HAY PALABRAS QUE NO SE DICEN: SE SIEMBRAN
Por Hebe Munoz
Hay palabras que no se dicen: se siembran.
Yo lo he sentido muchas veces. La palabra, cuando nace de un temblor verdadero, no cae en el aire como polvo inútil: se hunde en la tierra invisible del otro. Allí, en la oscuridad fértil del lector, comienza su trabajo secreto. Germina sin ruido. Echa raíz en lo hondo. Y un día —cuando menos lo esperamos— florece.
Siempre he pensado en la poesía como en una semilla diminuta que contiene un bosque entero. En su pequeñez late una arquitectura futura: troncos, sombras, pájaros, frutos. El poema es apenas un puñado de sílabas; su fruto, en cambio, puede ser una conciencia despierta.
Cuando leo a Miguel de Unamuno y escucho su clamor —“¡Que inventen ellos!”— o aquel latido suyo tan desnudo: “Me duele España”, siento que la palabra no es ornamento, sino raíz que se hunde en la historia. En él la lengua no es un jardín decorativo: es un campo de batalla espiritual. Su verso, sobrio y ardiente, me recuerda que escribir es un acto de responsabilidad, casi de fe. La palabra sembrada puede doler, pero también puede salvar.
También la poesía abre grietas de luz como en Octavio Paz, cuando sus imágenes se despliegan con esa lógica del sueño que no es irracional sino más honda que la vigilia. “Un sauce de cristal, un chopo de agua…” escribe, y de pronto el lenguaje se vuelve savia transparente. El surrealismo, en sus manos, no es evasión sino exploración de las raíces invisibles del ser. La palabra germina en territorios donde el lector no sabía que había tierra.
Yo creo que todo poema verdadero es una invitación a crecer.
La semilla necesita oscuridad y silencio. También el lector. Y el poeta. Hay un recogimiento previo al brote, una humildad necesaria. Pienso en Emily Dickinson y en su susurro luminoso: “Hope is the thing with feathers”. La esperanza —esa criatura alada— anida en el alma y canta sin palabras. Así también la poesía: a veces parece pequeña, casi invisible, pero su canto persiste incluso en el invierno.
La palabra que se siembra con autenticidad tiene vocación de fruto. Y el fruto no es el aplauso. Es el cambio.
He visto cómo un verso puede alterar una decisión, abrir una compasión, incendiar una rebeldía serena. La poesía no transforma el mundo con estruendo; lo hace con raíces. Trabaja por debajo de las noticias, de las consignas, de la prisa. Es un crecimiento lento. Orgánico.
Pero también el poeta es semilla.
No escribimos desde la superioridad, sino desde la vulnerabilidad. Somos granos arrojados al surco de nuestra generación. Nuestra tarea no es imponer sombra, sino ofrecerla cuando el árbol crezca. Cuidar la palabra es cuidar la tierra común. El idioma no nos pertenece: lo hemos recibido como herencia y debemos entregarlo fecundo.
En este sentido, recuerdo la voz maternal y firme de Gabriela Mistral: “Piececitos de niño, azulosos de frío…”. En esos versos hay ternura, pero también denuncia; hay belleza, pero también responsabilidad. La palabra abraza y despierta. La poesía se vuelve pan compartido.
Sembrar implica confianza. No vemos el fruto inmediato. No sabemos en qué corazón caerá la sílaba. Sin embargo, escribimos. Y al escribir, aceptamos una ética: no degradar la lengua, no empobrecerla con descuido, no usarla como arma de humo. La palabra es semilla viva; si la descuidamos, la esterilizamos.
Yo deseo que cada poema sea una invitación a sembrar en uno mismo. Que quien lo lea se pregunte: ¿qué palabra habita en mí sin haber germinado aún? ¿Qué bosque posible llevo bajo la piel?
La poesía no es un lujo: es un acto de cultivo interior. Nos recuerda que somos tierra fértil, incluso cuando nos creemos áridos. Que en lo más hondo hay humedad esperando.
Sembrar palabras es un gesto de esperanza activa. No basta con contemplar la flor: hay que plantar. No basta con admirar el fruto: hay que compartirlo. El poeta siembra; el lector riega; el tiempo hace su obra silenciosa.
Y así, de semilla en semilla, el lenguaje florece.
Y al florecer, nos transforma.
