LAS MUJERES DE MI HISTORIA
Por Lidia Salas
Inicio estas palabras recordando el saludo de un amigo cuando me llamaba: ¿Cómo te sientes rodeada de tantas princesas?
Hacía referencia a que al perder a mi esposo, vivía con mi madre; mi única hija, quien tenía dos niñas en su matrimonio, era mi vecina.
Él sabía de la felicidad, que me producía la rama familiar tan florecida. Jenny y mis nietas son la mejor razón para vivir, mis amores más ciertos.
En esta celebración del día de la mujer deseo honrar a mi abuela materna:
Graciela LaTorre, cuyas memorias de vida escuché de sus labios, y quien al contarme la historia de Jean Valjean, el protagonista de Los miserables, abrió la cantera de la pasión por la lectura y más tarde por la escritura creativa.
Ligia Rincón, mi madre, es el modelo de ser que amo y admiro, por la pasión que comunicaba su quehacer, por el espíritu de sacrificio, de sabiduría y de fortaleza para encarar la vida y sus duros golpes, manteniendo incólume la dignidad y la ternura; vivió hasta los 104 años con su mente clara y el sentido vital de la existencia.
De ella aprendí el gusto por el cine, la costura, la buena cocina y la música clásica.
La autora, cuya obra leí en los primeros años casi en su totalidad, fue Agatha Christie; deseo unir su nombre junto al de esas dos francesas cuyos libros acompañaron mi juventud: Marguerite Yourcenar y Marguerite Duras, y en esas autoras están los nombres de tantas escritoras cuyas libros hicieron más hermosas las horas de silencio y de soledad.
Deseo rendirles un homenaje de gratitud, porque sus páginas dieron un significado más hondo al ser humano que soy.
Honor y admiración para las amigas poetas, narradoras, dramaturgas, docentes, amas de casa, profesionales y artistas, su cercanía es el don más preciado que jamás pude recibir, quienes junto a mis hermanas de sangre, constituimos una visión de mundo, asumida desde la intuición, la compasión y la complicidad para encontrar la manera de ser útiles y felices.
Un tributo que brota desde el corazón, para mis maestras de la escuela elemental, quienes me dieron con la lectura y el razonamiento lógico, las mejores herramientas para llegar a ser sabía. Homenaje que rindo también a las hermanas salesianas, las profesoras en el colegio de secundaria, muy especialmente a: sor Domitila Vélez, quien abrió con sus enseñanzas el camino de retorno a la casa del Padre, y la cadencia de mis primeros versos.
Esta fecha tuvo como origen, la justicia para resarcir a la mujer de los derechos humanos, económicos, sociales y culturales que le habían sido arrebatados por el poder patriarcal, que la consideraba sujeta a sus órdenes y caprichos.
Sea oportuna la fecha para declarar que falta un largo camino por recorrer, y que hay que ensalzar sobre todo el «anima» ese elemento femenino que según Carl Jung, tienen TODAS las personas, lo que concede ejercer el oficio de vivir, desde la intuición, la sensibilidad, la creatividad, la resiliencia y la bondad.
Desde esta orilla, una ráfaga de los mejores aromas del bosque, invoquemos un conjuro que permita a quienes creemos que solo hay dos sexos, y que la diferencia sirve para acercarnos, complementarnos y trabajar unidos hasta lograr la magia de transformar este planeta azul, en el mejor de los mundos posibles.
Lidia Salas. Marzo del 2026