Rodrigo Lares Bassa: Viento y tierra

«Estamos hechos de todo aquello que no regresa»

VIENTO Y TIERRA

Por Rodrigo Lares Baza

Las letras… perfectamente engranadas la hicieron volar a ese mundo que existe donde Los Ángeles vuelan, donde solo ellos habitan en eternas ensoñaciones, bailes sobre las nubes, reuniones donde se conversa sobre mentiras fantasiosas que solo Los Ángeles saben crear y que ellos entienden.

Pero estos ángeles conviven entre lo sublime y lo terrenal, por lo que además de entender esas letras juegan entre ellos en uno y otro plano, siempre en un perenne viaje por el placer de sus creaciones. Solo quien descubre la magia celestial de aglomerar las letras y crear realidades paralelas se convierte en Ángel.

En las siguientes líneas, algunos episodios angelicales:

VIENTO Y TIERRA

Ella era libre pero a veces lo recordaba y para evitarlo en su cabeza se justificaba diciendo «acariciar entre susurros lo aprendí del viento…» Aseguraba ser viento y, como ella, ninguna: libre, fugaz, traviesa. Pertinaz en su idea de no ser otro elemento; él, tierra, de idea fija, parsimonioso, de echar raíces. La última vez que se vieron, con su tranquilidad característica le dijo al oído mientras ella lo escuchó con su revoloteo natural: «entre estos puntos suspensivos en que nos quedaremos, te seguiré guardando otra historia.»

Pasaron los años y su brisa anduvo caminos, unos áridos, otros frugales pero todos al ritmo de su antojo. Él, a distancia la seguía, en su espacio advertía hacia donde señalaba la veleta. Fue en una fiesta de disfraces en que coincidieron -así lo imaginó y escribió él en un papel:

Ella, inadvertida de su presencia bailó y rió sin alterarse. Él, de esmoquin y antifaz, se aprovechó de su anonimato para observarla. Ella, delgada y con un tocado francés logró hacerse con la atención de los presentes. Avanzada la noche, él se acomodó al filo de la baranda de la escalera central que se abría en dos hacia el gran salón del Palacio y desde la discreta distancia que le permitía aquel lugar, el secretismo que le regalaban los disfraces y aunado al tiempo sin verse, se dedicó a apreciarla, oteándola al punto de darle rienda suelta a la imaginación. Así, la imaginó en sus brazos mientras le decía cuánto la había observado durante la fiesta y todo lo que la pensó mientras ella recorría el mundo como un ángel que hacía brisas color azafrán tras su pasar.

– «Y esa noche sólo quería mirarte sin más ruido que el tiempo, hipnotizado por el elocuente contorneo de tus caderas y risas «le diría mirándola a los ojos.

– «Te quiero, como tantas cosas que no tienen solución», le respondería con el fuego en sus pupilas, sin dejarle respirar, insistiría: «nos dimos un espacio y creamos un universo.»

No pudo sino esperar a tomar aire, bocanadas, para asimilar lo oído. Estaban jugando a ese juego tan de ellos que tanto los animaba, el de las palabras. Su mano recorrió con delicadeza la piel de su rostro, mientras le dijo: «Tienes esa bonita costumbre de ir por la vida dejando sonrisas. Me miras, y callan hasta las letras que danzan por mi mente.»

Ella, disfrutando de su poderío, sonreída le respondió: «somos las mentiras que por piedad decidimos también creernos.»

Cerró sus ojos, apretando un tanto sus párpados y como quien ve la realidad clarecer, se refugió en sus pensamientos, confesándose ante ella, pero en sus adentros:»El cielo escondió todos sus sueños en tus ojos». Inmediatamente dijo: «Por suerte la noche sabe bien dónde y cómo abrazar.»

Volvió al terreno de la fiesta, abajo la vio beber de su copa, cómo sus labios besaban aquél líquido burbujeante. Su vestido inmenso y de colores pálidos la hacían contrastar con los opacos de la decoración festiva. Los mesoneros iban y venían ofreciendo canapés y bebidas. La música de cámara inundaba todo el ambiente. Sorbió su copa de espumante y mantuvo la vista en ella.

– «A veces, se me antoja volver para aquietarte el mundo» le dijo mientras ella intermitentemente le acariciaba las manos y entrelazaba sus dedos con los de él.

– «Padezco de canciones agrietadas, de recuerdos disonantes, de procesión de sueños e ilusiones que crecen en invierno» le dijo para recordarle que ella era viento y él tierra, pero al tiempo pensó, y se lo guardó: «Él es todos los atajos hacia mi felicidad. Cuando estoy lejos de tí, brisando, hace un frío muy intenso, tan parecido a la distancia.»

Era consciente de la rebeldía de ella, y eso le atraía. «Lo ideal sería que los fuegos del amor dejaran cenizas de amistad» le respondió en tono aniquilado. Ella, con una sonrisa de vencedora le dijo en tono victorioso: «Todo es relativo querido, depende de la perspectiva: cuando una nube llora, los jardines ríen.»

De pronto el sonido del piano lo expulsó de su abstracción, las notas musicales inundaron todos los rincones del salón logrando animar a todos los presentes, comenzaron a moverse numerosos tacones por doquier. Rápidamente buscó reencontrarse con su dialogo mental y entre miradas a la muchedumbre la reencontró; ésta vez, sus ojos lo miraban fijamente. Él quedó helado. Sintió como su mirada acariciaba todo su ser con una ventisca, sintió escalofríos y siguió el impulso de separarse de la baranda e iniciar el descenso hacia el encuentro. Mientras él bajaba cada escalón no dejó de mirarla, advirtiendo cómo ella comenzó a caminar hacia él: en cada taconeo suyo, en cada avance mantenía su mirada fija en él. Era el momento decisivo de su juego, ella, en su acercamiento iba armándose en sus habilidades, sabía de su sensualidad y procuraba exponerla tras su camino para irlo desarmando, sabía que su dulce sonrisa lo hacía relajarse más y más, hasta sentirse impávido. Y así lo intentó.

Cuando ella se le puso al frente, él, aparentemente protegido por su disfraz, disparó primero con una frase introductoria al duelo verbal y de gestos al que se enfrentaban: «Hay que tocar fondo para aprender a sentir la música, así te vi venir, así me hiciste sentir, porque es por culpa de la música que yo no dejo de quererte.» Ella sonrió muy discretamente, tan sólo ella lo supo al sentir cómo sus comisuras por acto reflejo se alzaron, aceptó en sus pensamiento que aquella entrada al dialogo fue magnifica y que él la había hecho touché en un solo movimiento. El escalofrío la hizo estremecerse pero si bien la había tomado por sorpresa, su orgullo no le permitiría decírselo y, sin más, se dejó llevar por el impulso y lo beso con tal dulzura que al separase lentamente aquellos labios, solo alcanzó a decirle: «Conocer a una persona y terminar conociéndose a uno mismo.» Él no dijo nada, sólo disfrutó el momento de saberse victorioso en el juego del amor y en sentir como aquél beso y aquellas palabras transformaron los escalofríos en energía.

«Soy viento y lo sabes», le dijo Hélène a Roderick, continuando su jugueteo personal. Él sonrió y le entregó el papel en el cual había escrito todo el encuentro imaginado: «Lo sé, eres viento. Hay que soltar la tempestad, para aprender a tocar la calma. Recuerda que los brazos correctos son los que te transforman en máquinas del tiempo.»Ella aniquilada en el juego y ahora en la realidad dejó a un lado su orgullo: «Me faltas hasta en las palabras. Si supieras el terremoto que desatas en mi corazón al verte llegar te pondrías cascabeles en las alas. Recuerda que somos ángeles.»

Se miraron fijamente, sonrieron y él dijo: «Estamos hechos de todo aquello que no regresa.» Entonces la pareja se acercó a la pista e inició el baile al compás de las notas del vals…

*Rodrigo Lares Bassa

Narrador y ensayista venezolano. Libros publicados: Hombres de café. Vals de los ángeles sin alas

Abogado por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB, 1999). Tiene Diploma de Estudios Avanzados (DEA-2006) del Doctorado en Derecho Administrativo de la Universidad Complutense de Madrid; Master en Dirección de Empresas (MBA-2003) del Instituto de Empresa de Madrid y un Master en Derecho de las Telecomunicaciones (MDTE – 2002) por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid.Ha impartido la docencia en varias Universidades venezolanas de prestigio

Es autor de obras biográficas y literarias; de ensayos y de trabajos de carácter científico-jurídico. Es Miembro del Círculo de Escritores de Venezuela

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Jorge Gómez Jiménez: Selección de poemas

No te diré
de escribirte mil canciones
de escribir un idioma para nosotros
ni de construirte un planeta de palabras
todo es tan cierto
pero tan dicho

Te diré en cambio de una palabra
una sola en la que llueves
y anocheces
y bienvienes
y eternas


Prefiero oír tu voz en la penumbra
muy baja y sin rigores
como un acto de fe
feroz de vocablos
con tu timbre en ristre
con tus trampas implacables
en las que muero
de recuerdos
de ti.


