime,
ahógate en el mar de mi poesía
y te embriagarás con el vino de la pasión excelsa,
de la inspiración infinita.

*   *   *   *   *

Letras que desnudan el alma

Escribo y me desnudo lentamente para ti,
pero no del cuerpo
sino del corazón y del alma,
cada palabra es un secreto que descubres en mi ser,
cada verbo una invitación silente,
al descubrimiento de la sensación y la emoción,
cada adjetivo describe la fuerza de mi corazón,
la pasión que vibra en mi cuando escribo mis versos.
Que ruedan por la estrofa, sin medida, sin rima,
pero impregnados de la fragancia de las rosas
y del ritmo de la música de mil trompetas
que invitan al baile del amor.
Escribo con la esperanza de que al leer
te veas reflejado en cada línea y disfrutes del placer
de posar tu mirada en mi poema
y verme allí con el alma denuda,
solo para ti…
aunque otros se vean allí dibujados o desdibujados
porque el sentimiento es universal
y las letras son libres como mariposas en cielo abierto,
somos cómplices de la interpretación
y compartimos la pasión por el mensaje.
Que se reparte como peces de colores en el mar infinito.

*   *   *   *   *   *

Hoja enroscada

A veces
me siento
enroscada
como la hoja rosada,
que solo vive la primavera,
y no piensa en el otoño
cuando caerá y será alfombra del parque.
Donde ya seca y marchita y
crujiente bajo los pies de los caminantes
que disfrutan al pisarla.

Del lugar con su iridiscencia

el acendrado cielo,

pronto entrará en arrebol

y caminaré sonámbula hacia el alba

sintiendo la serendipia de la epifanía,

mientras la incandescencia casi me ciega

y siento la nostalgia efímera del momento presente

y sé que ya viene el desenlace y el olvido…

Del sueño que viví en el horizonte.

*   *   *   *   *

Hojas al aire.

Caen las hojas al aire,
se desprenden del árbol en otoño,
unas hacen alfombra
otras vuelan a otros parajes,
así como la vida misma,
nacemos y morimos en el tiempo establecido por el creador,
o si no manos asesinas nos arrebatan el futuro
en cualquier lugar,
en cualquier momento
y somos como hojas que caen en el otoño de sus vidas,
libres al fin de las penas y angustias
y descansamos del mundanal ruido,
sembrados en la tierra
o cremados hechos cenizas, polvo, nada.
Como hojas al aire
volaremos a otros parajes,

*   *   *   *   *

Tejedora

Seguiré tejiendo mis sueños a la luz de la luna
con hilos invisibles llenos de ilusión y fantasía,
porque prefiero vivir soñando,
que enfrentarme a la cruda realidad que lacera mi alma
y entristece mi corazón.
Tejeré tapices con paisajes paradisíacos,
donde las hojas caen y vuelve a dormir en los árboles,
donde los pétalos de las rosas portan mensajes mágicos
y llenos de buena fortuna,
donde las mariposas transportan el néctar del amor
hasta las ventanas de desconocidos

dejando las marcas de sus alas en las ventanas cerradas.
Seguiré tejiendo tapices de ilusión
aunque mi alma muera de desesperanza
y la fe me desampare en algunos momentos,
con mi aguja de sueños
tejeré y tejeré como Penélope esperando el retorno de Ulises,
pero no destejeré jamás, porque cada pieza es una obra de arte,
seguiré tejiendo mis sueños del ayer, en este hoy tan gris y triste,
buscaré hilos nuevos con colores del arco iris
y haré ese atrapa sueños de vida, esperanza y amor.
Allí guardaré mis anhelos más preciados
y tejeré las experiencias vividas
y las sorpresas del futuro
porque quizás se hagan realidad.

*La poeta venezolana Maritza Isabel  Álvarez Rodríguez nació en Caracas, es Profesora de Castellano egresada del IPC en 1985 y Magíster en Literatura Hispanoamericana con tesis Mención Publicación en 1993. Actualmente jubilada del Pedagógico de Miranda J.M. Siso Martínez con la categoría de profesor asociado  a dedicación exclusiva, donde coordinó diversos cursos en  el área de Literatura. Publicó un libro de poemas titulado Diluvio de palabras en el 2010. Tiene siete libros inéditos, algunos de los cuales han sido publicados en páginas digitales.

Publicó varios artículos en la revista El Vocero de los Altos Mirandinos,  en el Suplemento Cultural de Últimas Noticias, en la Revista Educere, Conhesremi, Sapiens y otras. Ha sido ponente en diversos eventos  nacionales e internacionales relacionados con Literatura e Historia. Es Miembro Activo del Círculo de Escritores de Venezuela.

 

 

 

 

 

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23 DE ABRIL: DÍA DEL IDIOMA

El Lenguaje, una Visión del Mundo

Por Carmen Cristina Wolf                                       

Un pueblo sin conciencia de la lengua termina repitiendo los slogans de los embaucadores, es decir, muere como pueblo”. Rafael Cadenas

El Ser de la Palabra

El tesoro más preciado de la humanidad es la palabra, que nos permite nombrar las cosas y expresar nuestras ideas. Los seres humanos no tenemos otro apoyo ni otro refugio más que el Lenguaje. Nos vamos haciendo, crecemos y nos construimos a través de lo que pensamos, decimos y creamos. O nos conformarnos con un molde ya hecho, lo que significa repetir patrones, o nos damos a la tarea de construir nuestro propio lenguaje, es decir, nuestro mundo. Ahondar en el ser del lenguaje permite encontrar caminos y avizorar horizontes para encarar el peor de los males de este mundo: la pérdida de sentido de nuestra propia existencia.

Uno de los libros más interesantes que me acompañan en el viaje por estos rumbos, es Ontología del Lenguaje de Rafael Echeverría (Dolmen ediciones). Parece una exageración, pero identificar y ahondar en los actos lingüísticos básicos, tales como decir sí o no, las declaraciones, afirmaciones, juicios, ofrecimientos, peticiones y promesas, en fin, todo lo que expresamos y callamos a cada instante, puede ser vital para entender un poco más nuestro universo personal y desplazarnos del desconcierto a la comprensión.

