Desde un cuarto de Catia 2
Rafael Rondón Narváez
En 2021, con motivo de un aniversario de Caracas, Denise Armitano me invitó a escribir para la revista electrónica y web literaria contexturas.org. En ese entonces, no quise hacer un recuento intelectual, ni hacer recorridos eruditos, sino acudir a los lugares más entrañables de los sentidos.
En ese texto, recordaba mi arribo a este valle a los veinte años. Cuando vine desde Maracay donde estaba acostumbrado a dormir sin el bullicio nocturno, acompañado del silencio y la respiración de mis hermanos; cuando escuchaba los sapos en los estanques o los grillos de la lluvia. Pero al llegar, supe del sonido de una urbe muy diferente. Arribé a la soledad de un cuarto de Catia, donde leía hasta altas horas de la noche, estudiaba y era feliz, dándole forma a la ciudad sin verla, pero escuchándola en sus escándalos de ambulancias, fiestas y tiroteos; percibiéndola en sus olores de chocolates La India.
No podía saber en 2021 que un tiempo después retomaría ese texto, para agregarle a mi memoria filiaciones de otra índole. Cuando, con motivo de esta maravillosa exposición llamada: Rafael Monasterios. Paisajes de Venezuela en la Galería Freites me iba a encontrar con otras formas de Catia en esa sorprendente tela llamada Tenería de Boccard en Catia, 1930.
Como Monasterios, me siento parte de una estirpe de emigrados. Desde el interior, como el pintor lo hizo desde Barquisimeto; como mi familia desde un pueblo merideño, o desde otros países como tantos italianos, árabes y portugueses que habitaron los cafés y bulevares de Catia.
En este cuadro de Monasterios nos hallamos en los bordes geográficos de una patria. Catia era también un motivo para una ciudad en transición entre lo pastoril y cosmopolita; entre lo pecuario de una curtiembre y el ritmo agitado del petróleo. La imagen de este paisaje detuvo así el tránsito de una comarca casi agrícola tan invocada por los pintores del Círculo de Bellas Artes. Una Caracas tan nítidamente fijada para siempre en esta tenería, donde la luz y el humo de los cueros nos llegan desde de un país entrañable y ya perdido.
Este escrito forma parte de las lecturas «Textos breves para Monasterios», selección de Denise Armitano C., para la muestra Rafael Monasterios. Paisajes de Venezuela (Galería Freites, Caracas, junio-septiembre 2022).
Se leyeron microrrelatos y poemas de: Enriqueta Arvelo Larriva, Vicente Gerbasi, Ednodio Quintero, Arnaldo Jiménez, Marisa Mena, Bettina Steinhold, Toti Vollmer, Rafael Rondón Narváez y Denise Armitano.
Rafael Rondón Narváez
Ensayista venezolano (Maracay, 1964). Licenciado en Letras por la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab), magíster en Literatura Latinoamericana por la Universidad Simón Bolívar (USB) y doctor en Cultura y Arte para América Latina y el Caribe por el Instituto Pedagógico de Caracas, institución en la que coordinó la Maestría de Literatura Latinoamericana y actualmente ejerce la dirección de la Cátedra de Literatura Latinoamericana y del Caribe. Es miembro del Instituto Venezolano de Investigaciones de Lingüística y Literarias “Andrés Bello” (Ivillab) y del Programa de Estímulo a la Investigación (PEI). Fue jefe de investigación del Museo de Arte Contemporáneo de Maracay Mario Abreu y director de la Galería Municipal de Arte de Maracay. Ha realizado curadurías y textos sobre arte en diversas publicaciones de Venezuela y otros países. Autor de Las artes en Aragua: imaginario de un territorio (2003), Literatura y cultura: espacio para el encuentro (2005) y Las sendas del paisaje: paisaje, modernidad y nación en la Generación del 18 y el Círculo de Bellas Artes (2012). Instagram del autor:

