El tiempo y su legado

Por Ernesto Marrero Ramírez

Prefacio del libro «El tiempo y su legado»

Resulta difícil hablar de poesía con sentido en estos tiempos cuando lo cerebral ha suplantado a lo afectivo, elementos que antes solían caminar de la mano. Y en muchos casos el erotismo, en su forma más grotesca, llegó para sustituir al amor, que ahora se percibe cursi y pasado de moda. Recuerdo que una vez estuve en un taller dictado por una reconocida poeta y escribí unos versos en tono romántico, donde hablaba de las cualidades de una mujer y del sentimiento profundo que despertaba en mi persona, a lo que me respondió que ella no pensaba que pudiera existir ese tipo de relación sentimental en estos días, que ya la época del romanticismo había quedado atrás. Además, me dijo que le hubiese gustado escuchar la palabra pene dentro del poema, para que alcanzara la fuerza suficiente. También me llega a la memoria una anécdota que me comentó un colega escritor, quien había ganado un concurso de cuentos. Al respecto me comentó: “Te confieso que yo mismo no entiendo lo que escribí, pero al jurado le gustó”. En otro taller de poesía un profesor comenzó a leer unos poemas muy abstractos, tanto así que cuando finalizaba cada composición los participantes nos veíamos las caras para tratar de encontrar a alguien que lo hubiese entendido, pero solo reinaba un silencio sepulcral y una profunda incertidumbre ante la posible interpretación que daría el profesor. Ante mi crítica por ese vacío tan hondo que dejaban esos poemas y la comparación con otros autores, que argumenté diciendo que dejaban muchos mensajes, reflexiones y planteamientos serios de tipo social, me respondió de manera tajante: “la poesía no está hecha para entenderse”.

No cabe duda que los casos relatados anteriormente provienen de la llamada posmodernidad, o como la llamaría Lipovetsky: la época de la hipermodernidad, la cual nos ha conducido a un callejón sin salida, a una escalera sin peldaños. Estamos viviendo una crisis de valores morales y un hondo vacío que parece no tener salida. Entiendo que con esta corriente hayan muerto los grandes relatos[1], como decía Lyotard, esos elefantes blancos que prometían panaceas cuando en realidad eran utopías. También parece importante que se permita el respeto a las minorías, a los diferentes géneros, y que haya surgido el multiculturalismo como un camino hacia la igualdad, pero no podemos llegar a caer en la frivolidad o en la insensatez y hundirnos en una crónica indiferencia que nos mantenga adormecidos.

John Cage, el compositor estadounidense, creó una sonata en tres tiempos llamada 4’33’’ (cuatro minutos, treinta y tres segundos), la cual es un caso digno de análisis. Para ejecutarla el pianista se sienta frente a un piano que posee un reloj, levanta su mano como si fuera a tocarlo pero se queda inmóvil y, por este tiempo, guarda silencio, luego se para, agradece al público y se retira. ¿Esto es arte?, pues en esta época posmoderna, sí. ¿Qué diría Vivaldi, Schubert o Bach al respecto?, pues sería interesante imaginarlo. La obra de Félix Gonzales Torres llamada La perfección del amor, son dos relojes colgados en la pared que comienzan a la misma hora, luego, con el transcurrir del tiempo, se desincronizan y cada uno marca su propia hora, lo que para el autor simboliza el comportamiento del amor en las parejas. La obra Jaula con aves, de León Ferrari, consiste en una jaula con aves en su interior que defecan sobre unas imágenes del juicio final. Pero nada es tan abyecto como el performance, o body art, llamado Indiferencia, que realiza el artista colombiano Fernando Pertuz, quien defeca ante el público, en una galería de arte, y luego procede a untar las heces en un pan y se lo come con solemnidad. Recientemente un adolescente que visitaba, junto a unos amigos, el Museo de Arte Moderno de San Francisco (EEUU) tuvo la ingeniosa idea de dejar unos lentes tirados en el suelo para ver cuál sería la reacción de los asistentes, en efecto, al cabo de un rato, estaba rodeado de personas contemplando la profundidad de esta obra vanguardista, mientras que otros la fotografiaban con entusiasmo.

Bueno, en razón de lo expuesto, resulta de interés la idea del arte conceptual, y me parece loable el poder romper con viejos y rigurosos patrones que coartaban parte de nuestra expresión y alcanzar el libre despliegue de la personalidad íntima, pero tampoco se puede rayar en el sinsentido absurdo, en lo ascoso, en la frivolidad o simplemente en el espectáculo.

Con Nietzsche muere Dios, pero más que Dios muere la razón de la ilustración. La moral del individuo y la verdad son controladas por la voluntad de poder, como lo demostraron Hitler, Stalin o Mao Tse-tung. El manejo del discurso para manipular masas, se manifiesta en su esplendor con Joseph Goebbels, el secretario de propaganda del partido Nazi, quien llegó a decir, de forma contundente, que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. A partir de este axioma, la mentira práctica y el adoctrinamiento de las masas, han causado muchos estragos sobre todo bajo la sombra de los regímenes totalitarios. A partir de Nietzsche toda verdad comienza a ser relativa y con esto muere la moral y se reemplazan los valores por aspectos prácticos que beneficien intereses particulares y no a la sociedad como tal. Lo no-racional se convierte en un arte expresivo, surge el psicoanálisis y el inconsciente comienza a ser un objeto de estudio.

No obstante, a la importancia de lo antes señalado, la razón y las fuerzas oscuras del inconsciente deben complementarse para que exista un mundo equilibrado. Muchos han hecho del arte una expresión de lo no-racional, de lo incoherente o del sinsentido, y aunque esto es también reflejo de la condición humana, si no se acompaña de una dosis de racionalidad podemos hundirnos en un foso muy oscuro que nos aparte del sentido del vivir. Si revisamos la mitología griega observamos que al principio todo era el Caos y luego apareció el Cosmos para establecer el orden: Ordo ab Chao.

Aunque es bueno permitirles a las fuerzas dionisíacas –lo instintivo– que salgan y se expresen, como proponía Nietszche, también las fuerzas apolíneas –las de la razón– deben estar presentes. Las emociones desnudas deben revestirse con los ropajes de la razón, este equilibrio es el que permite sostener a las sociedades, a las familias, al mundo. Todo Mr. Hyde debe tener a su doctor Jekyll y todo Hulk a su doctor Banner.

Cuando los Titanes gobernaban la Tierra prevalecían las fuerzas inconscientes, la naturaleza pura, en su esencia más primitiva, luego los dioses olímpicos los derrocaron, en una gran guerra llamada la Titanomaquia, y establecieron una armonía entre las energías más primitivas y básicas con las más sutiles y elevadas.

Para Nietzsche la verdad es determinada por la voluntad de poder –el que domina puede establecer su propia verdad– y para el posmodernismo la verdad la determina el discurso, o sea que todo es producto del lenguaje. ¿Pero no es cierto que existía una realidad antes de que naciera el ser humano, antes de que se creara el lenguaje? Y aunque el lenguaje nos permita comprender o intentar comprender a la realidad, ella persistirá con o sin los seres humanos. Tal vez el mismo egotismo humano nos ha llevado a pensar que sin nosotros nada existiría, algo realmente absurdo.

Kant decía que el noumenoo cosa en sí, resulta incomprensible para el hombre, quien solo puede comprender el fenómeno, es decir, lo que percibe nuestros sentidos. Por eso hay que tener claro que más allá del fenómeno existe una realidad que siempre seguirá existiendo aunque nosotros no la comprendamos, por eso es importante entender los límites del “lenguaje” y no considerarlo como una especie de ente metafísico que moldea las realidades de la humanidad, tanto así que los posmodernos han llegado a afirmar que el hombre no es más que un cruce de discursos.

El lenguaje debe ser visto como un canal de comunicación que puede manifestar su belleza a través de las diversas figuras literarias, con el fin de crear un estilo comunicativo más original y depurado. Y más allá de la expresión estética, la poesía debe cultivar su fondo, su esencia. En mi poemario El jardín de la existencia propuse un estilo de poesía que inspirara nuestras vidas, que se valiera de metáforas, símiles, aliteraciones, anáforas, hipérboles, elipsis y alegorías, para transmitir mensajes, reflejar injusticias, aflorar sentimientos reprimidos, sanar heridas y realizar aportes a la sociedad, a nuestro tiempo histórico que tanto lo necesita[2].

La vida requiere de legados reflexivos, de propuestas que ayuden a encaminar los derroteros de la humanidad, ejemplos virtuosos que ensalcen el honor y la dignidad; necesita de escritores que trabajen de la mano con su tiempo histórico, de pensadores que esparzan sus ideas en el aire de la eternidad, para que otros tengan un modelo a seguir, porque así aprende el ser humano, con los ejemplos de los demás.

¿Qué sería de la humanidad sin un Gandhi, un Tolstoi, un Beethoven, un Sócrates, un Whitman, un Einstein, un Buda o un Jesucristo?, ¿sin el cincel de Miguel Ángel Buonarroti, el pincel de Rembrandt, los acordes de Mozart o la pluma de Dostoievski?De igual manera, sería imposible hablar de poesía en Venezuela sin mencionar a Andrés Bello, Pérez Bonalde, Andrés Eloy Blanco, Fernando Paz Castillo, Vicente Gerbasi, Eugenio Montejo o Rafael Cadenas. Así como imaginar el mundo de la prosa sin las recordadas letras de Mariano Picón Salas, Rómulo Gallegos, Pedro Emilio Coll, Cecilio Acosta, Fermín Toro, Manuel Díaz Rodríguez, Arturo Uslar Pietri, Mario Briceño Iragorry o Juan Liscano.

Como hemos visto, el hilo de la vida nos muestra ejemplos constructivos y benéficos, pero también nos enseña prototipos destructivos, legados del mal que dejaron una herida mortal, una brecha de oscuridad y atraso para el mundo: un Kim Jong-il, un Pol Pot, un Saddam Hussein, un Hitler, un Nerón, un Calígula o cualquiera de tantos dictadores que aplastaron, con su sangrienta bota, el futuro y el bienestar de sus pueblos, solo para satisfacer caprichos o con el maligno fin de perpetuarse en el poder. En estos extremos oscila el curso de la historia y es la responsabilidad de cada ser humano decidir en qué lado se colocará.

La vida es un corto sendero, y apenas comenzamos a comprender su rápida trayectoria empezamos a despedirnos. En ese camino se presentan muchas adversidades. Es una cuesta de supervivencia donde debemos aplicar nuestras mayores destrezas para sobrevivir, donde debemos decidir y sobre todo ser responsables de nuestras decisiones y comprometernos con nuestro momento histórico. Sartre decía que “…El hombre está condenado a ser libre. Condenado, porque no se ha creado a sí mismo y, sin embargo, por otro lado, libre, porque una vez arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace[3].

El Tiempo y su Legado nace de esta responsabilidad, de aportar una reflexión ante un momento histórico, donde los sentimientos y la razón se vinculan para brindar, a través de la poesía, un llamado a la justicia, a la dignidad y al honor, donde la finitud de la existencia clama por un sentido de trascendencia y el amor sincero desea retoñar en los corazones resquebrajados o frívolos de tantas personas. Así como enfrentar un flagelo que siempre está latente para engañar y someter a las poblaciones posmodernas, aquellas que son arrastradas por la brisa seca de la indiferencia y el vacío torrente del hiperindividualismo: la tiranía y sus mentiras. Tal vez este libro no sea más que una gota de agua en el océano de la vida, en el inextricable mundo del pensamiento y la conciencia, pero como decía la Madre teresa de Calcuta: “A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota”.

En su libro La civilización del espectáculo, comentó el premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa: “[…] creo que la literatura debe comprometerse con los problemas de su tiempo y el escritor escribir con la convicción de que escribiendo puede ayudar a los demás a ser más libres, sensible y lúcidos”[4]. Por eso el acto de escribir no puede convertirse en un acto banal, en un simple juego de palabras que buscan darse sentido a sí mismas. Escribir es rescatar los valores de una sociedad, combatir sus vicios y romper paradigmas. En una oportunidad escribí que el escritor debe equiparse de un martillo y un afilado cincel para poder derrumbar las paredes que conforman los paradigmas sociales.

Esta es la intención fundamental del presente poemario: mover las fibras más íntimas de cada lector y que broten nuevos derroteros que lo conduzcan a la libertad de pensamiento, a la virtud y a la formación de sociedades más conscientes, donde pueda reinar la tolerancia, la convivencia armónica, el respeto a la naturaleza y finalmente la paz. No obstante, queda claro que esto es solo una intención, porque una cosa es lo que quiera transmitir el poeta y otra la que se logra comunicar, porque la poesía no puede limitarse a cerrados espacios, ella es un ave de vuelo alto, es como un organismo mutante que siempre cambia para conectarse con la interioridad de cada lector y despertar sus mundos secretos. Así lo aclaró el poeta Octavio Paz en su momento: “Cada poema es único. En cada obra late, con mayor o menor grado, toda la poesía. Cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro[5].

[1]La posmodernidad se caracteriza por el abandono de los grandes relatos o metarrelatos, esas supuestas panaceas del pensamiento que terminaron por convertirse en utopías. Lyotard se dedica a estudiar específicamente cuatro grandes relatos que influyeron de sobremanera en la historia: el cristianismo, el capitalismo, el iluminismo y el marxismo.