No hay palabras inocentes que caigan en saco roto. Toda frase construye un mundo de significados y genera acciones constructivas, respetuosas, adorables o perversas. El lingüista Mortara Garavelli acota que uno de los secretos del buen empleo de la teoría de la argumentación es saber guardar silencio cuando es menester. Es preferible hablar menos y reflexionar más sobre lo que pensamos y decimos. Este ejercicio puede convertirse en un juego fascinante, en un arte placentero. Ya la vida está muy enredada últimamente para pretender algo que vaya más allá de pensar apasionadamente en las cosas.

El desarrollo o la decadencia de los pueblos se reflejan en la riqueza o en la pobreza de su lenguaje, porque el lenguaje implica una visión del mundo. Somos de acuerdo a como hablamos. Todo fenómeno social es siempre un fenómeno lingüístico. Nosotros cortamos en pedazos el mundo, lo organizamos, lo conceptualizamos. Por ejemplo, cuando se habla de esencia y substancia, del ser y el ente, estas palabras están impregnadas de una visión que propusieron los griegos. Cuando nombramos los vocablos alma y cuerpo, nos enmarcamos en una concepción cristiana, estamos dejando sentado que existe una clara delimitación entre dos componentes del ser humano, uno visible, tangible, transitorio, el otro intangible e inmortal. Otra manera de entender la naturaleza humana, diría que no existe esta división entre alma y cuerpo, simplemente son estados distintos de energía y de conciencia. Solo mencionar estas palabras representa la adopción de un sistema de pensamiento religioso, filosófico, científico y social.

Un gobernante o líder que posea un lenguaje constreñido a una ideología excluyente y pretenda ignorar las otras visiones del mundo, es un peligro para su pueblo, porque pretenderá encasillar a la sociedad en su visión, despreciando al resto de los ciudadanos que no piensan como él.

Hablar sobre la importancia del lenguaje es como constatar que el sol sale todos los días, pero con frecuencia es necesario insistir sobre lo evidente. Leer, escribir, es algo tan común que se pierde la percepción del carácter extraordinario del lenguaje. Octavio Paz escribió que cuando las palabras se desvirtúan y sus significados se vuelven inciertos, el sentido de nuestros actos y de nuestras obras también se vuelve inseguro, Por eso es tan importante reflexionar sobre el lenguaje, los idiomas y su evolución.

¿No es sorprendente que las grandes transformaciones de las sociedades se inicien con palabras? El poeta alemán Hölderlin escribió: Al hombre se le ha dado el más peligroso de todos los bienes, el lenguaje, para que atestigüe lo que es. Y yo agregaría: lo que es y también lo que no es, porque el lenguaje está al servicio del albedrío del ser humano, para manifestar lo mejor de nosotros mismos y también para generar confusión, guerras y sufrimiento.

Ha llegado el tiempo de que en Venezuela  los maestros y los estudiantes aprendan teoría de la argumentación. La nueva lingüística reivindica la Retórica, expresarse con eficacia y con ética. Retórica no consiste en adornar las frases con vocablos extraños, no es un simple artificio literario y mucho menos pretender engañar a los otros mediante la persuasión.

La retórica es una disciplina indispensable para transformar a la sociedad. Así como un cuchillo se utiliza para partir el pan y mondar una naranja, también puede ser empleada para herir. Es por eso que saber retórica debe ir indisolublemente unido a la ética. Es un daño irreparable privar a los maestros de su arma principal: la teoría de la argumentación, el arte de la expresión persuasiva.

¿Cómo vamos a inflamar los corazones de los jóvenes de valores éticos, de ideales, cómo vamos  a convencerlos de tener fe en ellos mismos y orgullo de hacer las cosas bien, si los maestros no conocen el arte de convencer porque carecen de los recursos de la retórica?

La debilidad de nuestra nación se inicia en las aulas de clase.

La Seducción del Ritmo

El lenguaje cobra su mayor fuerza expresiva cuando está sustentado en el ritmo. El universo está inmerso en el ritmo. El ritmo rige el crecimiento de todo cuanto existe, de los hombres y de los imperios, de las cosechas y de las instituciones.

El ritmo nos atrae porque desde el vientre materno vivimos en los latidos del corazón de nuestra madre. Al nacer nos mecen y nos cantan tonadas que repiten sus estribillos una y otra vez: Aserrín, aserrán, los maderos de San Juan (…) los de rique, alfeñique, los de roque, alfondoque, riqui, rique, riqui ran (…)”.

El ritmo produce el placer de la espera, el placer de la realización y del recuerdo.  El poeta siente el ritmo de sus pensamientos, de los sucesos, de los sentimientos.  Se ha hablado mucho del ritmo interior del poema. Ese ritmo interior tiene que revelarse en intensidades, acentos, entonaciones, pausas, ritmo.

Aproximación al Poema

Sin pretender ponernos a buscar imposibles definiciones, recuerdo a Octavio Paz cuando dice que el poema es una obra única, irrepetible, insustituible, es una unidad autosuficiente. El poema empieza y termina en él mismo. No tiene valor de cambio ni utilidad tangible. No es fácil poner a las palabras a decir lo que el poeta quiere que digan. Él libera las palabras de la conversación y vuelve a reunirlas en su condición de amigas, gracias a las frases: sonido-silencio, sonido-silencio y así.

Un poema que es un verdadero poema nos acelera el pulso. Puede hacernos sentir asombro, admiración, ternura, rabia, espanto, alegría, dolor, nostalgia. Pero jamás nos dejará indiferentes. El poema es una confesión de fe: el poeta puede o no creer en Dios, puede amar la vida o aborrecerla, creer que el ser humano es bueno, o malo, o ambas cosas, no creer absolutamente en nada. Aun así, el poema es una confesión de fe.