Quiero esta noche decirte amor
que estoy absolutamente disponible
para nuestro viejo proyecto
de amarnos sin razón
toda vez que es bien sabido
que el amor y la conciencia
son enemigos de antes
de antes amor de conocernos


A cántaros llueve
y estoy sediento de tus ojos

Se vuelven caudales
los kilómetros de calles
que nos separan
y no puedo guarecerme
en tu mirada

La piel oscura del cielo
transpira entre nosotros
y hay flores que perecen
secas de ti

A cántaros llueve
desde siempre
entre nosotros


Es en este
el último cigarrillo de la noche
donde me aferro
como un loco a tu cabello amado
y te espero
aunque nada salga de tus labios

Y este humo
metáfora vil de la nostalgia
hace olas
como las que amé de tu mirada
y me arrastra
al trepidante abismo de tus besos

Y esta brasa
labra insomne apenas una imagen
de tu fuego
que consumió mi faz cansada
de hurgar
en el desierto hasta encontrarte

La ceniza
gris se oculta entre mis dedos
cual restos
sombríos y tristes del pasado
que consigo
te arrastra al abismo del ayer


Libérame de ti, de tu recuerdo
hazme un hombre digno
libre ya
de la memoria feliz de tus labios,
aleja de mí tu distancia
tu presencia
tu ausencia
hazme al fin un hombre
un hombre lejano
de ti


Con el tiempo crece el dolor absurdo
la intolerable constatación desierta
de que no basta con extrañarte
de que amaneceres
y lunas y árboles y gestiones
se van pareciendo a ti
y describen tu rostro
en el lenguaje agrio de la nostalgia.


Te aclaro amor que no siempre soy el mismo.
En ocasiones soy no más que alguien
que piensa en ti y se entristece.
Pero además otras veces
soy alguien que te mira en la calle
y recuerda.
He sido también el predicador insomne
de tus verdades,
el holgazán que sueña sonriente
con tus ojos,
el fino melómano
de los tonos de tu voz,
el enfermo incurable
que se droga
con la memoria incendiaria
de tu piel.
Te aclaro igual que siempre
bajo cualquier circunstancia
nosotros todos
te amamos.


Caluroso y lento como un domingo
solo quisiera darme una ducha
recostarme un rato
mirar tu silueta en la ventana
quizás
sonreír dormido.

Jorge Gómez Jiménez
Escritor venezolano (Cagua, Aragua, 1971). Edita desde 1996 la revista literaria Letralia, Tierra de Letras. Ha publicado el libro de cuentos Dios y otros mitos (Venezuela, 1993), las novelas cortas Los títeres (España, 1999) y Juez en el invierno (Venezuela, 2014), la antología Próximos (narrativa venezolana, bilingüe chino-español; China, 2006), la novela El rastro (Argentina, 2009), el poemario Mar baldío (Caracas, 2013) y el libro de crónicas Torniquete: historias del Metro de Caracas (Caracas, 2017), además de haber sido incluido en diversas antologías dentro y fuera de Venezuela. Entre otros reconocimientos, ha sido ganador del X Concurso Anual de la Universidad Central de Venezuela (Venezuela, 2002) y del Premio Nacional de Minicuento “Los Desiertos del Ángel” (Venezuela, 2012), y obtuvo menciones honoríficas en el XXIII Concurso de Relatos Ciudad de Zaragoza (España, 2005), en el V Premio de Cuento Policlínica Metropolitana para Jóvenes Autores (Venezuela, 2011), en el II Premio Nacional de Cuento “Guillermo Meneses” (Venezuela, 2012) y en el X Concurso Nacional de Cuentos de la Sociedad de Autores y Compositores de Venezuela (Venezuela, 2016). Su revista Letralia obtuvo el Premio Nacional del Libro (Venezuela, 2007) y ha sido en dos ocasiones finalista, y una vez mención honorífica, en los premios Stockholm Challenge (Suecia; 2006, 2008, 2010). Textos suyos han sido traducidos al francés, inglés, italiano, catalán, esloveno y chino.

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Ligia Colmenares: El talismán

 

 

EL TALISMÁN

 

 A mi abuela Julia

En el vuelo de la imaginación

 

Julia había nacido en el Piedemonte andino entre nubes, pájaros y flores.  Era linda, alegre, llena de vitalidad.  Recibió una esmerada educación en un  exclusivo colegio para señoritas. Tocaba mandolina y cantaba con voz de soprano.  Soñaba  con  viajar por el mundo y   convertirse  en   una gran artista.  A los dieciocho años, sus padres la dieron  en matrimonio  a  Daniel de la Huerta, poderoso terrateniente cuarentón, viudo, descendiente de canarios.  Con  él tuvo seis hijos. Tres varones y tres hembras.  Se  dedicó por  entero  a la  crianza  de  sus    descendientes,   la atención del marido y las labores hogareñas.  Pero en su mente siempre mantuvo latente el deseo de convertir su gran anhelo en realidad.

 

Enviudó a los cuarenta y cinco años cuando los  hijos  varones se  estaban  graduando en  la universidad y las hembras se preparaban para casarse.  En  ese  momento  de  su  vida  decidió cumplir con un  deseo oculto.  Ella guardaba como un talismán la maleta de fino cuero  marrón que heredara de su madre y que fuera repujada por el abuelo materno. La maleta se conservaba intacta, tenía un  forro de seda y varios compartimientos. Elaboró con todo cuidado un itinerario comenzando por Madrid. Se comunicó por teléfono con la prima Isabel explicándole su proyecto detalladamente.  Le informó que la maleta le sería enviada  por la línea aérea Iberia,  cuya  fecha y número de vuelo le serían comunicados oportunamente.  Antes de iniciar  este viaje tuvo que cumplir con una serie de requisitos para  que la  maleta pudiera  movilizarse  sin    acompañante.

 

Volviendo al proyecto le pidió a Isabel que en una hoja de papel escribiera un deseo e incluyera un objeto de valor, guardando las dos cosas en la maleta.    Luego   debería   enviarla  al primo Sebastián que residía en París, con instrucciones precisas.  Este a su vez tendría que remitirla a la prima Úrsula en Berlín. Ella al primo Stellio en Roma. Por último él  la  devolvería  a Isabel en Madrid, quien la enviaría de regreso a Julia, su dueña.

Julia contaba los días con ansiedad y después de dos  largos meses  de espera  recibió  una llamada de la línea aérea para informarle que había un paquete expreso a su nombre, el  cual debía retirar en las oficinas del aeropuerto en el término de cinco días hábiles. A primera hora de la mañana siguiente, en compañía de su chofer se fue a buscar la  valiosa maleta.    Cuando regresó al mediodía se dio un baño, almorzó e hizo la siesta de costumbre.   A  las  cinco  de la tarde realizó los rutinarios ejercicios de relajación.  Con el corazón palpitando de emoción   se dispuso a mirar el contenido de la maleta.  Le quitó los sellos de aduana, la abrió con lentitud. He aquí lo que descubrió.  En  un  hermoso  papel  artesanal de  color   crema,  con   caligrafía perfecta,  la prima Isabel escribió:  que la  luz  divina ilumine tu entendimiento y  ejerzas   con sabiduría tu libre albedrío.  Colocó a su lado un ángel con alas luminosas.  El  primo Sebastián trazó la escritura en un antiguo papiro diciendo: que la bondad reine en tu corazón y ames al prójimo como a ti misma.  Puso a su lado un ardiente corazón rojo con destellos dorados. La prima Úrsula en un papel tejido con caña de bambú escribió lo siguiente: que el amor sea una constante en tu vida y te colme de bendiciones.  Colocó  a su lado  una delicada  estatua  de Cupido tallada en marfil.  Finalmente el primo Stellio en un papel transparente como  el agua escribió: que tu imaginación sea libre como el  viento y  en  su  vuelo  sin  fronteras  te lleve alrededor del mundo.  Como una manifestación divina apareció misteriosamente flotando en el espacio una vistosa alfombra voladora tejida con hilos de Persia que aterrizó a sus pies.  Julia asombrada y feliz se sentó sobre ella y realizó su gran sueño de viajar por el mundo y convertirse en una gran artista.

Ligia Colmenares. 09/07/2017

Ligia Colmenares, reconocida poeta venezolana. Miembro del Círculo de Escritores de Venezuela. Algunos de sus libros publicados: La mujer de la casa de adobe, Bitácora del amor. Una selección de sus poemas está recogida en la Antología Desde el patio del limonero, publicada por la Editorial El pez soluble

   

 

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Enrique Gracia Trinidad: Al final de la escalera

Poemas del madrileño Enrique Gracia Trinidad

Fuente: http://www.crearensalamanca.com

Del libro Al final de la escalera

CUANDO NO TUVE NADA IMPORTANTE QUE HACER

 

Trabajé en muchos sitios imposibles,

en oficios absurdos y ridículos.

 

He sido porque sí:

Restaurador del cuarto menguante de la Luna,

crupier en una mesa en que jugaban

a la ruleta rusa o al simple desamparo,

conservador del horizonte

eso siempre por horas y en las tardes nubosas—,

albacea del tiempo por venir,

conductor de un ilustre carromato de feria que perseguía la justicia,

distribuidor a domicilio de sensaciones imposibles,

pescador en un barco que se matriculó como patera,

sacerdote del dios desconocido que aún lo sigue siendo.

cocinero del hambre sin fogones ni plato ni cuchara,

monaguillo de alguna misa negra

que terminó en guateque deslucido,

ladrón de guante roto algunos viernes. Los sábados libraba.

 

Me desgané la vida como pude:

He vendido la droga de los sueños

a la puerta de alguna residencia de ancianos;

canté —muy mal, por cierto—en un mariachi turbulento y triste;

zurcí suicidios y pinté esperanza, la restauré después,

al cabo de los años, para que siga viéndose a lo lejos;

ecualicé los ruidos en un andén del metro

y el canto de los grillos en un solar de las afueras del silencio;

recogí los misterios de la vida

que abandonaban los adolescentes en las terrazas de los bares;

clasifiqué y almacené la risa, la ironía, la burla y el sarcasmo;

pregoné los poemas de la desolación.

 

Fui lo que nadie quiso ser, no me arrepiento.

Ahora que ha llegado la edad de jubilarme,

me niegan la pensión por inconstante.

 

Me ofreceré de voluntario en el Armagedón,

afinando trompetas,

o sacándole brillo a la guadaña.

 

CORSO EN LA ESCALERA

Subí seis tramos de escalera

hasta mi cuarto amueblado,

abrí la ventana

y empecé a tirar

Las cosas más importantes de la vida.

(Grégory Corso)

 

¿Y qué importa subir una escalera,

llegar arriba, ver el mundo…?

Ni siquiera bajar para contarlo es importante.

Lo mejor en las muchas escaleras

de este planeta en guerra sin cuartel,

es saber que uno puede detenerse

en cualquier escalón, subas o bajes,

para mirar la luz que es diferente

según cambia de altura y ama cada peldaño.

 

Lo más hermoso es sentir algún pie

que pisó un descansillo,

una mano que hurgó en la barandilla,

un sueño que subió, esa tristeza que bajó,

o quizás al revés; sentir, vivir

cada fortuna y cada desengaño,

cada tiempo y su amarga soledad,

cada alegre fracaso

o cada triunfo que se vuelve turbio.

 

Cuando llegas al fin de la escalera

hay que tirar las cosas importantes

de la vida, si es eso lo que quieres,

a través de la ventana

como hizo aquel poeta impertinente,

o dejarlas al fondo del armario.

 

Pero la auténtica fortuna está

a lo largo de toda la escalera

subiendo a veces y bajando siempre.

*La revista digital Crear en Salamanca difunde cuatro poemas de Enrique Gracia Trinidad (Madrid, 1950), quien fue Accésit del Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador, por su libro “Juego de damas” (2015, Diputación de Salamanca). Es poeta, divulgador cultural y actor. Sus libros de poesía son -1972 a 2013-: Encuentros, Canto del último profeta, Crónicas del laberinto; A quemarropa; Restos de almanaque; Tiempo de Apocalipsis; Historias para tiempos raros; La pintura de Xu-Zonghui (bilingüe chino-español); Siempre tiempo; Contrafábula. Poesía reunida 1972-2004; Todo es papel; Sin noticias de Gato de Ursaria; La poética del vértigo (Antología, estudio y selección de Enrique Vitoria); Pentimento (2009); Hazversidades poéticas (miniantología); Butaca de entresuelo (2011), Mentidero de Madrid y Ver para vivir. Además ha publicado libros de prosa, artículos y dibujos. Le han concedido, entre otros, los siguientes premios: Vicente Gerbasi, por el conjunto de su obra (Venezuela), Accésit de Adonais, Premio Feria del Libro de Madrid, Accésit Rafael Morales, Premio Blas de Otero, Premio Bahía, Premio Juan Alcaide, Accésit Ciudad de Torrevieja, Premio Emilio Alarcos, Premio Juan Van-Halen. Parte de su obra se ha traducido a varios idiomas y figura en antologías y publicaciones de catorce países.

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Luz Marina Almarza: Selección de poemas

Nubes, pájaros y lápices de colores

 El poeta porque ama la palabra

Cuando dice infinito quiere decir cielo;

Cuando dice sol quiere decir luz;

cuando dice brisa quiere decir caricia;

cuando dice estrella quiere decir anhelo;

cuando dice sueños dice rosa;

cuando dice luna quiere decir lámpara;

cuando dice ojos quiere decir espejos

cuando dice arcoíris quiere decir sonrisa;

cuando dice flor quiere decir amor;

cuando dice nube, quiere decir esperanza;

cuando dice pájaro, canto de Libertad

cuando dice lápiz quiere decir poema.

 

El poeta como no puede decir adiós,  suspira.

Como nunca puede decir  te odio,

ni dejar de escribir deja un espacio en blanco

entre los versos

 

como no puede decir rabia dice mar

cuando siente dolor dice lágrima.

 

La poesía es una caja de madera

llena de nubes, pájaros y lápices de colores

que el poeta suelta al viento

******

¿Dónde termina el día

y empieza la noche

 

sin otro sol que vislumbre

o luna como faro?

 

¿Quién me presta aceite

para mi lámpara apagada?

*****

A cántaro roto

A cántaro roto

la mirada,

El tropiezo,

el dedo gordo, las rodillas

y mis manos,

 

la lluvia,

la piedra,

El río,

el clavo,

la espina.

La rabia o el dolor,

qué más da

 

Si todo golpea

como un martillo

y se va

*****

Casa de trinos

Mi pequeña casa

está rodeada de trinos

 

Aunque no haya nadie

a mi lado

 

aquí hay una caja de voces

que no se cierra,

 

que adormecen

que ahuyentan

-tarde a tarde-

la pena del rostro

 

Si todo golpea

como un martillo

y se va

Luz Marina Almarza, poeta Venezolana, vive en Barinas

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POEMAS DE LIDIA SALAS


Dos poemas de Lidia Salas. Caracas, 2017
HEREDAD

 

Habitamos los días de la oquedad.

Horas de amargo  y de escorpiones.

Vivimos desahuciados del sueño, cabizbajos.

En las alforjas nuestra ración de llanto

y de vergüenza.

Arriamos esta heredad de azahar y soledades.  

El  silencio es el lenguaje de los humillados.

En el azogue no se refleja

la línea incierta de tanta quebradura  

en los espejos,  los oropeles del poder

y de sus mercaderes.

 

El  poeta atisba  ese otro tiempo del mañana.

De tanta  soberbia y tanto daño

sólo su  nombre en la lista de  tiranos

y el insistente

reverdecer de los naranjos.

 

PÉRDIDAS

En el aire de la tarde  el grito del pájaro

que cruza entre las palmas. En los labios,  junio

deja la urgencia del verano.  

 

Como si el odio no hubiese

traspasado el corazón del último muchacho

en su caída hacia la muerte.

 

Como si las manos mercenarias

no violaran cada noche las rejas y los patios

expandiendo el hálito de la desventura.

 

En el norte de la ciudad la montaña

refleja su verde vestidura con  reflejos violetas.

La belleza se inclina en el costado todavía,

aunque  el día setenta y cinco se ha marcado

en el calendario de las pérdidas.