LA VIDA QUE SOMOS
Siete semillas
I
AGUA
Huele a tierra mojada
después de la lluvia
tu cuerpo de hoja verde
tu flor de granada
en la boca
La humedad evaporada
de los poros de tu piel
es la victoria sobre el cansancio
destilada
en hilos de saliva
tejiendo telarañas de besos
con perlas de rocío
Amaneció
sí
después del torrencial aguacero
que hizo de nuestras venas
crecidas de ríos imponentes
los ví desde la cama
corrían caudalosos
hasta nuestros cabellos
cual mares sobre la almohada
La tierra mojada
la arena empapada
los ojos húmedos
hojas verdes en la noche
granada roja en la boca
II
AIRE
Respirar
por la nariz de la noche
esta vida que somos
flotando en el mar que nos habita
nos devuelve los fragmentos
que se nos han quedado en el aire
No ha habido
incertidumbres estáticas
más bien un ir y venir
de peces convencidos
de que en el tepor de las corrientes
se puede nadar en el pensamiento
tratando de conquistar
un sueño minúsculo
entre las algas aderidas al alma
Se puede ver
con claridad
esparcido sobre todo lo que fue
la cantidad enorme
de fragilidades
en medio de los remolinos del pecho
cuando los errores cometidos
se convierten en un río crecido
que sin piedad deja un lodasal a su paso
Ver con los ojos del sol naciente
nos regresa a la novedad
al asombro de haber superado
una tiniebla empecinada en mentirnos
acerca de la esperanza
una tempestad que gritaba muerte
y que se carcajeaba en nuestra cara
pensando que así
sucumbiríamos ante ella
III
TIERRA
Contarte acerca de quién soy
cuando somos los dos
es una empresa de hormiga obrera
con una hoja en su espalda
cuidando el jardín
del hogar que nos habita
es un vuelo incansable
de abeja recolectora
desde las cineas multicolores
hasta el néctar denso y viscoso
de nuestros dias
es un vuelo de golondrina
que sabe
que le pertenece al cielo
por eso arriesga ascensos y descensos
siendo capaz de planear
despidiendo así nuestros inviernos
IV
FUEGO
Por más dias de cara al sol
aún con el alma descosida
quemamos las naves
defendiendo el latido
del rojocorazónvivo
en lo sagrado atemporal
por lo sangrado vivificador
Por el calor y la luz
ardemos en el centro purificador
del mirarnos a los ojos
sin cenizas
Llamamos las cosas por su nombre
amor al volcán
y a los besos
lava
ardor al abrazo
llamaradas
a ese persistente
movimiento transformador
que nos da forma
así recuperamos
las chispas dispersas
de quienes somos
sin que se opongan
los miedos
ni los otros
ni otra cosa
ni nos morimos
ni nos iremos
ni qué dirán
la permanencia
es no prescindir del viaje
ni renunciar a la dicha de renacer
Que nos encuentren los siglos
trasnochados y con sueños
bajo el incendio del alba
propagada en punta de estrellas
Que nos encuentre
sí
que nos encuentren
frente a esta hoguera
ardiendo
V
EL CUERPO
Mis huesos contenidos
en esta estructura compleja
donde cada órgano palpita
junto a cada célula que se mueve
y en todo tejido se entreteje del sabernos
bailan al son de las canciones
que salen de tu boca
Mis pies se mueven ligeros
tibios y desclazos
sobre la dicha de tu presencia
al ritmo de tus labios
que hacen nido en mis orejas
Todo deja huella en mi piel
El tacto y el contacto
delinean la forma del espacio que ocupo
con enigmas de fluir de sangre
proclamando lo tangible
de la sed
Se me queda
tu rostro entre la manos
lo blando y lo duro entre los dedos
cuál memoria de la noche interminable
y de la luz que lo borra todo
Hebe Muñoz. Nacida en Pto. Cabello, Venezuela, reside actualmente en Italia. Ha publicado los poemarios bilingües: (it-esp) PEGASA, Renacida de las aguas (Editorial Feltrinelli. 2014), presentado en el Festival Internacional del Libro BookCity de Milàn, Italia-Sala Khaled al-Saad, MUDEC Museo de las Culturas. 2016; ESCUDEROS de la Libertad (Editorial Feltrinelli 2018) presentado con lectura pública en el marco del evento “Venezuela” del Festival Internacional de Poesía de Génova y EXILIADOS, historia de la diáspora venezolana en Italia (Editorial Mondadori. Crowfounding. 2019. En colaboraciòn con la fotógrafa Irene Nasoni. Edición en italiano) Ha participado como poeta invitada en diversas antologías poéticas internacionales de caracter artistico y como proyectos humanitarios, así como también, en distintos Festivales internacionales y Jamming poéticos.