[2]Cfr. Marrero Ramírez, Ernesto. El jardín de la existencia, Caracas: Quirón Ediciones, 2014, p. 14

[3]Sartre, Jean-Paul. El existencialismo es un humanismo. Barcelona: Edhasa, 2009, p. 43

[4]Vargas Llosa, Mario. La civilización del espectáculo. Lima: Editorial Alfaguara, 2013. p. 33

[5]Paz, Octavio. http://www.proverbia.net/citasautor.asp?autor=743

#ernestomarreroramirez

Comparte esto:

LA LLAMA INCESANTE Y EL SUSTENTO ESPIRITUAL

La llama incesante y el sustento espiritual

Por María Isabel Novillo

Texto leído en la presentación del libro La llama incesante, de Carmen Cristina Wolf,  Editorial Diosa Blanca y Centro de Estudios Ibéricos y Americanos de Salamanca, (cuarta edición)

A veces descubrimos en actos cotidianos el modo de utilizar la concentración como un instrumento poderoso que convierte algo habitual en un asunto de significado real. Por ejemplo, se guarda memoria de la forma concentrada y sutil en que el poeta Ranier Maria Rilke lavaba sus manos. Ese gesto pequeño y cotidiano quedaba convertido-para quienes lo observaban –en una acción de belleza ritual.

Una cosa sería, entonces, para cualquier acto de nuestras vidas la brevedad y otra, la sustancial concentración.

Viéndolo así, no sería el hecho de las pocas palabras -como tal- lo que otorga definición e importancia a unos aforismos, a unos poemas, sino la quintaesenciada concentración de un núcleo de ideas poéticas y filosóficas capaces de movilizar en nosotros un proceso de asimilación reflexiva que, como un alimento del alma, nos sustenten.

Recuerdo de la verdad que nos fue transmitida: “ No sólo de pan vive el Hombre” son estos pensamientos que en La Llama Incesante nos ofrece Carmen Cristina Wolf , como se brinda, en bandeja sagrada, un alimento puro, para tomar de a poco, con las manos limpias y que santifique a los ojos que leen y la mente que recibe.

Así que no tan sólo de pan vivimos y la poeta devela la esencia de los pensamientos que ha escrito, tal como la ceremonia sencilla de servir una taza de té, devela la finura del espíritu que la ofrece.

Los Benedictinos decían: “ Si deseas apreciar fácilmente cómo las personas se relacionan con Dios, observa de qué se alimentan, que cánticos entonan y cuales libros las acompañan”.

Esta Llama Incesante, sin metáfora, en pequeños cánticos crea un alimento espiritual. Apreciamos la relación y comprendemos que la causa de su fuerza es que transmite una consciencia afinada, una práctica diligente y un conjunto de ideas claves que reconstituyen la pureza de intención de sus lectores.

Apetece poner un vaso de agua límpida allá donde este libro para que esa agua se transforme, por cercanía con sus textos claros, en Agua de Vida. Y luego, beberlo lento, lento…. Hay líneas de trabajo espiritual que bendicen con palabras, oraciones y mantrams al agua, que así se dinamiza como conductora de una carga capaz de transmutar lo denso en sutil, lo opaco y espeso en transparente. Así, liberará en quien la toma, lo compasivo y bondadoso que le ha sido instalado.

Sin nuestros cuerpos, materia rica en fluidos, alta estructura de agua creada por lo DIVINO, responde por resonancia a la luz, al sonido y al valor transmutatorio de la vibración de las palabras nobles, alto servicio nos daremos unos a otros al participar en la lectura íntima o de viva voz de estas palabras de Carmen Cristina.

Una mujer por cuyas venas corre la sangre de un ser que anheló un lenguaje universal:  el Esperanto. Esta mujer creció rodeada de Hombres de Sabiduría… Grandes dones, estos, de poder ser configurada, desde la infancia, por seres de voz y pensamiento nobles.

Una tarde, conversando con Carmen Cristina me dijo: «La esperanza es el hilo de luz en medio de la penumbra”

Sabemos,al leerla, que lleva sembrada la bandera de la esperanza en el corazón como un compromiso divino.

Aún así, nada puede darnos que no esté ya en nosotros. Por ello, sus pensamientos poéticos son una forma de rescatar lo olvidado.

Una luz que pone en evidencia un punto de amnesia y lo restaura, esperanzada, para nuestra memoria.

De alguna forma nos dice: “Sean una luz para sus propias almas”.

Permítase, así, que esta LLAMA INCESANTE nos sustente y que sea como la SAL, eso tan valioso para los alquimistas. Eso, que conserva incorruptible la materia y que, en pequeños toques, todo sabor esencial realza.

Eso, tan preciado al espíritu que, a ciertos seres,se les dijo que eran “LA SAL DE LA TIERRA”.

Con cálida amistad,

María Isabel Novillo

 

Escrito bajo el cielo de Mérida. .

Hoy, hay cinco flores de Dama de Noche abriendo en el Jardín:

¿No sienten

El perfume

De sus flores?

María Isabel Novillo

 

María Isabel Novillo. Destacada escritora venezolana, poeta, ensayista, con estudios avanzados en literatura y filosofía. Buena parte de su vida la ha dedicado a dictar talleres y seminarios de poesía. Entre su obra publicada: Poemas peregrinos, que obtuvo el Premio de Poesia Simón Darío Ramírez 2004 y Memorias del Caballero de la Isla, publicado por Bid and Co.  Es Directora de Relaciones Internacionales del Círculo de Escritores de Venezuela.

Comparte esto:

Selección de poemas de Julio Pavanetti Gutiérrez

 

Julio Pavanetti

BATTUTE D’ARRESTO de Julio Pavanetti Gutiérrez es el reciente poemario publicado en Italia por el poeta español, durante veinte años director del Liceo Poético di Benidorm, divulgador cultural, así como promotor de luchas sociales que en el signo de la poesía tienen como objetivo profundizar y despertar la conciencia crítica frente a las injusticias del presente. Es Miembro Honorario y Correspondiente del Círculo de Escritores de Venezuela. «Battute d’arresto», publicado en Italia por la editorial de Comporre Edizioni con prólogo de Claudia Piccinno, traducciones de Daniela Sannipoli, Laura Garavaglia, Carla Zancanaro y del propio autor, con imágenes de Carlos Naos Beltrán. «Aparece como una suerte de testamento espiritual del autor que realiza una autoselección de textos propios divididos en cuatro apartados. El primero está dominado por el sentimiento del duende, no es casualidad que los contratiempos tengan que ver con el latido de los ancestros, con el misterio que surge cuando se vislumbra una posibilidad de muerte. Son poemas nocturnos y magnéticos, lugares de diálogo íntimo lorquiano y goethiano.»

Ofrecemos una selección de sus poemas en español y en italiano.

HUBO UN TIEMPO

Hubo un tiempo de carne temblorosa,

sangre caliente y pieles erizadas,

de muslos prematuros,

de orgasmo apresurado.

 

Y dentro de esa furia disonante,

yo busqué correntadas río abajo

y navegué por pechos río arriba,

tripulando unas manos ávidas y aún torpes,

para adensarme en besos no ensayados.

 

Preludio de los días

latiendo protegidos

bajo cuerpos blindados,

de estrellas inflamadas

y de inocentes labios.

 

Cuando el tiempo dormía

con música de arroyo bajo el puente,

yo soñé atardeceres a tu lado

despojados de niebla,

y cuévanos de lluvia

resbalando en la seda de tu piel.

 

Y así llegaste, toda de repente,

en la noche escondida tras los pinos,

y resplandor de luna

descansando en el agua.

 

Con la complicidad de tres estrellas

vigilantes de todos nuestros pasos,

se rozaron las manos y los labios

con suavidad de espuma,

mientras crecía el cielo

en la honda ternura de tus ojos.

       ******

EN UN VERSO

He querido escribir mis pensamientos,

plantear las preguntas que me inquietan,

denunciar atropellos e injusticias,

mostrar mi rebeldía ante el exceso,

mi rechazo absoluto al despotismo,

mi indignación tenaz frente al corrupto.

 

He querido expresar mis discrepancias,

filosofar, buscar luz en las sombras,

enfrentar las transiciones del cuerpo,

encontrarle respuestas a mis dudas.

 

He querido dejar sólo en un verso

–sabiendo que soy polvo y todo sobra–

un mensaje de amor para el futuro

antes de acomodarme en mi penumbra.

 

He querido, aguzando mi conciencia,

calcular la distancia entre la vida

y la muerte que cabe en un poeta,

pero hoy me mutilan el desánimo

y la vergüenza. Apenas tibia el sol

por detrás del cadalso de la tarde.

 

La aflicción es un charco que la sombra

agranda y que entorpece mi propósito

de búsqueda obstinada de un poema

que testimonie mi último deseo.

******

TRÁNSITO

Alondra estremecida,

surcando túneles de ausencia,

ando en busca de los caminos

que el dolor no ha pisado.

 

Yo muerdo el tiempo

como hiciera el prudente Ulises,

con pasos cortos y graduales

que ya no resuenan con furia

sobre el asfalto de mi viaje a Ítaca.

 

Y no quiero recordar el fulgor

de las candelas apagadas

por las terribles tempestades,

yo prefiero acercarme a la luz cálida

de las que permanecen bien erguidas.

 

Con un pie en el infierno y otro en el paraíso,

me desplazo despacio, con el paso cansino,

entre monótonas garúas

que me resbalan por el alma,

igual que el eco en la montaña

busca su tránsito al silencio.

******

VERGÜENZA

Ojalá los poetas pudiéramos cantarle siempre

a la luna, a los amaneceres románticos, a la paz,

al amor, llenando nuestros poemas

de palabras hermosas, pero…

 

Cuando la televisión nos devuelve imágenes

del horror de ataques impúdicos,

mientras los gobiernos asisten, impasibles,

a una nueva masacre de inocentes;

cuando entre los escombros

–que manan del corazón de los viejos muertos–

se abren las pupilas espantadas de los niños de hoy,

y brota la sangre en las mismas calles

donde antes corría la vida…

 

¿Cómo cantarle a la belleza?

¿Cómo escribir un poema de amor

cuando se siente vergüenza

de pertenecer al género humano?

 

Frente a la Primera Avenida,

a la altura de la calle 45,

los diplomáticos caminan de prisa,

nadie se atreve a mirar la obra de Karl F. Reutersward.

 

¿Será que al cañón del gran revólver

del calibre 45 lo han desanudado?

 

Los pueblos se han hecho oír

manifestándose por las calles del mundo

contra la barbarie asesina.

Los gobiernos se hacen los sordos y los mudos,

no sólo no escuchan los reclamos de su gente,

sino que delinquen con su silencio y su permisividad.

 

En este poema no hay tropos:

La luz de la luna es metralla brillante,

los amaneceres son de fuego real.

 

¿La paz? sólo sueño, esperanza remota

de los corazones que tiemblan de terror.

 

¿El amor? la desesperada búsqueda

de una madre que no encuentra a su hijo

entre los restos de una escuela bombardeada.

 

¿Cómo cantarle, pues, a los tópicos de la poesía?

© Julio Pavanetti

 

******

C’ERA UN TEMPO

C’era un tempo di carne fremente,

di sangue caldo e pelle increspata,

di cosce premature,

d’orgasmo accelerato.

 

E all’interno di quella furia dissonante,

ho cercato corrente a valle

e ho navigato per seni a monte,

guidando mani

avide e ancora impacciate,

per addensarmi in baci mai provati.

 

Preludio dei giorni

che battevano protetti

sotto corpi corazzati,

di stelle infiammate

e labbra innocenti.

 

Quando il tempo dormiva

alla musica del fiume sotto il ponte,

Io ho sognato tramonti al tuo fianco

spogli di nebbia,

e borse di pioggia

scorrendo sulla seta della tua pelle.

 

E così sei arrivata, all’improvviso,

nella notte nascosta dietro i pini,

e un bagliore di luna

che riposava nell’acqua.

Con la complicità di tre stelle

che vegliavano su tutti i nostri passi,

si sfiorarono le mani e le labbra

con soffice bava,

mentre cresceva il cielo

nella profonda tenerezza dei tuoi occhi.

 

© Julio Pavanetti

Traduzione in lingua italiana a cura dell’autore / Rivista da Daniela Sannipoli

 

IN UN VERSO

 

Ho voluto scrivere i miei pensieri,

esporre le domande che mi inquietano,

denunciare oltraggi ed ingiustizie,

mostrare la mia disubbidienza davanti all’eccesso,

il mio rifiuto assoluto al dispotismo,

la mia indignazione tenace di fronte alla corruzione.

 

Ho voluto esprimere le mie divergenze,

filosofare, cercare luce nelle ombre,

affrontare le trasformazioni del corpo,

trovare risposte ai miei dubbi.

 

Ho voluto lasciare solo in un verso

– sapendo che sono polvere e tutto eccede –

un messaggio di amore per il futuro

prima di scomparire nella penombra.

 

Ho voluto, affinando la mia coscienza,

calcolare la distanza tra la vita e la morte

che è in un poeta, ma oggi

mi mutilano lo sconforto e la vergogna.

Il sole riscalda poco dietro il patibolo della sera.

 

L’afflizione è una pozzanghera che l’ombra ingrandisce

e che indebolisce il mio scopo

di ricerca ostinata di una poesia

che testimoni l’ultimo desiderio.

© Julio Pavanetti

Traduzione in lingua italiana a cura dell’autore

 

TRANSITO

Allodola scossa,

solcando tunnel di assenza,

io cammino alla ricerca delle strade

che il dolore non ha calpestato.

 

Mordo il tempo

come il prudente Ulisse,

con passi lenti e brevi

che non risuonano oramai con furia,

sul pavimento

del mio lungo viaggio a Itaca.

 

Non voglio ricordare il fulgore

delle candele spente

per le tempeste,

preferisco avvicinarmi alla luce calda

di quelle che rimangono in piedi.