El auténtico poema no es fruto de la inspiración. Se aprende a escribir y es el fruto de una larga paciencia y de un intenso trabajo. Dice García Lorca: Si es que soy poeta por la gracia de Dios, o del demonio, también lo es que lo soy gracias a la técnica y al esfuerzo y a saber de una manera absoluta, lo que es un poema”.

Concluyo este texto con una anotación de Juan Gelman:

«La poesía no se pelea con ninguna otra clase de discurso. Viene del fondo de los siglos. Ninguna catástrofe natural o fabricada por el hombre ha podido extinguirla y solo desaparecería cuando el mundo acabe.»

*Carmen Cristina Wolf. Poeta y ensayista venezolana.

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Sonia Sgambatti, entre leyes y poesía

Celebramos la publicación del libro  Sonia Sgambatti, entre leyes y poesía, título del libro biográfico de la escritora Sonia Sgambatti, Miembro Activo y Emérito del Círculo de Escritores de Venezuela. La obra fue escrita por la internacionalista María del Valle Vásquez Mancera y fue bautizado en el auditorio del Colegio de Ingenieros en el marco del mes de la mujer. La obra lleva el sello de la Editorial Lector Cómplice.

El evento se realizó el pasado sábado 17 de marzo en compañía de la Sociedad de Damas. Sonia Sgambatti, abogada egresada de la Universidad Central de Venezuela, también se le rindió homenaje por ser merecedora del premio “Una mujer que cambió la historia” otorgado por Soroptimist International. Gisela Borges estuvo presente en la jornada como representante de la organización.

 

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Ernesto Marrero: El tiempo y su legado

Nota de prensa

Nuevamente regresa para a sorprendernos mediante su sensibilidad y profundidad el escritor Ernesto Marrero Ramírezautor de: El pececito que quería ser humano I y II parte, La leyenda del sabio de la montaña; Pasajes secretos del alma; Y ahora… ¿por dónde empiezo?; Cuando tenga tiempo, empiezo; El Futuro nos Alerta; Quisiera contarte Algo  y El jardín de la existencia. 

El tiempo y su legado.

 El tiempo y su legado es un poemario que nace de la responsabilidad de aportar una reflexión ante un momento histórico, donde los sentimientos y la razón se vinculan para brindar, a través de la poesía, un llamado a la justicia, a la dignidad y al honor, donde la finitud de la existencia clama por un sentido de trascendencia y el amor sincero desea retoñar en los corazones resquebrajados o frívolos de tantas personas. Así como enfrentar un flagelo que siempre está latente para engañar y someter a las poblaciones posmodernas, aquellas que son arrastradas por la brisa seca de la indiferencia y el vacío torrente del híper individualismo: la tiranía y sus mentiras. Tal vez este libro no sea más que una gota de agua en el océano de la vida, en el mundo del pensamiento y la conciencia, pero como decía la Madre Teresa de Calcuta: “A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota”.

Para más información del autor y sus escritos, visite sus redes sociales:

Blog: ernestomarreroramirez@blogspot.com

Twitter: @ernesto_marrero

Facebook: Ernesto Marrero Ramírez

Síntesis biográfica

Ernesto Marrero Ramírez es poeta, cuentista, fabulista y novelista venezolano. Es licenciado en Administración ycursó estudios de postgrado en filosofía práctica en la Universidad Católica Andrés Bello.También realizó estudios de psicología existencial en la universidad de Winner en Lima, Perú;y Psicología Analítica en el Centro de Estudios Junguianos en Caracas, además de un diplomado sobre Narrativa Contemporánea en la UCAB. Es miembro del Círculo de Escritores de Venezuela y de la Sociedad Venezolana de Filosofía. También es investigador, conferencista, productor de micros radiales y articulista sobre temas filosóficos y existenciales.

Algunos de sus libros son: El pececito que quería ser humano, La leyenda del sabio de la montaña, Y ahora… ¿por dónde empiezo?, Cuando tenga tiempo, empiezo, Pasajes secretos del alma, El Futuro nos Alerta, Quisiera contarte algo, El jardín de la existencia y El tiempo y su legado.

Sus escritos son leídos por todo tipo delectores, y ha gozado de una excelente acogida en el mundo literario de las instituciones educativas nacionales. Muchos de sus títulos han llegado a ubicarse dentro de los más vendidos en las principales cadenas de librerías de su país.

 

 

 

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Heberto Gamero: Las puertas

Heberto Gamero Contín

Del libro «Cuentos de parejas y otros relatos»