 

Caracas, solsticio de verano del 2017

Lidia Salas

*Lidia Salas, poeta, ensayista, autora de los libros Luna de Tarot, Mambo Café, Katharsis y otros. Magister en Literatura Hispanoamericana de la UCV. Directora de Cultura del Círculo de Escritores de Venezuela

 

 

 

 

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Daniel Medvedov: Selección de poemas

 

Nuestra mayor gratitud a Daniel Medvedov, quien es filósofo, poeta, ensayista, maestro de tai chi, artista plástico. Miembro Emérito del Círculo de Escriyores de Venezuela

 

Poemas de Daniel Medvedov

Dedicado al Poeta Francisco Pino

  • Había una vez,

Un ateo.

Y no sabía qué cosa era la poesía.

Aún así,

Creaba . . .

 

  • Esos gorriones,

Ya terminaron de trinar . . .

Ahora están esperando en fila, mi regalo,

De migas de pan . . .

Pero quien canta en las mañanas

Es el mirlo,

El mirlo negro con pico gualda,

Que nunca llega aquí, al balcón,

Ni come mi pan . . . •

 

  • ¿Cuantas veces ya he encendido mi puro?

¿Cuantas veces no se me ha apagado?

No se ha pagado la luz,

Tampoco,

Y hoy,

Viene a cortarla veloz,

El empleado de la alcaldía.

Pero yo, La voy a conectar de nuevo,

Como un puro la voy a encender,

Sin pagar,

Veladamente . . .

 

  • El café, aún frío,

Sabe café . . .

Yo, aún ignaro,

Se todo . . .

Lo que tenía que saber . . . °

 

  • Se han ido las nubes a NUBILANDIA,

Y el cielo ha quedado sereno, azur [no “azul”]. . .

Pero lo más que desea el cielo,

Es un relámpago . . .

 

  • Se dice que al mirar mucho un abismo,

El abismo termina por mirarte a ti, También . . .

Y al mirarte yo, a Ti,

Termino por ser Tu . . .

 

  • La ciudad, feliz . . .

Todos han salido de Semana Santa.

Y esos jornaleros de la cofradía,

Cargando como olas a la estatua,

Han quedado en la ciudad . . .

 

  • Franco Pino, Altivo, verde, veloz,

Crece veloz hacia el cielo,

Huye veloz,

Hacia el centro de la tierra . . .

 

  • Uno, Luz, Dos, Agua,

Tres, Piedra, Cuatro, Madera,

Cinco, Animal, Seis, Humanos,

Siete, Sueños, Ocho, Todo,

Nueve, Nacer y Morir . . .

Diez, Retornar, Como Odiseo . . .

 

  • Amo el desamor,

Pues con él,

Comprendo tanto lo que es el amor . . .

  • El círculo, Aún redondo,

Parece un pan . . .

El pan, Aún cuadrado, Es redondo . . .

 

  • Voy a dejar que los perros ladren,

Que los lagartos suban por la pared,

Que los gatos mediten,

Que los humanos griten . . .

 

  • Estaba sentado, Oí,

Campanas floridas, Sones . . .

 

  • Ángeles van, Ángeles vienen,

Humanos, Seres, Siempre-vivos, Eternos . . .

 

  • Detesto ver libros en la basura . . .

Me los llevo,

Los cargo como una mula,

En mi regazo,

Parecen niños abandonados,

A la buena de Dios . . .

 

  • Matemática secreta,

Números, Ritmos,

Sumas, Restas,

Multiplicaciones, Divisiones,

Y yo,

Quedo igual . . .

El mismo de siempre,

El Ser . . .

Daniel Medvedov, Filósofo, escritor, maestro de tai chi, artista plástico. Miembro Emérito del Círculo de Escriyores de Venezuela

 

 

 

 

 

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EL VIOLÍN Y MAHLER

EL VIOLÍN Y MAHLER

Por Rosario Anzola

En la marcha del 24 de mayo, el joven Willy Arteaga se quedó sin violín. Un guardia nacional  lo volvió trizas.

El muchacho lloró la pérdida y vimos en su rostro el dolor de la madera astillada.  Sentimos el espanto de las clavijas, del puente, del diapasón y del arco.  Vimos también el gesto fraternal del escudero cuando le palmeó el hombro para darle consuelo y fortaleza.

Entonces, y casi de inmediato, apareció la solidaridad de mucha gente que sustituyó el violín de Willy por muchos violines.  La música -como siempre- seguirá entregándonos el espíritu de la paz, la justicia y la libertad.

Los violines y los violinistas,  los cuatros y los cuatristas, los clarinetes y los clarinetistas, las flautas y los flautistas,  los tambores y los tamboreros, presentes en marchas y protestas pacíficas me hicieron recordar a Gustav Mahler.

Rosario Anzola

27 de mayo de 2017

 

Primer movimiento

El violín roto agoniza

está herido de muerte.

Desvencijado aguarda el funeral.

Recuerda a Mahler: ¿Habrá vida después?

Y escucha al concertino:

¿Hasta cuándo vamos a estar con esto? (*1)

Segundo movimiento

El violín roto ha muerto.

Se deshace en recuerdos de las horas felices.

Siente la caricia del arco

y le parece respirar al ritmo de trémulos y pizzicatos.

Registra en su memoria los conciertos,

el calor de su estuche,

la barbilla recostada en su vientre,

los dedos danzando entre sus cuerdas,

y el solo inolvidable.

Tercer movimiento

El violín difunto duda en su desazón

y busca entre las sombras

al niño violinista que murió reciente.

Exangües se abrazan.

El eco de la saña los alcanza:

los  huesos destrozados

las miradas sangrantes

las pieles desgarradas

el gemido del hambre

el murmullo de los perseguidos

el grito de los presos

el alarido de los torturados

el sollozo de la indignación

y el vasto  silencio de la muerte.

 

El violín mancillado ha extraviado la fe:

         ¿Dónde la compasión y la misericordia?

¿Hasta cuándo vamos a estar con esto? (*1)

 

Cuarto movimiento

El violín injuriado se levanta.

El niño violinista no se rinde

y toma la batuta de la certidumbre.

 

Convocan a las violas,  los chelos y los bajos

a los cornos, trompetas y fagotes

a platillos, a tubas y timbales

al arpa, al piano, al redoblante.

Y un coro enaltecido sobrecoge los cielos:

         ¡Resucitarás, sí,  resucitarás, corazón mío, en un instante!

         Lo que has derrotado te llevará hacia Dios. (*2)

 

Nuestro país ensaya su coro triunfal.

Tenores, barítonos y contrabajos

contraltos y sopranos

preparan sus gargantas.

Los músicos han sido convocados.

La afinación se afirma en la esperanza

porque la melodía no admite

ni odios ni venganzas.

El concierto está listo para ser dirigido.

En paz, en justicia, en libertad.

 (*1) Estas fueron las palabras pronunciadas por Willy Arteaga mientras lloraba y mostraba su violín despedazado.

(*2)  Canto triunfal de la 2da. Sinfonía “Resurrección” del compositor austríaco Gustav Mahler, poema sinfónico compuesto a finales del siglo XIX

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Magaly Salazar Sanabria: Andar con la sed

Magaly Salazar Sanabria, poeta y ensayista venezolana, voz fundamental de la literatura venezolana

Selección de poemas del libro ANDAR CON LA SED

«Un vuelo en Dios, un contrapeso en el que rítmicamente me realizo”

Rainer María Rilke

I

América denomina el espacio.

Vocea maravillas y penas

y la mente de Sor asume la belleza

Su corazón la bebe

como vino de consagración.

De la escarcha del tiempo,

en la punta de la pirámide,

donde está el dios del aire

que enseñó a trabajar los metales,

de escuincles corredores

y tunas mezclados entre hierbas

de la eternidad,

Sor Juana siente

la certidumbre táctil del Señor.

Camino del aprendizaje,

meditación,

recogimiento,

fervor y flama

en busca de la suma

de lo humano juntado

con la divinidad.,

es mudanza

y unión.

V

De tanto preguntar al infinito

decidió pedir prestada

la curiosidad.

Imágenes del sueño

sujetas al convento,

a la prisión de las “hablillas”,

a sus lecturas.

Allí nace, vuela

y vuelve a nacer.

La imagen y lo onírico:

viaje espiritual

donde inicia

la llama filosófica,

la candela del fervor;

llaga y palabra más allá de la mente,

cercanía al cosmos y la sabiduría,

mano Divina.

Bien decía San Juan,

el de la Cruz,

para acercarse a Dios

sólo desnudo

de “quereres y no quereres”.

Indigente de todo,

sin antojo de nada,

buscando la vía estrecha

con la humildad

de quien se esconde

en su propia nada,

Sor se entrega al Señor.

En Primero Sueño

el alma humana

y Sor Juana se abrazan;

alegría y confesión

palpitación y matices,

más allá;

hambre de conocer.