 

Con un piede nel paradiso

ed un altro nell’inferno,

mi muovo lentamente

tra monotone pioggerelline

che scivolano per la mia anima,

come l’eco nella montagna

cerca il transito verso il silenzio.

© Julio Pavanetti

Traduzione in lingua italiana a cura dell’autore

 

 VERGOGNA

Magari i poeti potessero cantare sempre

alla luna, alle albe romantiche,

alla pace, all’amore, riempiendo le nostre poesie

di parole belle, ma…

quando la televisione ci restituisce immagini

dell’orrore di attacchi impudichi,

mentre i governi assistono, impassibili,

ad un nuovo massacro di innocenti;

quando tra i rottami

– che sgorgano del cuore dei vecchi morti –

si aprono le pupille impaurite

dei bambini di oggi,

e germoglia il sangue nelle stesse strade

dove prima correva la vita

come cantare la bellezza?

 

Come scrivere una poesia di amore

quando si prova vergogna

di appartenere al genere umano?

 

Di fronte alla Prima Avenue,

all’altezza della strada 45,

i diplomatici camminano in fretta,

nessuno osa guardare l’opera

di Karl F. Reutersward:

Sarà che il grilletto della gran rivoltella

calibro 45 l’hanno sganciato?

 

I paesi si sono fatti sentire

manifestandosi per le strade del mondo

contro la barbarie assassina.

I governi si fanno sordi e muti,

non ascoltano non solo i richiami della loro gente,

ma delinquono

col silenzio ed il loro lasciapassare.

 

In questo poema non ci sono tropi:

La luce della luna è mitraglia brillante,

le albe sono di fuoco reale.

 

La pace? solo sonno, speranza remota

dei cuori che tremano di terrore.

 

L’amore? la disperata ricerca

di una madre che non trova suo figlio

tra i resti di una scuola bombardata.

 

Come inneggiare, dunque, ai luoghi comuni della poesia?

 

© Julio Pavanetti

Traduzione in lingua italiana a cura dell’autore

 

 

 

 

 

Comparte esto:

La atemporalidad de la poesía, por Lidia Salas

La atemporalidad de la poesía

Por Lidia Salas

Después de leer el libro de María Isabel Novillo: Poemas Peregrinos, (Premio de Poesía 2004 Simón Darío Ramírez) reafirmamos el concepto de la atemporalidad del mensaje poético, certeza que comprobamos en su lectura.

Lo primero que se advierte es la unidad que estructura los textos a través del tema del viaje, expresado en el   nombre del poemario y en el epígrafe inicial de Frank Kafka: «Es posible que en el viaje alguien haya logrado escapar el canto de las  sirenas. Pero a su silencio… A su silencio jamás.»

Sin embargo, como en todas las palabras escritas desde la luz, la semántica del lenguaje alude a varias significaciones.

En el presente papel de trabajo, analizaremos  tres planos  vislumbrados en su escritura: El recorrido entre diversos lugares, el tránsito existencial y el viaje místico del alma.

El peregrinaje a través de la geografía, es la bitácora inicial de estos versos. Se nombra a varias ciudades y países en la errancia del personaje que habla: «Camino por Madrid como un Paria.» «Estaciones de los Austrias.» «En las costas del Sur de Inglaterra.»

«Debía hacer calor. / Pero una lluvia fría asola las calles de Rouen.»

«…A las puertas de la catedral de Lima», «En las aldeas de Bolivia», «Miro el Barrio Judío de Venezia», «El mercado en la Rambla y todo el Barrio Gótico», «El vino verde de las Tabernas de Lisboa.»

Sin embargo, quien se desplaza lleva una intención devota, por eso expresamente señala a los otros, en el poema Venezia, como: «… y el tumulto/de todos los que pasan / mirando sin ver nada.»

La poeta emplea símbolos que hacen referencia a las  artes, la filosofía y las experiencias psicológicas, las cuales enriquecen los poemas, casi todos de largo aliento.

El hablante poético, usa la metáfora de su continuo trajinar para reflexionar sobre la conciencia de soledad que implica ser extranjero, la miseria de los emigrantes en las grandes en ciudades, la anónima  identidad de los usuarios de metros y tranvías.

La cadencia de los versos se apacigua hasta el susurro, cuando de experiencias amorosas se habla, se eleva en exultante arpegio para expresar los momentos de dicha, como se aprecia en el poema, Jájome.

El tránsito que recorremos los humanos desde el nacimiento hasta la muerte, es el segundo plano imbricado en estos versos.

La vida está nombrada desde la música, desde las notas, que ella como individuo, aporta a la gran sinfonía universal.

Reiteradamente aparecen imágenes relacionadas con canciones, con instrumentos musicales, con la escala de los sonidos. Hay  un verso donde se implora:

«Música Serenísima / no retires tu mano de mi hombro.»

A veces en tono confesional, pero siempre bajo la  máscara de realidades artísticas, de experiencias culturales e históricas,  su escritura revela el miedo en la infancia, el anhelo de un cobijo seguro, la experiencia de recaer en el error,  y el estremecimiento ante la muerte.

Se celebra el ejercicio de vivir, cuando este conlleva conciencia y pasión.

Quienes leemos los versos en estas páginas, observamos cómo las palabras van hilando una atarraya que abraza gaviotas, gorriones, corderos, flores, brotes, eucaliptos, tierras rojas o arenas de oro. La poeta se sabe parte de ese universo descrito desde una mirada amorosa y cercana.

El amor enriquece este recorrido vital:

«Acuesto mi corazón sobre tus claves / con el rostro apoyado a tu caja sonora / barnizada al cristal.»

Amor sin apegos que puede decir: «No.  Yo no te extraño a tí.

He extrañado la esencia de aquel tiempo.»

El viaje místico del alma a la Luz Padre de donde procede, es el tercer plano presente en el libro de María Isabel Novillo. Desde los primeros poemas se escuchan los principios ascéticos que deben observarse para escalar las alturas. El amor es la energía indispensable para avanzar, sin embargo, desde el primer poema anuncia:

«Aún queda por cruzar la oscuridad mayor“

Quienes se aventuran a travesías espirituales, conocen del trabajo delicado y difícil que enfrentan. Las experiencias se relatan desde las metáforas relacionadas con la expresión musical y el cuidado de aromas o cristales.

Ha sido una experiencia estética y humana, nuestro paso por las páginas de Poemas Peregrinos, donde encontramos una voz profunda, delicada y diferente de la literatura venezolana.

Lidia Salas

Altos de Gengibrillar. Agosto del 2021

*Lidia Salas, nacida en Colombia, ha vivido gran parte de su vida en Caracas. Es una destacada poeta y ensayista, Licenciada en Letras, con una extensa publicada. Integrante de la junta directiva del Círculo de Escritores de Venezuela. 

Comparte esto:

Poema de Lidia Salas

 

Del poemario «Ciudad de Azul y vientos»

Había un roble
     de flores amarillas
en el traspatio de la infancia.
El volumen del tiempo y la distancia
no opacan el esplendor de sus ramajes.
    Por un roto del olvido
los petalos de oro
han cubierto de alas encendidas
los baldíos del costado.
La dicha se quedó aguardando
en el traspatio de la infancia.
Del poemario: Ciudad de Azul y Vientos.
Lidia Salas
Síntesis biográfica

Lidia Salas. Poeta y ensayista. Nació en la ciudad de Barranquilla, Colombia. Ha vivido en Venezuela por más de 40 años. Posee doble nacionalidad, colombo-venezolana.

Licenciada en  Filología e Idiomas de la Universidad del Atlántico. (Colombia)  Obtuvo su maestría en Literatura venezolana en la  Universidad Central de Venezuela.

Autora de los siguientes poemarios: Arañando el silencio. Finalista del 1º Concurso de Poesía Libre de la Universidad de Córdoba. (Colombia) Ediciones Puesto de Combate. Bogotá. Colombia. 1984 Mambo  Café Ediciones Círculo de Escritores de Venezuela. Caracas.1994. Mención de honor del Concurso de Poesía del Ateneo “Casa de Aguas” (Venezuela) Venturosa. Premio Único del VII Concurso Nacional de IPASME. Caracas, Venezuela. 1995.  Luna de Tarot Ediciones Círculo de Escritores de Venezuela. Caracas. 2000. Este poemario fue llevado al teatro en la Semana del Poesía en Escena en Caracas.. Coautora con Elena Vera de la antología Quaterni Deni 1988. Katharsis. Editorial Lector Cómplice. Caracas. 2013. Ciudad de Azul y Vientos,  libro digital    (Amazon) Edición impresa: Editorial Lector Cómplice. Caracas, 2016. Autora de las siguientes plaquettes: Sedas de otoño (2006)  e  Itinerario Fugaz. (2007) Edición de la Universidad Nacional  Abierta. .Su poema “Hechizo de isla” fue finalista  en el III premio Internacional de Poesía Amorosa en Palma de Mallorca. España. Publicado en la Antología del Círculo de Bellas Artes de la misma ciudad. 2005.

Muestra de su obra ha aparecido en las siguientes  antologías: Poetas en Abril. (1985.)  Quienes   escriben   en   Venezuela.      Diccionario    abreviado  de  escritores venezolanos (2004).  El hilo de la voz (2004). Antología poética (Ediciones Círculo de Escritores de Venezuela.  Caracas. 2005). Antología del Octavo Encuentro Internacional de Escritoras (2008)  La mirada Femenina  (Universidad Metropolitana. Publicaciones Arbitradas. Caracas.2008.) Sus ensayos han sido

publicados por revistas nacionales e internacionales como  A la Mar de la Universidad de California. USA. Ateneo y Caracola. Y en periódicos tales como El  Nacional, Ultimas Noticias. (Caracas) El Impulso (Barquisimeto) y Frontera (Mérida).

Comparte esto:

LA ISLA EN LA ESCRITURA DE RAFAEL CADENAS: DE UNA VISIÓN DEL CAOS A LA VERSIÓN MÍSTICA

Por Lidia Salas

La isla, ese lugar donde “…el mundo es una estación amanecida sobre corales.”  fabulada en el poemario de Rafael  Cadenas, Cuadernos del Destierro, a cuyas páginas  intentamos aproximarnos, es sin duda la misma que refulge bajo los matices surrealistas de los cantos: Old Kingdom, Bungalow y Beloved Country del poemario: Falsas Maniobras:

            «Sello, fasto, bóveda de cofres.

Nunca me has negado tu leche de virgen.

Mi reflujo, mi fuente secreta, mi anverso real.»

Y reaparece en textos de diáfana epifanía en su libro de poemas: Una Isla:

                        «Piélago como fruta que acerco a mi boca.»

Isla, mi respiración, el que desheredaste para que se sostuviera con su memoria, te invoca.

            Demostraremos en estas páginas como un mismo tema ha sido tratado en diferentes libros, desde una visión cuya característica esencial es la turbulencia e inestabilidad en todos sus elementos, de  Cuadernos del Destierro, hasta lograr mediante un ejercicio ascético de reunificación de personaje poético y naturaleza, una versión mística en donde el lenguaje está despojado de retórica, en los textos que conforman: Una Isla.  Pasando antes por la enunciación surrealista del poemario: Falsas Maniobras.

Creemos oportuno hacer alianza con quienes han estudiado la obra del poeta larense y establecer un marco de teorías como la de los arquetipos de C. G. Jung y el de los paralelismos entre la física moderna  y el misticismo oriental sustentado por  Fritjot Capra en su libro: El Tao de la Física. Creemos que ellas pueden iluminar el tránsito de la escritura del poeta, objetivo de nuestras observaciones y reflexiones  a partir de lo que  Louis Hjelmslev llama: la forma del contenido  y la forma de la expresión. Mediante esta  metodología podremos seguir las líneas diacrónicas en la obra del autor y analizar así las reelaboraciones, en la distancia del tiempo,  de  su tema original: La isla de su destierro.

El poemario Los cuadernos del destierro fue publicado en 1960.

Si analizamos el título del mismo, advertimos que proviene de la experiencia del poeta: su prisión y posterior destierro a la isla de Trinidad en el período dictatorial de Marcos Pérez Jiménez. Es decir, el autor en simbiosis con el personaje poético  escribe desde la memoria de la separación del terruño, de su destierro.

El hombre al sufrir el apartamiento, la separación intenta establecer su identidad a partir de la confrontación  con su pueblo, son su raza. El poeta advierte que él era de un linaje distinto a esos: “grandes comedores de serpientes, sensuales, vehementes, silenciosos y aptos para enloquecer amor.” Estos versos describen la cultura de los nativos. El reconoce que pertenece a los otros, a los colonizadores que llegaron después, y esta causa explica los símbolos de sus gustos a: “alcobas sombrías”, “puertas a medio cerrar”, “sótanos guarnecidos”, “cuevas fatigantes”, los cuales también expresan elementos femeninos del inconsciente.

  1. C.. Jung dice que todo hombre tiene un ánima que es femenina, no que es mujer, sino femenina esto es: intuitiva, afectiva, poderosa, transformadora y creadora, elementos estos que conforman el ser de un poeta.

Tal vez  la oposición  de Cadenas con su entorno se inicia en esta confrontación de los elementos de su personalidad  con los patriarcales  de quienes detentaban el poder y lo condenaron al ostracismo. El conflicto existencial se inicia cuando al salir del país, o quizás antes, se dio cuenta que él era diferente a los de su pueblo y a los de su linaje.

El personaje poético de Cuadernos del destierro  es un ángel caído:  “Entonces yo oculté el rostro bajo mi ala derecha como una ciudad avergonzada.”

El lenguaje en este libro es esplendente, pero lleno de alucinaciones, ambivalentes que reflejan percepciones objetivas de carácter épico, de una realidad exterior, en amalgama confusa con intuiciones líricas de la interioridad del espíritu.