Mi mujer es una obsesionada por la limpieza, incluso cuando estamos de viaje
se desvive por tener todo en orden y pasar la punta de sus dedos sobre el
televisor o la mesa de noche o sobre cualquier superficie plana o curva para
luego mirárselos, fruncir el ceño, poner cara de asco y decir esto está sucio.
No hablemos de cuando me dispongo a escribir unas cuantas líneas.
Seguíamos en Madrid ?a veces no la incluyo en los cuentos porque es el
único sitio donde me siento realmente libre y aprovecho para hacer de las
mías, para mentir y hacerle muecas mientras me río a carcajadas de sus dedos
sucios y del pelo que encontró en el lavamanos que, aunque no son míos
porque soy medio calvo, me endilga los más cortitos, y porque tiene la
costumbre de culparme de cuanta basura encuentra en su camino?. Lo cierto
es que seguíamos en Madrid (dejamos el hotel donde previamente habíamos
llegado porque las alfombras del pasillo estaban manchadas) y alquilamos un
apartamento mínimo con una terraza también mínima separada de la salita por
una robusta puerta de cristal anti ruidos. Era pequeño pero hermoso, un ático
con una vista excepcional a los jardines de Sabatini. Estar en el último piso me
daba cierta sensación de paz y tranquilidad que no había vivido en otros de
mis viajes a España. Sin vecinos en el piso de arriba y unos simpáticos viejitos
al lado (que parecían como fantasmas porque no se les escuchaban ni los
pasos ni los estornudos ni cuando salían al pasillo a tomar el ascensor; el
portero nos dijo que eran sordos). Así que esperaba tener una grata estadía y
por fin terminar ese libro que ya me tenía de cabeza y que en algún momento
pensé ponerlo en el suelo para que mi mujer, máquina devoradora de todo lo
que no esté estrictamente en su lugar, lo tirara a la basura sin siquiera ver si se
trataba de uno de mis escritos, un trabajo que para ella produce abundante
basura: papeles rotos, correcciones desechas, grapas como agujas, clips
desprendidos y todo ese horror que puede producir un escritor que no se
decide por tal o cual argumento y escribe, copia, lee, corrige y bota; y venga a
escribir, a leer, a copiar y a botar de nuevo, veinte, treinta veces hasta que el
maldito relato tome forma y alguien lo pueda leer. Y en ese intemporal
espacio de tiempo la escoba golpea las puertas, las patas de los muebles, las
paredes y cuanta cosa genere un sonido, cualquier sonido, que me pueda
molestar porque ella no resiste que me encierre cinco horas en la mañana y
cinco horas en la tarde-noche (ojala y fueran más) a trabajar en mi estudio, no
porque esté escribiendo específicamente, me niego a creer, sino porque sabe
que estoy generando basura y que cuando termine no la recogeré y ella tendrá
que hacerlo porque no puede dormir si sabe que mi estudio está lleno de
papeles, clips, grapas y demás monstruos que para ella se desplazan como
figuras tenebrosas por la casa, sobre todo en la noche cuando duerme y
vívidamente siente su presencia: las ve, oye sus pasos y tiene que levantarse a
limpiar los restos de mi trabajo. Y yo no lo hago no porque no quiera (me he
ofrecido cientos de veces a limpiar mi estudio y a dejarlo como si nada, pero
no me lo permite, ¿por qué?, porque tú no sabes limpiar, ensucias más de lo
que limpias, deja que yo lo hago) sino por eso, porque no me deja, y mejor
que no insista porque si lo hago corro el riesgo de quedarme sin cena o sin
postre o sin el té antes de acostarme: un precio muy alto por algo que bien
podía permitir que ella haga si tanto le obsesiona el tema. No me importaba
que ella ordenara y limpiara mi escritorio. Ya me había acostumbrado a perder
media hora todas las mañanas buscando la pluma, las hojas blancas, la
engrapadora y demás herramientas. Lo que se me hacía inaguantable era la
escoba contra las patas de los muebles, pero no más que el ruido de la
aspiradora que parecía tener un amplificador en el motor y todo respondía a
que la enchufaba justo al lado de mi puerta y desde ahí limpiaba todo el
departamento con un cable superlargo que compró con desespero una vez que
lo vio exhibido en una de esas ferreterías que venden de todo y que yo vi
(porque andaba con ella; en contra de mi voluntad pero andaba con ella) y
pensé que lo usaría para conectarse desde la cocina o un sitio lejano de mi
oficina para no molestarme (qué ingenuo), pero no: me salvó la puerta, si no
hubiese sido por la puerta de mi estudio estoy seguro de que la habría
enchufado dentro, lo juro, porque pareciera que odia que escriba, o que no esté
pendiente de ella todo el día o, ¡eso es!: está consciente de que estoy
generando basura y eso la mata, le corta la respiración, le obnubila el cerebro.
Sí, ahora estamos en este bello apartamento de Madrid con vista a los
jardines de Sabatini. Silencioso, pequeñito y con una terracita de lo más cuchi
donde apenas caben dos personas y una doble puerta corredera nos separa de
cualquier ruido que pueda llegar de la calle (aunque es difícil que el ruido de
la calle llegue hasta aquí por la sencilla razón de que estamos en un sexto piso
y no es una calle como tal, sino una peatonal por donde solo transita gente
riendo, caminando, mirando escaparates o buscando algún bar donde tomar
una copa de vino, ignorantes del pobre hombre que unos metros más arriba
pretende escribir un par de líneas sin ser atormentado por el tac-toc-toc-tac de
las escobas o de la barra de la aspiradora dándose de golpetazos con cuanta
cosa encuentra.
Está sucia, fue lo que dijo cuando salió a la pequeña terraza a recoger dos
(juro que solo eran dos) hojas secas que estoy seguro habían caído hacía un
momento porque unos minutos antes yo me había acercado a contemplar los
jardines de Sabatini y había visto la terracita totalmente limpia (también lo
juro). Allí se quedó un rato pasando el trapo por la baranda del balcón. Respiré
profundo, me acomodé en una esquina del saloncito y comencé a ordenar mi
trabajo. De pronto escucho que mi mujer golpea con insistencia el cristal
desde fuera de la doble puerta de la terraza. Quedé inmóvil. Mi maleta todavía
estaba sobre la cama sin abrir.

Heberto Gamero. Destacado narrador venezolano con una amplia obra publicada. Fundador de FAEC, Fundación Aprende a Escribir un Cuento. Miembro del Consejo Consultivo del Círculo de Escritores de Venezuela

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Eugenio Montejo: Un viaje a la memoria de la eternidad