En una noche su imaginativa

teje sueños

como patria interior,

voluntad de ascender

hacia los astros

sin que los turbe

alguna sombra

o silencio.

Sor Juana Inés confronta al universo;

la poesía es la imagen

de todo;

en su interior: la naturaleza

y el lugar de Dios.

Su espíritu es espejo

del alma universal

volcado

en representación.

IX

Corta el hilo que no hiló el amor,

el hierro que laceró a Jesús.

La monja confiesa

que amó en otro tiempo

un querer bastardo.

Escarceos con eros

en años mozos:

juegos y herida.

Pregunto a Sor: ¿Cuándo te enamoró Dios?

No lo imagino.

Tras las rejas de la celda,

la feminidad de Sor se le revela

como imagen de su vida:

apetencias de saber,

relación amorosa con Dios.

Intenta, un pensamiento libre,

y el verso la sostiene,

es su esencia;

el respeto a la mujer,

el respeto al indio,

el respeto al meztizo,

da su primer

paso.

Amén, dijeron

los favorecidos.

XI

Se llama fuego de amor

pero el viento corre y sofoca.

¿En dónde estuviste que te oprimías?

¿qué se excedió?

¿Qué hiciste mientras Dios te esperaba?

Después del vacío dijiste: “sin mi voy”

y llegaste a su Casa descalza.

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Carmen María Salge: Café Sócrates de Santiago de León de Caracas

Sobre el Café de Sócrates de Santiago de León de Caracas fundado por Carmen María Salge el 3 de febrero de 2001.

Con una taza de café

Por Alvaro Pérez Capiello

La vida moderna, llena de preocupaciones, de artilugios tecnológicos que, hasta hace poco tiempo, representaban simples hitos del pensamiento fantástico, nos hace caminar acelerados en urbes de concreto y cristal templado. ¿Estamos más dichosos acaso? La felicidad es un don, un estado de gracia espiritual que lleva implícita esa capacidad de hallarnos satisfechos con quienes somos. Hoy, las facturas impagadas y amontonadas sobre el escritorio, las largas filas de personas congregadas a las puertas de los bancos y los comercios al menudeo, el inclemente sonido de las cornetas apurando el tráfico citadino, acaba por convertirnos en verdaderos autómatas, dignos representantes de una modernidad avasallante que, en muchos casos, restringe nuestra capacidad de asombrarnos, de comunicarnos y de reflexionar sobre las máximas que han acompañado a los hombres desde épocas remotas. Preguntas del tipo: ¿quién soy?, ¿por qué estoy aquí?, ¿a dónde voy? Languidecen de cara a los acentos de la cotidianidad, al incremento experimentado en los precios de los comestibles o las fluctuaciones en las cotizaciones de las divisas en el mercado internacional.

La tertulia es un verdadero bálsamo en nuestro maltrecho siglo XXI. Es precisamente tal capacidad de debatir ideas lo que, a grandes rasgos, ha permitido al hombre evolucionar y adaptarse a los desafíos que le plantea su misma existencia en el planeta. No en balde, somos la conjunción de la mente y el cuerpo. Solo el conocimiento nos hace verdaderamente libres. Hace más de una década, la poeta Carmen Cristina Wolf, se reunió conmigo en su residencia. En aquella oportunidad, conversamos sobre literatura junto a la compañía de una botella de vino tinto. Escudriñamos los pasadizos secretos de la mansión humana desarrollados por el genio de Baltimore, Edgar Allan Poe, leímos textos de Cadenas, de Eugenio Montejo y Benito Raúl Losada mientras revisábamos la programación anual de la institución cultural de la que ambos éramos directores: el Círculo de Escritores de Venezuela.

En un punto de la conversación, la autora de Canto al Hombre, me manifestó que si no tenía reparos de que se incorporara a la reunión una amiga suya, ante lo cual le dije que sería un placer contar con otra buena contertulia. Pocos minutos después, sonó el timbre y subió por las pétreas escaleras de entrada a la propiedad Carmen María Ravelo de Salge. Mi sorpresa sería mayúscula, pues conocía a Carmen María de vieja data, precisamente de aquellos años maravillosos cuando todavía ensayaba los primeros acordes de la educación formal en las aulas del Colegio San Ignacio de Loyola. En efecto, su hija Corina y yo, nos formamos juntos siguiendo las sabias directrices de los padres jesuitas a las faldas del Ávila en La Castellana. Dicen que nada ocurre producto de la casualidad o del azar, sino que la existencia es un compendio de afortunadas “causalidades”. Lo cierto es que, tras una ausencia no buscada, sino impuesta por la dinámica de la cotidianidad, nos reencontramos en la casa de una poeta, comprendiendo, como en el texto de Eugene Ionesco La Cantante Calva, que siempre habíamos tenido “algo que ver”.

La filosofía es “la madre de todas las ciencias”, y pronto Sócrates, Aristóteles y Platón salieron al ruedo, justo a la hora del café. En un destello de inspiración, similar al que tuviera el gran Kekulé, descubridor de la estructura del benceno, cuando advirtió los movimientos de una serpiente enroscándose en el patio de su casa, fue la propia Carmen María Salge, quien lejos de proponer una estructura hexagonal con tres enlaces covalentes para los seis átomos de carbono e hidrógeno del ciclohexatrieno, dio a luz la idea de crear en esta ciudad de Santiago de León de Caracas un Café donde los artistas plásticos, los escritores, los filósofos, los sicólogos, los empresarios, internacionalistas, diseñadores de modas, traductores, sociólogos y cualesquiera otros representantes de esta nación multicultural rescatasen los valores intelectuales como garantías del auténtico desarrollo social. No había otra figura mejor que Sócrates, aquel ateniense que se eleva como uno de los más excelsos exponentes de la filosofía occidental para bautizar tal iniciativa. La ironía socrática, expresada en la frase: “Solo sé que no sé nada”, volvió a transitar los pendones de esta singular tertulia itinerante que recuerda a las reuniones del Café de Flore, en el número 172 del Boulevard Saint-Germain en el VI Distrito de París. Ese sería el escenario para las reuniones de Guillaume Apollinaire, Max Jacob, Louis Aragon y André Breton durante la Primera Guerra Mundial, también lugar de encuentro de poetas, pintores y escultores, de la talla de Picasso, André Derain, Ossip Zadkine y los hermanos Giacometti.

La partida de nacimiento del Café de Sócrates tuvo lugar en Oripoto, en la residencia de su fundadora Carmen María Ravelo de Salge. Ocurrió una tarde clara, sin nubes en el cielo, recorrida por los coqueteos de la brisa y los rayos de ese sol del Trópico del que dieran cuenta los maestros de la Escuela de Caracas y el Círculo de Bellas Artes. La cita fue, pasadas las cuatro, en un petite comité formado por Luis Beltrán Mago, Carmen Cristina Wolf, la propia Carmen María Salge y quien escribe estas líneas. Casi a las cinco, a la hora de cortar la cinta que nos daría acceso a una mesa elegantemente servida, no había nadie más… Angustiado ante la ausencia de otros contertulios, nuestra anfitriona me calmó: “Somos los que somos, demos apertura al Café”. Reconozco que, desde ese momento, recibí una enseñanza fundamental, “no preocuparme jamás por los que faltan, sino por aquellos que estamos presentes”. Bastó que el filo de la tijera rasgase la cinta de raso para que el timbre de la casa no dejase de sonar. Así, llegaron: Antonio Pardo, el embajador Julio César Pineda, Clovis Roa de Bravo Amado, Ramón Darío Castillo, Ray Avilez y tantos otros que colocaron la piedra fundacional de este Café de Sócrates.

Desde aquel momento, hasta el día de hoy, hemos transitado un largo camino, rico en temas y locaciones. Describir cada uno de estos Cafés es una labor harto compleja que amerita decenas, o cientos, de cuartillas. Embajadas, centros culturales, parques y jardines caraqueños, residencias privadas, talleres de artistas, museos, nos han servido de cobijo año a año de manera ininterrumpida. Muchas grandes y pequeñas iniciativas sucumben tristemente, bien el mismo día, o poco tiempo después de su creación. Las razones resultan tan variadas como la ausencia de recursos, el desinterés o la pérdida de objetivos comunes a mediano o largo plazo. Esto no es un mal de nuestro Café de Sócrates. Reunión tras reunión, nuevos rostros se añaden a los de los socráticos fundadores. Como quiera que la memoria es frágil, infiel y tendenciosa, doy mis disculpas por los olvidos, pero quisiera resaltar las certeras reflexiones de Carmen María Salge, la inspiración poética de Mago, Cadenas, Wolf y Bentata, los comentarios ilustrativos de Totó y Merche Galavís, Antonio Pardo, Ana Julia Cordero, Zarikian, los esposos Urbano, Ray Avilez, Susana Zinn, Nelson Sánchez Chapellín y Eduardo Catalán. El análisis mesurado de Julio César Pineda y Oscar Arnal, las pinceladas de color de Onofre Frías e Ismael Mundaray, las acotaciones de José Gabriel Escala, las fotografías de Carola Blanco, y la lista sería interminable.