Para el lector de esa época, quien había perdido la capacidad para tener y aceptar revelaciones, enfrentarse a las imágenes deslumbrantes de Cadenas, le exigía releer varias veces el texto para entender las polisemias fascinantes de su lenguaje.

El yo habla desde la vacilación y la fragmentación:

“Sobrevivo en la indecisión.”

“Mi rostro dónde estaba? Debí admitir tras dolorosa evidencia que lo había perdido.”

“Mis restos se apilaban como los colores en una isla inerme.”

“…cruzado a lo largo por miedos irrescatables.”

Las citas anteriores evidencian la pérdida de rumbo, de valores que sustenten una seguridad que se ha hecho añicos. La conciencia de unidad no existe y el miedo conforma su clima espiritual.

La búsqueda de la identidad debe pasar por  las circunstancias que rodean su existencia, la movilidad, el tránsito: “…relataré no sin fabulaciones mi transcurso por tierra de ignominias y dulzuras, rupturas y reuniones, esplendores y derrumbes.”  Entonces unifica esos pedazos en la isla que es tiempo y espacio: “temporada magnífica” /”parajes poblados por oscuros  habitadores.”

Con este poemario comienza el tratamiento de lo que sería uno de los  temas esenciales en la poesía de Cadenas: la isla. La voz que emplea en este primer libro, no es iluminada ni inspirada por Dios, sino la carcajada llena de parodias, historias y experiencias personales de un ángel caído en la confusión de su propia soledad. Por lo tanto, se permitirá reunir realidades etéreas con sensuales descripciones terrenas, símbolos de la fe ortodoxa con enajenantes referencias a creencias oscuras, pinceladas diáfanas y sudores seminales, lo sagrado y lo maléfico, lo nativo y  lo exótico, la claridad del alba y las nieblas del anochecer, veleros transparentes y ritos densos de materia, la escasez y el hartazgo, el amor y el odio, la vida y las  ruinas, el placer y el  tormento, el ayuntamiento y la soledad, la epifanía y el dolor.

Todos los elementos de este universo giran en desorden carnavalesco, por lo tanto la descripción de la isla está dada desde la visión del caos, en ella giran poeta y personaje remendados por los hilos secretos de la separación, del destierro los cuales han producido una atmósfera de neurosis y alucinaciones profundas. Las citas siguientes refuerzan las ideas aquí expuestas:

“Luz blanda…”                                /”sofocos de bailarinas”

“…en las profecías”                       /”Los brujos habían partido”

“…naranja resplandeciente”     /…”baba ebria de sexo negro”

“diosas de la espuma”                  /”alambradas”

“monumentos de sal”                   /”brujos solemnes”

“silencio de oro”                            /”…parloteo de loros”

“las auroras débiles”                     /”los dados de la noche”

“Los veleros tocan las puertas  /El rito de Changó…”

del aire…”

“El amor me conducía”                /”el odio me fortalecía”

“Vírgenes desnudas”                  /”el légamo de los navíos”

“…presa de tenaces anillos”    /”frotando mi cuerpo gozosamente…”

“Me sentía solo.”                       /”…el beso, el ayuntamiento”

“…raíces inefables”                    /…”cabellera cobriza”

“Isla deleitable antífona”       /…” piélago muerto”

El lenguaje en estos versos deja de ser lineal para retorcerse en espirales herméticas que dan origen a nuevos torbellinos, los cuales recuerdan  los esquemas de Edward Lorenz, el físico que descubrió el efecto de la mariposa o deterioro de las predicciones meteorológicas    a causa de partículas insignificantes,  cuya presencia produce turbulencias del tamaño de un continente, o la posibilidad del caos, en las descripciones exactas de la física.

En la multiplicidad de significaciones y referencias, la isla brilla con aires de paraíso: “flora fabulosa”, “manantiales”, “praderas”, “bordes demasiado verdes, demasiado húmedos”, “el mundo en su primera estación.” Pero su tránsito por  “ciudades como sirenas de cemento que despiden sus víctimas con máscaras…” ha diligenciado su segregación y lo arrastrarían a la turbulencia de las páginas finales donde la voz del personaje poético pierde el hilo de la comunicación con los oyentes.  Queda solo el ritmo mágico de la lengua para recordarnos que el canto de la poesía puede ser extravío y estremecimiento, angustia y desafío, memoria de amor desde el olvido. Abandono del yo que lo convierte en náufrago anónimo sin deudos, en playas que pueden convertirse también en camino.

Sustentamos nuestra propuesta, de la visión del caos sobre todo  en la escritura de estas hojas finales, donde aparecen retales de  alucinaciones que producen  oscuridad y confusión.

Varias reiteraciones hablan sobre significaciones especiales: “reino de aguas”, “aguas de la memoria”, “aguas lustrales”, “aguas delirantes” hacen referencia, según C. G. Jung al inconsciente. La casa otro símbolo repetido en los cantos: “casa meridional”, “mi casa de madera”, “mi casa se asienta, “abriré mi casa” sería la expresión de su propia unidad. Por lo cual podemos concluir con Gertrudis Gaviria en su ensayo: Lectura Intertextual de Los Cuadernos del Destierro, publicado en la revista Actual Nª 30: “El espacio geográfico de la isla en el Caribe, se transforma en la interioridad del poeta, en el espacio fascinante de lo sagrado. Núcleo de irradiación en torno al cual se unifica su personalidad.”

Al analizar la forma de la expresión en Los Cuadernos del Destierro, se aprecia que una de sus características es la sonoridad del fraseo el cual impacta por el ritmo y la calidad de imágenes que se inscriben en los cánones vanguardistas y herméticos. Se observa la tendencia a explicar estados de conciencia tales como el miedo, la angustia y la frustración  a partir de las descripciones de la naturaleza.

Las sinestesias  dan vida al universo Caribe en el desorden de la flora de colores y aromas desafiantes, de su fauna vocinglera, la intensidad de la luz, el destello de matices, la textura de los materiales que lo conforman. Se puede apreciar en los versos siguientes:

“La rosa al rojo vivo…”

            “Huerto de las especias clamorosa…”

“Aquel alocado parloteo de loros… “

“Claridades ansiosas…”

“Anaranjados esténtores del sol…”

“…flor de blando terciopelo…”

Memorable la audacia de las comparaciones y antítesis y la tendencia de usar el sustantivo como modificador:

“Sierpes de ventura”

“Reino de raíces.”

El ritmo es otro elemento en la forma de estos poemas, como consecuencia de la combinación de los acentos, del uso de conjunciones, y de la forma cómo se imbrica el discurso: en ocasiones pausado y lento, en otras frenético y atormentado.

En  Falsas maniobras  el lenguaje aparece sin la reiteración abrumadora de Cuadernos del destierro.   Los símbolos se aprecian con significaciones más definidas en el poema: Old Kingdom:

“…vuelo de aves playeras.”                     “Reino de  pantanos…

“Casa de madera…”

Persiste la oposición entre lo de abajo expresado por la idea de pantanos y lo superior que es el deseo de libertad simbolizado por el vuelo de aves. En el medio la idea de la casa  para significar la posibilidad de unidad.

En el poema Bungalow, el discurso expresa un antes cuando existía encuentro y reunión y el ahora conformado por las circunstancias de la huída. Beloved Country es una declaración de amor desde el título mismo, La tierra a donde regresa cuando se siente disminuido y en carencia. Otro apelativo para la isla que es su propio símbolo. En ellos se aprecia el poder de síntesis y el lenguaje está despojado del ornato del adjetivo y se centra en la significación primaria del sustantivo. En estos versos hay una atmósfera de comunión, de paz y casi de alegría.

Las imágenes se representan como un collage, como las memorias de un sueño. Existe una emoción secreta que los acerca a la corriente surrealista.

La transformación del lenguaje abigarrado de Los Cuadernos del Destierro a la voz diáfana del poemario Una Isla presupone un cambio en la interioridad del poeta, confirmado por José Balza en su libro: Lectura Transitoria sobre la poesía de Rafael Cadenas , en el cual sostiene:

Su prolongada meditación por el camino zen, el encuentro

con Krisnamurti, la asidua maceración del más antiguo pensamiento (poesía-mito) han exaltado su condición íntima para una apertura del ser: esa energía profunda que intenta cubrir el presente, la concreción de lo real, el inagotable suceder. Cadenas parece haber dejado atrás toda prisión, toda forma condicionada del sufrimiento, es decir las debilidades fundidas en el yo. El mismo poeta asevera en reportaje a El Nacional: “Tampoco basta crear las condiciones para la libertad, si se olvida que hay que iniciar liberándose uno mismo.”

  1. G. Jung en su libro: Recuerdos Sueños y Pensamientos dice que  “El verdadero conocimiento consiste en un instinto, en una participación mística con los demás, se puede decir, que son ojos de segundo término que ven en un acto impersonal de intuición.”

En los poemas de Una Isla,  observamos como la visión del paisaje se enuncia desde los elementos esenciales y en un tono de gozo reverencial:

Muelle de enormes llamas.

Navíos que viajan al sol.

música de tambores,

sales desencajadas,

niños desnudos,

marineros que descargan plátanos.

Ciudad de corazón de árbol, humedades

temblorosas, juncos que danzan.

La luz golpea mendigos,

divide el mundo en dos memorias…

          Soy latido, sonrisa, adoración.

El poeta mediante un ejercicio ascético se ha despojado de todo verso superfluo, habla casi desde el silencio. Él se hace parte de la síntesis elaborada para significar la isla en su dimensión de quietud, por lo tanto su escritura expresa los síntomas del nuevo clima espiritual, de quien ha alcanzado el último escalón del  proceso místico, según el principio del Tao: volver a la raíz para instalarse en la serenidad y reencontrar el orden.

Resumimos ese nuevo orden observando los elementos del poema:

Lo que lo sostiene:                         “Navíos que viajan al sol.”

Los habitantes:                                           “niños desnudos…”

“marineros que cargan…”

Lo interior:                                                  “Ciudad de corazón de árbol”

Lo de arriba:                                                “La luz golpea mendigos”

Su experiencia:                                           “Mi frente se hunde en la

cesta del medio día”

Su deseo convertido en realidad:       “Soy latido, sonrisa, adoración”    El poeta ha seguido las enseñanzas del Tao, observar y abandonarse en la naturaleza en una forma espontánea e  intuitiva, como una parte más del universo. La naturaleza es el camino gozoso para encontrar el Tao, la felicidad.

En otro poema Cadenas  describe su viaje a San Fernando, una de las poblaciones de la isla, pero se expresa no desde la línea del camino, sino desde el esplendor.

«Luminosas bienvenidas de la tierra.

Cielo plateado, subyugadas colinas, plantaciones de coco,

tren de nubes, olor de viandas…

Tú y yo solos e inmensos levantaremos nuestra rosa a las

tinieblas

arqueadas sobre un cigarrillo.

Las tinieblas dulces.»

Observamos la unificación del poeta, la amada y la tierra que se abre a recibirlos. No existe conflicto ni dolor. Atrás han quedado los códigos herméticos y la fragmentación. El poema se constituye como una unidad de elemental belleza; palpita en cada palabra, participa su luz y su fulgor.

Leamos los siguientes versos:

«Vengo de un reino extraño,

vengo de una isla iluminada,

vengo de los ojos de una mujer.

Desciendo por el día pesadamente.

Música perdida me acompaña.»

El lenguaje en los poemas de: Una Isla se caracteriza por la ausencia de figuras retóricas, se expresa despojado de ornato, en su esencia. Las pocas comparaciones y metáforas usan palabras elementales de uso común.

“Piélago como fruta que acerco a mi boca.”

“En ti vivió, creció como un beso.”   

“La cesta del medio día”

Los sonidos de las palabras son tenues, este se adelgaza, refulge y pareciera flotar. La levedad del lenguaje es uno de los mayores logros de esta escritura.

Detengámonos en las emociones que palpitan en el poema siguiente:

«Hoy hago memoria de tu reino.

Voy contigo al mercado donde mujeres de piel

cobriza venden hojas, a los muelles atestados

de frutas, a la Savannah donde los amantes

encuentran la oscuridad para verse…

estamos otra vez alegres.»

La voz que enuncia lo hace desde la reverencia, describe los lugares con sencillez, transfiriendo la belleza. Al final expresa la alegría compartida.  Los personajes son parte de la memoria y los elementos conforman una plácida unidad de significado.

La esencia del misticismo como lo enseñan el taoísmo y el budismo, no es una doctrina metafísica, sino una psicoterapia que muestra el origen de las neurosis  y la manera cómo vencerlas. El derrotero de la escritura del tema de la isla, en la poética de Rafael Cadenas, nos señala la versión mística de la participación y ayuntamiento  del poeta con el universo, la óptica intuitiva y sensorial de la realidad, no la falsa esquematización intelectual de la mente.

Fritjof Capraen su libro: El Tao de la Física dice que “la teoría quántica nos fuerza a ver el universo no como una colección de objetos físicos sino como una complicada telaraña de relaciones entre las diversas partes de un todo unificado.”

Cuando leemos la siguiente estrofa nos estremecen las relaciones que intuimos en la unidad de la estrofa y se comprende lo que sostiene Capra:

«Nos miramos como quienes despiertan.

Estamos en un sitio que no sabemos   nombrar.

Nos construimos sobre lo arrasado sin comprender

este auge.

Sólo déjame contemplarte, centro caoba del temblor.»

Al concluir la lectura de estos tres poemarios de Rafael Cadenas, nos sobrepasa la experiencia del encuentro con la poesía. Persiste el resplandor de ese universo único, de un edén, que solo la pluma inspirada de un poeta místico puede traducir en palabras y silencios.