Magaly Salazar Sanabria

     Entré en el Alfabeto del mundo (1986) para buscar “El canto del gallo”, llegué tarde porque lo había encontrado primero que yo, mi maestro Adriano González León, a quien Eugenio Montejo, le había dedicado el poema. Además, Adriano, después de haber escrito el hermosísimo “Cántico de Jajo”, -se celebraba entonces, el IV Centenario de la muerte de San Juan de la Cruz- se había ganado unas cuantas indulgencias y un puesto en el cielo pidiendo al Santo que perdonase las  palabras de Quevedo, Cervantes, Baudelaire,  Rimbaud, Anaís Nin, César Vallejo, José AntonioRamos Sucre, otros y él mismo, y Dios y San Juan le confirieron ciertos privilegios. Así pudo acercarse al canto del gallo primero que todos nosotros. Confieso que la vinculación del poeta Montejo con la naturaleza y sus elementos me conmueveporque el poeta andaba  en la búsqueda del alma de las cosas.  Descubrí, como dice el poeta,  que:  “El canto está fuera del gallo; / estácayendo gota a gota entre su cuerpo,/  ahora que duerme en el árbol. / bajo la noche cae, no cesa de caer / desde la sombra entre sus venas y sus alas /El canto está llenando, incontenible,/ al gallo como un cántaro;/llena sus plumas , su cresta, sus espuelas, / hasta que lo desborda y suena inmenso el grito/ que a lo largo del mundo sin tregua se derrama. / Después el aleteo retorna a su reposo / y el silencio se vuelve compacto./ El canto de nuevo queda fuera / esparcido a la sombra del aire. / Dentro del gallo sólo hay vísceras y sueño / y una gota que cae en la noche profunda, / silenciosamente, al tic-tac de los astros”. Luego de reposar los latidos del alma, me atrevo a decir que en Montejo, las palabras de su escritura se constituyen en un espejo que refleja el complejo mundo interior del poeta, de esta manera,  se universaliza su mapa íntimo, sus obsesiones,  preocupaciones, su sensibilidad.

Se trata de vivir en el poema,  hacer de él una escritura vinculada a la vida con toda su energía trascendente. Por  eso, se alimenta de la memoria y del subconsciente. La memoria tiene para el poeta una capacidad de resurrección. De tal manera, va creando símbolos e imágenes que nos revelan su visión del mundo totalmente conectada con el subconsciente colectivo y a un conocimiento de sí mismo, al onirismo que restituye poderes mágicos y que proporciona a su poesía un valor semántico firme y muy característico de la obra del poeta, sobre todo, en lo que se refiere a su percepción  de la muerte, de la vida, de lo efímero del tiempo, de la desposesión y la nostalgia. Por eso, su voz se inscribe  entre las mejores de la poesía venezolana contemporánea y en la más hermosa     tradición de la lengua castellana. Según, López Ortega(2005), en Letras libres,expresa: “Pocas lenguas, en verdad reúnen en un mismo seno a: Quevedo y Octavio Paz, a Góngora y Lezama Lima, a San Juan de la Cruz y Rubén Darío, a Antonio Machado y Jorge Luis Borges, a García Lorca y César Vallejo, a Sor Juana Inés de la Cruz y Blanca Varela, a José Antonio Ramos Sucre y Juan Sánchez Peláez”

Y para tatuar su nombre entre los grandes de la lengua castellana, Montejo acudea la memoria que es el manantial de donde procede toda la sustancia poética del autor deElegos, (1967) Muerte y memoria (1972), Algunas Palabras (1976),  Terredad,(1978),Trópico absoluto, (1982) Alfabeto del mundo (1988), Adiós al siglo XX (1997),Partitura de lacigarra, (1999), Papiros amorosos(2002),Fábula del escriba (2006) y también de los ensayos: Laventana oblicua (1974), El taller blanco  (1983). Y los libros de escritura heteronímica: El cuaderno de Blas Coll (1981), Guitarra del Horizonte por Sergio Sandoval (1994), El hacha de seda por Tomás Luden (1995) y Chamario, libro de rimas para niños por Eduardo Polo (2004).Es importante señalar que   en la obra poética de Montejo el recuerdo es una convocatoria. La memoria ocupa el sitio del presente. Instante y memoria son lo mismo.Hay magia en la recuperación de los mithos, y èsto lo podemos observar en las imágenes hechas palabras. La poesía de Montejo, se constituye en un sí a la vida y en un ansia de trascendencia existencial.Sus palabras sencillas permiten la comprensión, pero  guardan con celo la sabiduría atávica, que de alguna manera, propone una reflexión acerca de lo que somos o pretendemos ser tras los meandros interiores, los miedos, los problemas existenciales. El poeta apela a la memoria  afectiva personal, mira al interior del yo para después hablar a lo exterior,  a través de esa mirada, se acerca a la nervadura del subconsciente colectivo y lo expresa en metáforas e imágenes vinculadas a su visión del tiempo,  de la vida y la muerte hasta llegar a Dios. La imagen, segúnLa poética del espacio de  Bachelard (1995) “es una manifestación del psiquismo del individuo”. En las imágenes de Montejo van unidas el alma y espíritu, o sea,intuición e intencionalidad.

En cuanto a los símbolos más utilizados por el poeta caraqueño ensayista y crítico literario,nacido en 1938,encontramos: la casa, los pájaros, la tierra, el árbol, la ciudad, el viaje, el río, el caballo. Son trascendentes los elementos simbólicos  que revela la mirada interior del poeta: a)  La ausencia / presencia de Dios, b) La dicotomía vida/ muerte c) El tiempo.

Asimismo, el poeta marca distancia con respecto a la sociedad en que vive, el hombre se presenta como un ser exiliado. Con relación a la muerte la considera como un espacio más de la vida. Los vivos y los muertos se reencuentran en el presente, y los habita un sentimiento de orfandad. En Trópico absoluto (1982) leemos el poema “Mis mayores”

“Mis mayores me dieron la voz verde/ y el límpido silencio que se esparce /allá en los pastos del Lago Tacarigua / Ellos van a caballo por las haciendas. /Hace calor. Yo soy el horizonte / de ese paisaje adonde se encaminan”. Como podemos observar, los muertos se mueven, actúan y viajan. La figura del caballo, como en otros poemas, hace que la vida y la muerte se encuentren. La memoria le da sentido a esta coincidencia.