La silla, la risa, la vanidad, la creación, el perfume, la belleza, son únicamente algunos de los temas que han colmado las tardes socráticas. En ellas, los asistentes tienen plena libertad de opinar respetando, claro está, su turno para hablar. Esto no ha dejado de lado los debates, algunos apasionados, pero siempre dentro de ese clima que caracteriza las reuniones entre intelectuales. En el Café, las ideas tienen su espacio bien ganado… Entre mis recuerdos, está aquel episodio protagonizado por un vigilante en el Taller de Ismael Mundaray en La Florida. Sí, como es la costumbre, antes del inicio colocamos un pendón de terciopelo azul con letras doradas para indicar a los asistentes cuál era el lugar de la convocatoria. En el pendón, se hallaba estampado el rostro del propio Sócrates, tomado de una escultura romana del siglo I d.C. Poco a poco, los contertulios fueron llegando y la reunión se prolongó más allá de la hora establecida. Ya entrada la noche, nos dispusimos a retirar el pendón, encontrándonos con estas reveladoras palabras del vigilante: “Todo ha quedado muy bien, vino mucha gente, lástima que faltó el invitado principal”. Pero, en esta reunión no había un homenajeado, ¿o sí? Él se refería al señor aquel del pendón, el filósofo ateniense del siglo V a.C. Seguro el tráfico de Caracas lo había detenido…

Jesús Enrique “Divine” bailó en un Café de Sócrates, y en otra reunión sobre La Capa pudimos apreciar desde batolas hindúes hasta aquellas capas de los superhéroes dotadas de magníficos poderes que les confieren a los personajes de los cómics la capacidad de elevarse por los aires y volar. No faltó el caballero medieval, así como el conde Drácula extraído de la novela de Bram Stoker sobre el mítico príncipe de Valaquia, Vlad “el Empalador”. En los jardines de Topotepuy, los socráticos tuvimos un contacto directo con la naturaleza, con el aleteo de los tucusitos y los llamados de atención de los loros verdes que surcan, tarde a tarde, los cielos caraqueños. También en la Quinta Anauco Arriba, casona colonial que fuera propiedad del anticuario Luis Suárez Borges, hoy convertida en museo, nos sentamos en gradas al aire libre a debatir sobre los problemas de la existencia emulando al propio Sócrates y sus discípulos congregados en las ágoras de las ciudades antiguas de la Magna Grecia. En fin, en el Café de Sócrates pululan los asombros y el deseo legítimo de expandir la visión de la vida a través del conocimiento. Por ello, al final siempre está en un atril el libro para firmar y dejar acaso una huella de nuestro paso por una tertulia fabricada por hombres y mujeres que sueñan, que leen y que, día tras día, construyen un mejor país. Bien lo dijo Sócrates: “El saber es la parte principal de la felicidad”.

Ete texto forma parte del compendio de testimonios del Libro sobre el Café de Sócrates de Santiago de León de Caracas fundado el 3 de febrero del 2001. Honor a quien honor merece.

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Cuaderno del Llano

 

Cuaderno del Llano, selección de poemas

Por Horacio Biord Castillo

Gulima (San Antonio de los Altos), febrero-marzo, 2016

Los caminos se abren, se bifurcan

Estancias polvorientas

Palmares, modorras

Ilusiones, simple roquedal

Salinas, casas

Van, vienen,

como dibujos sobre piedras,

desde parajes incógnitos

hacia otras miradas,

saltos y sosiegos,

apacible mar,

diminutas flores

Alados como palabras,

caminos y dibujos

anuncian nuevos días,

nuevos rostros

Los predicen

Custodian sepulcros, enigmas,

voces, recuerdos

Modulan reiterándolas

sombras, huellas,

pasos

El tiempo va y viene

dibujando caminos

Lleva y trae aromas,

delirios, enojos,

caricias

&   &   &

El níspero afuera

Inquietantes murciélagos

leen el tronco

Nombres, más nombres

Ocultos linajes

se posan en las ramas

Pájaros hambrientos,

hojas de picapica,

alusiones, manos

Días de fruta

y tinajero

El río tiembla, los chaparrales

El ganado suspira entre lagunas

El tiempo pila recuerdos

El níspero oyó la historia

cuchicheos de retratos

y cargadoras

El polvo cubre huellas

y relinchos

El tiempo va y viene

como una ola

Va hacia la casa de al lado

Viene,

conocido caballero

&   &   &

Brisa y arreos de río

Brisa y arreos de sabana

Brisa y arreos y de ganado

Brisa de creciente

y lluvia

Brisa de camposanto

en la llanura

Brisa de menguante

y limón

La brisa llama

como el ombligo

y el sol apagado

de días pretéritos

La brisa, los arreos

Largo el camino,

la humareda

Brisa, polvo y arreos

Brisa de sabana

y ganado

Brisa de huesos

sin otro rumbo

que las huellas

&   &  &

Un silencio va dibujando lunares

en la piel de los muros

Música o viento,

los labios temblorosos

conocen la plenitud,

la estrella como deseo,

oculta en el baúl de la almohada,

forma y brisa, fetiche,

olor de cardo y pétalo

Los pasos humedecen el río,

polen en las alas del colibrí

La noche tensa el arpa

y alarga su mano

El río revuelve secretos,

las páginas, los dibujos

Un pez recita al claror de la luna

El manatí lee poemas, suspira

Un grito hace temblar la noche

Sosiego de rocío,

cuerda y caricia,

El arpa a tientas busca

el ombligo del cerro

en la distancia

&   &   &

Castillos en el viento

Fortalezas en la sombra

prístina

del amanecer y la tarde

Castillos en el viento

Tolvaneras

Ruina de pueblos

e iglesias

Osarios, piedras, cruces

Castillos en el viento,

viento de lluvia,

viento de larga difusa sequía

Castillos en el viento

no en el aire,

sino en la proximidad de lo ignoto

y la simiente,

bordes del abismo

plano abismo

Castillos en el viento

Viajes de flor en el río

Travesía de hojas en la selva

Silencio

Castillos en el viento

Rugido de tapara

Canto de tigra

En una mano el mundo, el pecho

Polvo y barro

  • Cuaderno del Llano, libro inédito de Horacio Biord, poeta, ensayista, Presidente de la Academia Venezolana de la Lengua. Miembro del Círculo de Escritores de Venezuela. 
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FALLECIÓ LA ESCRITORA CLARA POSANI

El sábado 4 de febrero de 2017, en la ciudad de Caracas, falleció la apreciada escritora Clara Posani. 

En sus libros, Los farsantes y La casa esta llena de secretos, dejó constancia de la gran tragedia en la vida de los venezolanos, que fueron las guerrillas de los años 1961 1965, donde jóvenes inexpertos perdieron sus vidas. Nos aproximamos a esta realidad a través de los valiosos testimonios que nos legó la escritora.

Paz a su alma.

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Concepción Platónica del alma y su relación con el pensamiento oriental

Concepción Platónica del alma y su relación con el pensamiento oriental

Por Ernesto Marrero

En su apasionante y trascendente obra literaria el Fedón, Platón nos narra la conversación que sostuvo Sócrates en la prisión con sus discípulos los días que precedieron a su ejecución, acerca de la inmortalidad del alma y el significado de la vida para un filósofo.

En el presente relato resulta difícil distinguir cuando es Platón quien está hablando o si es realmente Sócrates, pero para el presente artículo trataremos de analizarlo como el aporte platónico hacia una nueva concepción del alma. A la vez mostraremos la correlación que existe, en muchos casos, con la filosofía oriental.

La idea de que existe una psique (psyché), o alma, era apreciada dentro de la antigua cultura griega como un Principio Vital; es decir, una especie de potencia o capacidad que da vida a los seres, la cual terminaría desvaneciéndose finalmente en el Hades como una tenue sombra que se desdibuja en la lejanía. Pero Platón le da una concepción distinta a ésta. Indica que es inmortal, transmigra de unos cuerpos a otros; es decir, que incorpora el principio de la reencarnación y es el verdadero aposento en que irradia la fuente del conocimiento. Esta idea pudiera provenir de fuentes pitagóricas que, a su vez, pudo tener influencia del Orfismo aunque también se debe resaltar que en los países orientales ya se manejaban estos conceptos con naturalidad. El famoso libro de los yoghis El Bhagavad Guita, dice al respecto:

El espíritu nunca nace y nunca muere: es eterno. Nunca ha nacido, está más allá del tiempo; del que ha pasado y del que ha de venir. No muere cuando el cuerpo muere1[1].