Es el mismo autor de Los Cuadernos del Destierro, pero el espíritu que lo escribió no pertenece al joven desterrado, perseguido, de la década de los 50s. Es un ser que ha encontrado sosiego,   quien mira  el paisaje con ojos de amor y unido al universo que traduce en versos.  Los lectores de este último poemario, tendrán la experiencia única de participar de descripciones, emociones y sentimientos de memorias llenas de esplendor.    Definitivamente Rafael Cadenas, nuestro poeta mayor, ejerce en la escritura, lo que él propone en una de sus estrofas.  Enseñanza que serviría como lema, a todos aquellos que aman la palabra poética. Dice así:

“Que cada palabra lleve lo que dice.

Que sea como el temblor que la sostiene.

Que se mantenga como un latido.”

 

Lidia Salas.

Poeta/ Crítico / Profesora de Idiomas.

Caracas, Abril del 2022.

#RafaelCadenas

#Circuloescritoresvenezuela

 

 

 

 

 

Comparte esto:

Arturo Michelena

Heberto Gamero

Arturo Michelena

Del libro: Minibiografías ilegales. Pintores

Por Heberto Gamero Contín

—¿Quién lo encontró?  —preguntaría el coleccionista.

—Un tal Stein —le respondería el vendedor de arte.

—¿El de la casa de subastas?

—Sí, el director de Sotheby`s Miami.

—¿Cómo lo hizo?

—Ya sabes. Es un viejo zorro. Olfatea los cuadros hasta que da con ellos. También es venezolano, como el pintor, y tal vez eso lo motivó a hacer lo imposible por encontrarlo. Al tener acceso a los archivos de Sotheby`s descubrió que en 1926 esta casa lo había vendido a Owens Burn, un próspero ingeniero que según se sabe fue cofundador de Sarasota en Florida. Una cosa llevó a la otra, imagino, y finalmente lo ubicó en los depósitos de John & Mable Ringling Museum. ¡Qué sorpresa se llevaría!

El niño enfermo —murmuraría el coleccionista—, tantos años perdido.

—Casi setenta —le informaría el vendedor de arte.

—Setenta años… Creí que me iba a morir sin la posibilidad de verlo algún día, de tenerlo entre mis manos.

—No será fácil.

—Quiero que asistas a esa subasta y lo compres… ¡Quiero esa pintura!

—Muchos la quieren. El precio será alto. Recuerda, es la obra maestra perdida de Michelena, medalla de oro en el Salón de París en 1889, uno de los primeros artistas en alcanzar renombre en Europa, el pintor venezolano más aclamado del siglo XIX, el que sacó a Venezuela del anonimato.

—Ya, ya…, ¿crees que no lo sé?

El coleccionista callaría por unos segundos, encendería un cigarro y mientras el humo le fantasmeaba el rostro le diría a su amigo:

—¿Cuál será el precio del martillo?

—Según los expertos de Sotheby`s estará alrededor de los doscientos mil.

—Doscientos mil.

—Así es, doscientos mil dólares.

El coleccionista entonces estiraría los brazos, los  dedos entrelazados frente a su cara y meditaría por un par de segundos. No imagino su físico ni su posición social, pero podríamos suponer que es un hombre ya con cierta edad, tal vez de sesenta; ricachón, claro, y que juega golf en su oficina mientras los vendedores de arte lo asedian con ofertas de tal o cual pintor.

—Es mucho dinero —diría al cabo—. ¡Pero lo quiero para mí!

—Sí, es mucho dinero. Y doscientos solo será el valor de apertura… El cuadro, por supuesto, al final de la subasta valdrá mucho más.

—Claro, ¿qué tanto más?

—No sé…, es difícil calcularlo… Tal vez cuatrocientos o quinientos mil dólares.

—Aun así lo quiero.

El vendedor de arte le daría una larga calada a su cigarro. Su mirada sería entonces la de una máquina registradora que suma, multiplica, saca porcentajes y arroja resultados.

—Bien —diría con entusiasmo—, haré los preparativos.

Corría el mes de noviembre de 2004 en Nueva York y ya el frío anunciaba un invierno intenso en esa ciudad. El vendedor de arte (ahora en el rol de comprador), ya registrado, asistiría a la cita de forma puntual. Iría vestido con elegancia, corbata celeste, y tal vez un poco nervioso se sentaría en un lugar donde su paleta de puja se viera con claridad. Con la maestría de las obras que se subastaban no tengo dudas de que la sala de remates estaría a reventar. Los críticos de arte, con ese aire de eruditos que les caracteriza, formarían pequeños grupos cerca del escenario mientras que compradores, coleccionistas, gente de la prensa y curiosos esperarían al anunciador para que, con el martillazo de rigor, diera inicio a la subasta. Todos hablarían de El niño enfermo, el cuadro perdido del genio venezolano, pintado cuando tenía veintitrés años, escogido entre más de tres mil obras que se presentaron en aquel famoso salón de 1887. Y él, nacido en una pequeña ciudad del centro de Venezuela, un país del que prácticamente no se tenía referencia pictórica, muerto tan joven, ¿cuántas obras dejó de pintar, cuántas?

No sé cómo reaccionó aquel vendedor de arte cuando el subastador anunció el cuadro de Michelena y dos empleados bien trajeados lo colocaron en el escenario y uno de ellos le quitó la tela que lo cubría. Un largo ¡Oh! se escucharía en toda la sala. Los eruditos comenzarían a murmurar. Si yo hubiera estado ahí me habrían sudado las manos y hubiese tenido que desabotonar el cuello de mi camisa para poder respirar. Pero nuestro vendedor de arte, quizás ya acostumbrado a estos eventos, se deleitó unos segundos observando la obra, tal vez un par de fuertes repiques en su corazón, nada de importancia, y teléfono en mano prepararía su paleta para ganar la puja, complacer a su cliente y llenar sus bolsillos.

Pero las reacciones cambian ante lo inesperado. Nuestro vendedor de arte debió de tragar grueso cuando el precio de apertura sobrepasó el medio millón de dólares, más del doble de lo que los expertos de la misma casa habían estimado. El coleccionista, quien lo más probable era que estuviese escuchando al otro lado de la línea, le diría: “Puja, Peter, sin miedo”. ¿Qué razones tendría para estar tan interesado en ese cuadro?, tampoco lo sabemos, pero podemos presumir que es un verdadero coleccionista y desea, como yo, exhibirlo en una de las paredes de su casa y sentarse frente a él durante horas, sufrir con esa madre, compadecerse de ese pequeño enfermo, perderse en los claroscuros de la pintura —cómo los hizo, me pregunto ahora— o sencillamente piensa que dentro de poco valdrá mucho más y podrá sacar una buena ganancia por su venta, quién sabe. Tal vez le recuerde a un hijo fallecido o a él mismo si alguna vez, cuando niño, sufrió de alguna severa enfermedad. En fin, tantas cosas.

—Seiscientos ofrece el señor de la corbata celeste —dijo el subastador con voz fuerte y hechizado por el martillo que manejaba con gran destreza.

Y se abrió una guerra de pujas por el cuadro de Michelena. Una mujer de rojo subió a seiscientos veinte,  luego un hombre de bigotes a seiscientos cincuenta, más allá otro a seiscientos setenta, otro al final del salón levantó la paleta ofreciendo seiscientos noventa. Aquello era un torbellino de dólares que inundaba la sala hasta el techo. Las expresiones del público servirían para pintar un millón de rostros.

—Sube, Peter, sube —le dijo el coleccionista al vendedor de arte que por un momento no supo qué hacer.

Debía hacer una oferta contundente, pensó, que dejara sin aliento a sus adversarios.

—Novecientos mil dólares ofrece el señor de la corbata celeste —gritó el subastador—. ¿Quién da más? —gritó aún más fuerte, el martillo como loco, los ojos fijos. Miró a los caballeros que habían participado en la puja y no encontró respuesta, salvo de la dama de rojo quien se acomodó en su silla, se echó un par de abanicadas y, decidida, levantó su paleta.

—Novecientos veinte mil ofrece la dama de rojo.

Peter no lo podía creer.

—Un millón —dijo, fuerte, como si trataran de arrebatarle algo que ya le pertenecía.

—Un millón —repitió el subastador.

—Un millón cien —contraatacó la mujer de rojo.

El público veía a cada lado como si presenciaran la final de un partido de tenis. Peter comenzó a sudar. Tras la línea escuchaba: “puja, Peter, puja”.

—¡Un millón trescientos cincuenta mil! —dijo Peter finalmente.

Hubo un silencio expectante. Todos miraron a la dama de rojo que cerró su abanico, el ceño fruncido, y en un rápido giro de cabeza miró a otro lado.

—Un millón trescientos cincuenta mil dólares, señores —gritó el subastador—. Quién da más, quien da más —insistía sin cesar, pero en la sala solo se escuchaba el monótono sonido de la calefacción—. Un millón trescientos cincuenta mil dólares a la una —anunció ya con el rigor de cierre —un millón trescientos cincuenta mil dólares a las dos, un millón trescientos cincuenta mil dólares a las tres. Vendido al caballero de la corbata celeste. Y dio un martillazo tan fuerte que sobresaltó a los que estaban en primera fila.

 

Así, hijo mío, palabras más palabras menos, debe de haber sucedido todo. Ahora anda, ve a la librería y compra esa copia de El niño enfermo. Asegúrate de que mida 80,4 x 85 cm. Es lo más cerca que podremos estar del original.

#hebertogamero

@hebertogamero

Heberto Gamero es cuentista, novelista, cronista. Presidente de la  Fundación Aprende a escribir un Cuento. Es ganador del Concurso de cuentos El Nacional (2008) con Los zapatos de mi hermano. Desde 2009, la Fundación Aprende a Escribir un Cuento se dedica a dictar talleres en los que se ofrecen técnicas narrativas a jóvenes con inquietudes literarias. Ha recibido numerosos reconocimientos por su extensa obra literaria.

Comparte esto:

¿Cómo me estoy parando ante la vida?

Por Farah Cisneros

“Aprender a vivir con incertidumbre, deshace los nudos de nuestra inteligencia creativa para fluir en la libertad de poder darle sentido al ser, sentir y hacer, de estar presente”

 Puede que sea suficiente un único instante para que la chispa divina haga presencia en el maravilloso despertar de una mente inquieta y ávida en la búsqueda de respuestas a las interrogantes que cada cierto tiempo se activan por algunos  acontecimientos que al gravitarnos son capaces de poner en tela de juicio  todo lo aprendido y que conforma el pasaporte de nuestra existencia.  En un mundo preñado de tantos paradigmas donde el tizne por lo subjetivo y el placebo momentáneo invaden el razonamiento, cobra fuerza la inminente importancia que reviste iniciar un nuevo camino de aprendizajes donde resetearnos para desaprender una conducta condicionada y aventurarnos en la exploración de campos donde la energía del ser pueda fluir en la plenitud de una consciencia naturalmente sana y dispuesta para el servicio de la vida en equilibrio y plenitud. El amor y la gratitud nos permite saber que  estar vivo ya es un milagro obra de la alquimia del presente.  ¡Carpe Diem!

El verdadero crecimiento y desarrollo integral que podemos lograr es el resultado de ocuparnos en facilitarnos un buen desempeño en aquellos roles o áreas de nuestro diario vivir.  Nos compete en la individualidad que nos habita establecer prioridades en la atención y resolución de las metas.  Estas son el marco referencial desde donde nos estaremos inspirando para prepararnos y accionarnos.

 

En un tema de organizar metas y prioridades conviene sincerar cuáles son los recursos o competencias con las que contamos y así paulatinamente desarrollar un plan de objetivos.  Hoy por hoy estamos más conscientes que nunca antes de la importancia que reviste contar con buena salud física y mental por lo que alimentarnos adecuadamente bajando el consumo de los azúcares, grasas y carbohidratos de alto índice glicémico, disponer de disciplina para organizar y respetar los horarios de nuestras comidas, realizar alguna actividad física que estimule y ejercite nuestro cuerpo incluyendo el caminar, bailar, reír y regalarnos con mayor frecuencia esos mágicos momentos de recreo para compartir en familia, con amigos, sentarnos a no hacer nada o simplemente respirar con los ojos cerrados para visualizar y pensar en cosas y situaciones gratas, incluir en la Agenda con cierta frecuencia la disposición para realizar algún tipo de servicio social.   Estaremos haciendo una magnífica inversión de calidad en amor para nosotros y el entorno que habitamos con la inmediata retribución de la prosperidad que aporta vibrar en la coherencia con el sistema del planeta.

 

“No tengas miedo de iniciar todo de nuevo, tu nueva historia podría gustarte más” 

(El Principito)

Son nuevos tiempos en una nueva tierra que se inventa y reinventa en cambios y movimiento de eje.  Todo es transformado en la permanencia del infinito, por ello es una consecuencia natural de romper los nudos hechos para fluir en la cadencia del ahora que aparece en cada instante… en cada respiración consciente e inconsciente.