Del libro Terredad (1978) En el poema “Labor”, hay una aproximación a la ausencia y presencia de Dios: Leamos:” Para  que Dios exista un poco más /-a pesar de sí mismo- los poetas/ guardan el canto de la tierra./ Para que siempre esté al alcance / la cantidad de Dios / que cada uno niega diariamente / y que puedan ser al fin ateos / los hombres, las nubes, las estrellas,/ Los poetas en vela hasta muy tarde / se aferran a viejos cuadernos. / Dios rota en sus eclipses / y se deja soñar desde muy lejos. / En  medio de la noche/ las sombras borran las ventanas / de rectos edificios /. Son pocas las lumbres encendidas / que tiemblan a esa hora / en la intemperie /, son pocas, pero cuánto resisten / para inventar la cantidad de Dios /que cada uno pide en sueño”.

En el poema “Nocturno al lado de mi hijo”, del libro  Algunas palabras (1976) destacamos el tratamiento del tiempo: “Despacio la noche me reintegra / al áspero silencio / que esparcen atónitas estrellas / mientras mi hijo duerme /. Allí en su sueño, tras las nieblas / que nos separan, crece el árbol / por donde torna hacia otro día / mi sangre que aún en él es verde. Allí mi infancia se reencuentra / entre la magia de sus ríos / al otro lado del espejo (…) De padre a hijo la vida se acumula / y la sangre que dimos se devuelve y nos recorre en estremecimiento. / las horas caen de estalactitas / con un ardor silente / que empaña las vidrieras. Quedan pocas estrellas. Es tarde./ Llegan más sombras a mi mesa/ que se añaden al coro / de almas que me preceden./ Junto a la transparencia de mi hijo / sigue el bracero de los labios / mezclándonos las voces / en un salmo de amarga sobrevida / que da terror y quema.”  El tiempo ha girado y se cierra con dolor y angustia. La transmisión heredada de padres a hijos, al final del ciclo,es de gran desamparo. Montejo  acerca el tiempo imaginario al real.

Todas estas consideraciones confirman que nuestro poeta juega con su memoria y crea persecusiones, encuentros, búsquedas, viajes, ausencias. Es como si el tiempo se mirase a sí mismo. El universo es visto con cierta intimidad, como dice Guillermo Sucre, en La máscara, la transparencia (1975): Un mundo poético que se sitúa entre “ la nostalgia de lo cósmico inmortal y la desacralización del presente (…) pero sin entregarse  a ningún patetismo, sin acentuar una dualidad irreconciliable”. Así,la ciudad es un pretexto para que el poeta exprese el conflicto entre el sentido mítico del mundo y el desarraigo.

“La vida toma aviones y se aleja/ sale de día, de noche, a cada Instante / hacia remotos aeropuertos,”dice el poeta en el Poema La Vida  de Algunas Palabras. Pero la vida no sólo toma aviones sino barcos, trenes, caballos y en este peregrinaje tropieza con obras pictóricas como la de Uccelo, hoy 6 de agosto, cuya razón de ser es un caballo que estuvo en Hiroshima.Es un caballo del exterminio,” Uccello lo cubrió con capas de pintura / lo borro de su siglo,/ y hoy aguarda en el fondo de la cuadra/ con los jinetes del Apocalipsis.También  se quema al mirar el autorretrato de Rembrant pintado en su final de vida.Recuerda la línea de Mondrian sobre sus ojos, la talla antigua de La Anunciación y su terrible momento, se acerca a los compases del jazz, descubre la casa en el cuerpo de la mujer “porque al entrar nunca se sale” Añora la Caracas de su niñez: “Tan altos son los edificios que ya no se ve nada de mi infancia”Además, Islandia es para él una imposibilidad donde se demuestra su insatisfacción y la importancia del deseo. “Nunca iré a Islandia. Está muy lejos/ A muchos grados bajo cero./ Voy a plegar el mapa para acercarla./ Voy a cubrir sus fiordos con bosques de palmeras”. Se detiene a oir  la conversación de los árboles y al escuchar el grito de “un tordo negro,ya en camino a casa,/ grito final de quien no aguarda otro verano, / comprendí que en su voz hablaba un árbol, / uno de tantos/ pero no sé qué hacer con ese grito, /no sé cómo anotarlo”. También escribe sobre la soledad del mar o reflexiona sobre Los Amantes: “Se amaban. No estaban solos en la tierra; tenían la noche, sus vísperas azules, sus celajes” así manifiesta que el cuerpo es un lugar común que pertenece “al tiempo de la tierra, no al de los relojes .  Se detiene a contemplar el Orinoco que (…) “pasa por nosotros/ pero su extraña transparencia/ algo siempre se lleva”. El Orinoco es como la vida.En su deambular, el poeta se encuentra con Bolívar y dice:“Bolívar es el primero de todos nuestros ríos pero el más solitario” (…) “Cuando sale al océano ya se encuentra muy pobre” o estos versos: “Adentro de nosotros Bolívar se desborda,/nos hundimos en su rumor profundamente/ y dejamos que en las ondas nos lleve/ despacio, de la mano, entre el sueño y el agua”. Como podemos observar, la escritura de este gran andariego está frente a un mundo en movimiento.

La Ciudad la representa en Manoa del libro Trópico absoluto (1982). La Imaginación hace de  esa ciudad legendaria una ciudad real. Según Francisco José Cruz Pérez, expresa: “La ciudad  también es la metáfora de la imposibilidad y del desarraigo, así como el espacio real del extravío, de la soledad, de la incomunicación.” En Mural escrito por el viento del libro Trópico absoluto,  El poeta lo dice de esta manera: “Una ciudad no es fiel a un río ni a un árbol / mucho menos a un hombre”

Y para culminar, deseo que tomen con amor su cantidad de Dios ysea de provecho y también les dejo un mensaje del poeta: El canto del gallo, que oímos al principio es un canto de esperanza para Venezuela. Este mensaje se los envía desde  el lugar donde las voces de las cigarras convergen con el canto del tordo, los pájaros, los ríos, los árboles, el mar, las casas, los viajes,  desde el lugar donde “La poesía cruza la tierra sola /apoya su voz en el dolor del mundo / y nada pide /ni siquiera palabras (…) Del libro: Adiós al siglo XX (1992)

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*Magaly Salazar Sanabria, poeta y ensayista venezolana. Vicepresidente del Círculo de Escritores de Venezuela. Entre sus libros publicados mencionamos: Bajío de sal, Fuegos y sietes, Cuerpos de resistencia, Andar con la sed. Su obra ha sido objeto de numerosos reconocimientos y este año será invitada a la Feria Internacional FILCAR.