Y más adelante nos advierte: Al igual que un hombre se quita un vestido viejo y se pone otro nuevo, el Espíritu abandona su cuerpo mortal para tomar otro nuevo2[2].

Esta argumentación resulta de interés para un estudio filosófico teórico, pero en el caso de Sócrates llama la atención otro factor importante para estudiar y es la forma de llevar a la práctica lo que en vida predicaba. Dicho ejemplo lo sugirió también Confucio en una oportunidad: El más elevado tipo de hombre es el que obra antes de hablar y práctica lo que profesa. Sócrates comienza a destacar que el verdadero filósofo debe practicar lo que enseña, actuar de acuerdo con la virtud y además afrontar a la muerte con valentía, ya que a este tipo de individuo les esperaría una vida mejor junto a los dioses el día de su partida del mundo material. Así le comunicó a sus amigos Simmias y Cebes (principales interlocutores del Fedón):

[…]De modo que por eso no me irrito en tal manera, sino que estoy bien esperanzado de que hay algo para los muertos y que es, como se dice desde antiguo, mucho mejor para los buenos que para los malos3[3].

Y luego le dijo a Simmias: […]Me resulta lógico que un hombre que de verdad ha dedicado su vida a la filosofía, en trance de morir, tenga valor y esté bien esperanzado de que allá va a obtener los mayores bienes, una vez que muera4[4].

En el Fedón se logra alcanzar una separación radical entre cuerpo y alma. Se le da una imagen al cuerpo de cárcel y, posterior a la muerte, el alma quedará liberada de estas ataduras que no dejan que podamos percibir la realidad de las cosas, ya que los sentidos nos causan un estorbo constante y no permiten que el alma pueda concebir totalmente la verdad. Sobre este punto resulta importante comparar lo que dice El Bhagavad Guita: La impetuosa voluptuosidad de los sentidos arrastra la mente hacia las cosas externas, perturbando así a los hombres sabios, buscadores de la perfección5[5].

El aprisionamiento del alma, explica Sócrates, se debe al deseo, de tal modo que el propio encadenado puede ser colaborador de su estar aprisionado. Los antiguos Upanishads también nos explican que la mente impura está determinada por los deseos, en cambio la pura carece de ellos. El Baghavad Guita nos indica también: Cuando un hombre se libera de todos los deseos que anidaban en su corazón, y por la gracia de Dios encuentra la dicha divina, entonces su alma descansa en paz6[6]. Mircea Eliade lo explica claramente en su libro Yoga, Inmortalidad y Libertad: Los deseos no son eternos; luego, no pertenecen al espíritu. El espíritu es eternamente libre7[7]. El budismo también nos trasmite esta idea: El dolor es inherente a la ek-sistencia, esto es, al deseo de ser, a la sed en cualquiera de sus formas8[8]. Para el pensamiento budista, el deseo es el origen de dukkha (el sufrimiento).

En el Fedro, Platón nos habla, a través de Sócrates, sobre la inmortalidad y cómo el alma puede parecerse a un auriga que maneja dos caballos, uno bueno y hermoso y el otro todo lo contrario. No así el de los dioses que posee aurigas buenos y de buena casta9[9]. En los Upanishads, en su Tercer Valli, también nos hablan de la imagen del auriga y los caballos, de la siguiente manera:

3.Conoce el Ser que se sienta en el carro: Su cuerpo es el carro, el intelecto el auriga y la mente las riendas.

4. Los sentidos son los caballos y los objetos de los sentidos los caminos que aquellos toman. Cuando aquel (el Ser Supremo) está en perfecta unión con el cuerpo, los sentidos y la mente, los sabios llaman a ese estado la dicha suprema.”10[10]

Platón utiliza el argumento de compensación de los contrarios que se basa en una antigua concepción griega, incluso anterior al mismo Heráclito, quien le otorgó una visión dialéctica, en la que la tensión entre los elementos opuestos se unifica a niveles superiores11[11]. Según ésta, los contrarios proceden unos de otros; para que haya vida tiene que existir muerte y para que haya muerte tiene que haber vida, lo mismo se expone con el sueño y la vigilia. Entonces los vivos proceden de los muertos, de la misma forma que éstos proceden de aquéllos.

[…] Por ejemplo la belleza es lo contrario a la fealdad y lo justo de lo injusto, y a otras innumerables les sucede lo mismo. Examinemos, pues, lo siguiente: si necesariamente todos los seres que tienen un contrario no se originan nunca de ningún otro lugar sino de su mismo contrario, por ejemplo, cuando se origina algo mayor, ¿es necesario, sin duda, que nazca de algo que era antes menor y luego se hace mayor?12[12]

Aquí es interesante señalar que una concepción similar se venía manejando en la China con el Yin Yang, que fue popularizado en el Taoismo con Lao Tsé, y también manejado en el Confucianismo; aquí el universo es un producto que emerge de la unidad primordial, y todo cuanto está en él contiene a la polaridad como dinámica esencial de su existencia: positivo y negativo, oscuro y luminoso, femenino y masculino.

La postura platónica referente a la reminiscencia nos conlleva a pensar que hemos tenido que aprender en un tiempo anterior, o en una vida precedente, aquello de lo que nos recordamos ahora. Antes de nacer, el alma conoció la Igualdad, la Belleza, la Justicia, la Bondad y todo lo que le resta a nuestra existencia. Y partiendo de que existen las Ideas y que el conocimiento es recuerdo de éstas, entonces nuestras almas existían ya antes de tener forma humana y tenían la capacidad de pensar.

En cuanto a la percepción alma-cuerpo se observa una postura dualista, Platón hace una clara diferenciación entre la entidad espiritual y la envoltura carnal: lo material, correspondiente al cuerpo, es mortal, sensible, compuesto, soluble y nunca inmutable; y lo inmaterial, que corresponde al alma, posee una naturaleza muy semejante a lo divino, inmortal, inteligible, simple, indisoluble y siempre invariable. Por lo tanto, se trata de una concepción dicotómica, entre el alma y el cuerpo que se hallan vinculados temporalmente.

También se percibe un trasfondo ético y moral en el que el desarrollo de la virtud en el individuo le llevará a un nivel de vida superior o inferior en el más allá. El alma de los hombres virtuosos, después de desencarnar, se dirigirá a un lugar divino, inmortal y lleno de sabiduría donde vivirá feliz y libre de todo error, lejos de ignorancias y terrores. Aquí Platón pudiera estar hablando de los Campos Elíseos, el lugar paradisíaco del Hades. Pero si no se aleja del cuerpo, manchado e impuro, y se aferra únicamente a los goces materiales, a la comida, la bebida y los placeres del amor, no tendrá la misma suerte y viajaría a los lugares más oscuros del Inframundo. Algunos llegarían hasta el Tártaro, una mazmorra de sufrimientos donde se experimentarían las más crueles experiencias.

Se puede percibir cómo la concepción platónica del alma contiene una profunda influencia de los Pitagóricos, quienes a su vez manejaban conceptos provenientes del Orfismo, un movimiento o corriente religiosa relacionada con Orfeo, el maestro de los encantos, y que en la antigua Grecia fue considerada una especie de secta, y colocaron así en tela de juicio a la religión imperante de los griegos. Dicha corriente concebía un cuerpo con un alma indestructible que sobrevivía al proceso de la muerte y recibía premios o castigos, según su comportamiento en vida; por esta razón el iniciado tenía la obligación de mantenerse puro para su salvación. El cuerpo era considerado simplemente una vestimenta, una prisión o incluso una tumba para el alma. Los seguidores de Orfeo tomaban el viaje que él realizó al Hades en búsqueda de su amada Eurídice y el posterior desmembramiento del que fue víctima por las Ménades, adoradoras del dios Dionisio, como una simbología del camino iniciático del alma hacia la liberación de la pesada materia que los recubría.