#farahcisneros

#Escueladegerenciaypensadores

 

 

 

 

Comparte esto:

Los cien años de luz y poesía de Luis Beltrán Mago

Por Horacio Biord Castillo:
Los años se van contando como se cuentan las sílabas, los versos y las estrofas. Se suman uno a uno, no sin un ligero sobresalto, a veces con un ligero temblor, con una contrastante, paradójica y ambigua sensación de fugacidad y permanencia. Al principio contamos los años sin prisa. Luego lo hacemos de otra forma, con más parsimonia que apuro; pero el tiempo no nos espera. Va fraguando nuestros contornos, nos hace y deshace siempre de manera continua y paralela.
Como si fuera un deber escolar, sumamos los años con un ábaco de emociones. Hoy contamos diez veces, con los diez dedos de las manos extendidas, los años de vida y creación de Luis Beltrán Mago Gómez. Son cien años que se dicen como quien mira estrellas en la quieta piel del río vestido con su traje de noche, como quien va de a poquito y de pronto se percata de que ha seguido de largo con la cuenta y ha sumado mucho, pero no demasiado.
Muchos, en verdad, pero no excesivos, son los años de Luis Beltrán Mago. Contamos cien, como versos de estrofas que se alargan en un poema que es su vida misma. Cien años, un siglo entero, ¡oh Señor del tiempo y todos los hombres! Es un siglo, sí; un siglo que guarda la historia y la escritura de Venezuela y el mundo.
Cuando Luis Beltrán Mago nació aún vivía José Antonio Ramos Sucre y Andrés Eloy Blanco, pariente de Mago, ya había empezado a cosechar laureles. Rómulo Gallegos aún no había escrito La Trepadora ni Doña Bárbara y Arturo Uslar Pietri tampoco había compuesto Las lanzas coloradas ni Enrique Bernardo Núñez Cubagua, la historia ficcional de una isla alucinante, llena de bellezas e historia, muy cerca del lar nativo del hoy centenario Luis Beltrán Mago. El general Gómez miraba impertérrito las montañas y los valles del norte aragüeño. En la mayor parte del territorio de Venezuela no había luz ni carreteras, tampoco muchos automóviles y el petróleo era aún algo mágico que demiurgos de entreguerras manipulaban para moldear un nuevo tiempo. Los estudiantes de la generación de 1928, que tanto habrían de influir luego en la historia política venezolana, apenas entraban en la adolescencia y jugaban aún con hermanos, primos y vecinos porque Venezuela era todavía un país rural de amigos, compadres y parientes.
Poeta en una familia de poetas y escritor en un país que precisa ser escrito y fabulado para que pueda comprenderse, abogado y hombre de bien, intelectual y amigo, Luis Beltrán Mago ha tenido la bendición del Cielo de llegar a los 100 años. Parece mucho, o bastante al menos, para vivir y soñar, pero poco para querer y ser querido. Si algo caracteriza a Luis Beltrán es, precisamente, ese don de la bonhomía y la amistad, en especial si consideramos que ser “buena gente” es uno de los mandatos más sagrados y de las necesidades más urgentes e ineludibles de los seres humanos.
Cien años atrás, el 15 de enero de 1922, hace de hecho miles de lunas y puestas de sol, bajo miríadas de estrellas, en Cumaná, la ciudad primogénita y mariscala, como se deleitaba en referirla su apasionado cronista don Alberto Sanabria, nació Luis Beltrán Mago. Hizo allí sus estudios de primaria en la Escuela Simón Bolívar y de secundaria en el Liceo Gran Mariscal de Ayacucho. Llegó muy joven a Caracas, a estudiar Derecho en la Universidad Central de Venezuela, que aún funcionaba en la antigua sede del convento franciscano donde hoy está el Palacio de las Academias. En 1951 Luis Beltrán Mago se graduó de abogado y doctor en Ciencias Políticas y Sociales. Luego hizo su carrera en la Fiscalía General de la República, organismo del que se jubilaría cumplidos los extremos legales para ello, y simultáneamente también ejerció la docencia en La Escuela de la Policía Técnica Judicial, entre 1984 y 1991.
Pero la gran vocación de Luis Beltrán Mago ha sido la poesía y la escritura, porque además de poeta ha sido ensayista y articulista. Escribe a diario y cualquier acontecimiento o vivencia le proporciona elementos para una recreación poética de la realidad y los sentimientos. En los últimos años, con el impulso de las circunstancias del país, su poesía también ha transitado los fueros de la denuncia y el compromiso con los valores civilistas y patrióticos.
Habla con frecuencia de los nuevos libros que ha de escribir, de las compilaciones que está realizando y de un misterioso personaje femenino. Se llama Gabriela, la grácil mujer que ha creado en su poesía, de su propia esencia o costilla poética, a partir de la idealización, síntesis y abstracción de muchas damas que el poeta ha frecuentado, imaginado o incluso deseado, en muchos aspectos.
Luis Beltrán Mago hace de sus versos un ejercicio vocálico de pausas y cesuras que a veces pudieran parecer arbitrarias, pero que responden a visualizaciones y percepciones de las realizaciones fonemáticas, la prosodia y la cadencia como componentes esenciales de la lengua poética. Si bien ha cultivado el verso libre, Mago ha hecho del soneto su expresión poética por antonomasia. Ama el soneto, busca el soneto, lo labra y probablemente piense y sueñe en sonetos a tal punto que acaso pudiera decirse que cumple cien años o un índice de 7,14 sonetos (100/14). Ha escrito, según su propia cuenta, más de cuatro mil sonetos, que por sí solos representan ya 56.000 versos.
La poesía de Luis Beltrán Mago se centra en el amor, el mar, las emociones, el vino, la amistad, el misterio de la vida, la literatura y la poesía misma, enhebrando esos contenidos y potenciándolos con imágenes. De esos ejes o manantiales brotan como arroyuelos innúmeros muchas corrientes temáticas que discurren reiterando el tema original o confluyendo con otros derivados de los ejes centrales de la poesía de Mago. Se trata de una continua celebración de esos temas, como debe ser la vida, expansión continua de la idea de ser en el amor, la armonía y el solaz que vienen a ser la luz vital. Por eso, en un poema titulado “la magia de la luz” (2021) el poeta Mago nos recuerda que “Lo iluminado de lo / luminoso / está en la luz que / pasa / como alumbrando / briznas”.
Luis Beltrán Mago, miembro correspondiente de la Academia Venezolana de la Lengua por su nativo estado Sucre, presidente fundador y miembro activo del Círculo de Escritores de Venezuela, entre otras instituciones de las que forma y ha formado parte, es sin duda uno de los poetas más activos y empecinados en el hacer escritural de Venezuela, y por supuesto uno de los más longevos que hayamos conocido.
Entre sus poemarios podemos mencionar Bajel hacia la estrella (1956); Sonetos a la isla (1956); Los pasos de la noche (1965); No es tiempo de callar (1969); Y había una muchacha (1973); Los eucaliptos miran hacia el sur (1976); Cartas intemporales (1980); Del mar donde nací (1985); Morada en el mar (1993); Presencia del aire (1994); Poemas devocionales (Catorce sonetos dedicados a Andrés Eloy Blanco) (1997); Canciones del amor y el viento (1998); Del agua y de la lluvia (1999); Poemas de enero (1999); Itinerario de la sombra (2000); El mundo de la piel (2005); Canto de amor por Cumaná (2011); El mar también lo sabe (2013) y Los ocasos de un poeta (2020). De igual manera deben citarse las plaquettes Sonetos a Caracas (1966) y 5 poemas para olvidar la tristeza (2012) así como la Antología esencial de Luis Beltrán Mago, publicada en Caracas por el Círculo de Escritores de Venezuela en 2009. Entre los ensayos destacan Biografía espiritual de Margarita (1957); Geografía emocional de Cumaná (1973); Andrés Eloy Blanco: Poeta de la pasión (1976); Antonio José de Sucre: Biografía apologética de una personalidad (1986).
En sus archivos reposan inéditos muchos poemarios y libros, en su mayoría ya concluidos, otros en proceso de elaboración, a los que dedica sus afanes cotidianos. Cuando escucho repiques jubilosos en mi teléfono, sé que es Luis Beltrán. Tras un afectuoso saludo pasa a comentarme, como a diario hace con muchos de sus amigos, que ha escrito un poema y que quiere leérmelo. Disfruto no solo la audición del poema, sino la emoción desbordante y evidente del poeta al leerlo y la alegría de saber que sigue activo, soñando, planificando, ejecutando la música de sus versos a tan venerable edad, acuciante ejemplo para continuar los laberintos de la existencia.
Que Luis Beltrán Mago siga viviendo y brillando mucho más y que su poesía nos alumbre el tiempo y los caminos, las incertidumbres y el porvenir.
Felices cien años, poeta.-
Barranquilla, 15 de enero de 2022
Horacio Biord Castillo
Escritor, investigador y profesor universitario
Presidente de la Academia Venezolana de la Lengua
Fuente: Reporte Católico Laico
Contacto y comentarios: hbiordrcl @ gmail.com
Comparte esto:

LO QUE LA EDAD ME PERMITE Y CUENTA POR MÍ

 

Por  Farah Cisneros

 

 

Los Editores de esta revista, recomendamos la lectura del libro ¡Haz lo que te dé la gana! de Farah Cisneros, en su segunda edición, que estará en la Librería El Buscón y en la Librería Kalathos y en Amazon.

“Si logro ocuparme en aceptar lo que no puedo por alguna razón cambiar, perdonar lo que mi realidad pudo creer y agradecer en la pureza y humildad de mi niño interior, estoy integralmente suficiente”.

Hace unos meses celebré mis sesenta años.  La interrogante que merodeaba en los jardines aún floridos de mi mente era la pregunta:  ¿Cómo me sentía realmente?…  Con los años uno puede sentirse de mil y más maneras diferentes!  Primero porque cada cuerpo físico posee su propio ADN y después por el uso y abuso que ha tenido esa humanidad.  Luego está la mente y la espiritualidad.  Soy de las que cree que el ser humano está integrado por una trinidad perfectamente divina: cuerpo-mente-emociones (espíritu).

Encontré que eran propicios los tiempos que vivimos todos por la Pandemia-2019 que nos arrancó  de raíz  de nuestros estados ordinarios para confrontarnos a una separación de índole social y hacernos refugiar en las guaridas seguras de nosotros mismos, las que en muchos casos yacían en el abandono de sus propietarios quienes ni siquiera sabían que existían ya que no habían dispuesto tiempo para estar  con ellos mismos.  Con la celeridad de los tiempos y las imposiciones permanentemente renovadas con etiquetas de progreso, éxitos y bienestar, hubiera resultado absurdo y nada probable que el ser humano de manera voluntaria incluyera en su Agenda el “desatino” de dedicarse las atenciones de introspección en la unitaria sencillez de lo tangible.

Pues claro entonces que dejando de lado cualquier síntoma de achaque atribuible a la edad, pudiera entonces yo centrarme en el ejercicio de evaluar el agua que tenía mi vaso en lugar de fijarme en la carencia por el agua faltante.

Al emerger desde mi interior la sublime y exquisita gratitud, inicié una envidiable tendencia al disfrute por el milagro de la vida, todo ello en la más absoluta intimidad de mí ser.  Dándole rienda suelta a mi valiente niña interior, me hice la pregunta: ¿Qué puedo permitirme en este nuevo ahora?

Me embargó una gran e inesperada emoción de encuentro y libertad. He empleado parte de mi tiempo en estos últimos años investigando sobre las neurociencias y su relación con la psicología por lo que, de inmediato se sumó a mi estado emocional una emergente curiosidad.

Cualquier edad o etapa de la vida puede ser lo suficientemente buena según la actitud que tengamos.  Juega un importante papel la disposición que generemos para relacionarnos con el amor, la gratitud y el respeto.  A veces pienso y me recreo en la premisa de que nuestro mundo podría ser más seguro y equitativo si, unificáramos la cultura genuina del bien común.  ¿Será esto posible?

Con los nuevos tiempos han surgido también los cambios de paradigmas.  Es así cómo llegar a esta edad puede ofrecer  una serie de plus con aportes de valiosos conocimientos y experiencias con increíbles toques de sabiduría al colectivo.  Si se entiende así esto, se extiende el tiempo útil en rendimiento y efectividad de quien así lo asume y amplía las colaboraciones de crecimiento y evolución a la humanidad.

En mi caso me doy cuenta que hoy puedo permitirme una enorme lista de cosas que antes no hubiera podido, no se me ocurrían o no eran de mí interés.  Añadido está que con el entrenamiento integral de consciencia activa que ahora deseo mantener en práctica, puedo desde la alquimia del interés del amor, apoyar y acompañar a otros en sus procesos.  Incluso y esto es realmente importante, observar mantenernos en autosuficiencia e interdependencia.

“Los tesoros más preciados son custodiados por el dragón más terrible.  Para alcanzar los tesoros, hay que ir al dragón… y besarlo”.  BertHellinger

Flexibilizarnos para abrirnos a las posibilidades que latentes aguardan por nosotros, me emociona ya que podemos mantener la inquietud, que nace en la inspiración que hagamos para ejercer otros roles, obtener otras vivencias y por encima de todo…

¡Regocijarnos en cada uno de los ciclos de permanencia temporal de nuestra vida corporal!

Los abrazo siempre;

FARAH CISNEROS

2022

Puede adquirir el libro a través de 0424 1556770

@FARAHCISNEROS  en Instagram 

@circuloescritoresvenezuela

Puede adquirir el libro a través de 0424 1556770

 

 

 

 

 

 

Comparte esto:

2022, tiempo de esperanza

Los integrantes de la junta directiva del Círculo de Escritores de Venezuela  les deseamos se cumplan sus mejores propósitos en 2022, que este año les señale caminos de creatividad, paz, bienestar y unión.

Edgar Vidaurre, Magaly Salazar Sanabria, Luis Beltrán Mago, Carmen Cristina Wolf, Yoyiana Ahumada, Ildemaro Torres, Farah Cisneros, Yoyiana Ahumada, María Isabel Novillo

Con gran afecto, compartimos con ustedes un texto de Carmen Cristina Wolf con el cual nos sentimos identificados, porque estamos de esperanza en un año pleno de creatividad y logros.