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A DON JOSÉ LÓPEZ RUEDA, IN MEMORIAM

 

Por Enrique Viloria Vera

 

Los valses clásicos del Perú tienen versos realmente bellos. Uno, pleno de saudade, dice: “errante trovador”. ¿Puede encontrarse mejor descripción para un personaje de polendas?

Nunca he practicado el panegírico, dejo a los maestros bizantinos el honor de ser insuperables, y me limitaré a contar mis cortas, pero intensas veladas, que compartí con Don López Rueda.

La máquina de escribir infatigable, no exactamente Remington ni Olivetti, sino, Enrique Viloria Vera, había programada en la Universidad Metropolitana, en Caracas, una reunión entre un grupo de poetas, “el Círculo”, con Don José López Rueda. Su figura calma, su humildad plena de saber y sus apreciaciones puntuales me indicaron que estábamos ante un peso pesado de enormes proporciones.

Nacido en Madrid, en 1928, se doctoró en Filosofía y Letras. Con un fundamento de los que escasean, en griego, latín y vasta cultura, es decir el hombre afortunado que puede leer a los clásicos en su propio idioma sin necesidad de traductores o en su defecto corregirlos.Luego vino su periplo por el mundo, Ecuador, Taiwán, EEUU, Venezuela. Siempre en acreditadas universidades, pendientes de su saber. Yo me atrevería a definirlo como el arquetipo del español-americano que tantas cosas buenas han sembrado, no solamente en saber, sino en el accionar cotidiano del ser que antepone su vida y sus gustos, al servicio de iluminar al resto. Autor de análisis, ensayos, novelas, poesía y pare usted de contar.

Regresando a nuestro encuentro, diré que el reto era publicar una antología poética, del «Círculo»,para mostrarse en España y qué mejor batuta que la de Don Pepe. Le tocó al maestro la selección y análisis, a Don Viloria el látigo del trabajo, y a quien les narra la edición e impresión del libro que estuviese a la altura de las publicaciones en España.

Así fue, un “retrato” del momento en Caracas, y una presentación en España. Primero en Madrid, en la Casa del Artista, y otra en la Universidad de Salamanca. En ambos sitios Don Pepe y su siempre agradable esposa nos acompañaron. Me esforcé para que la calidad del libro estuviera acorde al ilustre invitado. Los colaboradores, desde los prensistas, la fotomecánica, los proveedores del mejor papel, y la maravillosa fotógrafa y diseñadora Laura Morales, hicieron un inolvidable trabajo.

En Madrid, López Rueda leyó la labor del magnífico literato, José Pulido, un poeta ácido y sin contemplaciones del quehacer caraqueño. Terminadas las lecturas, partimos al otro día a Salamanca. Allí, ante un público erudito, y con la batuta del maestro y del “peruano amigo” Pérez Alencart volvimos a recitar.

De regreso de Salamanca en ruta a Madrid, nos sentamos en un vagón cuyo número no recuerdo, el poeta de los amores turbulentos, Henrique Meier Echevarría, quien les narra, y nuestra pareja, Don Pepe y su esposa. Un poco alejado iba el excelente poeta español, Colina. Mientras el tren flotaba en el tiempo, el poeta Meier nos deleitaba con insólitas historias de la burocracia venezolana y nadie mejor que él, pues aparte de ser uno de los mejores abogados constitucionalistas había sido Ministro de Justicia tocándole dinamitar la oprobiosa cárcel, llamada “El retén de Catia”. Don Pepe añadía salero y las carcajadas crecían. Fue en ese preciso momento, sobre las doce del día, que una mujer de mediana edad, de rostro que denotaba sorber todos los amaneceres de su existencia, un vaso de vinagre, quien nos pidió en altanera voz, que callásemos que estaba durmiendo. Se hizo un silencio en el vagón, e instantes luego de la obtusa reprimenda, se escuchó una voz sacada de la profunda Castilla con todo su acento de la Picaresca española: “pero qué clase de imbécil….” Otra carcajada inundó el espacio, fue Don Pepe quien en castizo hablar, escarmentó inmisericordemente la insolencia de tan áspera y esperpéntica dama.

Dentro de mis mejores conversaciones, recuerdo, su excelente análisis del poeta venezolano, cumanés, y a mi juicio uno de los mejores de América Latina del siglo XX, Ramos Sucre. Nadie mejor que él para analizar con conocimiento al cumanés de oro, ya que había que tener un conocimiento de los clásicos, de Homero, de Herodoto, de Plutarco, etc., con celo para saber la travesía de Ramos Sucre. Lo escuchaba con profunda atención y con sana envidia, se había zambullido en ignotos tiempos y en la sabiduría clásica. Para Don Pepe, Ramos Sucre era de una cultura sorprendente, además, insistía, de ella surgía una creatividad deliciosa y adelantada a su tiempo. Me sentí afortunado al ir descubriendo de su mano los vericuetos y las licencias de Ramos Sucre, y de los apostillados del saber del maestro.

Hace unos escasos días me entero de su partida, me dije, se ha ido un gran hombre, su humildad, su sapiencia y su siempre desprendimiento sea un ejemplo. Buen viaje querido maestro.

 

Venturosa jornada, te lo deseo ab imo pectore. Magister et amicus.

 

*Enrique Viloria Vera, poeta, ensayista, docente, polígrafo. Miembro del Consejo Consultivo del Círculo de Escritores de Venezuela.