Pero de Pitágoras se tienen muchas teorías acerca del origen de sus conocimientos; es probable que haya realizado viajes a Egipto, Babilonia y la India, donde había entrado en contacto con los conocimientos matemáticos, religiones y costumbres de esas regiones, lo cual llevaría a fortalecer su doctrina y, desde luego, a su escuela. Existen evidencias de que en otras culturas también se conocía el teorema matemático de Pitágoras; por ejemplo, los hindúes claramente enuncian una regla equivalente a este teorema; en el documento Sulva (Sutra, que data del siglo VII a. C.) los babilonios aplicaban el teorema 2.000 años antes de Cristo, pero se desconoce de la existencia de una demostración. A su vez, los egipcios conocían el triángulo y la aplicación de éste para sus construcciones. Debemos recordar que Pitágoras fue contemporáneo con Buda, en la India, con Lao Tsé y Confucio, en la China; de la misma forma se piensa que al haber visitado estos lugares se impregnó del Zoroastrismo y del Hinduismo.

Por todo lo antes expuesto, puede observarse la similitud de la filosofía platónica expresada en el Fedón con muchos conceptos de la filosofía oriental en cuanto a la concepción del alma inmortal, la cual sobrevive a la muerte para ir a un lugar de beneplácito en el caso de haber sido en vida una persona de buenos principios morales, además de no haberse dejado llevar en extremo por los placeres de la carne y el deseo, que sólo atan más el alma al cuerpo e impiden que ésta pueda evolucionar.

En la actualidad, con el proceso de globalización mundial, la filosofía oriental se ha diseminado por el mundo y el yoga mantiene una actualidad latente con la difusión que ejerció el Swami Vivekananda y el siempre recordado Paramajansa Yogananda, al traer de la India para América este legado milenario. Similar aceptación poseen las corrientes Taoístas y Confucionistas, así como sucede con el budismo y en especial el Tibetano que fue expandido por el mundo después que la China invadió al Tíbet, en tiempos de Mao, y esto obligó a muchos monjes a escapar hacia diversos países occidentales y propagar sus conocimientos espirituales.

Visto el presente análisis, pudiéramos aseverar que la visión Platónica del Fedón se muestra impregnada de este tipo de pensamientos orientales; también diríamos que en la actualidad esta filosofía se halla en total vigencia en cuanto a la concepción del alma, y que por ende puede brindar un aporte esencial en el proceso de cambio de conciencia que se está gestando de alguna manera dentro de nuestra sociedad que se encuentra en desmoronamiento por causa del materialismo excesivo que, aparte de contaminar y destruir al planeta progresivamente, crea más egoísmo, orgullo, ambición y falta de comunicación interpersonal. Es decir, que esta transformación personal a través del pensamiento filosófico, como lo mostró Sócrates, pudiera ayudar fácilmente a combatir los factores que enturbian la mente y alejan a las personas de su verdadera naturaleza espiritual.

 

Por: Ernesto Marrero Ramírez

ernestomarreroramirez.blogspot.com

ernestomarreroramirez@yahoo.es

 

Bibliografía

 

BLASCHKE Jorge: Enciclopedia de las creencias y religiones, Colombia, Editorial Intermedio, 2004.

BERNABÉ Alberto, traducción y notas: De Tales a Demócrito, Fragmentos presocráticos, Madrid-España, Alianza Editorial, 2006.

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HERNÁNDEZ Albornoz José: Diccionario de filosofía, Vadell Hermanos Editores, 2005.

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PANIKKAR Raimon: El silencio de Buddha, Una introducción al ateísmo religioso, Madrid-España, Ediciones Ciruela, 2005.

PLATÓN: Fedón, Madrid España, Editorial Gredos, 2000.

PLATÓN: Fedro, Madrid España, Editorial Gredos, 2000.

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———–: Pitágoras, Biografía. (http: //www.sme.com.ar/ecampetella/biografías /pitágoras.html.


 

1[1] El Bhagavad Guita, pág 29, Nº 20, Ediciones Universales, 1980

2[2] El Bhagavad Guita, Op.cit., pág 29, Nº 22

3[3] Platón, Fedón, pág 37,Madrid España, Editorial Gredos, 2000

4[4] Platón, Fedón, Op cit., pág 38

5[5] El Bhagavad Guita, Op.cit., pág 37,No.60

6[6] El Bhagavad Guita, Op. cit., pág 36, Nº 55

7[7] Véase ELIADE Mircea, El Yoga, Inmortalidad y libertad, pág 26, México D.F., Fondo de cultura económica, 2002

8[8] Véase PANIKKAR Raimon: El silencio de Buddha, Una introducción al ateísmo religioso, pág 72, Madrid- España, Ediciones Ciruela, 2005

9[9] Véase Platón, Fedro, pág 341,Madrid España, Editorial Gredos, 2000

10[10] Véase Los Upanishads, pág 22, Barcelona España, Edciones Brontes, 2008

11[11]Véase BERNABÉ Alberto, traducción y notas: De Tales a Demócrito, Fragmentos presocráticos, pág 120, Madrid-España, Alianza Editorial, 2006.

12[12] Platón, Op cit., pág 52, 53

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Ligia Colmenares: Amor en tiempos de naufragio

Por Lidia Salas

Amor en tiempo de naufragios

He leído el libro de Ligia Colmenares: Bitácora del Amor (Editorial Lector Cómplice, 2016) con un interesante prólogo de Alberto Hernández, quien propone no solamente atisbar el encuentro de los cuerpos, sino convertirse en el tercer participante de esta crónica amorosa.

La portada y el nombre del poemario anuncian la metáfora de la experiencia que se canta en estas páginas: el tiempo de los amantes, se expresa mediante la bitácora de los marinos. Por lo tanto las imágenes y figuras retóricas nombran al mar, a su aroma de sal y iodo, al misterio que promete el entregarse a sus corrientes. El miércoles 23 se anotó: “Navego en el mar de tu piel / la red atrapa tus peregrinas olas “ y el domingo 27: “En el horizonte / un arrebol de besos.” Quienes participan en este viaje de sensaciones y emociones, expresan mediante una voz poética, apasionada por la belleza, pero de una gran sobriedad. A diferencia de la tradición de la poesía amorosa, que se expresa con una exuberancia de palabras, estos poemas han sido escritos a manera de jaculatorias. Podría decirse que son destellos que señalan en cada una de las fechas, solo una escena. Entonces el silencio habla de lo que se guarda, de lo que se calla, para que se sea la complicidad del lector quien lo adivine.

El título que he dado a mi lectura hace referencia no sólo a la idea de la segunda parte del libro que habla de la ausencia como epílogo de esa historia, sino al momento histórico en el que ha sido publicado. El domingo 18 se anotó: “Parte el navío / en el adiós de los amantes / naufraga el amor.” Imposible no recordar a Neruda: “Todo en ti fue naufragio.” ¿Por qué todo gran amor termina en un adiós? ¿Se usó la imagen del mar para poder significar el dolor de la ausencia con el de un naufragio? ¿Existe una idea que de la dimensión de la pérdida del ser amado con tanta contundencia como lo da la imagen del naufragio? Quizás, el amor sea la concesión de los dioses a los humanos, quienes somos incapaces de mantener esa llama divina ardiendo para siempre. Quizás, en todo canto, la mejor tesitura la da la nota del dolor. No olvidar que el mito dice, que por la maldición de la culpa, fuimos desterrados del edén de la felicidad eterna.

En la segunda parte del libro conmueve el matiz de pérdida en los versos. El martes 16, se escribió: “¿Qué ilumina el faro / en el camino de los ausentes? Y el lunes 26: “A las seis de la tarde /se graba la tristeza en la piel.” El epígrafe de Rafael Cadenas ya lo presagiaba:“El vino se ha eclipsado / Los días de los amantes también pasan” Y es esta verdad, expresada con tanta desnudez como los versos de Colmenares, lo que toca al lector.

 

Anteriormente, se hacía referencia, a que el tiempo de naufragios no está solamente en la poesía con la que se dialoga, sino en el presente cuando estos poemas han sido editados. La crueldad del hundimiento de este país, ha devorado desde los sueños de varias generaciones hasta la realidad que nos identificaba como comunidad. Varios poetas quienes, habían guardado muy celosamente su escritura, nos entregan sus versos. Valoro la intención de mitigar con poesía, el dolor que traspasa a los náufragos de tanta catástrofe. Hablar de amor y de ausencia cuando se ha perdido hasta la esperanza, pareciera una incongruencia. Pero, cuando no hay puerto seguro, ni balaustrada donde apoyar las manos, este pequeño libro, se convierte en un acto de resistencia. En un testimonio de fe y de esperanza en la palabra, en la vida, en el amor y en el dolor que éste causa al corazón. Por eso, he escrito estas palabras, para que la poesía, logre su destino de ser estrella, de convertirse en luz titilante sobre las tinieblas de la realidad.

Lidia Salas

Poeta / Ensayista.

Caracas, en la noche fría del jueves 26 de Enero del 2017

 

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