2022, un tiempo de esperanza

Por Carmen Cristina Wolf

Hoy 30 de diciembre, las horas pasan veloces como un avión en el cielo hacia el inicio de un año lleno de expectativas. Hemos tenido que afrontar una amenaza global que ha puesto en jaque lo más preciado que tenemos, nuestra salud, física mental y emocional. Para los que piensan que la Vida es un milagro, surgen sentimientos encontrados, mas no dejo de sentir una profunda gratitud por haber viajado en este tiempo de dificultades y retos.

Haciendo un recuento de los mapas que me han permitido sortear posibles naufragios, debo mencionar la escritura como un timón que me ha conducido a lo más profundo del ser y me ha dado a conocer aspectos de mi psiquis que estaban escondidos. También la lectura, me he solazado al releer viejos y queridos libros que han sorprendido con nuevos mensajes, enfoques, sensibilidades. Permanecer la mayor parte del tiempo en mi casa me ha ofrecido un sosiego nunca antes experimentado. Sé de otras personas que se han dedicado  a la pintura, la artesanía, manualidades, toman clases de cocina  y de idiomas desde sus hogares. Otros salen a trabajar o cumplen sus obligaciones a través del teletrabajo, con la suerte de librarse del contagio del amenazante Covid.

En ese recuento de bienes, no puedo dejar de referirme a la unión con mi familia y amigos, que paradójicamente se ha estrechado más que nunca a través de audios y video llamadas. Nunca antes me había comunicado tanto con hermanos,  primos, cuñados y amistades. El exceso de actividades, muchas de ellas innecesarias y hasta agobiantes nos alejaron de nuestros seres queridos y de nuestras amistades.

El momento es propicio para mencionar a nuestro Círculo de Escritores de Venezuela, al cual he dedicado parte de mi vida,  y recordar el libro  “El vuelo y la claridad”, antología que reunió a cincuenta escritores en el 2020, publicado en co-edición con la Editorial Diosa Blanca. Edgar Vidaurre escribe en el prólogo:

“El mundo en general, y Venezuela en particular, está sumergido de manera circunstancial en una crisis de amplio espectro que involucra lo individual y lo colectivo. Todos los paradigmas humanos y meta-humanos están en una etapa histórica de deconstrucción. Ya los viejos y cambiantes paradigmas están perdidos en esa historia y estamos presenciando el retorno a la naturaleza y a las fuerzas trascendentes de la creación. La pandemia general le ha recordado a la humanidad y al hombre que hay algo que nos trasciende y nos determina más allá de los paradigmas sociales, políticos, económicos y científicos, para devolvernos con fuerza a los paradigmas eternos de la Belleza y del asombro. Y es por ello que, justamente a nosotros, los escritores de este momento dimensional ?en espacio y tiempo? nos toca asumir la responsabilidad sagrada de seguir registrando, expresando y comunicando el despliegue existencial de la humanidad, pero sobre todo resaltar el vínculo de esa existencia con los aspectos esenciales y universales que nos unifican y nos mantienen bajo la conciencia de que somos un todo, que la humanidad es un ente trascendente a nuestras duraciones y a nuestras historias individuales.”

En noviembre de 2021 celebramos el Día del Escritor en Venezuela, como  reconocimiento al genio de Don Andrés Bello y a los escritores de todas las latitudes e idiomas. Hicimos una celebración conjunta con la Academia Venezolana de la Lengua y el acto tuvo lugar a través de las pantallas de Zoom; primera vez que el día del escritor no se lleva a efecto en un lugar real,  como lo era por ejemplo nuestra querida Sala Cabrujasen Caracas. Fue en un espacio virtual, aproximándonos al nuevo “metaverso”. Las palabras que se pronunciaron ese día fueron memorables. Vimos en nuestras pantallas a un entrañable grupo de escritores desde los cuatro confines,  se transmitieron vídeos en homenaje a Elizabeth Schön y a Luz Machado. Y se presentaron tres libros: “Corpus” de Elizabeth Schön, nueva edición “La casa por dentro” de Luz Machado y “Tiempo de diluvio, tiempo de demonios” de Horacio Biord (publicados por Editorial Diosa Blanca).

Luego de agradecer a la Voluntad Divina por traerme hasta este tiempo en nuestro hogar temporal que es la Tierra, a todos los que han hecho más fácil y placentera la existencia y me han tendido la mano cuando lo he necesitado, solo me queda mirar hacia adelante con fe y esperanza, para cumplir lo que considero es mi misión.

A todos quienes me leen y acompañan, les deseo se cumplan sus mejores propósitos y, por encima de todo, que no les falte el amor. Concluyo con este pasaje de la Carta de Pablo a los Corintios:

“El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasará jamás.”

Fuente: Termómetro Nacional

@carmencristinawolf Instagram @literaturayvida Twitter

#carmencristinawolf

#literaturavenezolana

#circuloescritoresvenezuela

“metaverso”

#edgarvidaurre

 

 

Comparte esto:

Homenaje a Ana Teresa Celis

Por Carmen Cristina Wolf

Nuestra admirada y querida poeta y arquitecto Ana Teresa Celis partió de este mundo el pasado 13 de septiembre a los 92 años. Una mujer brillante, que transmitía a todos su amor por la vida. Integrante del Círculo de Venezuela. Amante esposa y compañera del arquitecto y pintor Carlos Celis Cepero.

 

A continuación, transcribo el prólogo que escribí para su segundo poemario, «Dualidad», publicado en el 2018. Una aproximación a la poesía de Ana Teresa Celis, una escritora cuya voz poética es reflexiva, mística y luminosa y nos sumerge en el misterio y el milagro de la belleza.

ANA TERESA CELIS Y  EL POEMARIO DUALIDAD

Escribir el prefacio de Dualidad,  libro de la poeta Ana Teresa Celis, es un verdadero reto y un privilegio. Al adentrarme en sus páginas encuentro magníficos hallazgos poéticos y significados de profundo contenido existencial y metafísico.

El lenguaje es el don más preciado que se le ha dado al ser humano. No tiene precio en el mercado, no puede cambiarse por monedas ni venderse en la bolsa de valores.  En cuanto a la poesía, ella es un encuentro con el ser más íntimo, es un puente tendido al otro, una invitación al diálogo y a la comunión. Nombrar significa en un primer momento, intentar la representación de  las cosas. En un comienzo, las palabras tienen el poder de recrear los objetos con verdadera eficacia. La vida de los pueblos y su evolución se refleja y revela en el lenguaje. Aquello que no puede ser nombrado es como si no existiera. Por ello, los hombres que han alcanzado cierto grado de sabiduría le dan tanta importancia al lenguaje. Octavio Paz en su libro El arco y la lira reseña que en el Libro XIII de los Anales, le preguntaron a Confucio: Si el Duque de Wei te llamase para administrar su país, ¿cuál sería tu primera medida? El Maestro dijo:La reforma del lenguaje. No sabemos dónde empieza el mal, si en las palabras o en las cosas, pero cuando las palabras se corrompen y los significados se vuelven inciertos, el sentido de nuestros actos y de nuestras obras también es inseguro”.

Aunque es difícil acertar en aquello que un poeta expresa en sus versos, intuyo en primer lugar, que la “dualidad” a la cual se refiere Ana Teresa Celis es a la unión y revelación de la palabra y el ser humano. También alude al mundo tangible y al universo de lo invisible. Y, por supuesto, a la unión ancestral del masculino y el femenino.  El protagonista central de este libro es el poema, esa extraordinaria metáfora que nombra las cosas. El primer poema del libro es el siguiente:

“desprovista de materia

inquieta lanzadera

poesía urde insospechados mundos”

El poemario Dualidad nos sumerge en el origen del universo, lo intemporal, con una escritura en instantes diáfana y otras veces cargada de hermetismo, pero siempre en la búsqueda de la belleza y profundidad del lenguaje:

“escapadas del océano original

vibrátiles fuerzas asidas a su libertad

se vuelven sobre la creación” (…)

Los primeros versos del libro permiten al lector hallar la esencia de la voz poética de Ana Teresa Celis, quien nos recuerda el primer versículo del Evangelio de San Juan: “Al principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios”. Para la autora, en una visión lírica de la Creación,  en el principio, que ella nombra como “un tiempo sin memoria”, la Poesía es la semilla del cosmos:

 

“bendecidas por el Verbo

pertenecientes a un mundo inaudito

donde

generación dos punto cero les transmite su esencia

poseen la divina partícula

lo finito

lo infinito”

La Palabra se encarna en el primer hombre y la primera mujer. ATC intuye la significación del ser humano en las figuras de Adán y Eva,  Presiente la semilla y se atreve a nombrarla: “poesía”. Antes del tiempo no existía la dualidad memoria/olvido, aún no existían seres para recordar ni olvidar. Entonces, no se sabe cómo, no se sabe cuándo, el Verbo divino transforma aquello inasible, invisible, inapreciable, en “corporalidades”. Empleo aquí una palabra con la cual bautiza ATC su primer poemario. Refiriéndose a este libro, el poeta Edgar Vidaurre Miranda escribe sobre la manera “más que asombrosa” en que “nuestra poeta, como una especie de profeta susurrante eleva su canto hacia las nubes, revelándonos desde lo más esencial de su corporalidad, el secreto de la Creación … Nosotros somos el secreto de la creación.” Leamos este verso de Corporalidades: “Existo / trasciendo el infinito”.

Y volvemos a los poemas de Dualidad, que se presentan como una concepción metafísica del mundo y al mismo tiempo, revelan la sensibilidad de quien escribe y la concepción de la Poesía en la vida de la Humanidad. Uno de los poemas que nos sumergen en lo entrañable de lo cotidiano, de una especial belleza y sensibilidad, es el siguiente:

“ese hoy / rozaba mi piel / sentía su abrigo / cotidianidad // música de cacharros / olores cocineros / cantos buranos / sol calentándome / leche calentando la mesa calentando mi entraña // un azulejo / contrasta / azul sobre verde. ”

ATC conduce al lector del sin tiempo desconocido al presente con la imaginación de los niños, que alzan vuelo sujetos mágicamente a un paraguas. La “semilla de mostaza”, la poesía, representa lo posible: “algo parece llamarnos para que sigamos un camino determinado”, al decir de la psiquiatra Magaly Villalobos, “es un daimon, una fuerza misteriosa … un plan secreto” guardado en una caja negra, un impulso repentino, una fascinación que nos empuja a hacer una elección, a tomar una determinación. Es una especie de voz inaudible, inexplicable por la razón que se atreve a decirnos aquello que debemos alcanzar, lo que debemos ser. Y cuando el llamado no es tan claro, se presenta como una serie de circunstancias que nos inducen en un sentido o en otro. Al igual que en la semilla está contenido el árbol en toda su expresión y maravillosos detalles, en ese tiempo sin memoria está cobijada la semilla del Ser,  la Poesía, desde siempre, por siempre.

La voz poética de ATC apuesta al juego de los contrastes. Siendo arquitecto de profesión, el poemario levanta un hermoso edificio de original diseño. Como poeta y mística del lenguaje nos lleva desde los orígenes del cosmos a la aparición de los primeros seres humanos que atienden a un llamado de trascendencia, oyen “voces / cantan gritan / murmuran cuentan”. Son impulsados por el anhelo de “trascender como seres creados, perdurar”.

La poeta nombra fugacidades en tránsito al paso imbatible de las horas que la conduce, como condujo a Alicia, a través de espejos que intentan desdibujarla. Mas ATC no se pierde en laberintos de sueños. Ella no se resigna al olvido que intenta confundirnos y desaparecernos. ATC tiene conciencia de ser, escucha su propia voz y las voces de “una humanidad perpleja peregrina interrogante”. Celis ecucha su propia voz y las leyendas de los antepasados. Porque ella descubre su esencia: “soy conciencia de ser”. Y advierte que desde aquel antiguo hoy surge un arrullo  que la circunda :

Desearía ir deshilando el entramado de este poemario de ATC y no apartarme de él por mucho tiempo, para permitir que sus versos penetren profundamente en mí. Este libro es un valioso hallazgo para los amantes de la poesía. Cómo no asombrarse con la esencia profunda de este poema:

al crecer como semilla de mostaza

                                        el verbo

haciendo camino es libertad”

La poesía de Dualidad abre sendas profundas en el espíritu. En el preámbulo del libro Ana Teresa Celis confiesa que se ha sumergido en el tiempo escribiendo los poemas como quien cuenta un cuento para hacernos llegar a su tiempo interior, esa “sinfonía de presentes” mediante la cual, a través de la magia del lenguaje, ella alcanza su plenitud dejando huella. En la voz poética se advierte la presencia de la infancia que significa confiar. Los niños confían en el mundo que los rodea. Creen en lo que les decimos. Y si no les ha sucedido algún hecho lamentable que les genere temor, los niños no sienten miedo. Pero el tiempo pasa por nosotros y sobrevienen los temores, las dudas. El mundo es contradictorio y las personas también. Somos justos a veces, otras veces somos injustos. Somos generosos y egoístas. Llevados por corrientes encontradas, a través de un río entre luz y sombras que no elegimos. Ello produce un desasosiego y quisiéramos navegar siempre por el lado cristalino de las aguas.

Concluyo esta aproximación a la poesía de Ana Teresa Celis, una escritora cuya voz poética es reflexiva, mística y luminosa y nos sumerge en el misterio y el milagro de la belleza.

Carmen Cristina Wolf

Caracas, Octubre de 2018

#AnaTeresaCelis

#carlosceliscepero

#Circuloescritoresvenezuela

@carmencristinawolf en Instagram

@literaturayvida en Twitter

@pedrobcelis Instagram

 

Comparte esto:

La atemporalidad de la poesía

 Foto: Lidia Salas

La atemporalidad de la poesía

Por Lidia Salas

Después de leer el libro de María Isabel Novillo: Poemas Peregrinos, (Premio de Poesía 2004 Simón Darío Ramírez) reafirmamos el concepto de la atemporalidad del mensaje poético, certeza que comprobamos en su lectura.