 

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Cecilio Acosta: Bicentenario de la civilidad y la periferia

Por Horacio Biord Castillo

Hoy, primero de febrero de 2018, es un gran día para la patria, para lo más hondo y entrañable de la patria, un día grande para la patria civilista, para la patria de las bellas letras, para la patria de la institucionalidad, el derecho y la reflexión social, para ese terruño fértil aunque constantemente amenazado de la decencia y la bonhomía, de la alteza de miras. Hoy, un día como hoy hace doscientos años, nació en un pueblo llamado San Diego, antaño floreciente, hogaño deprimido, un párvulo (como reza la partida del bautismo administrado dos días después, el tres de febrero de 1818) que llegaría a ser un justo entre los justos. Ese Cecilio Juan Ramón del Carmen sería andando el tiempo un grande entre los más grandes varones de la patria venezolana, que no es más que un pedacito fecundo de la patria hispanoamericana y de la patria iberoamericana que la engloba, sin renunciar al carácter latinoamericano, como en un juego de identidades que se superponen, cual cajas chinas y filigranas amerindias.

“Ha muerto un justo: Cecilio Acosta ha muerto”, escribió en julio de 1881 Jose Martí. Ese justo, en las palabras del gran polígrafo, se distinguía por su “cabeza altiva, que fue cuna de tanta idea grandiosa”, por “aquellos labios que hablaron lengua tan varonil y tan gallarda” y “mano que fue siempre sostén de pluma honrada, sierva de amor y al mal rebelde”.

Hoy, sin embargo, tantos años después, no se puede dar por cierto que un hombre justo, con una mente excepcional que sirvió de “cuna de tanta idea grandiosa”, dueño de una “lengua tan varonil y tan gallarda” y un escritor “de pluma honrada, sierva de amor y al mal rebelde” haya muerto de verdad. No. La patria lo necesita, lo necesita vivo, como a Bolívar, como a Miranda, como a Páez, como a Bello, como a Gallegos, como a Guaicaipuro, como al Negro Miguel, como a José Gregorio Hernández, como a Teresa Carreño, como a José Antonio Ramos Sucre, como a Teresa de la Parra, como a Andrés Eloy Blanco, como a las Negras Hipólita y Matea, que prestaron la leche bendita de sus pechos para criar la patria que por ello resultó bendecida.

A Cecilio Acosta no lo podemos contar entre los muertos y menos ahora, cuando se hacen más actuales sus advertencias sobre la turbulenta vida social y política que ayer como hoy nos precipita por insondables abismos. A Cecilio Acosta no lo podemos dejar olvidado en el Panteón Nacional como si de verdad estuviera, vuelve a decir Martí, hueca y sin lumbre su cabeza altivamudos sus labios yerta aquella mano que empujó el pesado carro de la dignidad frente a los tiranos y mediocres.

A Cecilio Acosta lo debemos sacar de ese ataúd perfecto de los héroes santificados, como justificación, por el despotismo. Don Cecilio, niño, joven, sabio en su impoluta madurez, debe caminar por las veredas verdirrojas de su patria chica de San Diego de Los Altos, por los caminos ahora otra vez polvorientos y acongojados de su patria venezolana y por el sueño anfictiónico, todavía posible, de la patria grande y de la más grande aún que nos convoca con las mismas voces de caballería que escucharon Babieca y Rocinante en la meseta castellana. Don Cecilio no puede ser desprendido de Venezuela, de Colombia, de Chile, de España, de tierra alguna donde se agradezca con un amable “gracias”.

Don Cecilio ha de ponerse otra vez, agrandados, esos zapaticos de oro que le atribuyen en Guareguare, caserío de San Diego de Los Altos que aún se disputa su cuna, y encontrar, por generosa donación de tantas generaciones de venezolanos, el dinero para enviar todas las cartas y escribir todos los libros que nos haya de mandar o dedicar.

Don Cecilio no ha muerto, sino que acaso doscientos años después, vuelve a nacer en un país que otra vez tembló de pavor, que otra vez tiembla de pavor. Necesitamos, seguimos necesitando, su voz y su ejemplo. Solo así podremos desovillar la maraña que esconde el hilo para salir del laberinto y burlar al monstruo de mil caras y mil manos que lo custodia y somete, burlándose del barro del que no solo estuvo sino que está hecho don Cecilio: el barro del pueblo, el barro de la pobreza, el barro de la sabiduría y la nobleza.

Cecilio Acosta fue un hombre de periferias: nació en una pequeña población aledaña a Caracas, fue pobre de solemnidad, vivió en un país visto como periferia de centros mundiales de poder y, dentro de él, pertenecía con orgullo a la periferia de los justos, de los alejados del poder, de los mancillados por el modo caudillesco y militarista de conducir el país. Héroe de esa paradójica periferia de la civilidad, Acosta no reclama por sí mismo su puesto entre nosotros, humilde como fue el sabio. Somos nosotros, los venezolanos del siglo XXI que todavía no fructifica en nuestros suelos, quienes lo precisamos para que, como tanto aconsejaba él, nos beneficiemos de la luz que se difunde en vez de enceguecernos con la que se concentra en forma avasallante, indebida, indecente, petulante.

Reclamemos a Cecilio Acosta como signo y símbolo de la Venezuela civilista, de la patria buena donde, cual diría Rómulo Gallegos sobre el Llano, “una raza buena ama, sufre y espera”. Y esa espera la puede iluminar un justo como Acosta, un hombre que no sucumbió ni en las garras asesinas del poder ni en la genuflexión obscena y lucrativa ante los caudillos que se creían ilustres en las Américas e inmortales entre los mortales, llamados ?pensarían? a ser saludados como César.

Los verdaderos inmortales son los hombres como Cecilio Acosta, aquellos que, cual señaló Martí, cuando alzan el vuelo tienen limpias, muy limpias, las alas y, añado yo, las manos sin rastros de sangre, codicia o venganza.

 

Horacio Biord Castillo

 

Escritor, investigador y profesor universitario, Presidente de la Academia Venezolana de la Lengua. Director de la Academia de la Historia del Estado Miranda. Integrante del C{irculo de Escritores de Venezuela

 

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