Lo primero que se advierte es la unidad que estructura los textos a través del tema del viaje, expresado en el   nombre del poemario y en el epígrafe inicial de Frank Kafka: «Es posible que en el viaje alguien haya logrado escapar el canto de las  sirenas. Pero a su silencio… A su silencio jamás.»

Sin embargo, como en todas las palabras escritas desde la luz, la semántica del lenguaje alude a varias significaciones.

En el presente papel de trabajo, analizaremos  tres planos  vislumbrados en su escritura: El recorrido entre diversos lugares, el tránsito existencial y el viaje místico del alma.

El peregrinaje a través de la geografía, es la bitácora inicial de estos versos. Se nombra a varias ciudades y países en la errancia del personaje que habla: «Camino por Madrid como un Paria.» «Estaciones de los Austrias.» «En las costas del Sur de Inglaterra.»

«Debía hacer calor. / Pero una lluvia fría asola las calles de Rouen.»

«…A las puertas de la catedral de Lima», «En las aldeas de Bolivia», «Miro el Barrio Judío de Venezia», «El mercado en la Rambla y todo el Barrio Gótico», «El vino verde de las Tabernas de Lisboa.»

Sin embargo, quien se desplaza lleva una intención devota, por eso expresamente señala a los otros, en el poema Venezia, como: «… y el tumulto/de todos los que pasan / mirando sin ver nada.»

La poeta emplea símbolos que hacen referencia a las  artes, la filosofía y las experiencias psicológicas, las cuales enriquecen los poemas, casi todos de largo aliento.

El hablante poético, usa la metáfora de su continuo trajinar para reflexionar sobre la conciencia de soledad que implica ser extranjero, la miseria de los emigrantes en las grandes en ciudades, la anónima  identidad de los usuarios de metros y tranvías.

La cadencia de los versos se apacigua hasta el susurro, cuando de experiencias amorosas se habla, se eleva en exultante arpegio para expresar los momentos de dicha, como se aprecia en el poema, Jájome.

El tránsito que recorremos los humanos desde el nacimiento hasta la muerte, es el segundo plano imbricado en estos versos.

La vida está nombrada desde la música, desde las notas, que ella como individuo, aporta a la gran sinfonía universal.

Reiteradamente aparecen imágenes relacionadas con canciones, con instrumentos musicales, con la escala de los sonidos. Hay  un verso donde se implora:

«Música Serenísima / no retires tu mano de mi hombro.»

A veces en tono confesional, pero siempre bajo la  máscara de realidades artísticas, de experiencias culturales e históricas,  su escritura revela el miedo en la infancia, el anhelo de un cobijo seguro, la experiencia de recaer en el error,  y el estremecimiento ante la muerte.

Se celebra el ejercicio de vivir, cuando este conlleva conciencia y pasión.

Quienes leemos los versos en estas páginas, observamos cómo las palabras van hilando una atarraya que abraza gaviotas, gorriones, corderos, flores, brotes, eucaliptos, tierras rojas o arenas de oro. La poeta se sabe parte de ese universo descrito desde una mirada amorosa y cercana.

El amor enriquece este recorrido vital:

«Acuesto mi corazón sobre tus claves / con el rostro apoyado a tu caja sonora / barnizada al cristal.»

Amor sin apegos que puede decir: «No.  Yo no te extraño a tí.

He extrañado la esencia de aquel tiempo.»

El viaje místico del alma a la Luz Padre de donde procede, es el tercer plano presente en el libro de María Isabel Novillo. Desde los primeros poemas se escuchan los principios ascéticos que deben observarse para escalar las alturas. El amor es la energía indispensable para avanzar, sin embargo, desde el primer poema anuncia:

«Aún queda por cruzar la oscuridad mayor“

Quienes se aventuran a travesías espirituales, conocen del trabajo delicado y difícil que enfrentan. Las experiencias se relatan desde las metáforas relacionadas con la expresión musical y el cuidado de aromas o cristales.

Ha sido una experiencia estética y humana, nuestro paso por las páginas de Poemas Peregrinos, donde encontramos una voz profunda, delicada y diferente de la literatura venezolana.

Lidia Salas

Altos de Gengibrillar. Agosto del 2021

*Lidia Salas, nacida en Colombia, ha vivido gran parte de su vida en Caracas. Es una destacada poeta y ensayista, Licenciada en Letras, con una extensa publicada. Integrante de la junta directiva del Círculo de Escritores de Venezuela. 

Comparte esto:

Rendirnos por un momento…

Por: Farah Cisneros

 

 

“Aprender el valor que tiene la vida, nos permite sentir y apreciar el respeto hacia el otro, coincidiendo en el interés común por la trascendencia de todos”

 

Los tiempos cambian y las cosas pasan… es una frase bien sustentada que escuchaba decir una que otra tarde en los almuerzos familiares que se daban en casa de mis abuelos maternos.  Creo que era una manera aliviadora que encontraban mis abuelos para ofrecer a los demás, confianza y tranquilidad ante situaciones de incertidumbre y conflicto. Este, es un recuerdo que conserva mi mente y que corresponde al pasado como muchos otros.

Con los años entiendo que los retos están permanentemente en todo aquello que las decisiones o circunstancias motivan.  Las experiencias son la consecuencia obligada del ejercicio de existir.  Unos con menos y otros con más, cada quien hace lo mejor o peor que puede con su vida.

En la psicología del triángulo dramático de Karpman se exponen para identificar ciertos comportamientos en los seres humanos en los roles de salvador, víctima y perseguidor.  Lo cierto y a lo que voy es que, sin darnos cuenta, “todos poseemos una altísima importancia en nuestras competencias  como hacedores e influenciadores en nuestras sociedades”

Tomarnos en serio ahora, en los actuales momentos, el tiempo que discurre inexorablemente y la ferocidad de los cambios podría servir de instrumento impulsador para llevarnos a establecer, plantearnos y sincerar el curso que le hemos estado dando a nuestro hacer en el medio ambiente que ocupamos.

Hemos desplazado nuestros intereses prioritarios para atender necesidades creadas por los estándares de una sociedad donde el poder, el éxito y la realización personal esclaviza la libertad, la salud y hasta el planeta que tan gentilmente nos ha brindado hospedaje hasta ahora.  A muchos literalmente se nos va la vida, buscando sino el logro de llegar a estas cúspides de excelencia establecidas en los mercados de las bolsas financieras, aprender a cohabitar de la mejor manera posible lo cual puede desencadenar en muchos casos malestares, e impaciencias con un tanto de frustración.

Estas luchas por alcanzar el logro hace que en algunos casos se tergiverse absolutamente lo que podrían ser incentivos y oportunidades para crecer en sano bienestar y es cuando el ser humano se declara en retos donde es capaz de arriesgarse a sí y a los otros en pro de alcanzar sus triunfos lo más rápido y fácil posible incluso sin evaluar concienzuday suficientemente lo expuesto que queda para colocar en entredichos  ciertos principios fundamentales en cuanto a ética, moral y buenas costumbres.

Son muchas las puertas que se han abierto inusitadamente con la llegada de esta pandemia que azota el mundo desde el año 2.020.  Se presentan  como no cuantificables el significativo número de decesos por el virus pandémico.

Inequívocamente nos enteramos que esta situación de altísimo peligro es un desafío adicional que se le suma a la ya significativa lista de obstáculos en el camino…  es solo que ya no se trata de superar para obtener el poder del éxito, ahora se trata de obtener la oportunidad para preservar la vida y el planeta  ¿Esto estará lo suficientemente claro?

Cuando la actitud “de hacerse el loco” muestra a la gente con espíritu de ruindad en un hacerse mercantilista, y aprovechamiento en general de cualquier evento para sacar provecho cabe preguntarnos: ¿Hasta qué punto estamos entendiendo la situación?

Los patrones mentales que fijan nuestra conducta obedecen a lo predeterminado; a lo ya establecido en nuestro estado de consciencia.  Hacer los cambios necesarios para adecuar nuestra mente a una nueva realidad, exige ponerle un cote e iniciar un valioso plan de re programación neurolingüística.  ¿Cómo se logra?

Podemos lograr los cambios necesarios mediante la  aceptación de la realidad objetiva y este, es el enfoque que pueda aportarnos notables beneficios para solventar la situación y salir adelante en bienestar común.  La única o la más importante herramienta para ser empleada de manera altamente eficiente son “el encuentro y colaboración en equipo”.

Aprender el valor que tiene para uno mismo la vida nos permite sentir y apreciar el respeto hacia el otro, coincidiendo en el interés común por la trascendencia de todos.

Hoy más que nunca valorar que el brazo del otro es la extensión del mío operará el milagro de amor más grande.  ¡El logro de sentirnos uno siendo muchos!

¿Lo lograremos?  Sin lugar a dudas dependerá del consenso que hagamos para recibirnos desde la confianza, el trabajo en equipo, el compromiso y la Fe que comodones de la naturaleza sembrada en el corazón humano activemos en gratitud y cooperación permanente.

“La esperanza es el sueño del hombre despierto”  Aristóteles

¡Los abrazo siempre!

FARAH CISNEROS

 

Facilitadora en Procesos de Cambio y Transformación Personal

Master Coach Neuro-Linguistic Programming PNL

Certified Heal Your Life Teacher Philosophy Louise Hay

Abogado con estudios de Postgrado en Derechos Humanos – Empresaria

Fundadora y Directora de EGP. Escuela de Gerencia y Pensadores

Autora del libro ¡Haz lo que te dé la gana!

Produce, coordina y desarrolla el Programa de Entrenamiento y Desarrollo Integral Personal-PEDIP de EGP. Escuela de Gerencia y Pensadores

Directora de Relaciones Institucionales del Círculo de Escritores de Venezuela.

Promueve proyectos de emprendimiento, y participa como Asesor y Consultor en metodologías organizacionales en las áreas de planificación, sistemas y procedimientos administrativos.  Dedicada con pasión a la investigación,  formación y capacitación académica en el desarrollo del comportamiento y potencial humano en psicología humanista e inteligencia emocional. 

Coach & Mentoring  en ejercicio activo.

@FARAHCISNEROS
farahcisneros@hotmail.comescueladegerenciaypensadores@gmail.com

http://egpvenezuela.wix.com/egpvenezuela

http:egpvenezuela.wix.com/farahcisneros

Comparte esto:

Beatriz García Naranjo: Rituales de la casa

La escritora venezolana Beatriz Alicia García Naranjo escribe en sus poemas sobre un  tema recurrente: la Casa, el hogar. Sus libros «Mudanzas»,  «Propósitos y olvidos», «Música de fondo», «Tentando al silencio» y el más reciente, «Rituales de la casa», revelan la honda nostalgia en el imaginario de la poeta y el significado que tiene para ella la Casa:

Rituales de la casa

Por Beatriz Alicia García Naranjo

He habitado muchas casas, además de la casa familiar. En mi juventud y luego no tan joven, fui una suerte de nómada. Llegué a mudarme por diversas razones tres veces en un mismo año. Escribí incluso un libro que se llama «Mudanzas». Nunca he tenido una casa, un hogar mío, quiero decir.

Paradójicanente, la casa, lo doméstico es un eje fundamental en mi poesía, desde mi primer libro «Música de fondo», hasta en el más reciente «Rituales de la casa»

LA CASA

a Marisol Marrero

La casa
antes de ser casa
fue sentimiento.
Hizo sus paredes
en nosotros
y en los que nos precedieron.
Se hizo refugio.
Pero la casa un día
empezó a derrumbarse,
la casa un día
se hizo intemperie.

(«Rituales de la casa», 2018)

Hoy no es día
para palabras limpias
bien puestas en la mesa

comámonos
estos restos
ya no importa saber
si nos alimentan

devoremos
de una vez por toda
lo que queda
las moscas el mantel sucio
el no te creo

(«Música de fondo, 1983-1987)

ANTICUARIO

Esos objetos
que rondan por la casa
guardan historias
esas llaves
esas viejas fotografías
semblantes severos y melancólicos
los cuellos altos
las faldas largas
y ese abuelo
con la mirada perdida
pañuelo en el bolsillo
su taza en la mano

Refugios en páginas amarillosas
ensueños grises
llenos de olvido

Esas otras casas
llenas de silencio
perdidas en el claroscuro
de otros tiempos

(«Música de fondo», 1983-1987)

Estas habitaciones transitorias
me olvidarán
acogiendo nuevos huéspedes
-quizá menos furibundos-
mientras en mí tallan
islas a medianoche
muros

(«Mudanzas», 1993)

No quiero ir a casa
quiero alejarme
perder toda certeza
todo centro
no quiero ir
a ninguna parte
quiero el lugar
donde se desvisten
los sueños
se quema
la ilusión
por ser un veneno
peor
que el dolor venidero

(«Propósitos y olvidos», 1992-1998)

*** *** ***

Deambulo en la casa vacía,
la que no me espera,
como una pesadilla interminable,
me hago a su aire de respiraciones entrecortadas,
a su espesa niebla acariciándome.
Alguien me casó con ella,
me puso un anillo oscuro
con la cara hacia la muerte.

(«Tentando al silencio», 1998-2003)

Escritora, docente y editora. Actualmente dicta Talleres de escritura en colaboración con La Poeteca de Caracas.

@bagtalleresliterarios  @lapoeteca en Instagram  #LaPoeteca
#casas #casaypoesía #memorias #casashabitadas #espaciosdelacasa #familiaycasa

 

Comparte esto: